Brian Pusser: «Las universidades públicas son importantes para empujar los avances sociales»

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Hace unos meses, en el marco del seminario permanente sobre Educación Superior estatal de la Universidad de Chile y del Consorcio de Universidades del Estado de Chile (Cuech), el profesor Brian Pusser expuso “Los desafíos de la Educación Superior pública en el siglo XXI: Estado, sociedad civil y universidad como esfera pública”. Pusser es académico de Curry School of Education de la Universidad de Virginia (EEUU) y una de sus principales líneas de investigación son los modelos de educación universitaria. Este texto es una versión editada de su presentación, donde aborda el rol del Estado, las políticas globales en educación y la creciente privatización de la Educación Superior.

Foto: ALEJANDRA FUENZALIDA

En los últimos 40 años, la economía global ha impactado la Educación Superior. Durante mucho tiempo las instituciones públicas sin fines de lucro han tenido como misión contribuir al interés público y a la construcción del Estado. Pero eso ha sido suplantado por un desarrollo educacional dirigido con lógicas de mercado, que se ha caracterizado por una reducción significativa de la inversión estatal, un aumento en la privatización y, con ello, de la desigualdad.

En esta presentación abordaré cómo ese proceso ha afectado la Educación Superior, siempre considerando que el acceso y el éxito en ésta se relacionan con la Educación Secundaria y con otros elementos educativos. Además, voy a referirme a los distintos tipos de instituciones, reconociendo que la Educación Superior en el mundo surgió de la sociedad civil en negociación con autoridades locales. Por lo tanto, la Educación Superior ha sido un área donde el Estado ha tenido un rol fundamental.

Las universidades son instituciones políticas. Esto no quiere decir que estén politizadas o sean ideológicas. Me refiero a su dimensión organizacional, financiera, y a la regulación en el campo político, mediada por el Estado. Por ello afirmo que las universidades son entidades políticas.

De igual modo, es importante clarificar que las políticas públicas en Educación Superior se desarrollan en un contexto global. Por ejemplo, en Sudáfrica el Estado tiene que considerar la desigualdad, el apartheid, el acceso; en Europa occidental están presionados por reglas impuestas especialmente desde Estados Unidos; en ese país, en tanto, la matrícula y los aranceles son altos y los estudiantes acumulan una enorme deuda; en China el Estado trata de hacer un balance entre la Educación Superior y el cambio social y económico. En este contexto internacional, en Chile se discute hoy sobre el acceso, la gratuidad y el rol del Estado y la sociedad civil en la Educación Superior.

Éste es un fenómeno mundial. En distintos países se debate sobre el papel del Estado o sobre cuál es el mejor sistema y el propósito de la Educación Superior. También existen preguntas sobre la desigualdad, el desarrollo de los profesionales, la producción de investigaciones, la capacitación de la fuerza laboral, el desarrollo económico, la creación de un nuevo conocimiento y la preservación de las áreas históricas del conocimiento.

Una característica general de esta discusión es la mezcla de bienes privados y públicos en Educación Superior. Esto significa que hay que considerar aquellas cosas que no se pueden producir en los mercados, pero que la ciudadanía demanda que existan. Es decir, cuánta educación se va a entregar y cómo entregarla. Es aquí donde los países deben definir sus prioridades en relación a su contexto histórico, político y económico.

El Estado en educación

Es ahí donde surge el interés por situar el papel del Estado en la consecución de los objetivos de la Educación Superior. La ideología y los intereses marcan esta discusión sobre el Estado, pues las acciones que se emprendan están caracterizadas por la disposición política hacia éste. Por ejemplo, en Estado Unidos se promueve seguir reduciendo el rol del Estado, disminuyendo los subsidios y otros aportes. Entonces, en Estados Unidos se ha producido un aumento sostenido de la matrícula y de los aranceles en los últimos 40 años. Por otra parte, tenemos el caso de los países escandinavos, con altos grados de subsidio y bajas matrículas y aranceles gratis.

Esta relación entre matrículas y aranceles es muy compleja e implica una tensión entre las políticas educacionales y las tributarias, porque se debe responder a la pregunta: ¿quién paga, quién se beneficia y quién debería pagar?

Las decisiones que el Estado tome sobre la Educación Superior tienen repercusiones en los resultados de la política pública. No solamente respecto al subsidio para las instituciones, sino que también en relación a la acreditación, al grado de gobernanza estatal y a la legitimidad del sistema frente a la sociedad.

La Educación Superior es clave para el desarrollo de una nación y las decisiones del Estado generan consecuencias. En Estados Unidos ha habido un aumento de las universidades con fines de lucro desde 1995 gracias al apoyo político para estas leyes neoliberales. Se estableció financiamiento público para garantizar los préstamos de los estudiantes que van a las instituciones con fines de lucro, dándoles además un trato privilegiado a estas instituciones respecto a su gobernanza. Además, estas instituciones tienen aliados en la arena política y en los medios de comunicación.

Para determinar este tipo de apoyos a instituciones privadas debería existir una justificación técnica y política, porque no se entiende por qué el Estado no diferencia entre una institución privada y una pública. No se trata sólo de subsidios, porque el Estado con sus políticas también define el comportamiento de las instituciones, transformando sus prácticas y carácter.

Debemos notar que el IPEDS (Integrated Postsecondary Education Data System), la fuente de datos más prominente a nivel federal sobre Educación Superior, establece una tipología según el control institucionalestudiantes-dossier2: universidades públicas controladas por el Estado; privadas sin fines de lucro controladas por la sociedad civil, y privadas con fines de lucro controladas por la sociedad civil, pero con características de mercado. Esta tipología que opera en Estados Unidos no se basa en las ganancias, las cualidades de los estudiantes o en los resultados académicos, sino que en la forma de gobernabilidad o de regulación. Esto es una guía muy importante para entender el abanico de instituciones que hay en Estados Unidos. Es importante considerar, además, que hay muchas instituciones privadas sin fines de lucro que son admirables en términos de prestigio y calidad.

El Estado debe empoderarse, ya que está obligado a proporcionar derechos esenciales para la comunidad. Uno de ellos es el derecho a una educación decente, establecido en la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. De todos modos, esto no supone que todos los estados priorizan la educación de igual forma.

Para algunos estados la educación privada ha surgido por una falta de disponibilidad para proporcionar educación e igualar así la demanda. Esto ha generado tensión respecto a la regulación de la educación privada. Por una decisión de política educacional, en algunos países las instituciones privadas son guiadas por directorios estatales –públicos– donde hay representantes del Estado para este proceso de regulación. En muchos países el número de instituciones de Educación Superior privadas es mayor que el número de estatales. Desde la economía política, los estados pueden ofrecer subsidios a instituciones privadas, pero el Estado debe fiscalizarlas. La visión subsidiaria del Estado ha sido parte de las políticas educacionales por mucho tiempo.

Privatización de la educación

La educación privada ha sido un sector de amplio crecimiento en el mundo y la principal explicación es que la demanda por Educación Superior ha excedido la capacidad de las instituciones estatales existentes para responder a ella. Pero se olvida que los estados se encuentran bajo presión para reducir gastos y no pueden invertir para, justamente, absorber esa demanda. Muchos estados han permitido el crecimiento de instituciones privadas, entregándoles enormes subsidios. Este fenómeno ha sido más pronunciado en América Latina y en Asia. Este tipo de instituciones se centran en mercados laborales de alta demanda: salud, tecnologías de la información y negocios. En general, tienen una matrícula y aranceles mucho más altos que las universidades públicas.

En este contexto, las instituciones de Educación Superior privadas tienen objetivos específicos para maximizar sus resultados. Tienen demandas, estructuras y responsabilidades distintas en relación con las instituciones estatales. Por ello, cuando el Estado fomenta la matrícula en las universidades privadas está invirtiendo en un proyecto educacional diferente al que se fomentaría si decide invertir en universidades estatales. Es decir, la inyección de capital no da los mismos resultados educacionales si se invierte en una institución privada o en una estatal.

Por ejemplo, cuando se permitieron las universidades con fines de lucro en Estados Unidos se prometía una revolución en la Educación Superior, pero no se ha cumplido. Hay bajos niveles en el término de las carreras, alto endeudamiento y poco emprendimiento, cuando se suponía que la competencia favorecería la innovación. El argumento central para estos resultados es el fin de lucro. La distinción práctica entre universidades públicas y privadas es el lucro. Esto también es un desafío para las instituciones privadas sin fines de lucro que quieren competir en el mercado. Las universidades con fines de lucro quieren aumentar la matrícula, la ganancia y el retorno, presionando a las instituciones educacionales sin fines de lucro que no buscan esos objetivos para tener éxito en el sistema de Educación Superior.

Las ideologías y las fuerzas del mercado ahora son tan poderosas que llegaron a dominar la cultura política en general y emergen en el sector de la sociedad civil preocupada por la educación. Estas políticas de mercado van modelando el currículum, el tipo de investigación y de conocimiento que se produce en las universidades.

Es importante considerar la forma en que estas fuerzas se alinean en la sociedad. En este aspecto, sugiero poner más atención en el rol de la acreditación y en el destino de los recursos públicos en educación.

Producto de la presión para reducir el rol del Estado en la Educación Superior, muchas instituciones públicas han aumentado las matrículas y los aranceles. Varios países de América Latina se han visto afectados por estas políticas, generando altos niveles de deudas en los estudiantes y también las protestas estudiantiles y de otros actores en la sociedad civil.

Muchos movimientos sociales promovidos por los estudiantes han mejorado el contexto de la Educación Superior, impactando en los ámbitos políticos nacionales. Por ejemplo, en Estados Unidos, el Senador Bernie Sanders, actual precandidato a la presidencia, ha prometido Educación Superior gratuita. En Chile y el mundo, estos movimientos sociales han conducido el debate político, promoviendo la reducción de la desigualdad educacional.

El rol de la universidad pública

Las universidades públicas son importantes para empujar los avances sociales. En esto no hay accidentes. En todo el mundo las universidades públicas y el acceso a ellas deben importar. Los sistemas públicos nacionales de educación inciden en los ámbitos sociales, culturales, políticos y económicos.

La universidad, además, puede ser vista como un lugar de creación y conservación de la esfera pública. Un lugar en el cual los distintos puntos de vista se pueden expresar, donde lo intelectual y lo social pueden ocurrir con cierta autonomía. Un sitio donde las demandas de la sociedad civil, del Estado o de las mismas instituciones son atendidas. Esto es esencial para el bienestar de las universidades y también para la sociedad en su conjunto.

Me gustaría finalizar con la idea de que la universidad es el lugar más importante en una nación, donde las personas discuten con argumentos, critican lo que se da por dado y desafían los supuestos normalizados.

Puede ser una visión romántica de la universidad, pero la universidad siempre debe ser un lugar que nos importe mucho debido a sus potencialidades intelectuales y aportes a la sociedad. La universidad es una esfera para producir también nuevas formas de hacer política. Por eso se debe discutir qué es posible en educación para preservar las universidades públicas, considerando su enorme impacto en la sociedad.

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