La escritura como un filo

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En este libro, Diamela Eltit, una de las más grandes narradoras e intelectuales chilenas, se remite fundamentalmente a tres ámbitos: arte, literatura y política, desde allí emerge la noción de estética del poder y la resistencia. Ese es el territorio en que se despliega Réplicas. Escritos sobre literatura, arte y política (Santiago, Planeta, 2016) un volumen que interpela a la catástrofe, rebate, marca la disidencia, subvierte la palabra, la ley y su representación de lo real.

Réplicas es un volumen conformado por un conjunto de textos que, en términos de género abarcan tanto la crítica literaria como el ensayo de crítica cultural, publicados en revistas científicas y en prensa. La diversidad de medios de publicación da cuenta de un manejo impecable de formatos y de la importancia que la autora atribuye a la comunicación de sus ideas, la expresión de su pensamiento en múltiples soportes, dirigidos a múltiples destinatarios, donde no varía el punto de vista ni la potencia de su palabra disruptora en su lectura del país. Chile es, sin duda, el territorio de base en esta poderosa escritura crítica de Diamela Eltit.

Entre 1984 y 1985, la autora junto al lingüista Oscar Aguilera, realizan una investigación sobre el pueblo kawésqar en Puerto Edén, en el extremo sur del país. Esta investigación será publicada en 1986 como artículo en la revista Trilogía (N°6: 56-70) bajo el título: “Textos Kawésqar (Alacalufe Septentrional) relacionados con la fauna de la Patagonia occidental”.

Fragmentos de este trabajo introducen cada capítulo del libro, conformando un marco que nos reenvía a un origen, pero también al presente de un pueblo diezmado, sometido a un proceso de extinción por la violencia del colonizador. Además, cabe señalar que cada capítulo lleva como título un elemento de la flora o fauna kawésqar.

El volumen se abre con el segmento “El Murciélago”, orientado al análisis de la vida u obra de una amplitud de mujeres. Surge así, Valeria Flores, activista argentina, y su afirmación definitoria sobre su útero y el Estado; luego Constanza Álvarez y su texto “La cerda punk: ensayos desde un feminismo gordo, lésbiko, antikapitalista & antiespecista”, Camila Vallejo, Jeanette Hernández, espejeada con Medea, quien asesinó a uno de sus dos hijos y al otro dejó con graves secuelas. Las mujeres son también protagonistas del capítulo “El Huemul”, esta vez desde la militancia al movimiento feminista, destacando las figuras y escrituras de Gabriela Mistral y Marta Brunet. “El Canelo”, por su parte, aborda a intelectuales como Nelly Richard, Julio Ortega, Francine Masiello, Pedro Lemebel, Nicanor Parra, Carlos Droguett, Méndez Carrasco, Margo Glantz, Néstor Perlongher, Samuel Beckett, Toni Negri.

El segmento “La Nutria”, por su parte, se aproxima a producciones literarias en su mayoría chilenas, como la obra dramatúrgica de Alejandro Moreno: La amante fascista, la novela El discípulo de Sergio Missana, los relatos Hasta ya no ir y otros textos de Beatriz García Huidobro, Locuela de Carlos Labbé, Espectro familiar de Nicolás Poblete, El cofre de Eugenia Prado, Alias el Rucio de Mónica Ríos, Av. Independencia de Rubí Carreño, Literatura de inmigrantes árabes y judíos en México y en Chile de Rodrigo Cánovas.

“El Erizo Marino” es un capítulo particular. Recorre espacios y lugares de Buenos Aires en los años 2000-2003, cuando “se precipitaba la crisis político-económica” para luego instalar un conjunto de figuras públicas, en más de un caso, ligadas a sucesos execrables. Surge así la crónica sobre la inminente llegada de Piñera a la presidencia del país, luego un rotundo análisis a la Concertación y su derrota para luego continuar con el terremoto del 2010 asumido “como espectáculo” y la figura de Karadima. Posteriormente, Eltit nos devolverá a la insurgencia y su contraparte, remitiéndose a los movimientos sociales, la responsabilidad social que excluye y construye a sus marginados. Surge así el “Cisarro”, el niño violentado por la prensa y la justicia, luego el juicio a los mapuche en Cañete el año 2011, para cerrar con el diálogo entre la autora y el líder mapuche Héctor Llaitul.

Finalmente, los capítulos “El Ciruelillo” y “El Martín Pescador”. El primero se remite a la acción política del Colectivo de Acciones de Arte, CADA, la producción artística de Lotti Rosenfeld, Paz Errázuriz, Malú Urriola y, el segundo y final del libro, conformado por tres entrevistas a la autora y una conferencia de su autoría presentada en el Congreso Internacional de Literatura y Derechos Humanos realizado en Milán el año 2015, donde Eltit realiza una particular y enriquecedora ruta sobre el origen de dos de sus obras de no ficción fundamentales: El Padre Mío (1989) y El infarto del alma (1994).

Eltit ha sido tenaz en su preocupación por visibilizar al otro, preguntarse por la inscripción de esa otredad en un orden de exclusión; por lo mismo, este volumen se aboca a dar cuenta del ejercicio del poder, de su función transhistórica en tanto silenciar, violentar la diferencia y alimentar la desigualdad en sus diversas manifestaciones. Lo anterior permite a la autora abocarse al espacio literario chileno, tipificado como “un reducto masculino”. Sin embargo, es precisamente la práctica literaria, donde es posible exponer un pensamiento crítico; esto implica la afirmación de una literatura que rechaza la autonomía, de un compromiso autoral que se niega al arrinconamiento y la falacia de una literatura inmanentista. En última instancia, Eltit se refiere nada más y nada menos que a la función política del sujeto autoral y a la escritura como un activismo que, en el caso de la mujer, confronta además al patriarcalismo.

La reflexión sobre la situación de la mujer ocupa un sitio preferente en este libro, que nos habla de su posición lateral, prescindible en la hegemonía masculina dominante. Rechazando todo simulacro de inclusión, funcional al poder, la autora dice: “no podemos caer en la ingenuidad”, apelando a la instrumentalización de lo femenino fetichizado, despolitizado, porque los simulacros sólo desean anular al femenino. El ejercicio de la violencia de género constituye, de tal manera, un combate unilateral que acontece desde siempre y que hoy, con el feminismo neoliberalizado, pretende cambiar capas externas para dejar intacto el poder patriarcal.

Bellamente discrepante y tenaz en la posible subversión del orden asignado al subalterno es esta escritura de Diamela Eltit. Réplicas. Escritos sobre literatura, arte y política nos permite, al modo de un manifiesto o una poética, comprender un lugar, una trama, para evitar el desplome y, por ende, el fin de la escritura. Resistir se vuelve parte central de su política esté- tica, una tarea compleja y desafiante que otorga sentido a nuestro hacer reflexivo y escritural, particularmente en un contexto anclado al mercado y a la invisibilización de la mujer

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