“La escuela produce sexismo”

Share

POR IRMA PALMA, Académica de la Facultad de Ciencias Sociales y Senadora Universitaria de la U. de Chile

FOTO: ALEJANDRA FUENZALIDA

1.- Sexismo, misoginia y género. En los debates públicos operan dos definiciones de sexismo. Una del registro de lo individual, y otra de lo colectivo; del orden de la psicología y de la ideología. Misoginia y sexismo: la misoginia, el rechazo a las mujeres; el sexismo, la desigualdad entre hombres y mujeres. Un problema es la psicologización del concepto; cuando se trata como un fenómeno individual, deja fuera las condiciones socioculturales de su producción. Al pensar el sexismo como una cuestión de roles y estereotipos no siempre se observa que los estereotipos son generalizaciones en que se atribuye valor a los grupos. Son habitualmente organizados como inferiores y superiores: alemanes y mapuche, pero también mujeres blancas y mujeres negras. El valor atribuido a eso llamado masculino es invariablemente mayor que el atribuido a lo femenino. Entonces el género requiere ser pensado como un sistema de relaciones, un principio de jerarquización de diferencias y que se encuentra imbricado con otras relaciones de poder.

2.- Escuela, feminismo e igualdad. La escuela produce sexismo; pero, sobre todo, reproduce en su interior aquel existente más allá de ella. Uno de los modos en que la escuela lo hace es mediante los regímenes de género que promueve, que operan en dos planos: en las prácticas institucionales y en la cultura escolar. La normatividad es un elemento fundamental: las normas de convivencia y reglamentos internos regulan desde los códigos del vestir hasta los lenguajes proscritos y prescritos en torno al género y la sexualidad. También lo es el currículo: la relación entre las mujeres y las ciencias se modela tempranamente en las escuelas; la historia suele ‘des-historizar’ las relaciones sociales de género, reproduce su naturalización.

3.- Proceso constituyente. La posibilidad de una educación no sexista está asociada al proceso constituyente. Por una parte, en lo que hace a los derechos relacionados con el género; por otra, a los de la educación. Sobre lo segundo, el derecho a la educación debe tener preeminencia ante la libertad de enseñanza, el Estado debe dejar de ser un Estado subsidiario para ser uno activo, debe afirmar el carácter laico de la educación. Sobre lo primero, “Nosotras las constituyentes” -un espacio para incidir en ese proceso, de mujeres feministas, académicas, de partidos, organizaciones sociales, estudiantiles- plantea que la sociedad debe declarar constitucionalmente el reconocimiento y respeto de los derechos de las mujeres como piedra angular de la buena convivencia, la democracia y la justicia. Debe declararse no tolerante a la violencia contra las mujeres y las niñas, y el femicidio. El Estado debe equilibrar la redistribución de poder en todos los espacios políticos. Se debe garantizar la organización social del cuidado, de manera que el Estado, el sector privado, la comunidad y todas las personas sean corresponsables. Y se deben entender los derechos sexuales y reproductivos como una trama que combina derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

Related Posts