Nuevo presidente FECh y la reforma en educación: «Hay que construir un acuerdo transversal»

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Hace dos años Daniel Andrade no se imaginaba en un puesto en la mesa directiva de la Federación de Estudiantes de la U. de Chile. Hoy, en último año de la carrera de Ingeniería, Andrade integra por segunda vez consecutiva la FECh y lo hace con el desafío de ir a la cabeza de la organización. Desde aquí plantea su visión sobre lo que denomina el “nuevo ciclo político” y los que considera son los desafíos de los estudiantes y el plantel.

Por María Jesús Ibáñez / Fotos: Felipe Poga

—Soy hiperquinético. No sé si diagnosticado, pero sí, siempre estoy haciendo cosas. Me gusta mucho aprender.

— ¿Cómo así?

—Aprender de las cosas que uno vive, de lo que sea.

Daniel deja su bicicleta a un costado y explica que le hubiese gustado que la entrevista fuese en el Parque Panul de La Florida, pero que por temas de distancias era complicado. De segunda opción decide el Parque Almagro, en el centro de Santiago. “Me gustan los lugares abiertos, tranquilos y con harto verde”, dice al tiempo que no demora en anclar estos lugares al hecho de que de niño pasaba en la calle y que apenas tuvo la oportunidad de extender los permisos comenzó la cruzada: del pasaje a la villa, y de la villa a transformar la comuna entera en su cancha de juego, incluyendo el Panul.

Daniel creció al suroriente de Santiago, es “floridano” e identifica en esos paisajes sus primeros cuestionamientos y experiencias de movilización estudiantil. “Al principio había un sentir de que algo estaba mal, pero no tenía tan claro el fondo”, cuenta recordando el 2006, año en que vive sus primeros paros y marchas con un movimiento de los “pingüinos” que lo sorprende iniciando la Enseñanza Media en un colegio particular subvencionado católico de la comuna.

Para Daniel las lecturas de ese tiempo todavía giraban en torno a Julio Verne con La vuelta al mundo en ochenta días y Dos años de vacaciones; la ubicación en el eje de la izquierda-derecha aún no estaba presente y lo político se materializaba en el levantamiento de una revista crítica dentro de su colegio. “Si bien en la escuela no era político, no participé en el Centro de Estudiantes ni nada de eso, siempre fui de un pensamiento muy crítico, de necesitar saber qué es lo que está pasando, la búsqueda por lo que está detrás”, cuenta perfilando un niño y un adolescente bastante inquieto que canalizó esa energía en todas las actividades a las que pudo incorporarse, scout, fútbol, hándbol, básquetbol, diábolos, zancos y guitarra, por nombrar algunas.

“Fue el 2011 el que marcó un antes y un después para mí en cuanto a la política y al movimiento estudiantil”, año en que participó en las movilizaciones nacionales como estudiante de segundo año de Ingeniería en la U. de Chile. “El 2011 tomé un cariz muy anarquista, en términos de práctica y de lectura. Creo que partí con La conquista del pan de Kropotkin y la idea de anarquismo que tenía entonces estaba orientada a un ideal en torno a lo comunitario, al desarrollo político de cada persona que no se ha de delegar en un representante”, afirma y no demora en reconocer que esos ideales persisten.

Del aprendizaje de las asambleas y marchas de ese 2011, Daniel rescata su primera formación, reconociéndose dentro de la nueva generación política, cuya “cancha inicial han sido las asambleas, las calles, las manifestaciones y aquellos sectores de la sociedad que habían sido marginados”. Describe todo esto como el inicio de una experiencia de base que lo llevaría a sumarse a la Unión Nacional Estudiantil (UNE) en 2013, a la presidencia del Centro de Estudiantes de Ingeniería (CEI) en 2015, la Secretaría General de la FECh en 2016 y la presidencia de la Federación para el 2017.

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El movimiento estudiantil, la FECh y el nuevo ciclo político

Cuando las preguntas se alejan de la vida personal, Daniel se va poniendo más serio y a la vez más cómodo al momento de organizar sus respuestas. Continúa hablando de forma reposada, pero ahora hay una seguridad en sus palabras que aparece cuando toma el comentario del desgaste del movimiento estudiantil, “yo creo que este año se pudieron haber hecho grandes cosas, pero hubo un error táctico de la llamada ofensiva estudiantil con la entrada a La Moneda (hace referencia al acto adjudicado por la organización política Juventud Rebelde). Saludo la intervención, pero hay un error garrafal en términos políticos, que es hacer esa acción dos meses antes de que ingrese la reforma. Cuando salió ya estábamos desgastados y no había posiciones de fuerza. Ahí hubo una inexperiencia política de las organizaciones que lo planificaron”.

También has destacado como crítica al 2016 la centralidad que se le dio al estudiantado, con un desarraigo de los otros movimientos sociales.

Creo que hoy día el estudiante es un sujeto que tiene una relevancia nacional indiscutible, ha logrado construir una nueva generación política, pero se ha olvidado que cuando ha habido transformaciones en esta Universidad han sido movimientos triestamentales. Al interior de la Universidad el estudiante no funciona solo, sino que funciona articuladamente con otros actores. Lo mismo hacia afuera; la FECh se centró mucho en el conflicto educacional y no entendió que hoy hay muchos más conflictos que se están desarrollando en Chile, que hoy la Federación tiene que ponerse al servicio también de los movimientos sociales, porque hay un nuevo ciclo político que está avanzando.

El 2017 se presenta como un año clave, es el último año de Gobierno y por ende la última oportunidad de sacar adelante el compromiso de campaña: la reforma a la educación. ¿Cómo se va a plantear el trabajo de la Federación y el movimiento estudiantil en ese escenario?

Creo que la disputa tiene que ver con la visibilización de un proyecto de reforma alternativa que se haga cargo de la crisis de la Educación Superior, que lo construyan los actores que efectivamente estamos pensando el problema de la Educación Superior y no estamos viendo cómo vamos a sacar esta reforma para estar bien en las próximas elecciones. Hay que construir un acuerdo transversal donde se busque articular con rectores, con fundaciones, con el mundo académico, con los profesores de Chile y otros actores más allá del movimiento estudiantil.

¿Cómo se logra esa visibilización?

Tendremos que publicar y manifestar lo mayor posible esta otra propuesta que surja de un acuerdo entre quienes sí se quieren hacer cargo de la Educación Superior. Eso no quita que nosotros peleemos y disputemos esta reforma, la vamos a disputar, probablemente se vayan a hacer indicaciones. Pero no hay que ser ingenuos, y ahí nosotros tenemos que visibilizar un acuerdo más transversal, un proyecto que cuestione a los candidatos. A mi modo de ver, si fueran inteligentes deberían recibir los intereses de la ciudadanía, sea cuales sean, más allá de si el Frente Amplio (su referente político) llega a tirar a un candidato, que probablemente vaya a recoger este tipo de iniciativas, pero también interpelando al candidato probable de la Nueva Mayoría o al candidato de Chile Vamos.

¿Cómo observas la propuesta del Gobierno de fusionar el Cré- dito con Aval del Estado (CAE) con el Fondo Solidario?

Lo que está haciendo el Gobierno con el CAE es que vamos a seguir con lógicas crediticias, lo que se quitan son los bancos. Algo que me parece decente, pero seguimos con créditos. Me parece positivo que no le pase dinero a los bancos. ¿Quién condona la deuda que tiene toda esa gente con los bancos? No hay una responsabilidad frente a una irresponsabilidad que se cometió hace unos años. Entonces es más bien una política populista en el sentido de “Voy a dar de esto, pero no me voy a hacer cargo de lo de aquí al lado”. El “nuevo ciclo político que se abrió en Chile”, uno caracterizado por un accionar colectivo que no prescinde de marchas o manifestaciones públicas, tiene que ver, para Andrade, con un país que se aburrió de “la expulsión de la ciudadanía de la política, del pueblo chileno del espacio público, donde quienes operan en la política ya no necesariamente responden a los intereses generales de la ciudadanía”.

¿Tiene que ver ese “nuevo ciclo político” con lo que has postulado en otras instancias respecto a la modernización de la Universidad?

La U. de Chile necesita un cambio. En la Universidad, a diferencia de su slogan, no todas las verdades se tocan. Por ejemplo, el discurso mismo de la excelencia. Como U. de Chile nos planteamos que somos la excelencia, pero hay una cuestión ahí respecto al acceso que hay que discutir. Porque si recibimos a través de la PSU a los mejores estudiantes, obviamente vamos a sacar a las mejores personas de excelencia. Entonces hay que dar una discusión de cómo la Universidad se democratiza. Y hacer lo mismo con los temas de desigualdad, segregación y acoso.

En cuanto al trabajo de la FECh, ¿qué cambios deben hacerse?

Que la Federación se acerque a sus estudiantes, que la Federación y la Universidad, en las cosas que hay acuerdo, potencien iniciativas que tienen las y los estudiantes. Iniciativas de extensión, territorial, de apoyo escolar, del medio ambiente, deportivas, foros políticos, entre otras. No puede ser que estén sólo al alero de la voluntad espontánea que tiene uno u otro estudiante, uno que otro académico.

¿Tiene que ver esto con los temas de participación de las y los estudiantes? En la última elección FECh fue necesario incorporar un tercer día de votación por temas de quorum.

Hoy día hay problemas de participación política, en término de las votaciones y de las asambleas, que hay que fortalecer, sí. Una de las cosas que nosotros planteamos, y que lo dijimos en nuestra campaña, tiene que ver con la nueva cultura federativa. Hoy no hay una crisis en términos de la participación de las actividades que realizan las y los estudiantes, éstos tienen muchas formas de participar, de manifestar su participación política, pero la Federación no reconoce esas iniciativas de forma transversal. Entonces la nueva cultura federativa tiene que ver con no decirle a la gente “oye, vayan ustedes a la FECh”, sino que la FECh vaya en terreno a hacerse cargo de esas cosas.

Uno de los cambios que se le han demandado a la Universidad desde las y los estudiantes es la reivindicación y responsabilidad frente a los temas de género y los derechos de las mujeres, entre ellos los casos de acoso sexual. ¿Hacia dónde crees que hay que apuntar en este escenario?

Creo que es muy necesario y que ha sido muy positivo. Hoy día las compañeras dentro de la Universidad de forma organizada han dado una lucha contra un conservadurismo, contra leyes de poder que ocultan abusos tanto psicológico como sexual y acoso de parte de académicos, pero también de estudiantes. Creo que es súper importante que estas compañeras estén ahí en pie de lucha y creo que se tiene que seguir profundizando este cuestionamiento de las relaciones que tenemos al interior de la Universidad, la desigualdad de un sector muy importante de nuestra comunidad, que son las mujeres.

Una de las acciones del movimiento estudiantil, resistida desde otros estamentos, son las tomas. ¿Qué opinión tienes de éstas?

Pienso que las tomas son un medio, no son un fetiche. Responden a ciertos objetivos y tienen que ser democráticas, avaladas por sus estudiantes. Mientras sea así, la Federación tendrá que defender esa posición. Eso es lo que yo creo que hay que hacer y en ese marco a mí me parece bien si las autoridades cuestionan nuestras formas de movilizarse, pero hay que entender que nosotros como estudiantes no somos escuchados si no estamos movilizados, o la forma de escucharnos es distinta. Tomamos más relevancia cuando estamos en paro, aunque sería ideal que eso no fuera así, pero para eso habría que transformar, que nuestra Universidad fuera efectivamente más democrática con todos sus estamentos.

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