Miguel Ángel Solar, a 50 años de la Reforma Universitaria: “El ‘Rey desnudo’ es una metáfora de la estructura política”

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A más de 600 kilómetros de la Alameda vive Miguel Ángel Solar (1944). Lejos de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica y a 50 años de una mañana histórica cuando, siendo presidente de la Federación de Estudiantes de esa casa de estudios, desplegaron un lienzo inolvidable: “Chileno: El Mercurio miente”. Instalado en Temuco hace treinta años, dedicado a la medicina familiar y local, Solar mantiene esa mirada radical que lo convierte en el gran humanista de su generación.

Por Ximena Póo

Fotos: Constanza Canales P. y Archivo personal de Miguel Ángel Solar

Era el 11 de agosto de 1967, en días en que los estudiantes se levantaban contra la oligarquía universitaria, enarbolando la bandera de “Universidad para Todos”. Todos estudiaban gratis y la conciencia en pro de una justicia social clamaba por cambios estructurales profundos en el campo y la ciudad. Los jóvenes levantaban esa voz y el diario respondía en sus editoriales: “Asistimos a una nueva y audaz maniobra del marxismo en torno a la democracia”.

Junto a sus compañeros, Miguel Ángel Solar, estudiante de Medicina y presidente de la Feuc, desafiaba a la Iglesia, la institucionalidad, la elite, buscando situar al país en un “otro lugar”; uno que cortara con la censura, la desigualdad, el autoritarismo y ese espacio difuso entre Iglesia y Estado. No había más aguante para este joven que pronto comprendió que la Reforma Universitaria debía ocurrir sí o sí. No había opción para su generación y eso hoy se puede rastrear en sus Palabras de Juventud, discurso que Solar escribió con motivo del Doctor Honoris Causa que la UC le concedió a Pablo Neruda a petición de los estudiantes: “La reforma Universitaria se desencadena bajo un mandato irrevocable: conquistarla para el pueblo, colocarla al servicio de los profundos intereses de los trabajadores. Y el joven sale a la calle, proclama sus verdades, llena las páginas de los diarios, salta al primer plano…”.

Junto a Solar saltaron otros como José Joaquín Brunner, Enrique Correa, Jaime Estévez, Fernando Flores, Óscar Guillermo Garretón, Eugenio Tironi, Max Marambio, y Marcelo Schilling; ocho nombres a los que la escritora Mónica Echeverrría dedicó 200 páginas de su libro Háganme callar (Ceibo), donde da cuenta de una generación que tuvo a maestros e inspiradores de la talla de su marido, Fernando Castillo Velasco, el primer académico elegido como rector de una universidad reformada (1967-1973). Los llamó “los conversos”, porque luego, en los ‘90, serían ellos parte de quienes sostendrían los amarres del modelo neoliberal, el mismo que en su juventud resistían. En esas 200 páginas hay una sola que menciona a Solar: la escritora le dedica el libro por no haberse “vendido”.

A Solar, en cambio, no le gusta aparecer como una suerte de excepción.

-Tengo una idea más compasiva de mi generación y no tan radical como la tiene Mónica; pero ese juicio sobre ‘los conversos’ nos obliga a todos a ser más consecuentes con lo que vivimos en los ‘60 como personalidad generacional. Creo que se ha hecho un enorme esfuerzo por llevar a Chile donde hoy está, siendo un país inmensamente mejor que el que nosotros conocimos en los años ‘60. Todos hemos hecho un gran esfuerzo, pero esto aún está por cerrarse y, por lo mismo, no puede haber un juicio a nuestra generación- dice desde Temuco, donde vive desde que regresó del exilio en Holanda y Venezuela; un retorno marcado por su acercamiento a la comunidad mapuche y a su medicina, a una cosmovisión que lo transforma a diario. Solar es un huinca que cree en la teoría política por el Parlamento de Coz Coz y en la medicina familiar a domicilio –principalmente atendiendo a sectores vulnerables- como parte de un tramado social por fortalecer.

Dice Solar que su relación con sus compañeros de generación es bastante fluida. Que hoy “la gran demanda debería ser la calidad. Yo me quejo de la calidad en salud y educación. Por ejemplo, el Auge en salud mental es un desastre y es mala en cualquier parte, independiente del nivel social y económico. Esta psiquiatría usa drogas para disminuir los síntomas y no va a las causas (…).Yo voy de mayor y no he renunciado a nada; ha sido un crecimiento en las convicciones y sentimientos que me ha tocado vivir como parte de una generación”.

Para él, quien hace tres años es consejero regional de la Araucanía, “la fragilidad de este tipo de democracia se puede comprender en la metáfora del rey desnudo; la política está colapsada. La estructura política te lleva necesariamente al clientelismo y la corrupción; está para contentar una clientela y que el sistema la favorezca más allá de buscar una cierta equidad social. Este sistema político lleva a la crisis de los políticos”.

Nuevas esclavitudes

Las horas de sus días se las lleva la Unidad de Salud para la Atención Domiciliaria, “invento temucano y que asumió el Ministerio de Salud trayendo experiencias de afuera porque es incapaz de ver la riqueza que en Chile se genera en los territorios. Algo ha servido, porque nos ha apoyado finalmente. Soy un médico domiciliario hoy y hemos recuperado ese campo como un campo de gran clínica, cuando los hospitales están en crisis. Es una atención valiosa e integral, porque permite atender al cuerpo no sólo en función de su desorden sino también en función del desorden social que producen las enfermedades. Por eso debemos fundar en Chile una salud familiar 2.0”. Y pensar un nuevo Estado, asegura, tal como lo plantearía el pueblo mapuche que, según él, “quiere reformar el Estado chileno y no fundar otro; la tarea principal de hoy en Chile es la de construir el gran acuerdo huinca-mapuche”.

Vivimos tiempos complejos, de tensiones que nos hacen visitar nuestro pasado reciente y proyectar el futuro, pero donde el presente es complejo y confuso. Por un lado, se anhelan cambios profundos que cuestionen y actúen ante el modelo neoliberal, proponiendo una cultura de encuentros y de colaboración; por otro, el modelo se profundiza y la probidad es un bien escaso. ¿Cómo observa este Chile que se ha ido construyendo y el Chile que se quiere construir desde los cambios sociales?

-Un presente “confuso” si miramos a los que se han puesto arriba pues “el rey anda desnudo”, pero vea usted para el lado. Entonces advertirá cuán difícil es ponerse de acuerdo con los familiares, compañeros de trabajo, amigos y amigas y también con los pasajeros que comparten asiento con usted en el bus. En los grupos primarios está presente la cultura de encuentros y de colaboración que se echa de menos en las superestructuras y en su expresión mediática. El ‘rey desnudo’ es una metáfora de la estructura política cara e ineficiente que tenemos, a todo nivel, para producir las normas que regulen nuestra convivencia; el déficit es de dichas organizaciones normativas tanto morales como  jurídico-coercitivas.

¿En qué lugar del tejido social ha quedado la ética en Chile? 

-Las éticas, pues no hay una sola. Propongo, en defensa de la individualidad de cada cual y su grupo, distinguir entre ética y moral. Desde joven me confundía la similitud entre ética y moral que aún hoy día el diccionario Larousse postula; no me parecían sinónimos. Entre mi ética, así como la de cada uno, y la moral hay acuerdos pero también contradicciones y conflictos que me hacen a mí, y a cualquiera, luchar por legitimar en el ámbito de las normas sociales imperantes, sea moral o legal, mis afectos y convicciones éticas, mi sentido del bien y la conducta que de ello se sigue. Lo anterior incluye reconocer que los otros también se consideran buenos inclusive cuando me agreden y no conviene demonizarlos. Un buen ejemplo de la contradicción entre ética y moral es la norma que aceptaba la esclavitud como moral y legal por la misma Iglesia, en contradicción con la ética de la libertad que tenían los esclavos. La tarea es luchar por nuestras éticas buscando una moral ciudadana concordada que permita liberarnos de las nuevas esclavitudes.

¿Estarán las condiciones para ir avanzando en la construcción de un Chile descolonizado?¿Qué piensa respecto de una nueva Constitución, los mecanismos para dotarnos de una como la Asamblea Constituyente, y si deberíamos tener un Estado Plurinacional?

-Para la construcción de un Chile descolonizado, aumentar la autonomía de la nación chilena para no agachar la cabeza ante otras naciones, lo cual supone unirnos en una propuesta que recoja toda la fuerza de nuestro pueblo, que sufre aún divisiones varias veces centenarias. Para unirnos, como prioridad, una sola reforma constitucional “quirúrgica” que reforme el Parlamento para que éste sea una cámara única, con nuevos distritos electorales por comunas o asociación de las afines o fracción de las muy grandes, buscando representar territorios donde se comparten ecosistemas, tradiciones productivas, redes familiares-comunitarias y representaciones políticas. En dichos distritos electorales un sistema electoral mayoritario, como el Parlamento de Coz Coz. Allí, el único o única que salga elegido se obliga a todos y esa unidad local le da la fuerza. Tal propuesta contaría con el apoyo de los alcaldes de Chile; ellos son las autoridades más legitimadas y, cuando la pierden, el Tricel “los saca”.

¿Cuáles son sus luchas hoy por una sociedad que vea a cada ser humano como sujeto de derechos? 

-¿Cada ser humano como sujeto de derechos? Sí, pero también sujeto de un gran deber: luchar por alcanzar su bien y el de sus próximos. Vamos por partes. Buscar el deber de conservar la salud y vivir la enfermedad como la lucha del cuerpo contra la agresión. El deber de aprender toda la vida y buscar los mejores maestros. El deber de producir bienes y servicios y ser retribuido y retribuir con la regla de oro de la reciprocidad, el deber de reproducirnos en pareja haciéndonos mutuo bien y respondiendo a las criaturas generadas. El deber de cuidar el ambiente que nos cuida a nosotros. La lucha por alcanzar nuestros bienes puede ser apoyada, en alguna medida, por el Estado y sus recursos normativos y financieros, pero también puede éste no hacerlo y entonces tenemos el deber de la lucha política reformadora. Mi lucha política reformadora hoy en La Araucanía se concreta en trabajar por una medicina familiar 2.0; por la resurrección del psiquiátrico de Nueva Imperial que rehabilite psicóticos y no los cronifique; por la recreación de un liceo en el barrio Pueblo Nuevo que reconozca el capital cultural de la ciudad y del campo; por aprender a desarrollar el bosque nativo, siendo Rukamanque un lugar ejemplar para ello; por reciclar los residuos de Temuco imitando al Municipio de la Pintana.

A partir de lo anterior, ¿cómo observa 1967 y el papel que le tocó jugar ese año? ¿Era un Chile más republicano el que posibilitó una reforma tan profunda como la que se comenzó a gestar ese año? 

-La “Universidad para Todos” fue la consigna de los alumnos de la Universidad Técnica que mejor sintetizó la meta de la Reforma Universitaria de ese tiempo. Hoy, más de 50 años después, mi experiencia es que tenemos cada vez más Educación Superior para Todos pero “reguleque”: los estudiantes actúan en consecuencia, haciendo prolongadas huelgas pues no les importa perder clases, ya que muchas veces la docencia se reduce a lecturas de guías y guías; el aprendizaje práctico ligado al proceso productivo es mínimo y tardío; las evaluaciones tienen poco interés formativo y mucho punitivo. En síntesis, ellos sienten que pagan un kilo de universidad y les están entregando un medio kilo. ¿Y la investigación que? Un médico de mi hospital me dijo que nunca en su vida había cambiado una conducta profesional sobre la base de una investigación hecha en Chile. Yo también veo que muchos académicos investigan medicamentos que las trasnacionales después nos venderán. ¿No tenemos preguntas propias? En los años ‘60 se luchaba por accesibilidad, hoy por calidad y la calidad debe empezar por reconocer y potenciar el capital cultural de cada ciudadano y ciudadana, que no es el mismo en la cota mil que en la isla Huapi.

¿Qué fuerzas diferencian las de ese año 1967 y las de este 2017, ad portas de elecciones y centrada en reformas a medio andar? 

-Todas las fuerzas políticas están de acuerdo hoy día en una sociedad de oportunidades, o de la necesaria equidad social, o de la lucha contra la pobreza o del desarrollo sustentable; no era así en 1967. Las reformas tienen un amplio consenso de fines, falta más genio político para juntar la fuerza que construya los acuerdos. La buena noticia de la coyuntura electoral es la pérdida del miedo para competir ante la ciudadanía en primera vuelta, así aumentar la oferta política para que los ciudadanos y ciudadanas elijan la “más mejor”. En síntesis hoy hay más libertad para reformar el Estado, que anda un poco desnudo.

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