Fotoreportaje: El Cuaderno de Gabriela

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Por María Jesús Ibáñez

Fotos Felipe PoGa

“Empecé a hacer este libro con mi padre, antes de los 15 años. Él siempre tuvo inquietudes literarias y sentía una gran admiración por Gabriela Mistral. Desde el momento que se comenzó a saber que la Gabriela estaba grave, él empezó a juntar todos los diarios que hablaban de ella, que publicaban sus fotos o sus poemas. Una vez que ya pasó todo el funeral y bajó el boom de la poeta, nosotros empezamos. No me acuerdo cómo me dijo, ni cómo se hizo, no recuerdo bien. Tengo imágenes de nosotros recortando. Sí. Empezamos a sacar y sacar recortes, a pegar, a hacerle las estrellitas, así, con el polvo de los lápices, a hacer márgenes y pegar estampillas. Una vez que ya sacamos miles de recortes, él lo empastó”, recuerda Gabriela del Carmen Arriagada Cañón, también conocida como “la pequeña colegiala que recopiló 150 páginas sobre Gabriela”, de acuerdo a la crónica de La Tercera publicada el 20 de marzo de 1960.

Esta es la primera vez que Gabriela, en treinta años, vuelve a abrir el libro. Lo mira, lo toca, pero no levanta su tapa. Extiende la conversación y cuando le ofrecen que pase a hojear el ejemplar, ella pide tiempo. “Todavía no”, le explica a quienes han custodiado y conservado este documento durante estos años en que se desconocía el paradero de su autora.

“Vida de Gabriela Mistral” llegó en abril de 2015 a la Universidad de Chile a través de la donación del ex Rector y Premio Nacional de Ciencias de la Educación, Marino Pizarro. La entrega se realizó a la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Humanidades y fue allí donde repararon inmediatamente en este trabajo cuya primeras planas, con márgenes rojos y azules hechos con lápices de palo, encierran “Escuela Superior de Niñas N°2 de San Bernardo. 5to año B”.

Gabriela no se acuerda, pero gracias a la nota de La Tercera se sabe que comenzó a elaborar el libro de recortes a los 12 años y le llevó seis meses finalizarlo. “Pegando y pegando recortes juntó más de 120 páginas, y las presentó en una exposición que se realizó en su Escuela de San Bernardo” relata la crónica, donde aparece de 14 años con el libro entre sus brazos.

Después de 57 años, lo primero que reconoce Gabriela al abrir el libro es la letra de su padre, Américo Arriagada, y la dedicatoria de su profesora, la maestra Josefina. Pasa sus manos por las letras y por los cientos de recortes que pegó con engrudo hace casi seis décadas; se va deteniendo en algunos, como aquel en que sale el rostro de una Mistral joven con la mirada ida. La imagen es una de las más grandes dentro del libro. “Yo creo que es mi favorita”, señala.

Hoy Gabriela Arriagada tiene 72 años y hace sólo unos meses recibió la llamada que le avisó que el libro que daba por perdido, hace ya tres décadas, estaba resguardado como parte del patrimonio de la U. de Chile. La decisión de Gabriela fue volver a donarlo a la Casa de Estudios, con el fin de que este siga en proceso de conservación y difusión. “Mis nietos les van a poder contar a sus hijos que existe en un lugar un libro que hizo su bisabuela, y que si lo quieren conocer va a estar ahí. Eso para mí va a ser impagable”.

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