Las Universidades Regionales Estatales y el Estadocentrismo

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Por Sergio González, Profesor Titular del Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas de la Universidad de Tarapacá. Premio Nacional de Historia 2014

Foto Alejandra Fuenzalida

Es innegable que Chile es un país que se ha caracterizado por seguir la tradición, que surgió a partir de la Paz de Westfalia (1648), de un estadocentrismo, especialmente respecto de la seguridad nacional, el control fronterizo, la soberanía y el territorio. Las regiones espacialmente más alejadas del estado central, paradojalmente, sienten su presencia con más fuerza respecto de estos aspectos, requiriendo de sus ciudadanos un mayor compromiso con la “razón de estado”. Durante los siglos diecinueve y veinte las agencias estatales han tenido un papel esencial en reproducir las instituciones, la identidad y el carácter nacionales en las zonas extremas. Entre estas agencias, las universidades regionales estatales han tenido una importancia crucial desde que se fundaron a partir de la segunda mitad del siglo veinte. Así lo entendieron todas estas instituciones de educación superior y reprodujeron el modelo universitario nacional sobre la base de las necesidades del país. Sin embargo, entrado el siglo veintiuno el estado-nación cambia y también el modelo universitario. Obviamente, en el plano intelectual, especialmente en el campo de la sociología, comenzaba a cuestionarse esa simetría entre el estado-nacional y la sociedad. Entre otros autores se destaca el sociólogo Ulrich Beck y su crítica al nacionalismo metodológico (Nacionalismo y cosmopolitismo: ensayos sociológicos de Daniel Cherlino, 2010). Este nacionalismo metodológico se expresaba con particular notoriedad en las humanidades y ciencias sociales, donde era posible observar el sesgo “nacional” del conocimiento, como si las fronteras del saber fueran también las fronteras del territorio.

Cuando se revisa la misión-visión de las universidades estatales regionales, se puede constatar la preocupación por responder a los requerimientos del estado-nación, pero también comprenden la necesidad de enfrentar otras escalas sub y supra estatales. Por ejemplo, la Universidad de Magallanes, la más austral de todas, menciona que como carácter diferenciador “pretende ser un referente nacional e internacional en lo relativo a la generación del conocimiento en la Patagonia, Tierra del Fuego, territorio Sub-antártico y Antártica”. Por su parte, la Universidad de Tarapacá, la más septentrional del país, señala que “realiza su labor académica en las regiones XV y I, y además proyecta su quehacer en el contexto de la Región Centro Sur Andina. Como parte de su impronta y de su rol estratégico institucional, la universidad prioriza los méritos académicos, apuesta a la generación de movilidad social y a la preservación y cultivo de un patrimonio cultural milenario, junto a la integración académica con Perú y Bolivia”. Queda muy claro que ambas universidades tienen plena conciencia de su papel geoestratégico, comprometiéndose con el estado nacional, pero también han incorporado una mirada que las trasciende, para aproximarse primero a la problemática local y regional, luego la transfronteriza, internacional y global. La universidad de Magallanes lo demuestra con su mirada hacia la Patagonia y Tierra del Fuego, que posteriormente proyecta hacia el territorio Sub-antártico y la Antártica, los que sin duda están llamados a ocupar un lugar preferente en el mundo en un futuro no muy lejano. Por su parte, la Universidad de Tarapacá prioriza su quehacer en las regiones fronterizas de Arica-Parinacota y Tarapacá, pero tiene plena conciencia de la importancia de la región centro sur andina (incluye a Perú, Bolivia, el noroeste argentino y norte grande de Chile), que no sólo se destaca por su reconocido patrimonio cultural, sino porque es una región sub-continental con grandes ventajas comparativas.

La posición geoestratégica de las regiones extremas y, por añadidura, de sus universidades, no siempre ha sido valorada por los estados centrales. Prácticamente desde que se incorporaron soberanamente al territorio nacional, tanto Magallanes como Arica-Parinacota y Tarapacá, sus habitantes han tenido que luchar por alcanzar reconocimiento y políticas públicas que les permitan el desarrollo. No pocas veces estas regiones han sido vistas como contenedores de riquezas, como lo fue la fiebre del oro y las ovejas en la Patagonia, o el guano y el salitre en Arica-Parinacota y Tarapacá. En ambas regiones extremas también se repitió la misma historia respecto de la negación del indígena y han sido precisamente las universidades mencionadas las que lo han valorado en su humanidad y cultura. Igualmente, la definición de las fronteras con Argentina en Magallanes, con Perú y Bolivia en Arica-Parinacota y Tarapacá, han sido fenómenos que han marcado las historias regionales. A pesar de ello, se han caracterizado por valorar proyectos transfronterizos de integración cultural y física desde el siglo diecinueve hasta la actualidad, ante la evidencia de que sólo ella permitirá un desarrollo complementario entre regiones asociativas de fronteras (“Globalización, geografía política y fronteras” de Sergio Boisier). Sólo queda esperar que el estado central comience a valorar el quehacer geoestratégico y misional de las universidades regionales estatales, especialmente en zonas extremas y fronterizas.

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