Advertencias de uso para una máquina de coser (primer borrador), de Eugenia Prado:

Mujeres obreras y emancipación

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Uno. Entregas ha denominado Eugenia Prado a las fases en que irá publicando su libro. Este término, asociado a la literatura folletinesca aparecida en prensa semana a semana, es asumido ahora como parte de un proceso de reescritura constante del volumen Advertencias de uso para una máquina de coser (primer borrador) (Santiago, Editorial Moda y Pueblo, 2016). La autora declara, de tal forma, uno de los postulados esenciales de la semiótica literaria: la obra en apertura permanente, la negación del cierre textual.

Dos. Prado es una de las narradoras más originales y valiosas con las que contamos hoy en la literatura chilena. Su figura es la de una escritora que se ubica en los márgenes, cuyo trabajo circula subterráneamente, materializando su grandeza literaria con una ética intransable ante el oficio literario. Su trabajo se sustenta en una propuesta estético/política que desafía tanto la división de los géneros literarios como la configuración de las voces que traman su relato. Prado nos enfrenta, de tal modo, a una maquinaria textual en la cual se cruzan el ensayo, la crónica, el relato de ficción y la poesía.

Tres. Advertencias de uso para una máquina de coser (primer borrador) nos enfrenta a un conjunto de obreras de una fábrica de vestuario, conformado por las voces de Mercedes, Aurora, Lorena, Carmen, Iris, Macarena, Rosa, Carmen, Carmela, Génesis, Claudia. Dentro de este conjunto es necesario distinguir a Mercedes, que no sólo tiene más protagonismo sino se dedica a escribir. Así, el volumen en su conjunto podría ser considerado su trabajo de escritura donde se conjuga la problemática social, de género y de clase asociada a su condición de mujer.

Cuatro. La mujer ocupa un sitio central en esta escritura, al igual que la diversidad de voces que se orientan hacia la conformación de una comunidad en crisis permanente, tensionada por el orden patriarcal, pero activa en la búsqueda de acciones y gestos de desafío que evoquen el deseo de emancipación. Se debe remarcar que las mujeres de este libro son de origen popular y se enfrentan a una sociedad que les impedirá salir de la precariedad económica en la que viven. Su oficio, la costura, es herencia familiar o parte de la educación que toda mujer debía recibir; aquella labor realizada en principio al interior del espacio doméstico, es ahora ejercida en el mundo laboral. Se trata de sujetas que están siendo permanentemente sometidas a partir de su doble condición subalterna: mujer y obrera. Las figuras masculinas, en este volumen, se despliegan como el poder que interviene en el espacio laboral y en el acto de engendrar.

Cinco. Si bien el relato nos sitúa en una época en apariencias cercana a las primeras décadas del siglo XX, ya que entre otras cosas no hay referencia a métodos anticonceptivos farmacológicos, sus relaciones con el presente son evidentes, principalmente en su visión del cuerpo como un lugar de crisis y el embarazo como una de las tensiones fundamentales de la mujer. Lo interesante de esto es el modo en que las distintas posturas en torno al embarazo toman lugar en el relato. Un coro parece debatir o simplemente exponer la necesidad de interrumpirlo o continuarlo. Así, se van entremezclando testimonios con enunciados disuasivos e incluso increpaciones que van mostrando el terror que experimentan en cualquiera de las opciones. Ninguna de estas mujeres festina ni se siente dichosa por su condición, al contrario, su género las ha obligado a pasar por la atávica experiencia.

Seis. Pero la presencia del cuerpo no se detiene allí. El cuerpo que duele, cansado, desgastado, el cuerpo sin tiempo para el goce, el cuerpo abusado por la carga laboral, enfermo por la falta de cuidado, el cuerpo como territorio donde se libra un batalla que remite al presente y al futuro: “nos duele la biología […] nos duele parir, nos duele menstruar […] nos duele el dolor […] nos duele escribir” (46). La narración nos enfrenta, además, a un cuerpo de mujer segmentado en su propiedad. Las mujeres no son dueñas de su cuerpo porque éste ha sido expropiado por el trabajo y la función reproductiva. En ambas zonas las mujeres no eligen sino que se ven constreñidas por una responsabilidad cultural que es difícil desafiar. Sin embargo, en ellas se encuentra el germen de la sublevación a la ley que les ha quitado la opción de decidir sobre sus vidas. En este sentido, sobra el posesivo. No se trata de “sus” cuerpos sino de cuerpos que se deben a una regulación externa, por tanto el trabajo y el embarazo se homologan, pasando a conformar un sitio donde se cumple con un deber ser implícito en su condición de género.

Siete. Mercedes trabaja hace quince años en el taller, soñando con un taller propio mientras aguanta los maltratos laborales del dueño: “Se escuchan cuchicheos, murmullos, suspiros bajo las faldas pero nadie dice nada. Ni quejas ni reclamos. Todas saben que siempre habrá una larga lista de mujeres esperando por un puesto de trabajo” (16). Mercedes escribe en una libreta secreta donde colecciona “ideas” (31) “sobre la vida propia o la ajena” (45), además de dibujos, fotografías y postales de máquinas antiguas. Se trata de una mujer que, como dice el texto: “No sabe separar la realidad de la fantasía pero se las arregla […] Es obrera calificada y Singerista por excelencia” (30). Este personaje que establece una línea de continuidad a través del libro, diseña, cose, descose, hilvana, manipula los pedazos de tela, tal como si se tratara de la elaboración de una escritura y la manipulación de la letra y sus recursos retóricos: “Escribir es como coser los pedazos de una tela” (51)”. Mercedes: “piensa que es bueno dejar registros de los tiempos que se viven, y que de algo pudieran servir sus testimonios, apuntes o notas. Piensa en las mujeres que vendrán, las de los próximos talleres […] donde abundan las historias de mujeres viviendo en las mismas condiciones de explotación” (31). Surge así una simple y aterradora distopía, en tanto Mercedes tiene claro que el futuro reproducirá las condiciones de explotación que le ha tocado a ella y a sus compañeras de trabajo.

Ocho. La máquina representa para Mercedes la posibilidad de autonomía económica. Sin embargo, trae aparejada la mano de obra barata, el abuso laboral y la conciencia de ser parte de un engranaje de la industria del vestuario que nutre a la elite. La historia de la vestimenta y la moda pasa por la voz de Mercedes, al igual que la reflexión sobre el vestir y la división de clases. Según dice, no hay nada de banal en la moda porque: “la moda es el andamiaje sobre el cual nos desplazamos” (39). Se refiere con ello a la moda como base estructurante de una sociedad sustentada en representaciones de sujeto, estilos de vida o, en última instancia, identidades hegemónicas particularmente referidas a la mujer.

Nueve. “¿Y si uniéramos los textos como cuerdas/y desbaratáramos los cierres para escapar de las celdas?” (20). Este verso resume la perspectiva de género que esta escritura plantea. Tanto las escrituras de mujeres como sus prácticas podrían unirse para romper con las trabas/leyes impuestas por el patriarcado para así alcanzar la emancipación.

Eugenia Prado nos entrega un libro fundamental en lo que a perspectivas de género se refiere, elaborado con extremo cuidado, dedicación, apelando a la facturación del fanzine, riguroso en su escritura, en sus propuestas, en las sutilezas con que se expresan estas obreras textiles que nos devuelven a preocupaciones olvidadas por el feminismo de la elite.

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