Clímax, de Gaspar Noé

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Clímax es otra película-pesadilla de Gaspar Noé en la que, mediante la exploración de un territorio hiperdelimitado, el orden de lo real literalmente se invierte boca abajo. En este caso, el de una compañía de danza en la Francia de mediados de los años 90. A través de la observación de ese pequeño universo, Noé parece hablar del mundo entero, y como siempre, lo hace con una energía rabiosa e inspirada, y con un virtuosismo para mover la cámara y esculpir en pleno movimiento que ya es su sello de fábrica. Todo el delirio humano está contenido en esa noche, en esa sala de ensayo y en esa sangría lisérgica que bebe la compañía. Al disolverse la realidad producto de la droga, aparecen las pulsiones más primitivas del ser humano. Es el jardín de las delicias y el del horror. Es un espectáculo, es ver lo peor de nosotros explotando en multicolor como un fuego artificial. Es una experiencia física y remecedora, llena de una extraña poesía. 

[Clímax, de Gaspar Noé. Francia, 2018].

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