[Diálogo] Arte, crisis y política en el Chile actual

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El 27 de noviembre de 2020, día de cierre del primer Noviembre Cultural para Chile, Bernardo Subercaseaux, Nury González y Pablo Oyarzún, moderados por Ana Harcha, se reunieron para hablar sobre la relación entre el arte y la creación y la vida contingente del país. A continuación, se presenta una síntesis de lo que las y los relevantes académicos y académicas expusieron en una mesa de conversación en la que también saludaron el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, y la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Faride Zerán.

Moderó Ana Harcha
Ilustración de Fabián Rivas

Ana Harcha: este es un diálogo fundamental para comprender, conocer y entretejer el aporte que puede hacer la Universidad en el debate constituyente. La relación que puede tener el arte, la cultura, el patrimonio en el debate que podemos sostener desde la Universidad de Chile, me parece sinceramente una cuestión vital, un lugar donde tenemos que estar de manera muy principal. La conversación puede tener muchas derivas, pero vamos a intentar abordar los problemas que se nos han propuesto en el espacio de tiempo que tenemos. En esta primera ronda, pregunto a todas y todos: ¿cuáles son los procesos creativos que propone el arte? ¿Cómo entienden ustedes la relación entre arte y procesos políticos?

Nury González: ¿cuáles son los procesos creativos que propone el arte y qué lugar le doy para pensar la realidad? Quiero partir con una cita del gran ensayista y crítico teórico paraguayo Ticio Escobar que dice: “el arte siempre es un litigio con su propio tiempo. A medida que cambie ese tiempo, tiene que cambiar esa posición o queda codificado y se convierte en fetiche. El arte cambia de acuerdo a cualquier forma de arte, de acuerdo a las preguntas, a las respuestas, a los forcejeos que va haciendo con su tiempo”. No sé si se pueden detallar, clasificar o explicar claramente los procesos creativos que propone el arte para pensar la realidad. Creo y siempre he creído que ese proceso es lento y en su permanente transformación. Si bien hay respuestas inmediatas, colectivas e individuales que se despliegan como una forma de pensar la realidad y también como denuncia, hay obras que necesitan un largo tiempo de procesamiento. Siempre he pensado que el arte es político, que no puede no serlo, un artista responde desde su imaginario al momento histórico-político en el cual vive, las obras se construyen desde ahí, finalmente el arte genera una mirada hacia la realidad o actualidad, una mirada singular y desprovista de prejuicios y de interés, porque el arte, la obra, tiene la capacidad de decir lo que muchos no dicen o no pueden decir. El arte está íntimamente ligado con los procesos políticos, lo vimos claramente durante la dictadura, donde el arte, las obras, fueron las instancias que visibilizaron las atrocidades, los crímenes, la corrupción, las injusticias, las violencias. Para mí son muy importantes, referentes y vigentes las obras y las escrituras de los años 80, el CADA, las Yeguas del Apocalipsis, Eugenio Dittborn, Gonzalo Díaz, Pepe Balmes, Roser Bru, entre muchos, así como los escritos de Nelly Richard, de Pablo Oyarzun, que está aquí, de Willy Thayer, de Diamela Eltit, de Raúl Zurita, entre tantos, y no puedo dejar de mencionar las movilizaciones feministas universitarias que inician en mayo de 2018 y que instalaron un nuevo escenario.

Bernardo Subercaseaux: para responder a la pregunta del arte y su lugar en la actualidad, creo que es importante ponernos de acuerdo: ¿qué entendemos por actualidad? Creo que hay ahí una doble realidad. Por una parte, está la actualidad propia del país, vinculada al estallido social, y por otra, yo hablaría de una actualidad de arrastre, de lo fundamental: es el concepto de crisis, que implica un mundo que termina, me refiero a la herencia de la dictadura en todas sus implicaciones, pero que no acaba de terminar, y un mundo que comienza, hablo de un Chile que despertó, de un Chile nuevo, pero que tampoco acaba de empezar. ¿Por qué hablo de una realidad de arrastre? Ya a comienzos del siglo XX y en gran parte del siglo XX, hubo una empatía hacia los trabajadores, asalariados, hacia los obreros, hacia las poblaciones, que se produjo más bien como clase y al amparo del ideario socialista, pero en las últimas décadas estamos asistiendo a una ampliación de la empatía que no se hace desde un ideario político o partido político, sino que desde la sociedad civil, empatías que se conjugan y apropian con ideas y movimientos internacionales, me estoy refiriendo a las empatías de género, al movimiento de las mujeres, de los homosexuales, de las lesbianas, de los transgéneros, a los mapuche; me refiero a la empatía hacia la naturaleza, a la concepción de los derechos de la naturaleza, a la reforestación, a la preservación de la naturaleza, a la empatía hacia los adultos mayores, hacia los niños, los discapacitados, a todos los que se les considera sujetos de derecho. Hay un gran movimiento de empatía.

Quiero referirme también a la empatía y a la ampliación del círculo de la empatía, y ahí quiero mencionar el pensar oblicuo de Pedro Lemebel con su “ojo de loca no se equivoca”. Cuando Pedro Lemebel fue a recibir el premio José Donoso, me contó Javier Pinedo, que era director, fue con taco alto y trató de darle un beso al rector (Álvaro) Rojas de la Universidad de Talca. En un pueblo más bien provinciano, eso era toda una performance. O cuando pienso en David Aniñir y su poesía “mapurbe”, y ese verso que dice: “somos hijos de Lautaro tomando la micro para servirle a un rico”. El arte tiene, en esta situación de la ampliación de la empatía, múltiples propuestas, permite entender la complejidad y va más allá de una comprensión meramente ideológica de los procesos que estamos viviendo. Hay dos dimensiones del arte que nos ayudan a pensar la realidad, una que tiene que ver con el momento actual y otra que tiene que ver con un pensar más oblicuo, más, como decía Nelly Richard, “arte crítico”, que tiene nuevas propuestas de lenguaje.

Ana Harcha: ya hay cuestiones que se empiezan a entrelazar, tanto lo que cuenta Nury como lo que le planteas tú va dando cuenta de que estamos en un momento donde participamos en una realidad muy compleja; vivimos y estamos situados en el presente, pero estamos dialogando con las experiencias anteriores que determinan algunas de las cuestiones que están sucediendo hoy y nos obligan a pensar en cómo definimos ciertos conceptos, como qué es el arte crítico, qué es el arte político, qué está sucediendo hoy en este gran marco de incertidumbre.

Pablo Oyarzún: no sé qué más puedo decir después de lo que dijo Nury y Bernardo, tal vez pensar partir de la palabra proceso, que se usa en la pregunta que nos dirigiste, que creo que es una buena palabra para hablar de producción cultural y producción artística. A mí me cuesta mucho separar creación de investigación. Cuando pienso en la creación cultural o creación artística, estoy pensando en creación de conocimiento, pero el punto en común es precisamente el proceso. Un proceso de búsqueda que se instala en una tierra que no está plenamente identificada ni mapeada ni cartografiada y, de hecho, el proceso de búsqueda tiene que ver en cierto modo con cartografiar el saber.

Ese modo de construir posibilidades está desafiado muy fuertemente por la doble incertidumbre. Nosotros nos sacamos un premio, en cierto modo: tuvimos estallido y después pandemia, no tuvimos un espacio para reparar en lo que estaba pasando y tuvimos una nueva incertidumbre, que, tal como el estallido, también afecta nuestras propias existencias. El arte callejero me parece muy importante y me parece escandaloso que se borraran paredes donde estaban los testimonios de la manifestación, tan heterogénea y tan diversa, porque en el fondo eso es destrucción de patrimonio, ahí se estaba creando patrimonio. También es un modo de construir la propia posibilidad, de otra manera, ciertamente, es un modo de construir la propia posibilidad y de ejercer la crítica. Hablando de crítica, creo que ese un punto importante, pues eso es lo que hace crítico al arte. El arte no es crítico porque tenga la intención o porque existan programas de crítica, es crítico de suyo por tener que construir su propia posibilidad, por no tener otro modo de estar, de hacerse si no es justamente en esta suerte de oblicuidad, eso es lo que comporta el carácter crítico.

Estamos en un momento particularmente complejo, vivimos en una incertidumbre que nos sugiere pensar, como decía Bernardo, mucho más allá del lugar en el que estamos, nos obliga a pensar de manera más abierta, y esa es una dificultad, es una gran dificultad pensar de manera muy abierta, pues uno está acostumbrado a pensar en categorías, esquemas que ha aprendido o ha producido.

Ana Harcha: gracias, Pablo, voy a tomar unas cuestiones que dijiste al final de la intervención para ligarlas con la segunda pregunta, que tiene que ver con este momento de la incertidumbre, del quiebre de las categorías, de ciertos sistemas. Entre ellos, uno fue el legado de la dictadura de la Constitución del 80. Llegando al problema del que estamos hablando, de esta crisis, esta situación de emancipación, de incertidumbre, ¿qué dirían que puede expresar o mostrar el arte en vistas al proceso constituyente? ¿Qué hace el arte en este debate?

Nury González: quiero hacer un comentario a lo que dijo Pablo en relación al patrimonio. Yo dirijo el MAPA (Museo de Arte Popular Americano) y una de las cuestiones que se manifestaba en la ciudad desde el 18 de octubre era lo visual, la gráfica que emergió, pero muy específicamente la xilografía, las serigrafías; eran de una potencia inusitada. En un momento, a principios de noviembre, le propuse al equipo del MAPA que hiciéramos una convocatoria que se llamaba “Patrimonio en marcha”. ¿Por qué? Porque cada vez que uno pasaba por las calles iba cambiando, a medida que pasaban las semanas iba variando esta gráfica y era cada vez más espectacular. Hicimos esta convocatoria porque para mí era fundamental, quizás se me metió esta idea de museo y archivo, salvaguardar ese patrimonio justamente porque se iba tapando semana a semana. Van sucediendo cosas y una se enfrenta a esa dicotomía entre hacer arte en el espacio “privado” o en el espacio público.

Vuelvo a citar a Ticio Escobar: “lo que más me interesa del arte contemporáneo es su posibilidad de transitar por mundos distintos como un relámpago que ilumina las zonas oscuras y contradictorias del mundo. Lo que mejor sabe hacer el arte es poner en sospecha, en juicio la escena social y política, pero se convierte en un mal mensajero cuando habla de política como si fuera propaganda, eso no es arte”. Teniendo eso en consideración, creo que el arte tiene esa responsabilidad en el proceso constituyente: ser siempre una voz de alerta, pero lo que debe defender y lograr sin ninguna concesión es el acceso igualitario, no sexista, autónomo y libre para todos y todas, en cada uno de los ámbitos de la cultura, desde la infancia hasta la vejez, en toda la vida de un ser humano. Todas las manifestaciones de la cultura forman a un ser humano y siento que un país que no tiene cultura, que no se hace cargo de su cultura, es un país sin identidad y sin memoria. La pregunta es cuál es el papel del arte. Yo creo que nosotros tenemos un rol como parte de esta Universidad que ha construido todo esto para el país. Está bien que tengamos salud y muchos otros derechos, pero la cultura es tan importante como todo eso para la vida y el desarrollo de un ser humano.

Bernardo Subercaseaux: tuve la oportunidad de pasearme por lo que es el enclave, diría yo, desde la Plaza Italia hasta el cerro Santa Lucia en el momento más álgido del movimiento, y ahí me encontré con una serie de carteles, afiches, dibujos, música, hechos gastronómicos, disfraces con espectros de la cultura de masas. Vi muchas energías culturales diversas, diría que todo eso tenía una relación con el proceso constituyente; había una unidad de expresiones artísticas que eran destituyentes en el más amplio sentido de la palabra, y de alguna manera estaban ahí incluso cuestiones que podían ser contrapuestas ideológicamente, como los anarcobarristas o el feminismo, o expresiones de corte netamente político, aunque había muy pocas, diría yo, pero estaban unidas en una ampliación del círculo de la empatía en distintos órdenes. Había movimientos animalistas, feministas, había movimientos vinculados al veganismo, pero aunados en un espíritu contestatario, destituyente, anticapitalista y antisistema, y por supuesto, también antipacos. Me hizo pensar: ¿qué es esto?, ¿hacia dónde va? Yo lo llamaría arte callejero y tiene su valor, a pesar de que es excluido por los parámetros tradicionales de la página de arte de El Mercurio, por decirlo así. ¿Cómo tender puentes entre ese movimiento destituyente y los actores de la política tradicional?

Pablo Oyarzún: creo que Bernardo hizo un punto importante al usar el término destituyente y referirse al resultado del plebiscito que le dio casi el 80% al Apruebo y que apunta a un proceso y horizonte constituyente. Lo que quiero decir con eso es que ahí hay una tensión, estamos viviendo una tensión, todos estamos viviendo esa tensión, cada uno de nosotros tiene una pasión destituyente en este proceso, pero también entiende que es preciso construir, empezar a construir algo distinto a eso que queremos destituir, y esa es una tensión que también habla de la complejidad social que tiene todo este movimiento y que ha existido desde hace harto tiempo. Esto no es una cosa solamente del año 2019, desde luego el movimiento feminista del 2018 fue absolutamente determinante, porque puso en el escenario la cuestión del abuso, un concepto que fue justamente el elemento que produjo el aglutinamiento de todas las voluntades, de todas las expectativas, iras e indignaciones respecto de la extraordinaria desigualdad que existe en el país. Eso trae consigo, por cierto, ciertas conclusiones especiales relacionadas con la sensibilidad, con la afectividad también, que marcan una suerte de inseguridad. Si uno pensara en el arte y la cultura, bueno, el arte y la cultura viven de eso, viven de la inseguridad, o sea, no pueden hacerse sin inseguridad, son inseguras porque tienen que producir cosas nuevas, traer cosas nuevas, y esas cosas nuevas no tienen perfil ni figura, y esa esencia de figura marca justamente momentos de radical inseguridad.

Pero este sistema está organizado sobre la base de la seguridad, lo que tú tratas es ojalá no tener miedo, entonces, para eso, te proteges de las maneras más diversas, como las alambradas eléctricas en las casas de los barrios altos; o sea, hay sectores como aquellos en los que vivimos nosotros, que somos bastante privilegiados, donde justamente se toman esas medidas para tratar de sentirnos seguros. Me parece interesante que este movimiento produzca una suerte de inseguridad que todos tienen que experimentar.

¿Qué hace el arte respecto de este proceso? Uno tiene que esperar a ver qué pasa si se mantiene una presión callejera, si el arte encuentra estas formas de manifestación inmediata. Hay otra pregunta importante: ¿qué hace el proceso constituyente respecto al arte y la cultura? Ahí hay un punto importante respecto de cómo enfocar el arte y la cultura, no sólo en términos ministeriales, de la burocracia de un país, que es necesaria, pero que uno desearía que fuera más sensible respecto a las cosas que están sucediendo en el día a día de la producción cultural, artística y científica. Hay una cuestión importante respecto de la definición del enfoque, el modo en que este país piensa la cultura y el arte y cómo se propone entonces entregar las condiciones que hagan posible su despliegue.

Bernardo Subercaseaux: académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Destacado autor de libros sobre cultura chilena e hispanoamericana, entre ellos Historia del libro en Chile (2010). Es miembro del consejo del Observatorio del Libro y la Lectura.

Nury González: artista visual y académica de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.  Ha recibido, entre otros, el Premio Altazor de las Artes Nacionales. Es la directora del Museo de Arte Popular Americano Tomás Lago, MAPA.

Pablo Oyarzún: Filósofo, ensayista, traductor y crítico, es académico de las Facultades de Artes y Filosofía y Humanidades. Es director del Centro Interdisciplinario de Estudios en Filosofía, Artes y Humanidades, CIEFAH.

Ana Harcha: Actriz y dramaturga. Doctora en Filología Española, especializada en estudios teatrales por la Universidad de Valencia y académica del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile.

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