Nada por disputar, todo por construir

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«Cuando el llamado es a reconstruir la FECH y no a pelear una tajada de pastel, quizás lo que menos importa para sentirse convocade son los errores del pasado», analiza Noam Vilches sobre la actual crisis de participación y representatividad que atraviesa la Federación de Estudiantes más antigua del país.
Por Noam Vilches Rosales

La crisis de la FECh no es un misterio. Ahora estamos en su peak no solo porque no existió quórum para constituir una mesa, sino que además faltan listas que disputen centros de estudiantes; la participación en asambleas es baja, las orgánicas locales pierden gente a mitad de camino, hay renuncias a cargos y se ha diluido la capacidad de convocar y movilizar cambios estructurales tanto a nivel de la universidad como del país. Las razones que da el estudiantado para explicar esta situación son variadas. Hagamos un breve repaso por las más mencionadas, para luego —ojalá— responder por qué se debe reconstruir la FECh.

La FECh es un trampolín político

Esta es una de las críticas que más se han reportado al menos desde 2013, y es usada tanto por la Centro Derecha Universitaria como por los grupos de izquierda menos adeptos a los actuales partidos políticos chilenos. Lo curioso es que quienes realizan esta acusación tampoco han destrabado esta crisis cuando han estado en la Federación, y tienen cada vez menos incidencia en los comicios estudiantiles. No obstante, no podemos desconocer que quienes pasan por la FECh tienden a tener una carrera política institucional fuera de la universidad. Aquí podemos preguntarnos si es un problema que exrepresentantes estudiantiles ganen elecciones en el Congreso, los municipios o la presidencia de Chile. Me atrevo a afirmar que no, y si el problema es que quienes se suman a la FECh dejan de lado sus labores por intentar darle otro uso a la Federación, eso puede solucionarse estatutariamente. No obstante, creo que quienes tienen un fuerte compromiso con la educación pública, popular y feminista, deben estar disputando no solo una federación de estudiantes, sino que también tienen el deber de llevar nuestras problemáticas a las más altas instancias políticas e institucionales de Chile; y digo deben como imperativo sobre todo práctico, pues son dichas personas quienes lograron visibilizar y hacerle camino a nuestras demandas.

La FECh no es útil a los intereses estudiantiles

Aquí chocan ideas, pues tal afirmación es dicha tanto por quienes creen que los intereses estudiantiles se sitúan en un buen pasar universitario, como por quienes creen que la lucha debe enfocarse en el plano nacional. Esta idea es una falsa dicotomía. Quienes tomen liderazgos en la organización estudiantil deben saber que no se puede dedicar tiempo solo a una, ambas son nuestra responsabilidad y así lo indican los actuales estatutos. Muchos de los problemas que se viven requieren volcarse a la política nacional, y muchas problemáticas nacionales requieren también de nuestro esfuerzo y autorreconocimiento como algo más que estudiantes, como futures trabajadores y ciudadanes. El estallido y la valentía de les secundaries deberían ya habernos dado una cátedra sobre empatía y colectividad que nos saque la individualista idea de que no nos debe importar nada más que lo puramente estudiantil. Sin embargo, y obviando esta situación, creo que una crítica como esta solo puede nacer de la idea de que la FECh no hace nada significativo en ninguno de los dos planos, lo que me lleva necesariamente al siguiente punto.

No se sabe qué es la FECh ni cuáles son sus labores o historia

Este problema es ineludible. Recuerdo conocer la FECh antes de entrar a la Universidad de Chile, la veía en los medios desde 2011 y entendí su relevancia. Sus figuras inspiraban y llamaban a movilizarse por una educación fuera de las lógicas del mercado, de la dictadura y de la élite del país. No sabía su historia, pero quería saberla. Ya estando en la universidad, pensé que mi estadía no necesitaba de la política universitaria y por tanto no necesitaba saber nada de la Federación.

Esto me recuerda una reciente charla donde el primer presidente de la FECh en dictadura, que fue electo con un 90% del quórum, comenta que la participación de antaño se daba porque el enemigo común era claro. Hoy ese quórum es una utopía y ese enemigo común es cada vez más difuso, lo que ha hecho que en la Federación y en Chile existan apuestas mucho menos convocantes. Parece que hacer política importa menos porque estamos en una situación que nos parece menos apremiante, y por tanto la desconfianza en la clase política es argumento suficiente para no interesarse. Esta última idea tiene un nivel de individualismo enorme, es el camino fácil. Si creemos que les actuales representantes son personas en las que no podemos confiar, entonces levantamos proyectos con personas que nos hagan sentido, no nos mandamos a cambiar como si no hubiese nada en juego.

Cuando asumí, como centro de estudiante tenía metas locales bastantes simples, pero basta con dar un paso hacia el camino de la construcción colectiva para entender lo mucho que falta hacer, lo frágil que es la estadía de los sectores más populares en la universidad, lo difícil que es ser mujer y disidencia en la educación superior, lo necesaria que son las presiones y gestiones estudiantiles para el cumplimiento del rol público de la Universidad de Chile. Eso me llevó de no querer saber nada de la federación a necesitar participar activamente en ella.

Cuando el llamado es a reconstruir la Federación y no a pelear una tajada de pastel, quizás lo que menos importa para sentirse convocade son los errores del pasado. Quizás muchas de las labores FECh no nos tendrán en la televisión abierta hablando sobre los necesarios cambios en el modelo educativo, pero tenemos que asumir que muchas de las labores que se realizarán son como levantarse y tomar un buen desayuno, vale decir, no serán labores que nos hagan sentir que estamos cambiando el mundo, pero serán necesarias para que lo logremos.

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