Por Palabra Pública | Fotografía: Alejandra Fuenzalida
El éxito global del Tiny Desk de 31 Minutos —celebrado por niños y exniños— fue una especie de recordatorio colectivo: además de títeres, chistes y noticias improbables, ahí siempre hubo canciones. Música hecha sin alarde, melodías simples que se quedan pegadas y letras que parecen ser inocentes, pero que dicen más de lo que aparentan. Ese mismo espíritu es el que el periodista Álvaro Díaz —creador del programa junto a Pedro Peirano— transmite en Magadán, la historia de un niño que tiene un sueño tan desproporcionado como inútil: viajar al extremo oriental de Rusia para pescar un pez enorme y monstruoso. Durante años Magadán fue una canción guardada, casi secreta, hasta que encontró otra forma de existir: su primer libro ilustrado, que este año Díaz presentó en Ciudad de México durante Filuni, la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y Universitarios de la UNAM, como parte de la delegación de la Universidad de Chile.
Inspirado por los lugares remotos y los datos inútiles, Álvaro Díaz crea con la convicción de que lo innecesario, lo raro y lo aparentemente sin sentido también merecen existir. Esa fue la chispa inicial de 31 Minutos, pero también es la de otros proyectos menos conocidos del periodista como Benito Cereno, su faceta de compositor solista, donde canta como quien conversa y escribe canciones cortas, algo torcidas y entrañables, que suenan a recuerdos, a viajes sin mapa y a una soledad llevadera.

Ilustraciones de Francisco de la Mora
Fondo de Cultura Económica, 2025
28 páginas
Ese modo de mirar el mundo no apareció de la nada. Díaz creció rodeado de música, radios siempre encendidas y una abuela que apenas hablaba, pero que manejaba el dial como si fuera la extensión de su cuerpo. Canciones sin letra fija, melodías populares, jingles y cortinas radiales se le pegaron como una segunda piel, hasta volverse un idioma propio. Nunca fue un virtuoso ni quiso serlo: tocaba guitarra encogido, componía sin saber muy bien cómo y aprendió temprano que la creatividad no siempre viene acompañada de destreza técnica. Más bien al revés.
Esa combinación de torpeza y libertad terminó encontrando su lugar natural en la televisión. Con Plan Z y, más tarde, 31 Minutos, Díaz se volvió una figura clave del humor chileno contemporáneo, aunque siempre desde un costado discreto. Por estos días, se puede ver a su alter ego, el conejo rojo Juan Carlos Bodoque, en la película 31 Minutos: Calurosa Navidad, donde nuevas canciones seguirán uniéndose al repertorio emocional de generaciones. Hoy, Álvaro Díaz es muchas cosas a la vez: guionista, músico tardío, viajero empedernido, padre y observador melancólico. Aunque también ha deseado ser fotógrafo o el personaje de varias de las novelas de Richard Ford, tal como cuenta acá en nuestro cuestionario.
¿Cuál es tu palabra favorita y la que menos te gusta?
—Melancolía, la favorita, y apapachar, la más odiada.
¿Qué obra ajena te hubiera gustado crear?
—Los delincuentes, de Rodrigo Moreno.
¿Qué libro incluirías en tu programa de estudio si fueras profesor escolar?
—Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer. Es esencialmente adolescente sin cursilería.
¿Con qué artista o creador —en términos amplios— te obsesionaste alguna vez en la vida?
—Osvaldo Soriano, a los veinte.
¿Con qué figura pública, viva o muerta, te habría interesado conversar?
—Con Natalia Ginzburg.
¿Qué disco o canción escuchas cuando estás feliz?
—Canta a Nicolás Guillén, de Pablo Milanés.
¿Qué comediante o humorista de las últimas décadas es tu favorita/o?
—Steve Carell.
¿Qué consejo te hubiese gustado darte a ti mismo al comienzo de tu carrera?
—Sé amistoso y amable, no le temas a la gente.
De no haberte dedicado a lo que haces ahora, ¿qué te habría gustado hacer?
—Ser fotógrafo.
¿En qué otra época de la historia te gustaría haber crecido?
—En ninguna otra, hoy es mucho mejor que antes.
¿Hay algún personaje de ficción con el que te identifiques?
—Frank Bascombe, el protagonista de la saga de libros de Richard Ford.
¿Qué serie o película has detestado en el último tiempo y por qué?
—Una batalla tras otra. Guión flojo, me cayó mal desde el principio, no me reí nada, estuve enojado todo el rato.
¿Cuál es tu lugar favorito de Santiago?
—Cerro Calán. Tiene la altura perfecta sobre Santiago, se recorre sin tener que subirlo y me recuerda a mi amigo León Maza.
¿Qué virtud consideras que está sobrevalorada en estos tiempos?
—La dignidad.
