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Bajo Palabra | Mauro Libertella: “Haber tenido 20 años en la década del sesenta hubiera estado bien” 

Por Palabra Pública

“Muchas veces simulé conocer algo para agradar a la persona con la que estaba hablando, y seguramente lo voy a seguir haciendo. ¿Leíste Guerra y paz? Por supuesto, qué librazo. Aparenté conocer bandas fundamentales (nunca escuché Talking Heads), haber visto películas canónicas (nunca vi una de Fellini), haberme conmovido con cuadros importantísimos (¿Da Vinci? Perdón…)”, dice el escritor, periodista y editor argentino Mauro Libertella (1983) en Canción, llévame lejos (Laurel, 2025). Y luego, sin un poco de pudor, confiesa: “Así se conocen muchas parejas. Chico miente a chica; chica miente a chico. Hice todo eso, señores del jurado, y lo volveré a hacer”.

Así parte el ensayo que le dedica a “Ashes to ashes”, de David Bowie, una de las catorce canciones que dan forma a este libro, un ejercicio parecido al que alguna vez hizo Nick Hornby en 31 canciones: escoger la lista que compondría la banda sonora de su vida, escribir algo así como una autobiografía disfrazada de playlist. Libertella no tiene nada de snob y no tiene problemas en decir que “las bandas que me han hecho más feliz son las mismas que hicieron felices a casi todos los demás”, y eso explica que lo menos mainstream —al menos a nivel latinoamericano— que se encuentre en el libro sea una canción del músico italiano Franco Battiato o del compositor de tangos Atilio Stampone. Los demás no necesitan presentación: Guns N’ Roses, Nick Cave, Fito Paéz, Pulp, Charly García, The Beatles —“es lícito sentenciar que no se puede confiar en una persona a la que no le gusten los Beatles”, escribe, con razón, al hablar de “Golden Slumbers”— Nirvana o Bob Dylan.

Libertella es un alborotador del campo cultural trasandino —hoy es editor de la revista cultural La Agenda, ha firmado perfiles y libros de entrevistas indispensables como Un hombre entre paréntesis (2019) o El estilo de los otros (2015), además de ser un escritor por derecho propio, con libros como El invierno con mi generación (2015) y Un futuro anterior (2022), en los que, al igual que en Canción, llévame lejos, problematiza el lugar de su generación en la sociedad argentina.

Canción, llévame lejos
Mauro Libertella
Laurel, 2025
148 páginas

“Si estoy mal de ánimo, trato de no alimentar ese dolor con música triste, y busco en cambio poner algo bailable o alegre (sin exagerar igual) para balancear un poco. Puede ser algo de Los Auténticos Decadentes, de los Beatles, de Adam Green”, cuenta al responder una de las preguntas del cuestionario Bajo Palabra.

¿Qué libro te hizo querer escribir?

No se si hubo un primer libro o si fue la mezcla ahora irrecuperable de varias lecturas en distintos momentos de la vida. Sí me acuerdo de una escena, que quizás sea significativa. Tendría diez años, estaba en mi casa leyendo una novelita tipo western para chicos, cuando se me ocurrió que podía copiar el primer capítulo, palabra por palabra. Tardé un rato largo en hacerlo, y cuando terminé se lo llevé a mi madre y le dije que lo había escrito yo. Lo leyó en silencio, me lo devolvió y me dijo que muchas veces se empieza a escribir así, copiando.

¿Qué libro, ya sea clásico o contemporáneo, consideras que está subvalorado?

Habría que pensar acá si la valoración sería la del mercado (entonces estaríamos pensando en un libro que consideramos muy bueno pero vendió poco), o de la crítica (un libro que nos gusta pero no tuvo reseñas, lecturas, etcétera), de los lectores en general (que nuestros amigos y conocidos no leyeron). Es difícil. Hay muchos libros que pasan por debajo del radar, y nunca se sabe si años después alguien los va a “rescatar”, como se suele decir, y van a vivir una segunda vida (como ocurrió, por poner un solo ejemplo, con El desierto y su semilla, de Jorge Barón Biza). Pero, para no esquivar la pregunta con digresiones, menciono El chico, del escritor cordobés Roberto Videla. 

¿Qué obra ajena te hubiera gustado crear?

Me cuesta pensar esto porque, como escribo libros más bien autobiográficos, y son también los textos que me gusta leer, si pienso en una autobiografía de otro que me hubiera gustado escribir, eso implicaría que tendría que haber tenido la vida de otro, lo que me sumerge en una especie de espiral filosófico. Así que voy para otro lado y digo que me hubiera gustado escribir libros muy distintos a los que escribo, ficciones puras, para ver cómo se siente hacerlo. Quizás alguno de César Aira, por ejemplo.

¿Con qué artista (escritor o creador, en términos amplios) te obsesionaste alguna vez en la vida?

Muchos. Los Beatles, Woody Allen, Nick Cave, Borges, Levrero, Bolaño, Alan Pauls, Sergio Bizzio, Jarvis Cocker. Muchos hombres, por lo que veo.

¿Con qué figura pública, viva o muerta, te habría interesado conversar?

Cualquier persona que admire mucho me daría nervios para charlar. Así que supongo que algún comediante, alguien gracioso con el que hablar pavadas y pasar el tiempo de manera más o menos liviana.

¿Qué disco o canción escuchas cuando estás triste?

Me acuerdo que, cuando tuve mi primer desgarro amoroso, por decirlo de una manera un tanto dramática; cuando la primera chica de la que me enamoré me dejó, me pasé días escuchando “Angie”, de los Rolling Stones, en loop, mientras lloraba y sentía que la canción había sido escrita para mí. Desde entonces, si estoy mal de ánimo, trato de no alimentar ese dolor con música triste, y busco en cambio poner algo bailable o alegre (sin exagerar igual) para balancear un poco. Puede ser algo de los Auténticos decadentes, de los Beatles, de Adam Green.

¿Qué libro incluirías en tu programa de estudio si fueras profesor escolar (y por qué)?

Creo que Rabia, de Sergio Bizzio, porque además de ser uno de mis libros preferidos, es muy entretenido, y creo que si a los alumnos de escuela no les das algo entretenido, te tiran el libro por la cabeza. Además, es una novela que permite observar de manera muy clara algunos procedimientos literarios (diálogos, personajes, tensión narrativa, etcétera).

¿Qué consejo te hubiese gustado darte a ti mismo al comienzo de tu carrera?

Escribí sin miedo que nadie te va a comparar con tu padre.

¿Cómo te imaginas a tus lectores más fieles?

Supongo que como gente de mi generación, que vivió su infancia en los años noventa, que es un toque nostálgica (pero no tanto como para caer en la depresión), que también tiene sus dramas domésticos, sus pequeños problemas de entrecasa, como todos. Me gustaría pensar que es gente que se ríe de sí misma, que es lo que más me gusta.

De no haberte dedicado a tu profesión, ¿qué te habría gustado hacer?

Supongo que futbolista profesional o estrella de rock son dos viejos sueños de adolescencia que siempre me van a acompañar, y que he tratado de emular de manera más o menos patética, armando mis propias bandas de rock y jugando un partido con amigos debajo de una autopista desangelada un lunes a la noche de invierno. También quise ser taxista, recorrer la ciudad durante todo el día al volante, conversando con gente sin mirarnos a los ojos, como en un confesionario o en una sesión de diván psicoanalítico.

¿En qué otra época de la historia te gustaría haber crecido?

Haber tenido 20 años en la década del sesenta hubiera estado bien, ¿no? Drogas, sexo libre, las mejores bandas de rock y pop, prosperidad económica, la sensación de un futuro brillante justo antes de que todo se fuera a la mierda.

¿Cuál es tu palabra favorita y la que menos te gusta?

Me gusta “puñado”, me gusta “dramático” (ya la usé en estas respuestas), me gusta “lunático” (la usaba mucho mi viejo). No me gusta “agendar”.

¿Hay algún personaje literario con el que te identifiques?

No recuerdo muchos personajes literarios. Cuando lo leí a los 15 años, me identifiqué brutalmente con Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno.

¿Cuál fue la última serie o película que te gustó?

Ahora estoy viendo Dying for Sex, una serie de un humor oscuro muy inquietante, sobre una mujer de unos 40 años a la que le diagnostican un cáncer incurable, y que inicia un periplo de aventuras sexuales antes del fin.

¿Cuál es tu lugar favorito de tu ciudad y por qué?

Muchos bares. Amo los bares. Trabajo en bares, leo en bares, paso las horas en bares, y por suerte en Buenos Aires hay muchos. Hay días en que voy a tres cafés distintos (ahora estoy en uno. Y aprovecho para quejarme: por alguna razón están poniendo una playlist de tres canciones de Coldplay y ya sonó cinco veces “Viva la vida”, esto es intolerable). También me gustan las calles empedradas con árboles muy grandes. En Caballito hay muchas así, en Belgrano también, en Barracas también. Me gustan algunas cuadras de Parque Chas y de Agronomía. En todas tengo mi café de rutina, por supuesto.