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Bajo Palabra | Melissa Aldana: “John Coltrane ha sido una inspiración constante”

Por Palabra Pública | Crédito de foto: Ebru Yıldız

Para Melissa Aldana (Santiago, 1988), el jazz no fue una elección tardía ni un descubrimiento inesperado: siempre estuvo ahí. Heredera de una tradición familiar marcada por el saxofón —hija de Marcos Aldana y nieta de Kiko Aldana—, Melissa debutó en los escenarios siendo niña y, con los años, se abrió paso con una mezcla de disciplina y carácter, poco común a esa edad, liderando sus propios grupos desde muy joven.

Su camino la llevó a estudiar en Berklee —la prestigiosa universidad del jazz en Boston, Estados Unidos— y luego a instalarse en Nueva York, donde, a mediados de los 2000, su carrera despegó definitivamente con discos, colaboraciones y reconocimientos internacionales, incluyendo el triunfo en la Thelonious Monk Competition y su posterior llegada al histórico sello Blue Note, hogar de leyendas del jazz como Art Blankey, Miles Davis o Herbie Hancok.

Su búsqueda incesante por seguir un camino cada vez más personal no ha estado exenta de referentes. Uno de ellos es el saxofonista Wayne Shorter, a quien estudia como si fuera un mapa infinito de ideas. Otro, imposible de esquivar, es John Coltrane, figura clave en su desarrollo artístico y espiritual. No es casualidad que este mes Aldana esté participando de una serie de conciertos en Estados Unidos, en el marco del centenario del nacimiento de Coltrane: más que un homenaje, es una forma de seguir dialogando con uno de sus grandes ídolos.

Medios especializados como JazzTrail han destacado su estilo “cerebral”, que mezcla emoción e ideas complejas sin caer en lo sentimental. “Es una Aldana más reflexiva y consolidada”, escribieron en ese sitio sobre su disco Echoes Of The Inner Prophet, de 2024. Su último álbum, Filin (2026) —que alude al estilo musical romántico de los años 40 en Cuba—, ha sido destacado como “tan maravilloso como inesperado” en el sitio Qobuz, plataforma de streaming musical para audiófilos y melómanos. “Aldana no solo toca, sino que comprende profundamente las letras y su intención emocional”, agregó sobre el disco la revista digital Ginalovesjazz.

Esa mezcla de tradición, riesgo y mucha introspección es la que define su música. Una música que necesita tiempo, pausa y profundidad, justo lo contrario a la velocidad con la que funciona el mundo hoy. Y aunque su base está en Nueva York, Aldana no pierde conexión con Chile: en febrero pasado se presentó en vivo en Santiago, en el Teatro Nescafé de las Artes, recordando que su historia también se sigue escribiendo desde acá.

¿Con qué artista o creador/a (en términos amplios) te obsesionaste alguna vez en la vida?
Wayne Shorter. Su creatividad, su manera de contar historias con la música y su enfoque único hacia la improvisación me fascinó desde que lo descubrí. Lo estudio constantemente y siempre encuentro algo nuevo que aprender de él.

¿Qué obra ajena te hubiera gustado crear?
Ballads, de Coltrane. Tiene esa simplicidad que esconde un mundo entero de emoción y detalle. Me encantaría haber podido transmitir tanta verdad y lirismo en cada nota como él lo hizo.

¿Qué figura de la música o disco te ha inspirado en tu carrera?
John Coltrane ha sido una inspiración constante. Su música combina técnica, espiritualidad y emoción de una manera que siempre me desafía a profundizar más en mi propio sonido. Discos como A Love Supreme y Ballads me enseñaron que la música puede ser una extensión directa del alma

¿Con qué figura pública, viva o muerta, te habría interesado conversar?
Nina Simone. Más allá de su música, me interesa su fuerza, su capacidad de canalizar sus emociones y sus convicciones sociales en el arte profundo. Conversar con ella habría sido increíblemente revelador.

¿Qué disco o canción escuchas cuando estás feliz?
—Cualquier disco de Stevie Wonder, especialmente Songs in the Key of Life (1976). Su energía, su alegría y su calidez son imposibles de ignorar y siempre me levantan el ánimo.

¿Qué músico/a de jazz de las últimas décadas es tu favorita/o?
—Brad Mehldau. Admiro cómo mezcla técnica, sensibilidad y riesgo creativo, y cómo puede reinventar canciones conocidas de formas totalmente nuevas y personales.

¿Qué consejo te hubiese gustado darte a ti misma al comienzo de tu carrera?
—Que confiara más en mi propia voz y no intentara imitar lo que otros hacían. La autenticidad, aunque a veces sea más difícil, es lo que finalmente deja huella.

De no haberte dedicado a tu profesión, ¿qué te habría gustado hacer?
—Probablemente algo relacionado con la psicología o la filosofía. Me interesa mucho explorar cómo pensamos, sentimos y nos conectamos, y cómo eso influye en la creatividad.

¿En qué otra época de la historia te gustaría haber crecido?
—Los años 50 o 60 en Nueva York, en plena efervescencia del jazz. Hubiera sido increíble vivir la energía, la experimentación y la comunidad de músicos de esa época.

¿Hay algún personaje de ficción con el que te identifiques? ¿Por qué?
—Clarisse McClellan de Fahrenheit 451. Su curiosidad, su capacidad de cuestionar lo establecido y su atención a los detalles pequeños resuenan mucho conmigo.

¿Cuál es tu palabra favorita y la que menos te gusta?
—Favorita: respirar. Me recuerda la importancia de estar presente y consciente. Menos favorita: debería. Siento que esa palabra carga presión innecesaria y limita la libertad de ser uno mismo.

¿Cuál es la serie o película que no recomendarías y por qué?
—No recomendaría aquellas que glorifican la violencia gratuita o el sufrimiento sin reflexión. Creo que consumimos suficiente negatividad en la vida real; prefiero que el arte aporte algo más profundo y constructivo.

¿Cuál es tu lugar favorito de la ciudad en la que vives y por qué?
—Central Park. Es un respiro dentro del caos de Nueva York, un espacio donde puedo caminar, pensar y reconectar conmigo misma. Me ayuda a encontrar calma y perspectiva en medio de la intensidad de la ciudad.

¿Cuál es tu lugar favorito de Santiago?
—El Cerro San Cristóbal. La vista de la ciudad, la tranquilidad del entorno y la conexión con la naturaleza hacen que sea un lugar que me recarga y me da claridad.

¿Qué virtud consideras que está sobrevalorada en estos tiempos?
—La rapidez. Vivimos en un mundo que valora la velocidad sobre la profundidad, y muchas cosas importantes —la música, la reflexión, la creatividad— necesitan tiempo y paciencia para florecer.