Los circuitos del underground musical en Chile han estado vibrando con una energía renovada. Una nueva generación de bandas llena de vida las tocatas en lo que parece la consolidación de un episodio más en la historia del rock local. Entrevistamos a algunos de sus protagonistas —Juan Soto de Déjenme Dormir, Jorge Scheuermann de Asia Menor, Matías Ávila de Candelabro y Renatto Olivares de Hesse Kassel— en torno a las razones de su éxito, las diferencias con otras generaciones y cómo vislumbran su futuro.
Por Gabriel Godoi y José Núñez | Crédito de foto principal: José Pedro Downey
Mientras la prensa habla de la muerte de la música de guitarras y el dominio de la música urbana, en el último tiempo está ganando notoriedad una nueva camada de cultores de rock alternativo chileno que contrasta no solo con el reguetón y el trap, sino también con la generación de bandas de la segunda mitad la década pasada que renovaron el indie local, como Niños del Cerro, Chini and The Technicians, Paracaidistas, Maifersoni, Dulce y Agraz, Amarga Marga y Patio Solar, entre muchos otros.

Las primeras señales aparecieron con el primer disco de Asia Menor —la banda temuquense de art-punk— Enola Gay (2023), un álbum de sonido crudo y melancólico que aborda temas como la depresión, la ansiedad y el colapso ambiental, con el que remecieron la escena independiente nacional y posteriormente ganaron el premio a Mejor Nuevo Artista en los Premios Pulsar 2024. En paralelo, Estoy Bien, la banda de emo y pop punk formada por Alberto Pino, Matías Sandoval y Benjamín De la Fuente conseguía invitaciones a festivales, giras nacionales y buenas críticas con su álbum Apoyo Emocional (2023).
La imagen se podría completar con los proyectos de Candelabro, liderado por Matías Ávila, y Déjenme Dormir, con Juan Soto a la cabeza, quien además ha producido varios discos de sus compañeros de generación. El momento clave, sin embargo, fue el reconocimiento internacional que obtuvo el disco debut de Hesse Kassel, La Brea (2025), uno de los proyectos más comentados en lo que va del año. Con una propuesta que fusiona el post-rock, el art rock y el noise, el álbum ha sido elegido como uno de los mejores del primer semestre por portales de música internacionales como Consequence, a la par de ser comentado por el popular youtuber español ShaunTrack en un video con más de 250 mil visitas titulado “Descubrirles me ha hecho creer que el rock aún no va a morir”. En agosto, la banda presentó el disco en una Sala Metrónomo agotada, días antes de ser confirmados en el lineup de Lollapalooza Chile 2026.
Reunir estos proyectos bajo un mismo movimiento puede parecer forzado; sin embargo, haber surgido en un contexto similar los vincula a través de influencias, atmósferas emocionales y una red común de agentes, sellos y espacios autogestionados. Es inevitable, por ejemplo, pensar en la huella que dejó la pandemia en una generación que vivió su adolescencia o alcanzó su mayoría de edad en medio de una cuarentena. Una experiencia de encierro seguida por una de liberación cuando las tocatas y conciertos volvieron a propiciar el encuentro en lugares como el Centro Cultural Rojas Magallanes, en La Florida, o el restaurante El Manduca, en barrio Franklin, espacios ubicados en circuitos alternativos, donde se comenzaron a reunir públicos ansiosos de creatividad, experiencias y nuevas influencias.


“Hay una especie de decepción generacional con la que muchos se identifican, un hastío e incertidumbre que refleja nuestra música en un mundo que avanza demasiado rápido, donde no te queda tiempo para entenderte a ti mismo”, dice Jorge Scheuermann, vocalista y guitarrista de Asia Menor. Matías Ávila, de Candelabro, agrega que también hay una conexión con artistas con un imaginario común, alejados de la figura del artista de rock excepcional: “Desde las corrientes alternativas actuales se ha levantado mucho la figura del artista como una persona funcional, un individuo común y corriente, lo que hace que cualquiera de nosotros se sienta lo suficientemente empoderado como para querer ser músico. Además, buscamos retratar la cotidianidad, lo que conecta con este inconsciente colectivo chileno, que es una mezcla de cosas, desde 31 minutos hasta los matinales de TVN, el Festival de Viña o el queso crema con soya para el bautizo”.
Hay, además, una búsqueda artística que se refleja en canciones, portadas y actitudes que se esparcen como un virus entre sus fanáticos. Una influencia evidente es la Windmill Scene, creada en torno al pub Windmill en el barrio de Brixton en Londres, donde, a fines de la década pasada e inicios de la presente, se presentaron proyectos como Black Country New Road, Black Midi, Squid, Shame o Maruja. Su rock experimental de ritmos frenéticos, estructuras intrincadas, letras paranoicas y gritos que expresan angustia existencial resuena en los discos de Asia Menor, Candelabro y Hesse Kassel, y se potencia con las influencias del indie rock noventero en la banda Déjenme Dormir, o del pop-punk en Estoy Bien. Un elemento los trasciende a todos: el énfasis en las presentaciones en vivo como experiencias catárticas de conexión entre la banda y su audiencia.

¿A qué atribuyen el éxito de la actual generación de bandas de rock alternativo?
Jorge Scheuermann (Asia Menor): Creo que lo que engloba esta generación es tomárselo en serio, hacer la música bien. Candelabro, por ejemplo, entiendo que para su segundo disco van a trabajar con una orquesta. O Estoy Bien está preocupado de sacar tonos de guitarra hechos científicamente en un laboratorio. Me parece que antes había menos diseño de sonido, había menos interés en la propuesta artística y eso hizo a esas bandas geniales también.
Matías Ávila (Candelabro): Tiene mucho que ver con una juventud que avanza muy desprejuiciada y abierta, porque en un minuto vieron que el mundo podía colapsar de un día para otro. Todo el mundo estaba haciendo música desde su casa, entonces, de pronto el teléfono y el computador pasaron a ser un instrumento de grabación. Ya no existe esa lógica de tener que ir a un estudio para grabar. Fue un momento que impulsó a que muchas personas agarraran un instrumento y dijeran “¿por qué yo no?”.
Juan Diego Soto (Déjenme dormir): A nuestras bandas les va bien porque son buenas y hacen música interesante, pero hasta hace poco eso no te garantizaba nada. Ahí estaban cientos de bandas que, previo al estallido y la pandemia, hacían música superinteresante, pero que aparecieron en un contexto sin mucha discusión alrededor de la música, donde el trap estaba surgiendo y el indie era una palabra sucia. También se podría atribuir a que se están agarrando muchos referentes de afuera. Antes de que Asia Menor sacara su disco, nadie en Chile había escuchado hablar de Women o de la música post punk canadiense del 2010. Eso lo mezclan con poesía chilena en una propuesta muy fresca.
¿Te sientes parte de una “escena”?
Matías Ávila (Candelabro): Me agrada más el concepto de ecosistema. Para llamarse escena tienen que darse otros factores; por ejemplo, estar más congregados, diversificar la parrilla. Al haber tantos proyectos, siento que cada uno responde a un nicho y a veces no coinciden. Con Candelabro no asumimos una responsabilidad activa dentro de la escena, sentimos que es jugar con fuego, pero sí tratamos, dentro del público que tenemos, de mostrar cosas que nos gustan. Por ejemplo, Cristóbal Avendaño & Silvia Moreno, Phuyu y la Fantasma, Nando García, Niño Polar; música que sucede a la par y que es genial que se visibilice y comparta espacio. La figura del rock no nos hace tanto sentido. A veces sí, pero también hay que ponerle ojo a la música que apunta hacia otros lados, más folclórica o acústica.


Jorge Scheuermann (Asia Menor): Me cuesta pensar a Asia Menor dentro de una escena. Diría que la banda pertenece a la música chilena en general. Tampoco le quiero hacer el quite, más que mal, muchas de las personas que tocan ahí son mis amigos y yo soy muy feliz de tocar con ellos, pero en lo inmediato, sobre todo viviendo en Temuco, nos relacionamos de otra forma. Me parece también que pensamos el ejercicio musical de otra manera. No trabajamos con agencias de publicidad. No es que tratemos conscientemente de no seguir lógicas más establecidas, sino que nos hemos encontrado con que muchas de esas cosas no han sido necesarias. La más obvia, es que mucha gente nos dijo que lo mejor era irse a vivir a Santiago para hacer carrera. No nos hemos quedado en Temuco por hacer resistencia, sino que de verdad ha funcionado bien desde acá.
Renatto Olivares (Hesse Kassel): Quizás en su momento muchos proyectos apuntaban a sonar como Patio Solar o Niños del Cerro, pero hoy todos los proyectos están en paradas diferentes. Hay mucha distancia entre el género de Estoy Bien y nosotros, por ejemplo, o entre Asia Menor y Candelabro. Siento que la escena se arma por las personas que están detrás de la música, la gente que sostiene los proyectos, los espacios que se frecuentan, los gestores culturales, los sellos independientes. Y siempre todo tiene una connotación colaborativa o de camaradería y compañerismo. La manera en que se producen los discos es muy colectiva, también cómo se llevan a cabo las tocatas. Ese tipo de cosas terminan definiendo lo que es algo así como una escena.
Juan Diego Soto (Déjenme dormir): El ecosistema depende mucho, no solo del apañe entre bandas, sino de otros agentes que funcionan como equipos de apoyo muy importantes. De esa labor y gente no se habla tanto. Por ejemplo, los sellos, el equipo técnico detrás de cada proyecto, los sonidistas, los productores, etcétera. Ese tipo de personajes son super importantes para nosotros, especialmente viniendo de la música alternativa donde, al empezar, uno está un poco solo. Yo siempre le digo a la gente que está partiendo que no busquen un sello, que traten de hacerse cargo y profesionalizar sus proyectos de la manera más autónoma posible, porque el sello no puede hacerse cargo de una banda como en los 90.
Pensando a futuro, ¿hacia dónde debería avanzar este ecosistema?
Renatto Olivares (Hesse Kassel): Ojalá el día de mañana organizaciones con recursos inviertan en las bandas, porque eso no pasa, todo sale de la autogestión. La calidad que se ha consolidado últimamente no tiene nada que envidiarle a cosas de afuera. Lo que falta es que exista más plata para que no sea un lujo poder pagarle a todo el equipo de producción de un show o poner guardias, por ejemplo. Hay que ir subiendo de a poco el estándar del show en vivo y que la escena se descentralice, que ojalá Concepción, Temuco, Viña, La Serena o cualquier otro lugar puedan empezar a tener su propia movida, que ya está pasando, pero debería tener más recursos y más visibilidad.



Matías Ávila (Candelabro): Me gustaría que este ecosistema apuntara a dignificar las condiciones de trabajo del equipo que se forma alrededor de las bandas. ¿Qué pasa con el equipo de visuales, la persona que va a registrar, la persona que va a escribir sobre el evento, la persona que se encarga de montar la batería, los escenarios, los gestores de espacios culturales? Cada vez nos alejamos más de la lógica del “te pago con chela”, lo cual es muy positivo. Pero no hay una organización por parte de las bandas de definir “esto es bueno, esto es malo, esto es intransable”. Todavía estamos en líneas bien separadas. Tenemos una gran cantidad de bandas que son una explosión de muchas cosas contenidas y, esperemos, de un movimiento cultural que ponga de nuevo en el mapa la música chilena.
Juan Diego Soto (Déjenme dormir): Estoy Bien y Asia Menor han marcado harto a los cabros que están saliendo del colegio y empezando a hacer música. Es muy valorable que haya una banda en Chile que motive a la gente a tocar. En Santiago, en particular, siento que las bandas nuevas están muy marcadas por la estética del grito y la distorsión del ruido, que a mí me encantan, pero, como hablábamos con Camilo de Frucola Frappé, nuestra cruzada es la canción, la cantautoría, cuéntame una historia, hazme llorar. Nada, en mi opinión, reemplaza a la canción, que haya un tema que te quede grabado, que conecte con la gente por experiencia personal o por su formato. Pero lo que más me importa es que las bandas sigan apareciendo, que les siga yendo bien a los proyectos que existen y que el medio tire para arriba. Es el mejor momento que he visto en términos de música de público, de alcance y de creatividad. Lo único que me importa es que eso dure y que no se pierda, que el interés del público se mantenga.
¿Qué proyectos y búsquedas creativas tienen ahora como banda?
Matías Ávila (Candelabro): Tenemos como objetivo traer de nuevo canciones políticas en su segundo disco. También más del imaginario de la educación cristiana en Chile, con la que conectan varias personas en Latinoamérica. Va en caminos de ser una banda más grande, en el sentido de hacer canciones que involucren más desafíos, seguir construyendo un sonido que nos haga más sentido a nosotros y a la gente que nos escucha con las cosas que están pasando en el país. Si la música está interesante, creo que es porque el país también está pasando por un momento cultural, político y social super interesante. Por mucho que tratemos de vivir nuestra cotidianidad como lo más normal posible, lo cierto es que estamos caminando, a veces sobre huevos, porque hay cosas que como generación vamos a contar a nuestros nietos y no nos van a creer a la primera.
Jorge Scheuermann (Asia Menor): La mayor ambición que tiene Asia Menor es hacer música, sacar discos que ojalá sean desafiantes para nosotros. No tener miedo de hacer música que nos incomode. Hacer reflexiones y sacar referencias de lados diversos y extraños que sean enriquecedores. Ni siquiera te diría que es hacer giras, porque mientras uno esté sacando discos van a caer las giras. Actualmente estamos editando un segundo disco, que estéticamente no apunta a una sola cosa. El disco se hizo en su mayoría con partes más rígidas, que fueron improvisadas en estudio. Tiene harto new wave, pero también jazz, rock fusión. La etiqueta del art rock y el art punk me hace sentir bastante cómodo, quizás porque engloba muchas cosas que en este momento me costaría más definir.
Renatto Olivares (Hesse Kassel): En Hesse Kassel estamos intentando hacer temas más cortos para que sea más disfrutable para nosotros tocar. Ya estamos presentando temas nuevos en vivo y son todos bien movidos. No sé si tienen tantos pasajes introspectivos como La Brea.
Juan Diego Soto (Déjenme dormir): Con Déjenme Dormir estamos en la parada de hacer más cantautoría, que las canciones tengan más letras y que no hablen solo desde la primera persona y la vida personal, sino de otras cosas más universales. Creativa y musicalmente, creo que eso le hace falta a la escena actual. Que puedan sonar estas bandas en la radio, por ejemplo. Darle más difusión a esta música permitiría llegar a gente que no tiene idea de lo que está pasando. Escucho hablar de que el rock está muerto, que no hay bandas nuevas… Estamos acá y hacemos música.
