El curador cubano que hace 20 años editó el influyente libro Copiar el Edén. Arte reciente en Chile, estuvo en Santiago preparando la primera gran retrospectiva del irreverente colectivo de performance formado por Pedro Lemebel y Francisco Casas, que tendrá lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes en enero próximo. “Lo más fascinante de las Yeguas es que muchas de sus obras nunca fueron registradas”, cuenta Mosquera.
Por Denisse Espinoza | Fotografía principal: Detalle de Las dos Fridas, 1989/2014. Yeguas del Apocalipsis, Pedro Lemebel – Francisco Casas. Colección MNBA. Registro: Pedro Marinello
Fue uno de los eventos de arte más esperados y comentados de 2006. El lanzamiento de Copiar el Edén. Arte reciente en Chile —volumen editado por el cubano Gerardo Mosquera, cofundador de la Bienal de La Habana y uno de los curadores de arte más respetados de la región— llevaba meses acumulando expectativas y opiniones divididas en el pequeño mundo de las artes visuales chilenas. Mientras para algunos reunir en una sola publicación a los artistas más importantes desde 1973 a la fecha, a modo de revisión crítica, era un ejercicio necesario y urgente para poner en el mapa mundial a la escena local, otros miraban con recelo este canon impulsado por un galerista independiente —Tomás Andreu, de Galería Animal— y armado bajo los criterios de una mirada extranjera.
Lo cierto es que esa tarde del 18 de diciembre de 2006, el segundo piso del Ministerio de Relaciones Exteriores estaba atestado de asistentes que esperaban llevarse uno de los ejemplares del libro publicado por Ediciones Puro Chile. Había expectación además por otro detalle: los rumores decían que era probable que hubiese una performance inesperada de nada menos que las Yeguas del Apocalipsis. Así, a pocos minutos de comenzar la ceremonia, apareció por la puerta Francisco Casas vestido de Frida Kahlo, seguido por Pedro Lemebel con una blusa negra sin mangas y un pañuelo en la cabeza. La entrada desató aplausos y carcajadas. Las Yeguas siguieron de largo y se sentaron en primera fila, al lado del poeta Raúl Zurita. No hubo nada más. Ni performance, ni menos un discurso, pero su presencia fue suficiente para acaparar la atención de la prensa. Al día siguiente, el diario Las Últimas Noticias tituló así su cobertura del lanzamiento: “Las Yeguas del Apocalipsis vuelven a relinchar. Pedro Lemebel y Francisco Casas se reconcilian después de 15 años”.
“No recordaba para nada ese momento. Y ahora que veo el registro, me parece muy curioso que esa haya sido la última aparición pública de las Yeguas del Apocalipsis”, dice hoy Gerardo Mosquera. Tras casi 20 años, el curador está de vuelta en Chile para marcar otro hito en el arte local: la primera retrospectiva del colectivo formado por el escritor Pedro Lemebel (1952-2015) y el poeta Francisco Casas (1959), que bajo el título Desbocadas se inaugurará en enero de 2026 en el Museo Nacional de Bellas Artes. El gesto va en línea con la serie de “puestas al día” que ha hecho en el último tiempo la pinacoteca, bajo la dirección de Varinia Brodsky. En 2023 fue sede de la primera retrospectiva de Cecilia Vicuña, luego de que la artista fuera premiada en la Bienal de Venecia; en 2024, y de manera póstuma, se realizó la primera retrospectiva de Lotty Rosenfeld, fallecida en 2020; este año se acogió la muestra antológica de Janet Toro, artista que no había sido consignada en los libros de arte hasta que una muestra internacional de mujeres radicales la sacó a la luz en 2017, y hace muy poco el museo inauguró su primera sala permanente dedicada a Roberto Matta, uno de los artistas más insignes del arte chileno, fallecido en 2002.

“Esta ha sido una iniciativa del museo. Aunque llega de manera semipóstuma, con la ayuda de Pancho Casas, también es un gesto simbólico, ya que las Yeguas ingresarán de manera oficial y por la puerta ancha al lugar donde hace 25 años fueron censuradas”, advierte Mosquera. El curador alude al episodio que se vivió en 1990 durante la muestra Museo abierto —la primera gran exposición colectiva hecha en democracia en el Museo de Bellas Artes—, donde el video Casa particular, de Gloria Camiruaga, en el que participaban las Yeguas del Apocalipsis, fue censurado y calificado como “no apropiado” por mostrar imágenes explícitas de travestis escondiendo sus genitales. Lemebel y Casas solidarizaron con la artista y decidieron retirarse del evento. Días más tarde, hicieron una performance no autorizada en el frontis del museo a modo de protesta. Travestidas y homenajeando a las divas cinematográficas Rita Hayworth y Dolores del Río, posaron de pie sobre estrellas dibujadas con neoprén a las que prendieron fuego.
La retrospectiva reunirá las principales obras del colectivo, que desarrolló su trabajo principalmente entre 1987 y 1993. También incluirá apariciones menos conocidas a través de registros de prensa, testimonios, fotos y documentos, como la anécdota del lanzamiento de Copiar el Edén en 2006. Aquí, las Yeguas volvieron a irrumpir en un acto “ajeno”, tal como lo hicieron en la mayoría de sus performances, partiendo por la primera que se llevó a cabo el 21 de octubre de 1988. Ese día, en la Casa Museo La Chascona, durante la entrega del Premio Pablo Neruda a Raúl Zurita, hicieron su entrada triunfal y sin invitación Pedro Mardones (aún no usaba públicamente el apellido Lemebel) y Francisco Casas con una corona de espinas que pusieron en la cabeza del poeta. El diario La Época cubrió el evento y publicó una imagen del autor de Purgatorio y Anteparaíso sonriente y con la corona en las manos. “No pienso ponérmela”, decía la lectura de foto, además de registrar testimonios de los artistas y nombrar por primera vez en la prensa a las Yeguas del Apocalipsis.
Se trató de una “estrategia político-cultural de provocación y seducción al campo artístico-literario” para señalar “el contenido ‘cristiano’ implícito en la obra del poeta”, dice un texto sobre la performance que es parte de la investigación que hicieron en 2018 los investigadores Fernanda Carvajal y Alejandro de la Fuente sobre las Yeguas del Apocalipsis, volcada en el libro La convulsión coliza. Yeguas del Apocalipsis (1987-1997) y en un sitio web, que hoy son la principal base de lectura de Gerardo Mosquera para montar la exposición.

“Por el carácter efímero que tienen las obras, pero también porque parte de su propio espíritu es saltarse las reglas del arte, hay poca documentación de sus acciones y el registro que existe tampoco es muy bueno. Lo que más me ha sorprendido saber a través de la investigación de Carvajal y De la Fuente es que las Yeguas hicieron más obras que no están documentadas de las que sí lo están”, cuenta Mosquera. “Ellas se sentían enfrentadas a una especie de fetichización artística y de alguna forma la combatieron con esta carencia de documentación. Necesitaban mantener una gran libertad, poder entrar, salir de escena y cambiar cuando ellas quisieran”, agrega el curador. Mosquera está concibiendo tres categorías para exhibir el trabajo de las Yeguas en el museo: en primer lugar, las obras de irrupción de las que hay escaso registro —a menudo son fotos o recortes de prensa, casi nunca video—; luego, obras más trabajadas y escenificadas como la serie de fotos Lo que el Sida se llevó (1989), tomadas por el fotógrafo Mario Vivado, donde Lemebel y Casas, supervisadas por la bailarina Magaly Rivano, rindieron homenaje a distintas figuras de la cultura travistiéndose como Marilyn Monroe y las hermanas de la obra La casa de Bernardo Alba,de Federico García Lorca. Por último, un apartado sin imágenes que tendrá solo textos descriptivos de las acciones que existieron pero que quedaron sin registrar.
Un cuerpo hedonista
Dos décadas atrás, la opinión de Gerardo Mosquera sobre el arte hecho en Chile era bastante crítico. Lo tachó de “endogámico” y “autorreferente”: “Hay muchos artistas interesantes, pero es como una cordillera que no tiene cimas», afirmó. «Es el único país donde la escuela marca tanto, aquí los artistas deben matar al padre».
Sin embargo, el curador terminó interesándose en la obra “seria y reflexiva” de los artistas chilenos y trabajó con varios de ellos, llevándolos a distintos eventos internacionales. Además de presentar Copiar el Edén en el Malba de Buenos Aires y en la Tate de Londres —lo que ayudó a catapultar a varios artistas locales a la escena mundial—, Mosquera presentó la obra de Mario Navarro en la Bienal de Liverpool en 2006, exhibió el trabajo de Eugenio Dittborn, Jorge Brantmayer y Juan Downey cuando fue curador de PhotoEspaña entre 2011 y 2013; llevó una instalación de Gonzalo Díaz al Museo de Arte Contemporáneo di Trento e Rovereto, en Italia, y en 2014 fue el curador escogido por la entonces ministra de Cultura Claudia Barattini para presidir el jurado que elegiría al representante de Chile en la 56ª Bienal de Arte de Venecia. Terminó ganando el proyecto Poéticas de la disidencia,de las artistas Paz Errázuriz y Lotty Rosenfeld, con la curatoría de Nelly Richard.
“Mi mirada sobre el arte chileno no era crítica ni peyorativa, más bien fue una caracterización realista”, sopesa hoy Mosquera. “Pasa que a partir de la Escena de Avanzada, los artistas que surgen tienen un arte muy conceptual y discursivo. Había una teorización excesiva en el medio artístico chileno que iba un poco en detrimento de la imagen”, explica.

“Desde el inicio fue el arte irruptivo de las Yeguas lo que más me impactó. Lo encontré importantísimo, al punto de que en Copiar el Edén les dediqué la misma cantidad de páginas que a Alfredo Jaar, uno de los artistas más relevantes y conocidos de la escena chilena afuera”, cuenta Mosquera. “Las Yeguas del Apocalipsis fueron el polo opuesto a la solemnidad teórica del arte chileno. Eran espectaculares, irreverentes, populares, marginales; tenían un enfoque distinto que me pareció de partida muy sano para la escena. Usaban los medios del arte como la performance, la simbolización, la parodia, la teatralización, pero lo hacían para incidir críticamente en distintos aspectos de la realidad chilena”, agrega.
En 2011 dio otro golpe con las Yeguas del Apocalipsis, al integrarlas en la exposición Crisisss: América Latina, arte y confrontación 1910-2010, en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México. Una revisión, a través de más de 200 obras de un centenar de artistas, del arte latinoamericano y su relación con el poder, en el contexto de los cien años de la revolución mexicana. Mosquera no fue condescendiente y se las arregló para colgar la icónica reversión que hicieron las Yeguas de la pintura Las dos Fridas, de Frida Khalo —una fotografía tomada por Pedro Marinello— entre una pintura de José Clemente Orozco y otra de David Alfaro Siqueiros. “Fue muy divertido hacer eso: poner en el centro a las Yeguas entre dos machos absolutos. Con lo nacionalistas que son los mexicanos, fue totalmente confrontacional”, recuerda el curador.
Debe haberse armado una polémica grande, ¿no? Porque además excluiste por completo a Frida Kahlo de la muestra.
—Sí, fíjate que Frida es una artista a la que yo admiro mucho, pero que ha sido banalizada y estereotipada de una manera consumista. Entonces mi gesto de no incluirla tenía que ver con eso de no valorar su obra. Quería que la exposición fuera confrontacional, no académica, y así fue. Pero la verdad es que no hubo ninguna polémica. Me invitaron a hacer una exposición latinoamericana por la conmemoración del bicentenario de México, entonces yo les dije que no quería hacer una curatoría solo latinoamericana, sino algo temático que fuera importante para América Latina. Por eso había obras de Mona Hatoum, Jimmy Duran, Santiago Sierra, Adrian Paci, por ejemplo. Presenté el proyecto y para mi sorpresa lo aceptaron. La exposición terminó siendo bastante crítica y lo que hicieron los mexicanos fue bajarle el perfil. No hicieron mucha difusión en prensa, no la promocionaron. Se aseguraron de que hiciera el menos ruido posible. Pero no lo lograron.
Gracias a ese movimiento de Mosquera, las obras las Yeguas saltaron a la fama y llegaron a exhibirse en el Museo Reina Sofia en 2012, en el MALI de Perú en 2013 y en la Bienal de Sao Paulo en 2014. Además de Las dos Fridas, la exposición de México incluyó los registros en fotos tomadas por Paz Errázuriz de la performance La conquista de América (1989), realizada en el edificio de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, donde Lemebel y Casas bailan cueca sobre un mapa de América cubierto de vidrios rotos de botellas de Coca-Cola; y de Tu dolor dice: minado (1993), una instalación realizada en un excuartel de la DINA que luego fue ocupado como Facultad de Periodismo de la Universidad de Chile.
Todos estos registros también estarán en la exposición del Museo de Bellas Artes, donde se reconstruirá la instalación de Tu dolor dice: minado, conformado por 500 copas de agua en el suelo y dos copas de tierra sobre una mesa, mientras se leen los nombres de las víctimas identificadas hasta ese momento en el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Luego de Santiago, la exposición se presentará en el Museo Universitario del Chopo en Ciudad de México y Mosquera está haciendo gestiones para llevarla también a España, mientras que el museo pretende exhibirla también en Buenos Aires.

Para ti, ¿cuáles obras de las Yeguas son las más importantes?
–A mí me parece que lo más importante son las acciones de irrupción, pero me resulta muy difícil poner una por delante de otra. Está la de La conquista de América o La refundación de la Universidad de Chile, cuando entran a la facultad de arte totalmente desnudos montando a caballo, que me parece una obra muy bonita, muy elaborada estéticamente. Las Yeguas con un grupo que estaba por la política de género, dándole visibilidad a los homosexuales, dando la batalla para que se le diera atención al drama del sida, pero no solo fue eso. Ellos hacían crítica política, había apoyo a los familiares de los detenidos desaparecidos, tenían una agenda feminista, pero también trabajaban de una manera que hoy llamaríamos interseccional, una perspectiva muy valiosa.
Las Yeguas siempre tuvieron una postura crítica frente al sistema artístico y se resistían a los rótulos y modelos de validación. ¿Quizás por eso no se preocuparon tanto del registro, de la documentación o de ser inmortalizadas?
–Claro, ellas son muy contraculturales y no se sienten identificadas con la teoría y todos esos discursos del arte. No cabe duda, por ejemplo, de que hay cosas en las que coinciden con la Escena de Avanzada, como el uso del cuerpo, el uso del espacio público, pero están muy lejos de la rigurosidad conceptual y de la seriedad de ese grupo. Y lo que es más interesante, las Yeguas tienen un carácter afirmativo. Se ha dicho que “el cuerpo” de la Escena de Avanzada es sufrido, que simboliza al país bajo dictadura, que es un cuerpo lacerado, un cuerpo sacrificial. Por eso, Zurita intenta quemarse y Diamela Eltit se corta los brazos y las piernas, se viste de negro y va al prostíbulo y allí de rodillas y humillada le lee fragmentos de su novela Lumpérica a las prostitutas. En cambio, el cuerpo de las Yeguas es afirmativo, es hedonista, es un cuerpo del placer. Hay festividad, las Yeguas no son víctimas, son combativas.
