agosto – septiembre 2026
Vivimos rodeados de rumores. La desconfianza en las ciencias, las teorías del complot, la desinformación y la sospecha frente a los poderes establecidos hablan de una crisis profunda: la del estatuto de la verdad en la vida pública contemporánea. Lo que durante buena parte del siglo XX funcionó como prueba —una fotografía, un video, un documento— hoy puede ser intervenido, discutido o puesto en duda. Nada parecer tener valor probatorio; todo exige ser verificado. En ese escenario, el rumor aparece como un síntoma inquietante, pero también como una práctica social cargada de sentido. No solo amenaza la verdad: también muestra nuestra necesidad de compartir información, de orientarnos en medio de la incertidumbre. Entre la sospecha y la imaginación colectiva, el rumor revela la fragilidad de lo que damos por cierto, pero también la posibilidad de volver a preguntarnos cómo construimos un mundo común.
