En un entorno cada vez más digital, es imposible acercarse a una obra de arte creada por inteligencia artificial con las mismas expectativas que a un cuadro renacentista.
En un contexto donde plataformas digitales concentran la información, la publicidad y la atención, la ausencia de un marco regulatorio plantea preguntas urgentes.
En una época en que delegamos nuestras capacidades cognitivas a artefactos y tecnologías, las instancias para compartir la experiencia oral de la literatura cobran relevancia.