Matar a los viejos

“Porque el hombre viejo está más bien fuera que dentro de nosotros;
el hombre viejo lo alimenta y sostiene la sociedad que nos rodea y nos lo impone”.
(Miguel de Unamuno, citado en la novela Matar a los viejos de Carlos Droguett)

Por Faride Zerán

1.

 No fuimos la excepción. El virus llegó con el fin de las vacaciones y el inicio de un año que se anunciaba altamente politizado/polarizado, que enfrentaría con el plebiscito de abril la primera prueba de fuego de muchas otras que demandaba el momento constituyente en el que Chile había entrado luego del estallido social de octubre último.

El clima político y social de inicios de marzo era de expectación. Las rutinas de los principales artistas que a fines de febrero subieron al escenario del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar apoyando, aplaudiendo, coreando las demandas y consignas de las masivas protestas que desde el 18 de octubre dieron origen a un proceso social y político inédito en la historia de nuestro país, aún resonaban en los oídos de cientos de miles que apostaban/ apostábamos a que el 2020 sería un año distinto.

Porque, se decía/veía, Chile despertó, y se instalaban en el centro del debate las pensiones miserables, la salud y educación transformadas en negocios, las desigualdades sociales, la concentración de la riqueza, la debilidad del Estado y la necesidad de una nueva Constitución para un nuevo pacto social, a la altura del nuevo país que emergía/ asomaba/irrumpía.

2.

La pantalla está dividida en dos. En una, el actor Héctor Noguera mira a la cámara y le habla a una audiencia que, a esa hora, cerca de la medianoche de fines de abril, está en su casa en medio del toque de queda patrullado por militares; ahora, en el Chile pandémico, se ha decretado estado de  catástrofe por 90 días y desde La Moneda se suceden a diario los reportes que indican las cifras de muertos y contagiados por el maldito virus. 

Noguera es el octogenario don Aníbal en la serie Historias de cuarentena que transmite la señal abierta de Mega, y le pregunta a su psicólogo, interpretado por el actor Francisco Melo, si no se ha percatado de que cada vez que el ministro o una autoridad de salud aparecen para “dar los cómputos de los muertos”, lo primero que hacen es apurarse en decir que son viejos, en decir “mire, lamento el fallecimiento de doce personas, pero… ¡diez de ellos eran viejos! ¡Como si eso no importara, como si los viejos no contaran, como si los muertos fueran dos! ¿Ha visto usted algo más grosero?”, reclama Aníbal.

Mientras escucho ese alegato pienso en el ejercicio epistolar emprendido por algunos connotados colegas a través de las páginas de El Mercurio, donde luego de declararse satisfechos de sus existencias, nietos incluidos, cedían desde la sección Cartas al Director sus eventuales respiradores mecánicos en un gesto que si bien podía estar motivado por el altruismo, despojaba del derecho a la vida y a la salud a un sector importante de la población, reduciéndolo a lo que don Aníbal reclamaba: en medio de la pandemia, los viejos no importan.

3.

Era inicios de abril y la escena sorprendió a todos. En medio de una cuarentena total decretada por el Minsal en la comuna de Santiago y gran parte de las del sector oriente, y mientras el Presidente de la República se desplazaba desde La Moneda hasta su residencia, la comitiva que lo escoltaba se detuvo en el sector de Plaza Italia/Plaza de la Dignidad. Allí, descendió de su vehículo, caminó hacia el monumento del general Baquedano, se sentó a sus pies y se hizo fotografiar por los escoltas. La selfie, tomada en medio de la plaza símbolo del estallido social, en ese instante desierta, no pasó inadvertida. Días después, el mismo presidente deslizaba la posibilidad de no realizar el plebiscito en la nueva fecha prevista, 25 de octubre, aduciendo como causa la profundidad de la crisis económica que golpearía al país.

Los partidos de la oposición, hasta ese momento más bien afásicos, junto a líderes sociales y sectores afines al propio gobierno, alzaron la voz advirtiendo la gravedad de dicho acto. Las alarmas se encendieron. Aun cuando la pandemia dejaba al descubierto las profundas desigualdades sociales y la inexistencia de un Estado capaz de garantizar los mínimos estándares de derechos y seguridad social a amplios sectores de la población, el evidente protagonismo del Ejecutivo en el control de la crisis sanitaria y sus efectos en la economía podía tener como correlato no sólo la mayor precarización del mundo laboral, con tasas de desempleo que ya anunciaban la gravedad de la crisis económica. Podía servir también para saciar la tentación de algunos de aprovechar la pandemia y sus efectos para neutralizar/frenar/relativizar las consecuencias y acuerdos políticos y sociales derivados del estallido social.

4.

Don Aníbal mira a la pantalla y se le humedecen los ojos cuando su terapeuta le pregunta cuánto extraña a su mujer, muerta de un infarto poco antes del inicio de la pandemia. Por ello, y venciendo su habitual laconismo, le confiesa que recuerda ese instante en que los dos, rodeados de cientos de miles de manifestantes, estuvieron en la marcha del 25 de octubre. ¡La marcha más grande de Chile! insiste, porque este hombre que vive su duelo en cuarentena es parte de ese país para el que la crisis sanitaria no eclipsa la crisis política y social que originó el estallido.

El viejo es porfiado, tal vez el guionista de la serie también decida matarlo. Pero qué duda cabe de que ese personaje algo deprimido pero vital y rebelde encarna el sueño de un Chile republicano que reacciona asumiendo el gesto ético de la indignación como la única respuesta posible ante abusos que con el virus se tornan más elocuentes.

5.

La pandemia trajo no sólo miedo, muerte y miseria, también invocó nuevos términos acuñados a lo largo de estos meses. Cuarentena, confinamiento, teletrabajo, Ley de Protección al Empleo, nueva normalidad, entre otros. Pero en Chile cada término posee dos acepciones dependiendo de quién sea el destinatario. Y es que una cosa es la cuarentena o el confinamiento en sectores acomodados, y otra es la cuarentena en pocos metros cuadrados, en hacinamiento, en cités con migrantes desprotegidos/discriminados/racializados. Lo mismo que pasa con la Ley de Protección al Empleo, que por un lado permite al empleador dejar de pagar los sueldos a sus trabajadores, pero por otro lo autoriza a repartir las utilidades entre sus accionistas.

El ejemplo de Cencosud, la empresa que incorporó recientemente a su directorio a Felipe Larraín, quien hace sólo seis meses era ministro de Hacienda de Sebastián Piñera, es la metáfora brutal de las dos acepciones de cada concepto. Porque si bien los empleados de Cencosud pueden no recibir su sueldo en el mes de abril, los accionistas de esa empresa, dueña de París, pueden repartirse el 80% de las utilidades al 30 de abril (220 millones de dólares) amparados en la misma Ley de Protección al Empleo, porque, como lo denunció el periodista Daniel Matamala en su columna “Perfectamente legal”, publicada el 3 de mayo en La Tercera, exigirles que no se repartan las utilidades “viola la Constitución”.

6.

Con el aumento alarmante de contagiados por Covid-19 a inicios de mayo, y con el virus emigrando de las comunas del sector oriente de Santiago al sector poniente de la capital, donde están las comunas más pobres y con mayores índices de hacinamiento, el llamado a “la nueva normalidad” efectuado por el gobierno resulta preocupante. No sólo porque puede leerse como el resultado de la presión de sectores empresariales, sino porque sumado a ello persisten las dudas sobre la transparencia de los datos y cifras que conducen a la toma de decisiones en materia sanitaria. Así lo han reiterado la presidenta del Colegio Médico y otras autoridades, así como los científicos del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos que congelaron su participación en la mesa de datos aduciendo las mismas razones.

La crisis sanitaria ha desnudado no sólo las graves carencias del sistema de salud pública, insuficiente para garantizar de manera igualitaria –ya en épocas normales– el derecho a la salud. Antes fueron las pensiones, la educación o los derechos laborales. Es el rol del Estado el que una vez más exhibe su precaria desnudez en la plaza pública. Y es el rol de la política –para la que no existe cuarentena– seguir haciéndose cargo de aquello.

Eso lo tiene claro hasta don Aníbal, un viejo rebelde y republicano que ningún virus ha podido matar.

Medidas de la U. de Chile para enfrentar la crisis sanitaria

La situación actual de emergencia nos ha obligado a todos y todas a adaptar nuestras acciones con el fin de proteger a nuestra comunidad. Como Universidad no estamos exentos de ello y entendemos este comienzo de semestre, como un espacio de encuentro y vinculación entre los miembros de las distintas comunidades educativas de la Universidad. En ese marco te incentivamos a participar de ellas y a colaborar propositivamente en detectar los espacios de mejora para actuar en su solución. Nuestro compromiso es que ningún estudiante quedará solo/a y abandonado/a a sus circunstancias; haremos todos los esfuerzos que sean posibles para que todas y todos puedan participar de las actividades educativas en este contexto excepcional.

Te queremos contar sobre los mecanismos de apoyo que actualmente están a tu disposición:

  • Hemos dispuesto que aquellos estudiantes que no cuentan con una conexión a internet (móvil o fija) puedan acceder a una conexión móvil ilimitada por 6 meses. La información para determinar quienes acceden a este beneficio se obtuvo a partir de FOCES, y la distribución de los chips se realiza desde cada Dirección de Asuntos Estudiantiles o de Escuela local. La distribución comenzó a partir de la semana del 16 de marzo y se espera concretar en el curso del período de transición. Para más información, puedes encontrar el contacto de tu Director de Asuntos Estudiantiles aquí: [https://uchile.cl/u152764].
  • Instalamos un sitio de Acompañamiento Virtual [https://www.uchile.cl/avirtual], en el que encontrarás orientaciones para poder abordar este proceso tanto desde lo académico como de estrategias para el aprendizaje. Cuentas también con una Mesa de Ayuda para estudiantes, donde un equipo de monitores/as y tutores/as de distintas carreras y programas atenderán tus consultas en tiempo real vía chat, entre las 2 y las 6 de la tarde. Si no puedes conectarte en estos horarios, responderemos tus dudas por correo electrónico.
  • Todas las Facultades e Institutos cuentan con protocolos de atención en caso de emergencia. El canal más directo para poder comunicarte con tu Facultad/Instituto es la Secretaría de Estudios, cuyo contacto por mail puedes encontrar acá: [https://uchile.cl/u8461].
  • En caso de que tengas dudas relativas a tu situación de becas o beneficios estudiantiles, la Dirección de Bienestar y Desarrollo Estudiantil está recibiendo tus consultas en el siguiente correo electrónico: [dirbde@uchile.cl]
  • Estamos trabajando junto con nuestras y nuestros docentes para que puedan desarrollar el proceso formativo en línea y cuenten con las herramientas para ello. Hemos instalado un ciclo de capacitaciones y materiales complementarios, que puedes conocer en el siguiente link: [https://www.uchile.cl/avirtual]. Localmente, los Centros de Enseñanza y Aprendizaje están trabajando con los equipos de cada Facultad e Instituto.

Un espacio público donde encontrarnos, participar y decidir

Por Ennio Vivaldi

Concentraciones multitudinarias y marchas entusiastas son dos elementos connotados de estas últimas semanas en Chile. Las primeras parecen aludir a un deseo, quizás una necesidad, de un reencuentro. Dejar atrás un individualismo extremo y volver a ser parte de una red de interacciones que generan conscientemente un destino común. En cuanto a las marchas, parecen indicar la resolución de avanzar y superar un estancamiento material y afectivo.

La voluntad de cambiar la Constitución se ha transformado en un tema esencial. Entender el cuestionamiento de ese compendio articulado y coherente de un modelo de sociedad que fue propuesto, definido y afinado durante la dictadura, ocupa hoy un lugar central para la comprensión y solución de la situación que vivimos. El problema no es, primariamente, su contenido; es anterior, y tiene que ver más bien con su carencia de validación popular. Nosotros, como universidad pública para la cual el pluralismo resulta esencial, no podemos descalificar prejuiciadamente ningún cuerpo de ideas. Se puede y debe discutir la ideología que fundamenta ese modelo, además de evaluar, hoy, los resultados que alcanzó. Sin embargo, lo difícil de aceptar es que un modelo de sociedad se haya impuesto sin ser sometido a un veredicto ciudadano.

Quienes acuden a las concentraciones parecen resistirse a seguir viviendo sometidos a normativas y convenciones de cuya génesis no fueron parte. Una visión tan individualista, en que cada cual ha de hacerse cargo de sí mismo y sólo de sí mismo, debería ser evaluada en su dimensión ética, es decir, puesto en los términos más simples, si a uno le gustaría o no vivir en una sociedad así concebida, o si preferiría otra basada en valores más solidarios. Pero también debe ser evaluada en su dimensión empírica, es decir, la satisfacción o descontento que cada cual siente respecto a sus condiciones de vida reales.

En efecto, las cuestiones más directamente atingentes a cada uno, tales como pensiones, salud, educación, vivienda, salarios, están determinadas por concepciones de la sociedad y la forma en que las personan interactúan en ella, en cuya definición ninguno de nosotros parece haber participado. Hubo quizás una excesiva fe en que los valores aplicados en Chile, tal como aquí se entendieron, eran parte de lo que ya irreversiblemente constituía una nueva realidad mundial.

Hubo también una marcada incapacidad de asumir la necesidad de un equilibrio entre las esferas pública y privada. Esto trajo notables consecuencias no sólo en las áreas de pensiones y de salud, sino fundamentalmente en el desconocimiento del rol de la educación pública como el gran agente de esa cohesión nacional que hoy tanto echamos de menos.

Hoy el pueblo de Chile se muestra ávido de regenerar un espacio de encuentro, conversación y convergencia. Esta expectativa habrá de transformarse en una propuesta de construcción de futuro que sea, a la vez, tranquila y enérgica.

Las universidades públicas estamos llamadas a aportar a una discusión que debe reconsiderar diversos ámbitos como educación, salud, previsión, salarios o vivienda. También plantearnos en términos más globales respecto de una nueva matriz productiva para Chile, en la cual, gracias al desarrollo y aplicación de conocimiento, superemos esta etapa de nuestra historia económica basada en la explotación de recursos naturales. Pero, sobre todo, nuestro objetivo debe ser que la sociedad entera haga suyos los nuevos problemas del mundo contemporáneo, tales como la revalidación y revaloración de la democracia, así como la toma de conciencia de la crisis medioambiental de este antropoceno.

La crisis actual será superada y se transformará en un avance social trascendente en la medida en que se cumplan dos condiciones que, siendo muy simples, hasta aquí han parecido lejanas: que la ciudadanía perciba nítidamente que es consultada en las cuestiones que para ella son relevantes y, más importante aún, que se le hace caso.