Miguel Urrutia: “La colectividad no ha podido ser extinguida ni siquiera por el modelo neoliberal”

La llegada de la pandemia por COVID-19 a Chile no sólo atacó a los individuos sino también al cuerpo social. En un Chile post estallido y aparentemente más unido, pero precario en su sistema de salud, distintas formas de abordar la crisis sanitaria se transparentan en medio de la incertidumbre. Sobre aislamiento, soledad y neoliberalismo conversa el Doctor en Sociología Miguel Urrutia, quien destaca la sobrevivencia de lo colectivo, que se había recuperado durante la crisis social, y plantea otra mirada acerca del actual aislamiento por la pandemia: “Se suspende la relación funcional productiva de ir a prestar servicios a un lugar, pero por otro lado, se abre la relación social, por ejemplo, en el hogar”, apunta.

Por Florencia La Mura

El 31 de diciembre del año pasado se confirmaron los primeros casos de Coronavirus en China y para el 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud ya había catalogado la enfermedad como pandemia, con casos diagnosticados en más de 170 países. Desde ese fecha, equipos de médicos, epidemiólogos y distintos profesionales de la salud han dado respuesta a la contingencia. Pero tal como ha destacado el sociólogo español Pablo Santoro, las humanidades no están siendo consideradas en la discusión, lo mismo que ocurrió con la pandemia más reciente de gripe H1N1 en 2010, a pesar de que un informe de la Unión Europea ponía acento en su gran alcance.

El colapso del área de salud en varios países, explica la urgencia de darle voz a expertos de esas especialidades, pero también a otras áreas afectadas en una situación económica y social también quebrada que merecen un análisis más global. No se trata únicamente de un virus que afecta a nivel clínico, sino también del sistema político económico que se ve afectado y que debe hacerle frente. Miguel Urrutia, académico de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) de la U. de Chile, comenta en esta entrevista el panorama social chileno sobre el que se plasma la emergencia sanitaria.

Esta crisis sanitaria no sólo nos ha enfrentado a lo precario de la salud en Chile y en el mundo, sino también a una crisis cultural sobre cómo entendemos nuestro lugar en la sociedad, obviamente permeado por el sistema neoliberal bajo el que vivimos, donde aparece la libertad y protección individual por sobre la grupal. ¿Qué debilidades del cuerpo político transparenta esta pandemia y qué podemos aprender para modificar estas formas sociales?

El problema es, como han dicho algunos teóricos, que al igual que ocurre en el campo de la biología y de la salud, hay también enfermedades autoinmunes. Hay un momento en que la sociedad de ese sistema de autoprotección de las relaciones se vuelve en contra de las mismas relaciones. También hay una definición del neoliberalismo que surgió hace unos veinte años como una enfermedad autoinmune de la sociedad, donde el aparato inmunitario pensado y desplegado evolutivamente para poder protegerla de ciertas amenazas, se vuelve contra sí mismo. Eso es el neoliberalismo, es una manera de suprimir las relaciones sociales en defensa de una entidad abstracta, como es la del individuo. Liberales dirán que es una locura, que soy yo primero, segundo y tercero, pero hay que ser valiente para sostener eso, porque yo solo no tengo ninguna sobrevivencia en la sociedad. Ni siquiera esta entidad subjetiva, este cinismo que habla este tipo de canalladas es sustentable, ese enfoque no resulta en la constitución de una sociedad. Lo que sí resulta, en lo concreto, es la relación como modo práctico en el que vivimos, no este ensimismamiento que se promueve desde los enfoques liberales y neoliberales.

Se escucha un discurso que apela a lo individual, tanto del Gobierno como de mucha gente preocupada por el COVID-19. Muy distinto es el caso, por ejemplo, del discurso de Angela Merkel a los alemanes, que habla de solidaridad y participación colectiva para enfrentar la pandemia. ¿Qué puede aprender tanto el gobierno, el Estado, como la gente sobre la importancia de un enfoque colectivo frente a esta situación?

Podemos, justamente, cambiar el enfoque. Nuestras colectividades se han reconstituido lentamente, pero con una aceleración importante en los últimos diez años. Nuestro sentido de lo colectivo ha logrado ir más allá de la definición neoliberal, eso también es importante que lo aprendan el Estado y las fuerzas políticas. La colectividad no ha podido ser extinguida ni siquiera por el modelo más drástico de funcionamiento social que es el neoliberal y, en ese sentido, hoy día estaríamos asistiendo a una especie de empate entre las fuerzas de la sociedad y las fuerzas del mercado, por llamarlo de alguna forma. Ese empate, más que aprenderlo, como si el Estado y las políticas públicas fuesen algo neutral, es algo que tiene que hablar de las fuerzas que tienen que constituirse y tomar partido en este juego.

En tiempos de catástrofe -como el actual- podemos ver aumentados el racismo, clasismo, machismo y distintas violencias a las que diversos grupos vulnerables están expuestos. ¿Cómo podemos entender estas violencias desde del aislamiento y la cuarentena, cuando nuestra cotidianidad se vuelve restringida?

En tiempos de catástrofe no diría que predominen estos comportamientos violentos. No digo que no sea necesario mantener vigilancia sobre ellos, es importantísimo mantenerse alerta, pero incluso ese estado de conciencia que aparece más en contexto de crisis quiere decir que estamos parados sobre un mejor piso subjetivo y colectivo. Hay una potencia capaz de hacerle frente a estas situaciones. No es mero optimismo, lo que hay que ver es dónde está el verdadero problema: en la rigurosidad del modelo con el cual esta subjetividad choca. Que es potente, transgresora, capaz de hacer crítica de algunos de sus componentes, pero choca contra una estructura, no contra sí misma. La culpa no la tienen los sujetos y sus subjetividades, la culpa la tiene una estructura concreta mucho más dura y autoclausurada.

El neoliberalismo es un mandato estructural y sistémico de clausurar la sociedad en torno a las relaciones individuales, pero no funciona solamente en el plano ideológico, donde le va mal y las catástrofes lo demuestran, porque obligan a hacer vida colectiva. La fortaleza es su carácter estructural, operar en la dimensión del dinero, del intercambio, es constituirse como un sistema que más allá de lo que podamos sentir, pensar algunos sujetos y sujetas, el neoliberalismo es capaz de absorberlos. Una pregunta de fondo sería ¿por qué si estamos más alerta no logramos traspasar las fronteras que un modelo político económico neoliberal nos impone? Y eso también tiene como consecuencias captar que no es sólo una lucha subjetiva sino que material, política y de poder contra las estructuras neoliberales.

Ya comentó que el sistema neoliberal promueve al individuo como un ente supuestamente aislado. ¿Cómo el concepto de ‘comunidad’ toma especial relevancia en medio de una crisis que no sólo necesita de médicos y hospitales, sino de la colaboración de todos?

El problema es cómo se entienda la comunidad. Es una palabra opuesta a la de inmunidad. La comunidad tiene un componente de autoprotección, lo vemos en estas circunstancias, muchos movimientos que se desarrollan y se consideran agresivos. Para hacer este puente con la situación del «estallido social», el estallido es un movimiento de autoprotección de las relaciones sociales. Ante una invasión de los conceptos neoliberales que pretendían reducirnos a la condición de individuos, hay un movimiento que protege al individuo no sólo como abstracción. Nuestra vida concreta no es nuestra vida individual, es de relación, está puesta en esa red con los demás y esa red es la que se protege a través de un sistema inmunitario, por llamarlo de alguna manera.

En el caso del aislamiento, parece muy difícil respetar las recomendaciones de quedarse en casa evitando salir. Considerando que la soledad ya es un tema tratado como pandemia según la OMS, ¿cómo se nutre esta pandemia de COVID-19 de una sociedad donde la soledad se hace cada vez más común.

Estamos enfrentando una condición contraria. Tiene que ver mucho todavía con sectores a los que ha alcanzado el llamado a un repliegue, sobre el teletrabajo, la vida en los hogares y el encierro, que son sectores abocados a tareas profesionales que se pueden desplegar desde los hogares. Para los sectores que se mantienen aislados, hasta la palabra se relativiza porque lo que se suspende es la relación funcional productiva de ir a prestar servicios a un lugar. Por otro lado, se abre la relación social, por ejemplo en el hogar, que nadie ha negado que sea fundamental. En circunstancias de aislamiento, más que la soledad predominante, lo que tenemos son problemas que surgen desde un desacostumbramiento a la relación social no funcional, a la relación social gratuita que se da en el hogar. También por eso surgen, con atención de parte de la sociedad, los casos donde esa relación no es posible: donde el individuo está solo, comparte una unidad de la ciudad donde sólo habita él o ella y esas soledades son las que se transforman en un objeto de atención en estas circunstancias. Es interesante, porque no es el enclaustrarse en una casa lo que te pone en soledad, sino que te hace ver quiénes son los sujetos que efectivamente esta sociedad ha desplazado al punto de hacerlos vivir en soledad por una especie de fondo del funcionamiento del sistema. Los deja ahí como un rescoldo, como un excedente.

Ennio Vivaldi: «Ante la apología al egoísmo, antepongamos lo público»

A pocos días del inicio de su participación en la Mesa Social Covid-19 convocada por el Gobierno, el Rector de la Universidad de Chile se refiere a los alcances de la pandemia en Chile y la manera en que ha sido enfrentada por la institución, pero sobre todo a lo que a su juicio queda de relieve en medio de esta crisis sanitaria: la necesidad de fortalecer los sistemas públicos y pensar, de aquí en adelante, más en el bien común de la sociedad que en los beneficios económicos.

Por Jennifer Abate

Recién este domingo el Gobierno convocó a una mesa de trabajo a, entre otros actores como el Colegio Médico y las distintas asociaciones de municipalidades, los rectores de las principales universidades del país. ¿De qué habla una forma de manejo de la crisis que no considera desde el inicio a las primeras instituciones productoras de conocimiento científico en este país?

Yo me quedaría con que es bueno que nos hayan llamado. Hay que ser constructivos y empezamos un camino que es muy, muy importante. Estamos recabando información y ella tiene que ser desagregada en términos de saber exactamente qué es lo que está ocurriendo. Por ejemplo, tenemos que contar no sólo con el número global de nuevos casos, sino que saber a qué sexo corresponden esos casos, grupo de edad, cuántos de ellos son graves, cuántos necesitan hospitalización, cuántos están en sus casas y, sobre todo, la distribución geográfica. Un segundo problema es el tema de la pesquisa y cómo podemos nosotros contribuir a mejorar la detección de los casos para su aislamiento en el hogar.

¿Cuáles son los principales aportes que podría hacer la Universidad de Chile en esta mesa consultiva?

Hay muchas instancias en las que la Universidad juega un rol clave, las dos anteriores sin lugar a dudas, porque además de contar con los datos hay que hacer un análisis de ellos y para eso nuestras universidades están excelentemente bien preparadas. Nuestra Escuela de Salud Pública, el Centro de Modelamiento Matemático, ahí hay gente que puede contribuir mucho a entender cómo se aplana la curva, pero también se puede modelar cómo distintas medidas pueden incidir en esa curva. Desde luego, sobre el aislamiento, cuánto influye el cierre de colegios, universidades, la movilidad entre comunas. La Universidad está llamada a jugar un rol muy importante en entender la dinámica esperada de situación y comprender cómo distintas medidas influyen en esas dinámicas.

Además, es clave el rol tanto del Hospital de la Universidad de Chile como la presencia de la Universidad en todos los hospitales de Santiago en la atención directa de enfermos. Otra cosa importante es cómo podemos influir en lo psicosocial. Es enorme el aporte que las universidades pueden hacer como centros pensantes y nos alegramos mucho de que en estos momentos haya una disposición para ello. En esa mesa también se discute, por ejemplo, cuál va a ser la protección que va a tener la ciudadanía en distintos niveles socioeconómicos, que creo que es una cosa muy importante: sería muy terrible que los efectos fueran discriminatorios desde el punto de vista social.

«Si tú no eres capaz de implementar sistemas que protejan al conjunto de la población, si la letalidad de la enfermedad fuera mucho mayor en los sectores pobres que en los sectores más privilegiados, eso tendría una repercusión importante en la evaluación de todo esto»

—Vimos un poco de eso este lunes, cuando las personas que dependen del transporte público en Santiago se aglomeraron para viajar a primera hora de la mañana como resultado de la aplicación del toque de queda durante la noche.

Absolutamente, y es algo que se ha planteado en la mesa. Si tú no eres capaz de implementar sistemas que protejan al conjunto de la población, si la letalidad de la enfermedad fuera mucho mayor en los sectores pobres que en los sectores más privilegiados, eso tendría una repercusión importante en la evaluación de todo esto.

El Colegio Médico también está trabajando en esa mesa. Su presidenta, Izkia Siches, tuvo varias discrepancias públicas con el ministro de Salud Jaime Mañalich antes del inicio del trabajo conjunto. Como médico, ¿cuál es su evaluación del rol del Colegio en esta situación?

Al margen de los primeros dimes y diretes, el aporte del Colegio Médico ha sido fundamental. Creo que la solicitud de información oportuna y concreta ha sido muy importante. Es esperable que los médicos, a los que nos interesa sobre todo la salud de la población, aboguemos, como han hecho todas las instituciones de salud, porque seamos lo más drásticos posible con todas las medidas, como la cuarentena, para evitar el contagio. Por supuesto, no somos sólo los médicos los que opinamos, pues hay que tener presente otros considerandos, como asegurar las cadenas de abastecimiento de alimentos, la marcha de la infraestructura del país y, por lo tanto, uno tendrá que llegar a un punto de equilibrio de las ventajas del mayor aislamiento social y las medidas más drásticas, y las estrategias de la autoridad para garantizar que la sociedad funcione normalmente. Si tiene que haber un abogado de la salud, somos los médicos, y el Colegio Médico lo ha hecho muy bien y es normal, esperable, que tenga como único propósito defender la salud de los chilenos. Eso es lo que ha hecho.

Desde el 18 de octubre pasado y sobre todo a raíz de la discusión constitucional que ahora ha debido aplazarse, ha resurgido el debate sobre el carácter del Estado y el concepto de lo público a la hora de enfrentar emergencias como la actual y los desafíos del país en general. El presidente Emmanuel Macron ha dicho “la salud gratuita, sin condiciones de ingresos, nuestro Estado de Bienestar, no son costos o cargas, sino bienes preciosos (…) y este tipo de bienes y servicios tienen que estar fuera de las leyes del mercado”. ¿Qué opina sobre esta discusión, considerando que la revalorización de lo público ha sido una de sus banderas desde que asumió como Rector?

Por mucho tiempo ya, en Chile se ha dado una apología al egoísmo. Hoy, abiertamente se defiende el interés propio, personal, de una manera manifiesta que para el chileno de unas décadas atrás es increíble. Nadie se hubiera atrevido a proclamar su propio interés sobre el del resto como se hace ahora, hoy el derecho a lucrar es prácticamente sagrado y si alguien quiere hacer un buen negocio, se considera que está en su más absoluto derecho a hacerlo y las medidas reprobatorias tienden a ser mínimas. Esa apología al egoísmo y al individualismo viene acompañada por un cierto desdén por aquellos que no tienen una situación individual, personal, que les permita acceder a cosas elementales como salud y educación. La idea que queda es que para esa gente lo público provee algo que nadie espera que sea de la mejor calidad.

En ese contexto, no solamente es importante reivindicar lo público como una alternativa para los que no acceden a lo privado (quiero recalcar que en el Chile pre dictadura lo público no era aquello para los pobres, era aquello que teníamos todos los chilenos por definición, a menos que quisiéramos otra cosa; a los liceos no iban los pobres, íbamos todos), sino que la idea de lo público es clave porque hay dinámicas cuya complejidad se dan en el ámbito de la sociedad en su conjunto, no en el entorno de cada individuo, la salud y la educación son un ejemplo por antonomasia.

—¿Podría detallar qué sucede en esos ámbitos, específicamente?

En salud, por ejemplo, insuperable es la vacunación. A la persona más rica y egoísta le conviene que vacunen a los pobres, va en su beneficio directo que los pobres sean vacunados porque de esa manera se pueden controlar las pestes. En el ámbito de la educación, un mínimo de razonamiento te dice que si tú tienes un pueblo mejor educado, vas a tener un país mejor capacitado para absorber mejores tecnologías, nuevos métodos productivos; es lo que dice Fernando Mönckeberg, la importancia de tener un pueblo inteligente para vencer el subdesarrollo. El hecho de que tengamos un sistema público eficiente y de alta calidad nos beneficia a todos. La contribución a lo público es algo que se da en una dinámica que nos beneficia a todos y ese sentido de pertenencia es algo que debe guiar nuestra conducta. A mí me gusta mucho enfatizar, no solamente por lo ético que para mí y otros resulta fundamental, sino que también desde lo empírico, que si nosotros no cuidamos aquello que llamamos el bien común, vamos a salir todos perjudicados.

Si tú, por ejemplo, pensaras más allá de tu propio interés, te resultaría obvio que si vienes de un sector de Santiago con alta incidencia de Coronavirus y te vas a un balneario donde prácticamente no hay contagiados, al ir a comprar puedes contagiar a quien te vende el pan, que a su vez va a llegar a la casa donde va haber alguien, mamá, abuelo de 80 años. Si piensas un poco mas allá de ti mismo y de que quieres ir a la playa, y te das cuenta de que puedes contribuir a que se contagie y muera una persona de 80 años, cambia tu conducta, pero para eso tienes que salir de tu propio yo y pensar en términos de la pertenencia a una sociedad. Creo que si alguna enseñanza nos va a dejar esta epidemia, no sólo va a ser la valoración de lo público, sino que entender que hay cosas que se dan en un plano de complejidad que es la sociedad, que no es la mera suma y yuxtaposición de lo que le pasa a cada individuo en particular.

Esta pandemia avanza en nuestro país en un momento particular, a cinco meses del estallido social y en un contexto en que a la desconfianza en el Gobierno y ciertas instituciones se suma el empoderamiento de la ciudadanía. ¿Cree que estos factores han incidido en la manera de controlar la crisis sanitaria?

Precisamente por eso encuentro muy valioso el llamado que ha hecho el ministro del Interior a formar esta mesa social, porque es un reconocimiento que considera otras miradas. Esto lo digo con mucha cautela, pero uno se pregunta, cuando ve estas cosas que parecen de ficción, como que estén los habitantes del litoral impidiendo que entre la gente de la capital, por ejemplo, si acaso no era esa una medida que debió tomar la autoridad formal y no algo resuelto como una cosa espontánea de la población. Es casi una paradoja que sea la ciudadanía la que espontáneamente asuma medidas que corresponderían a indicaciones u ordenamientos desde la autoridad.

«Cuando se ve en peligro la vida humana, es inevitable que la gente se pregunte cuáles son los valores que son relevantes y ahí, probablemente, se entiende que gran parte del consumo es irrelevante»

¿Qué medidas de corto y mediano plazo está tomando la Universidad con sus estudiantes, sobre todo en el aseguramiento de la docencia y considerando los costos de distinto tipo que esta emergencia les está significando a los hogares de las y los jóvenes?

Siempre enfatizamos que no estábamos suspendiendo las clases, sino cambiando la modalidad de enseñanza. Por supuesto que no es posible a un 100%, pero vamos a tratar de hacer lo máximo posible para que las clases no se suspendan y continúen. Ahí el tema equidad es fundamental y lo estamos abordando a través de los chips de acceso a Internet que estamos entregando a los estudiantes. Al margen de eso está el otro problema, que es un problema comunitario, el problema de financiamiento del sistema universitario. La situación que están viviendo las familias de los estudiantes es muy difícil y yo creo que eso se puede compatibilizar, como siempre lo ha hecho la Universidad de Chile, tiene que haber una mirada humanitaria, a nadie lo van a echar, tendrán que haber facilidades para los pagos cuando corresponda, pero sin lugar a dudas tiene que haber comprensión.

Sobre lo mismo, ¿cree que en circunstancias como las actuales se abre la posibilidad de iniciar debates que en otro momento parecen imposibles, como el que tiene que ver con los modos de financiamiento de la educación pública?

Estoy totalmente de acuerdo con eso. Cuando se ve en peligro la vida humana, es inevitable que la gente se pregunte cuáles son los valores que son relevantes y ahí, probablemente, se entiende que gran parte del consumo es irrelevante. Pero mucho más importante que eso es, de nuevo, la visión global, de la universidad, cómo se distribuyen los recursos, si esta manera del Dios mercado es una manera que realmente favorece al desarrollo de la sociedad. Entonces yo creo que de esto van a salir, desde luego, cosas más directas, la forma en que financiamos la Universidad, la forma en que distribuimos entre las distintas facultades, las oportunidades que tienen las distintas facultades para contar con medios para desarrollarse, que aprovechemos el potencial de las ciencias sociales y humanidades entendiendo el rol que juegan para comprender momentos como los que hemos estado viviendo, y eso repercute en una visión distinta.

La actual contingencia se cruza con la necesidad urgente de respuestas a las demandas sociales que emergieron tras el 18 de octubre. Usted encabeza el trabajo por una nueva propuesta de acuerdo social, una instancia en la que participan figuras claves de distintas áreas. ¿Ha seguido el trabajo de esa mesa? ¿Cuáles son los avances más valiosos en ese ámbito?

La mesa sigue trabajando, las comisiones han trabajado en línea, usando las tecnologías. Los aportes han sido muy relevantes y significativos, mesas como democracia, educación, salud, van a tener un remezón, y creo que, sin lugar a dudas, todo ese debate se da en un país infinitamente más receptivo a estas ideas y estas cuestiones de lo que era antes de la epidemia. Creo que esto nos remece desde el punto de vista de participación ciudadana, de necesidad de repensar un sistema de sociedad para Chile. El trabajo de la mesa social, además de la importancia que tiene, resulta infinitamente más motivante cuando entendemos que hay una sociedad más ávida y fértil para recibir este tipo de iniciativa.

Hemos escuchado que a raíz de esta crisis inédita va a cambiar nuestra forma de vivir y de relacionarnos como sociedad. ¿Es optimista ante las posibilidades de cambio?

Sin duda, sin duda. Yo creo que vamos a tener más conciencia de lo importante que somos todos para cada uno de nosotros, creo que esto debería ser un llamado de atención al egoísmo, que ya no tiene sentido decir, en una epidemia, “yo estoy bien”, porque si el tipo de al lado está contagiado, yo lo voy a estar también. Valga el lugar común, pero esto nos iguala como seres humanos, en nuestra condición básica. Trato de enfatizar que lo realmente determinante de nuestra vida, tanto más que lo que cada uno haga por sí, para sí, es el contexto social en que nuestras interacciones se dan y, por lo tanto, la importancia que vuelve a adquirir el contexto de la sociedad en que cada uno está, comparado con esta ilusión que hemos vivido de que cada uno depende de sí mismo, funciona para sí mismo y trabaja para sí mismo, y que eso es lo único que cuenta. Ese cambio va a implicar una revisión muy profunda.

*Si quieres conocer más de las medidas que ha tomado la Universidad de Chile para enfrentar la crisis, pincha aquí.

Varado en Bordeaux, me llegan correos

Desde el 13 de marzo, el muralista fundador de la histórica Brigada Ramona Parra se encuentra en el sur de Francia debido una exposición de sus obras y varios proyectos de murales, sin embargo, la crisis del Coronavirus lo tiene confinado y sin poder regresar a Chile. Aquí, el artista relata su situación actual y envía un mensaje a sus compañeros de pinceles y a la sociedad en general sobre la gravedad de la pandemia y la importancia del aislamiento.

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para: Mono Gonzalez <mxxxxx@gmail.com>

fecha: 18 mar. 2020 18:30

asunto: Saludos Desde Chile

Hola Mono

Cuéntame cómo estás por allá?

Estás bien?

Por acá recién entrando a guardarse para hacer cuarentena por voluntad propia.  Probablemente se desate el caos dentro de algunos días con el virus ya que las autoridades tratan todo el rato de minimizar los efectos y aún se ve mucha gente x la calle. Yo me traje el taller para la casa mientras pase todo.

Te mando un abrazo y espero que te encuentres bien.

Saludos.

El artista Alejandro «Mono» González preparaba murales para ejecutar en Francia, España e Italia, todos suspendidos por la pandemia.

de: Mono Gonzalez <mxxxxx@gmail.com>

fecha: 19 mar. 2020 10:30

asunto: Saludos desde Francia

Hola maestro 

¡Enciérrense!

-Acá llevo desde el lunes 16 confinado en casa de unos amigos (aperado con mis remedios).

-El viernes 13 marzo pasado inauguré mi exposición y alcance a vender 5 de 22 obras que tuvimos que dejarla instalada por dos meses en la galería en espera que la situación se «normalice». Está restringido el tránsito por las calles y ya nadie camina por la ciudad.

-Cuando salí de Chile -antes que sucediera esto que estamos viviendo- tenía el presentimiento de que esta gira no iba a ser como las anteriores (tuve la tincada de no viajar… pero ya la habíamos programado desde hacía un año y había mucha gente involucrada…) teníamos muchas ideas y proyectos para hacerlas todas a la vez.

LE MUR- un mural de 3 x 9 metros que se ejecuta cada mes, esta bocetado, pero suspendido
En Madrid un muro sobre Violeta Parra que estoy bocetando para el futuro (…¿cuándo?)
Visitar y pintar en Nápoles, para después, lo mismo con unos talleres de gráfica urbana, también
suspendidos…

-No me falta comida ni abrigo pero estoy sin salir a la calle, solo una vez en la semana para abastecerme, con permiso especial. Igual los músculos se me atrofian de no moverme, pero hay que cuidarse. Acá todo está parado, solo funciona lo indispensable y la gente lo respeta, él que no lo hace son 300 euros de multa, la situación es grave.

-Con todas esas restricciones, que la gente respeta, se estima igual que los puntos más altos no han llegado eso será por los primeros días de abril subiendo hasta mayo, los franceses son más introvertidos, pero en Italia con todas las medidas hoy hubo 600 muertos, así que ¡cuídense!

– Incluso jóvenes de 35 a 50 años están ingresando a los hospitales en Italia y a mayores de 70 años no le están aplicando respiradores artificiales, los dejan a su suerte, están prefiriendo a menores por falta de equipos.

-Ahora estoy encerrado viendo películas por internet y he boceteado como dos nuevos murales, uno para Francia y otro para Madrid, los que tenía que haber pintado en esta gira y ahora están suspendidos.

Murales del «Mono» González que se expondrían hasta abril en la galería Magnetic Art Lab de Bordeaux, cerrada ahora por el Coronavirus.

-Quiero regresar a Chile y trabajar en mi taller, “confinado” (encerrado como siempre), pero no me puedo mover…

-En el consulado chileno en  Bordeaux no contestan llamadas ni correos, no existen.

-Miro por las ventanas y no circula casi nadie… toque de queda y guerra sanitaria decretada por el Gobierno francés, y el Presidente Macron, que en su mensaje a la nación dijo: «La salud no puede estar sujeta a las leyes del mercado. Es el Estado el que va a poner todos los recursos materiales y financieros, cueste lo que cueste”.

-A las medidas sanitarias en Chile no les han tomado el peso que tienen, esto no va en baja, sino todo lo contrario.

-Sin asustarse le aconsejo: Enciérrate y prepara mercadería, trabájate psicológicamente y prográmate para hacer todo aquello que tenías atrasado.

-Quiero regresar a Chile. Se que aquí estoy más seguro, pero me falta mi espacio … mis herramientas y trabajar en mis cosas.

-Ahora, más hipocondríaco que nunca, con remedios por si acaso- para el resfriado y termómetro para controlar la temperatura en todo momento- y dolores de cuerpo que no se me pasan, me las creo todas.

-Me falta la adrenalina del trabajo y me falta Chile y su Despertar y el ejercicio de los muros, el sudor de la jornada y la cercanía de los compañeros.

-Me aterra la tranquilidad de esta ciudad (vengo de un Despertar de Chile en movimiento) y aquí, es como si el mundo se hubiera detenido a causa de una peste amenazante, casi de ciencia ficción. Albert Camus está presente en el aire. Son tiempos del siglo XXI.

-Espero estén bien de salud y con paciencia que este mundo será distintos después de  esto. Empezamos con el despertar de nuestra patria y ahora se suma esto globalmente…donde como siempre los más pobres y  débiles seremos los más perjudicados.

un abrazo

del Mono González

desde Bordeaux-Francia

PD: -esta es la única forma por el momento de estar conectados. ¿y te imaginas si a esto se suma la caída de internet ?

No es un cuento de ciencia ficción. Estamos viviendo una realidad donde el hombre es culpable de exterminarse.

Joseph Ramos: “Las medidas económicas sólo aminoran, pero no compensan el daño del Coronavirus”

El economista y académico de la U. de Chile, comenta los efectos que ya está teniendo la pandemia a nivel económico y los anuncios que hizo el presidente Piñera para combatir los embates de esta crisis. “Habrá que contemplar mayores medidas para los grupos específicos que resultarán más golpeados, como las pymes y los trabajadores independientes”, advierte.

Por Denisse Espinoza

Hasta enero pasado, los esfuerzos de Joseph Ramos estaban concentrados en impulsar la productividad dentro de la salud pública. Un informe de la Comisión Nacional de Productividad, donde el economista es vicepresidente, reveló que uno de los mayores problemas en esta área estaba en la optimización de los recursos. Allí se advertía sobre el problema que suponía, por ejemplo, que los quirófanos se utilizarán solo a la mitad del tiempo, y que un uso eficiente podría liberar alrededor de 350 millones de dólares, si se realizaran adecuadas atenciones ambulatorias como  extender el uso a 9 horas en vez de las 4,45 que se utilizan normalmente.

Hoy, sin embargo, la urgencia de detener la pandemia del Covid-19 en Chile pone el foco de la salud pública en otros temas. “La falta de productividad de la que veníamos hablando no tiene nada que ver con la crisis sanitaria que podemos vivir hoy. Ningún sistema está preparado para un incremento enorme en el uso de ventiladores y de personas internadas en la UTI”, dice el economista y académico de la U. de Chile.

La crisis sanitaria mundial en que se ha convertido el Coronavirus, nos ratifica como nunca antes se había visto, los efectos brutales que puede tener la globalización. Por estos días, la urgencia está centrada en evitar que el virus se propague a la velocidad avasalladora como lo vivió Italia, que hoy lamenta miles de muertos, superando en cifras a China, país donde se originó la pandemia y que sólo con un estricto control en la movilidad y contacto de las personas, ha podido dominarla. Pero ¿qué sucede en materia económica? Chile que ya estaba pasando por su propia crisis social a raíz del estallido del 18 de octubre, debe sumar ahora la recesión que se generará debido a la semi-cuarentena instruida: el cierre del comercio, la baja en la producción y en las ventas.

El economista Joseph Ramos es vicepresidente de la Comisión Nacional de Productividad.

Mientras gobiernos como el Francia, Italia y España ya emprendieron medidas para ir en rescate de la población más afectada como el congelamiento en el pago de cuentas básicas de luz, gas y agua, el aplazamiento en el pago de hipotecas o garantías para el préstamo bancario a empresas, en Chile el presidente Sebastián Piñera también hizo sus anunció que suponen una inyección de nada menos que US$ 12 mil millones, lo que dobla los recursos que se habían supuesto en el llamado Plan de Protección del Empleo y Recuperación Económica, tras el estallido social.

Entre las medidas concretas está un nuevo plan de capitalización de Banco Estado por 500 millones de dólares para que otorgará más créditos y ampliará garantías estatales para préstamos; un Fondo Solidario de 100 millones de dólares  emergencias económicas y sociales de las Pymes, que se otorgará a través de los municipios y los ingresos familiares y anunció el proyecto de “Ley Covid-19”, por medio del cual se garantizará el pago de salarios de aquellas personas que deban permanecer en su hogar sin posibilidad de realizar las labores a distancia. Para esto, debe haber mutuo acuerdo con el empleador, y que haya un mandato de la autoridad sanitaria. También habrá alivio tributario con suspensión de los pagos provisionales mensuales del segundo trimestre y postergación del pago de IVA para empresas con ventas menores a UF 350.000, así como devolución anticipada del impuesto a la renta, postergación impuesto a la renta a julio y suspensión del impuesto a créditos.

Sin embargo, ya han habido voces críticas hacia las medidas y otras mociones presentadas como la de la diputada PC Camila Vallejo, quien aboga por una ley que impida los despidos mientras dure la crisis, así como la aplicación de descuentos por ausencias o retrasos laborales.

¿Qué le parecen a usted las medidas económicas anunciadas por el presidente Piñera?

Las medidas que vi me parecen que son razonables y con una cifra bien cuantiosa, que significan varios puntos del PIB, sin embargo tenemos que tener claro que esto a lo más aminora el efecto económico del Coronavirus pero de ningún modo puede compensar el daño que ya está generando y que probablemente va a generar. Cada semana en Chile y en otros países se produce un 2% del PIB, pero si un país se paraliza por un mes, serían entonces 8% menos del PIB y eso se suma a que la gente no está gastando.

¿Existe en ese sentido un efecto psicológico en épocas de crisis que afecta a la economía?

Claro, está la gente que no está trabajando porque asumió la cuarentena o en el caso concreto que no pueden ir a comprar, porque el comercio está paralizado, pero aunque pudieran, tampoco irían por efectos del pánico por el virus. La gente está restringiendo sus gastos, aunque no se les hubiese prohibido ir a restaurantes o a viajar, la gran mayoría está evitando el turismo y el consumo.Entonces hay algunos sectores más gravemente afectados por esta crisis sanitaria, eso es lo que pienso que se pretende aminorar con medidas de esta naturaleza. Todo el mundo está golpeado, pero por supuesto algunos mucho más que otros, creo que deben haber medidas que vayan hacia esos grupos específicos y otras medidas dirigidas a la población en general. El gobierno norteamericano por ejemplo está contemplando devolverle mil dólares de impuesto a la gran mayoría de la gente, no solo para que la gente tenga plata sino para que gaste esa plata. Entonces debería haber una combinación entre medidas generales y específicas dirigidas a la población.  Las pymes, por ejemplo, no tienen mucho capital de trabajo, entonces un mes parados significa hundirse. Un restaurante chico paralizado un mes se va a la quiebra. Entonces las medidas que se han tomado han tratado de ser más focalizados para ciertos grupos.


¿Qué sucede cuando empresas afectadas pero que son grandes empresas como LATAM piden ayuda directa del gobierno?

Ahí cabe preguntarse si uno quiere o no salvar a Lan Chile y cuánto le va a costar a Lan Chile, si lo salva, porque cuando uno dirige medidas para salvar a Lan Chile no solo salva el empleo de los pilotos, azafatas y todo el personal, sino que está salvándole la plata al accionista ¿Quiere hacer uno eso? Entonces ahí tal vez se pueden tomar medidas más hacia los trabajadores. En el caso de Lan Chile, los trabajadores aceptaron reducir sus suelos porque saben que la crisis no es mentira y prefieren ganar un poco menos a quedar cesantes. En ese sentido quizás las medidas económicas deban ir hacia personas naturales. Entre las medidas que anunció el gobierno está que la gente bajo ciertas condiciones puede acudir al seguro de cesantía cuando las empresas dicen ‘quédate en la empresa pero te pagamos 30% menos’, porque las ventas han caído y puede que las personas acepten eso y se tenga que compensar esa caída con parte del seguro de cesantía. También se puede hacer que la jornada laboral se reduzca sin necesidad de pagar, que todo el mundo apriete el cinturón 10% para evitar el despido. Hay medidas de esa naturaleza que se pueden tomar.

¿Qué le parece la moción de la diputada Camila Vallejo para impedir los despidos en este periodo?

La pregunta que nace en torno a mociones de ese tipo es quién lo va a pagar, ¿el fisco lo va a pagar o es la empresa que va a pagar? Entonces,  el caso es que quizás uno no puede salvar al accionista de la gran empresa, pero tampoco se puede obligar a esa empresa a pagar sueldos si es no se está produciendo. Lo único que hacemos es acelerar la quiebra. Ahora si hablamos a largo plazo y en que vamos a tener que financiar esos UDS$ 12 mil millones, que se tendrá que financiar como deuda, déficit fiscal y eventualmente se podría financiar con una mayor tributación que debería recaer sobre el 10 o 20% más adinerado del país, pero eso no será este año, porque este no es el momento de subir los impuestos. Lo que uno quisiera es que lo grandes empresarios siguieran invirtiendo, que siguieran pagándole a sus empleados aunque no se esté produciendo. 

La crisis sanitaria que vivimos ha obligado al Estado a intervenir en un rol que no tiene normalmente en nuestro sistema económico, donde el Estado funciona como subsidiario y no como garante ¿Considera que esto sea una evidencia más de la crisis del modelo económico?

No creo que evidencie nada de eso, no hay país en el mundo que se haya salvado de la pandemia. Todos los sistemas se han visto afectados. Obviamente el estallido social evidencia cambios que se necesitan hacer, pero lo del Coronavirus es otra cosa. El tema del estallido social ha debido ser postergado, porque aunque se permitieran las marchas, por ejemplo, nadie en su sano juicio quisiera estar hoy participando en aglomeraciones grandes de personas. Incluso Chile que ha tenido un Estado menos intervencionista que en otros lados, ha intervenido en el pasado como en la crisis económica de 2008, donde tuvo una gran intervención, entonces no hagamos un mito de esto. Chile tiene legislación hace años, donde por ejemplo se puede usar 2% del presupuesto sin solicitarlo y sin pasar por el congreso precisamente porque suceden catástrofes como esta. En Chile históricamente han sido los terremotos y ahora es esta pandemia.

Aún aquí no hay un análisis catastrofista, aunque el Ministro de Hacienda de EEUU dijo que si no se hacía el plan que él estaba proponiendo el desempleo podría llegar a 20%, lo cual sería inaudito, una calamidad. ¿Cuánto puede un país aguantar en condiciones de cuarentena o semi-cuarentena? Bueno, nosotros en Chile hemos aguantado una caída de producción del 2% que sucedió en 2008, y actualmente se está hablando de que no vamos a crecer el 1%, sino el 0% o quizás caemos en 1 o 2%, pero nadie está hablando de caer 10%. Ya el país sobrevivió a duras penas el año 83, a un desempleo del 25% y una caída de producción de 13%, entonces tenemos ese ejemplo, pero ojala no nos acerquemos a esa cifra.


La peste: realidad y metáfora al final del exceso

Este virus, este COVID-19 saca lo mejor y lo peor de lo nuestro. Mientras el virus se sigue reproduciendo en las superficies, algo más profundo estaría ocurriendo a nivel planetario; algo que ya intuíamos y que en Chile, desde el 18 de octubre vino a enrostrarnos el tipo de vida que hemos llevado: una dedicada a producir sin medida, una enfocada en socavar la existencia, una superdepredadora que por décadas ha devorado a humanos y al planeta mismo.

Por Ximena Póo

“Todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la rutina…” (La Peste, Albert Camus).

Lo anterior nos traslada al horror, a la metáfora, la conspiración, la ausencia y la sobreinformación. A lo que estamos viviendo, sin todavía creerlo, en todo el mundo.

Mientras el virus se sigue reproduciendo en las superficies, algo más profundo estaría ocurriendo a nivel planetario; algo que ya intuíamos y que en Chile, desde el 18 de octubre vino a enrostrarnos el tipo de vida que hemos llevado: una dedicada a producir sin medida, una enfocada en socavar la existencia, una instalada en el tedio de no ver el sentido de todo, una superdepredadora que por décadas ha devorado a humanos y al planeta mismo. Una suerte de cambio en el rumbo de la ecología social se ha disparado como si el virus hubiese sido plantado y, sin casi proponérselo, el efecto nos ha dejado más desnudos: no hay líderes, no hay conducta de conciencia social ni modelo de consumo capitalista que den el ancho. Esta vez, y con más fuerza, el efecto es planetario y es visto por los países desarrollados, donde la crisis del modelo capitalista es más que evidente, desde hace mucho. Y digo que “es visto”, porque son estos mismos países los que han dejado de ver los estragos del sarampión y del ébola en África o el dengue en zonas de una América Latina también azotada por la desigualdad, la falta de dignidad y las políticas no centradas en los derechos humanos.

Este virus, este COVID-19, invisible a los ojos, es realidad y metáfora a la vez. Saca lo mejor y lo peor de lo nuestro. Hoy, por ejemplo, empresarios neoliberales pedían a gritos (sí, a gritos en canales de televisión) más Estado. Son los mismos que no quieren una nueva Constitución, que cambie, sencillamente, al Estado subsidiario que nos aflige por uno garante, construido por todos y todas. Uno de verdad.

El filósofo y político esloveno Slavoj Zizek viene al caso cuando rescatamos una reflexión extendida durante estos días virulentos: “La actual expansión de la epidemia de coronavirus ha detonado las epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías conspirativas paranoicas y explosiones de racismo. La bien fundamentada necesidad médica de establecer cuarentenas hizo eco en las presiones ideológicas para establecer límites claros y mantener en cuarentena a los enemigos que representan una amenaza a nuestra identidad. Pero tal vez otro –y más beneficioso– virus ideológico se expandirá y tal vez nos infecte: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá de la nación-Estado, una sociedad que se actualice como solidaridad global y cooperación”. Aplica para el mundo, aplica para Chile, en el corazón del mundo neoliberal.

Zizek, siempre a tono con la industria cultural, dice que el “coronavirus es un golpe a los Kill Bill al sistema capitalista”. Y tiene razón, su explosión se larva dentro y tiende a no ser vista hasta mucho después. Por eso apela a una nueva forma de comunidad-comunismo-comunitarismo. Un nuevo “común” que revierta el sentido común de la codicia y la acumulación, ese de la explotación que desecha los cuerpos como si nada, a aquellos cuerpos que no producen ganancias, no cumplen las metas. La enfermedad da una estocada a esas metas y cuando se diagnostica a un empresario o político en la cumbre de la cadena, el efecto hace temblar al poder: ¿Son desechables también esos cuerpos “poderosos”? ¿tienen otro estatus? Esto nos iguala y a ellos, sobre todo, los desnuda, pese a que no se dan cuenta.

Las vidas cotidianas han sido trastocadas y será así durante meses, sobre todo en un mundo y en un país como Chile, donde conviven desde el primer hasta el cuarto y quinto mundo. Incluso, desde la sororidad, hay quienes acogen a mujeres en riesgo para que no se encierren junto a sus abusadores. Asimismo, el teletrabajo es para quienes están entre el primero y el segundo; la precariedad y el miedo a perderlo todo para quienes están entre el tercero y el quinto, la mayoría a nivel planetario, la mayoría aquí. Y, en la otra vereda, la mejor, ha habido solidaridad, cuidado mutuo, canciones desde los balcones unidos, conciencia para apoyarse en equipos de trabajo, familias o amigos que no dejan solos/as a quienes pueden ser más golpeados/as. Y ha habido cordura y convicción al exigir medidas drásticas, en el mundo y aquí. Que han llegado tarde, lo han hecho, pero la presión ha servido para propiciar cambios. Somos testigos del colapso, somos testigos de que aquí nadie se salva solo/a, como hemos susurrado y gritado en las calles desde hace tanto.

Haciendo alusión a la doctrina del shock, vieja fórmula que reflotó la periodista Naomi Klein tras el desastre del huracán Katrina, en Estados Unidos, es posible ver en simple los estragos del capitalismo de desastre, los cálculos electorales, las luces sobre quiénes y sobre quiénes no, siguiendo el modelo occidental de todo el siglo XX. Ahora Klein ha reflexionado en la prensa, alegando contra quienes, desde la sospecha y el individualismo patético, sostienen que “yo me ocuparé de mí y de los míos, podemos conseguir el mejor seguro privado de salud que haya, y si no lo tienes es probablemente tu culpa, no es mi problema: Esto es lo que este tipo de economía de ganadores pone en nuestros cerebros. Lo que un momento de crisis como este revela es nuestra interrelación entre nosotros. Estamos viendo en tiempo real que estamos mucho más interconectados unos con otros de lo que nuestro brutal sistema económico nos hace creer”.

Klein, desde lo cotidiano, apunta al micro-miedo, a ese que se contagia fácil, que también hace cálculos: “Podríamos pensar que estaremos seguros si tenemos una buena atención médica, pero si la persona que hace nuestra comida, o entrega nuestra comida, o empaca nuestras cajas no tiene atención médica y no puede permitirse el lujo de ser examinada, y mucho menos quedarse en casa porque no tiene licencia por enfermedad pagada, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos los unos a los otros, ninguno de nosotros estará seguro. Estamos atrapados”. Estamos, además, con miedo a nosotros/as mismos, a las noticias falsas, al Otro que es realidad y metáfora, cuando el Otro somos nosotros/as mismos/as, como lo explicaba Ulrich Beck en La sociedad del riesgo, hace años, cuando ya en el Oriente Próximo, por ejemplo, el riesgo era y son bombas sobre vidas que no han alcanzado a despuntar.

Arriesguémonos a una cuarentena global, a no salir, a parar, a bajarse, a asumir que esto ya no da para más.  Así podemos regresar a Camus y esta pestilencia que de vez en cuando nos convoca a recordar los fallos de un sistema cruel: “Hombres que se creían frívolos en amor, se volvían constantes. Hijos que habían vivido junto a su madre sin mirarla apenas, ponían toda su inquietud y su nostalgia en algún trazo de su rostro que avivaba su recuerdo. Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. (…) Era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria”. ¿La “peste” de hoy será la estocada final? Está por verse y espero que lo veamos; realidad y metáfora al final del exceso.

Bélgica Castro y Alejandro Sieveking, la partida de una pareja ícono del teatro chileno

Con más de seis décadas de matrimonio, mismo tiempo que dedicaron al teatro, la dupla de Premios Nacionales siguió unida hasta la muerte. La actriz falleció el 6 de marzo, día de su cumpleaños número 99 y un día después de que su marido dramaturgo también se despidiera de este mundo. Ambos serán velados en la Sala Antonio Varas del Teatro Nacional Chileno y el sábado sus restos serán cremados en el Cementerio General.

Bélgica Castro retratada en 2016 con motivo de su entrevista para revista Palabra Pública. Crédito de foto: Alejandra Fuenzalida.

Es una de las parejas más admiradas, queridas y respetadas del teatro local. Su formación se desarrolló al alero de la U. de Chile, en el llamado Teatro Experimental, claro que con años de diferencia: ella ya era una actriz conocida y profesora de Historia del Teatro, mientras él venía ingresando a la carrera de teatro, tras haber estudiado unos años arquitectura, cuando se conocieron en 1956. El flechazo fue inmediato, cuando coincidieron en la puesta en escena de Un sombrero de paja en Italia en el Teatro Antonio Varas,  y se prolongó hasta ayer, cuando el dramaturgo Alejandro Sieveking, autor de La remolienda abandonó este mundo, a los 85 años de edad. Su mujer Bélgica Castro, lo secundó al día siguiente: el mismo día de su cumpleaños número 99 y un día después de la muerte de su esposo, la actriz más longeva de las tablas chilenas también falleció.

Fue una historia de amor, de lucha y rigor teatral que los unió hasta la muerte. “Cuando todavía lamentamos la muerte de su compañero Alejandro Sieveking, las artes escénicas reciben otro golpe: la partida de la gran Bélgica Castro, una de las mujeres creadoras fundamentales del teatro nacional en los últimos 75 años. Una voz fuerte e inspiradora que se apaga”, tuiteó la ministra Consuelo Valdés, quien fue una de las primeras en confirmar el deceso de la actriz.

Bélgica Castro en La remolienda, escrita por Sieveking, dirigida por Víctor Jara y estrenada en 1965.

Bélgica Castro fue una de las fundadoras del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, fundado por Pedro de la Barra, y recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación en 1995. Su marido, Alejandro Sieveking, 14 años menor, lo ganaría también, pero bastante después: el 25 de agosto de 2017. Fue accidentado. El dramaturgo recibió la noticia mientras estaba tomando un taxi para llevar a Bélgica al hospital debido a una caída. Un mes antes había tenido un accidente vascular. Ese mismo año, la actriz de entonces 97 años abandonó las tablas definitivamente y ya en el último año era público que sufría de Alzheimer. 

Hija de emigrados españoles, nacida en Temuco en 1921, Bélgica Castro sería una de las estrellas más prominentes del Teatro Experimental, interpretado textos de los más importantes dramaturgos, como Lope, Chejov, García Lorca, Graham Greene, Arthur Miller, Brecht, Pirandello, Shaw, Ibsen, Durrenmatt, Valle-Inclán y Sófocles. Estuvo casada en primeras nupcias con el destacado actor Domingo Tessier con quien tuvo a su único hijo, Leonardo Mihovilovic. En 1961 pudo formalizar su relación con Sieveking, con quien trabajaría en diversos montajes incluida La remolienda (1965), Ánimas de día claro (1962), y La comadre Lola (1985). Al igual que su marido, también trabajó en cine. Juntos protagonizaron a una pareja de ancianos, muy parecida a ellos, en Gatos viejos (2010), pero también tuvo brillantes participaciones en Días de campo (2004), la miniserie La recta provincia (2007) de Raúl Ruiz, El desquite (1999) y La buena vida (2008) de Andrés Wood,

Entre sus últimos roles en teatro está su notable interpretación de misía Elisa en la obra Coronación, de Jorge Pineda, que se presentó en el GAM, en 2015, mientras que la última colaboración que tuvo con su esposo fue al año siguiente en Pobre Inés sentada ahí, que Sieveking escribió especialmente para ella. En esa ocasión, Bélgica fue entrevistada por revista Palabra Pública, donde recordó sus inicios en el teatro y donde dejaba algunas lecciones para las nuevas generaciones, que hoy resuenan como especie de manifiesto postmortem: “El espectáculo teatral no es obra de uno como en la poesía o la novela. Intervienen directores, actores, autores, escenógrafos, electricistas, etc., también participa el público como materia importantísima. ¿Tenemos nosotros estos elementos? La respuesta sería están, existen, pero en potencia. Formémoslos, pero no haciendo trabajar mecánicamente a los aficionados en obras grotescas e insustanciales que no estimulan la sensibilidad ni dejan enseñanza alguna. Se necesita gente nueva que recupere esta generación e inspirarla en valores de alta calidad estético-moral. Es preciso promover un sentimiento amplio y serio que no quede en el autor o el actor, sino que abarque los múltiples problemas del teatro”.

Adiós a Alejandro Sieveking, autor de “La Remolienda” e ícono del teatro chileno del siglo XX

El dramaturgo y Premio Nacional de Arte 2017 falleció a los 85 años tras combatir por largo tiempo un cáncer a la piel. Autor de obras emblemáticas como Ánimas de día claro y Tres tristes tigres, deja viuda a su compañera de vida y oficio, Bélgica Castro (98), con quien formó una de las parejas más queridas de las tablas locales.

A mediados de 2019 Alejandro Sieveking estrenó una nueva obra: Todos mienten y se van, que debutó en el Teatro UC bajo la dirección de Alejandro Goic. El texto era parte de la trilogía que partió en 2012 con la elogiada Todo pasajero debe descender, donde además compartía escenario con Bélgica Castro. Sin embargo, en esta nueva obra no estaba la nonagenaria actriz. Retirada de las tablas debido a una avanzado Alzheimer, Sieveking mostró públicamente varias veces preocupación por su mujer y su estado de salud: “Bélgica extraña mucho el teatro, y yo verla actuar. Cada tanto me lo dice y se lo digo”, decía en una entrevista a La Tercera el año pasado ad portas al estreno del montaje. Uno de sus mayores miedos -dijo también en la entrevista- era morir antes que ella. Finalmente sucedió así: el autor de La Remolienda, uno de los grandes dramaturgos del teatro chileno del siglo XX, falleció la tarde del 5 de marzo en su casa de Parque Forestal, a los 85 años.

Siguió activo y cuidando esmeradamente a su mujer hasta que hace sólo un par de meses cayó hospitalizado por una gripe fuerte. Hace décadas el dramaturgo combatía, además, un cáncer a la piel que lo obligó a someterse a varias intervenciones y que ahora último lo hizo salir de escena sorpresivamente. Sus restos son velados en la Sala Antonio Varas, ubicada en Morandé 25, y este sábado será cremado en el Cementerio General. Tras de sí deja un prolífico legado de obras entre las que destaca Ánimas de día claro (1961), Tres tristes tigres (1967), La mantis religiosa (1971) y Todo pasajero debe descender (2012).

Bélgica Castro y Alejandro Sieveking, junto a su gato Aliosha, en su departamento de Parque Forestal. Crédito de foto: Alejandra Fuenzalida

En 2017, el dramaturgo recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales, mismo galardón que su esposa Bélgica recibiera en 1995. Juntos, y al igual que su amigo Víctor Jara, dieron a conocer su trabajo en los años 50 y 60 en el entonces llamado Teatro Experimental nacido al alero de la U. de Chile, y que hoy es el Teatro Nacional Chileno. Seguido a ese galardón también recibió la Medalla Rectoral de la U. de Chile.

“Alejandro Sieveking contribuye en la construcción del espíritu de un país. Se trata de un creador en constante contacto con los artistas contemporáneos, que permanentemente ha hecho de este oficio un sentido de vida. Consecuente con sus principios, se exiliaba cuando la tiranía lo obligaba a someterse. Un premio totalmente merecido», decía el dramaturgo Ramón Griffero en 2017, a propósito del premio para Sieveking.

El director, escenógrafo y Premio Nacional de Arte, Ramón Núñez recuerda haber conocido a Sieveking a los 18 años, cuando él era alumno de la Escuela de Teatro UC y Sieveking de la U. de Chile. » Generamos un lazo de amistad con todo ese grupo, estaba Alejandro, Víctor Jara, Miriam Benovich, Tomás Vidiella. Hice algunas obras suyas como Peligro a 50 metros y Una vaca mirando el piano, también participamos juntos de la película La pasión de Michelangelo. Siempre le decía que se presentara al Premio Nacional y él se negaba rotundamente, finalmente yo mismo levanté su campaña junto a la Facultad de Arte porque yo mismo me daba cuenta que los otros candidatos no le llegaban ni a los talones», dice Nuñez.

«Simplemente hay un antes y después de Alejandro Sieveking en el teatro nacional», agrega el director. «El recuperó el realismo local y lo llevó a las tablas, pero convertido en un folclore urbano con toques de realismo mágico que se vieron en La remolienda y Ánimas de día claro, que es simplemente una maravilla onírica insuperable. Sus obras tenían compromiso social y político, pero nunca fueron panfletarias, las dotaba de un halo de misterio y de una belleza incalculable», resume Núñez.

Un año después del golpe de Estado, Alejandro y Bélgica se exiliaron de Chile, debido al clima hostil en que vivía el país y las trabas para ejercer el teatro -además del duro golpe emocional que le significó el brutal asesinato de su amigo Víctor Jara en el Estadio Chile. Se fueron a Costa Rica, donde recibió el Premio Casa de las Américas de Cuba, volviendo al país recién en 1984. En esos años, además de obras teatrales, escribió guiones para la televisión y publicó dos novelas, La señorita Kitty y Bella cosa mortal.

Víctor Jara, Sergio Zapata, Bruna Contreras y Alejandro Sieveking en la histórica banca de Parque Forestal donde se reunían los amigos de la U. de Chile. Crédito de foto: Luis Poirot.

El fotógrafo Luis Poirot también recuerda su larga amistad con el dramaturgo y valora su gran aporte al teatro chileno: «La dupla que formó con Víctor Jara significó la transformación del teatro de la Chile. En el año 59, Víctor Jara debuto como director con Parecido a la felicidad, escrita por Alejandro, que era increíble porque hacía una radiografía psicológica de los chilenos. Con esa obra se abrió el Teatro Antonio Varas a los jóvenes y luego salió a girar por Latinoámerica», cuenta Poirot. «Víctor entendía muy bien la poética de las obras de Alejandro, donde había humor, ternura y un conocimiento complejo de lo que somos los chilenos. Para mi es como un Chejov chileno», agrega el fotógrafo, con quien el año pasado Sieveking realizó una exposición conjunta en la Tienda Chile pianos ubicada en Ñuñoa, donde Poirot exhibió fotos y el dramaturgo, una serie de collages, otra de sus pasiones.

En la última década, Sieveking -siempre dispuesto a colaborar con las generaciones jóvenes realizadores- incursionó en el cine como actor en  filmes como La vida me mata (2007) de Sebastián Silva, El club (2015) de Pablo Larraín y Los perros (2017) de Marcela Said. Premonitoriamente, en la película Gatos viejos (2010) dirigida por Sebastián Silva y Pedro Peirano, grabada en su propio departamento de Parque Forestal, el dramaturgo interpretaba junto a Bélgica Castro a una pareja de ancianos que debían lidiar con el Alzheimer de ella.

Poirot recuerda que vio por última vez a Sieveking durante el mes de enero, cuando había sido hospitalizado para recibir tratamiento por el cáncer que se había expandido hacia uno de sus ojos. «Lo vi cansado, pero que nos encontráramos le devolvió el ánimo. Siempre hablábamos de que volviera a dirigir una de sus obras, un proyecto que postergábamos y postergábamos, una de las razones era porque a él no lo dejaban de llamar para nuevos proyectos. Se reía diciendo que ‘ahora que estoy viejo me están descubriendo’. El trabajó hasta el último minuto, ese rigor, ese amor y entrega total al oficio es lo que vamos a echar de menos y es su gran legado y ejemplo a las nuevas generaciones», dice el fotógrafo.

“Escribir una Nueva Constitución es un acto poético y las artes ayudan a tener la altura de miras para hacerlo”

Es una de las protagonistas del enero cultural en nuestro país. Desde 1994, Carmen Romero es directora del festival de Teatro Santiago a Mil y desde 2004 preside la Fundación Teatro a Mil que realiza actividades durante el resto del año. La edición 2019 del evento estuvo, sin duda, marcada por la revuelta social y las obras presentadas estuvieron acordes a los temas que hoy preocupan a la ciudadanía. Entre ellas estuvo Ka kiñe Ka kiñe, teatro realizado por una compañía Mapuche, la reposición, tras 16 años, de Mano de obra, escrita por Diamela Eltit; Dragón de Guillermo Calderón, sobre el rol del arte en la política; La ciudad de la fruta que retrata las consecuencias sociales y psicológicas del abuso y un ciclo dedicado a La Patogallina, una de las compañías de teatro callejero fundamentales de nuestro país. En esta entrevista la gestora cultural habla sobre el rol del teatro y la cultura en el actual clima social y de cara al proceso constituyente.

Por Jennifer Abate

– ¿Cómo afectó el estallido social la organización y visión del festival de este año?

Hubo que hacer muchos cambios de horarios, y algunas compañías internacionales que tuvimos que bajar, por ejemplo algunas que se presentaban en el GAM, al lado de la zona centro. También hicimos un cambio poniendo más funciones en comunas donde vamos de forma gratuita, entonces como que dimos un poco esa vuelta. No dejamos las calles, porque las calles fueron nuestras desde hace 27 años, cuando las tomamos en democracia para hacer teatro y eso no se tocó pero sí los horarios, los horarios cambiaron.

-Santiago a Mil es una experiencia consolidada en nuestro país y no necesita tanta promoción como otros espacios e iniciativas culturales. ¿Cómo has visto a los distintos gestores culturales, artistas en términos de visibilidad?

Nosotros hacemos un trabajo de comunicaciones importantes, no es cierto que tengamos una visibilidad porque en el reino de los ciegos el tuerto es el rey. Si tú miras en el concierto de lo que hay en los medios de comunicación, lo que se dedica a las artes es ínfimo e inmerecido. La cantidad de teatro que se hace en Chile no tiene relación con la cantidad de periodistas especializados, programas especializados en radio, TV que no existe y en medios, entonces es un panorama  muy desolador. Es un desafío para los medios de comunicación, no es nuestra responsabilidad, sino de los medios de comunicación el transmitir más cultura.

La gestora cultural y directora ejecutiva de Santiago a Mil, Carmen Romero. Crédito de foto: Fitam.

-Considerando que se suspendieron iniciativas internacionales gigantescas ¿nunca fue una opción no hacer el festival?

Al contrario fue más potente todavía porque teníamos un proyecto de desarrollo regional, entonces comenzamos a llamar a las comunas para ver cómo estaban y estaban mal de nuevo, entonces fuimos con teatro la primera semana y después cuando se levantó el Estado de Emergencia nos fuimos a la PAC, Puente Alto, Til Til y no paramos nunca lo vimos como un preámbulo del Santiago a Mil. Entonces estuvimos siempre trabajando y pudimos palpar como siempre esa necesidad de la gente de sentarse a conversar, todas las funciones terminaban con conversaciones que ya ni siquiera eran producidas sino que naturales, la gente quería estar en diálogo con los artistas e hicimos una conversaciones como cabildos abiertos con artistas. Fue súper importante nuestro corazón de estar en los lugares donde se necesitaba, no solo en Plaza Dignidad o Plaza Ñuñoa, si no que en los lugares de la gente para escuchar qué pasaba, para estar y trabajar con ellos. Yo creo que el teatro es un canalizador tremendo en estos momentos de provocar nuevos diálogos, las artes en general te ponen en una sintonía distinta.

-El estallido social del 18 de octubre se cruzó además con la discusión del presupuesto de cultura para el 2020 que el gobierno intentó rebajar por segundo año consecutivo, y que finalmente se logró que no se rebajara el 20% que estaba anunciado ¿Qué reflexión te genera este proceso?

Creo que la unión hace la fuerza y lo que nos pasó es que éramos instituciones muy distintas trabajando por las artes, requerimos apoyo del estado porque somos instituciones sin fines de lucro, somos instituciones colaboradoras de lo que el Estado no puede hacer solo. O sea Santiago a Mil lo hace una organización de la sociedad civil y sería maravilloso que este gobierno hiciera uno, pero no se hizo en 27 años. Esperemos que no exista un tercer rebaje, creo que es importante que se escuche lo que estamos planteando: que no podemos disminuir los fondos y que ninguna de las instituciones puede estar sometida a fondos concursables aunque sean por tres años.

-¿Cuál es el principal problema de los fondos concursables?

Que son inestables, es dejar a las artes y la cultura a merced del mercado neoliberal y eso no es posible porque ninguno de nosotros tiene fines de lucro. Entonces la pregunta que hace un empresario si no tiene fines de lucro para ¿Qué lo hacen? Hay muchas iniciativas que llevan años desarrollándose y que requerirían estar en una glosa presupuestaria. El Ministerio de las Artes, la Cultura y el Patrimonio tiene un presupuesto que es un 0.34% del presupuesto de la nación, lo que es ínfimo. Eso te dice que efectivamente no es prioritario, que es accesorio, pero lo cierto es que cuando un país que está invirtiendo en el desarrollo humano estamos en un problema futuro muy grande.

– Y según tu experiencia internacional ¿Puedes hacer una comparación entre Chile y lo que has visto en otros lugares, respecto a políticas culturales estatales, presupuestos, etc? ¿En qué posición estamos?

Nosotros estamos recién empezando con el ministerio y el presupuesto todavía es ínfimo, estamos al lado de Uruguay y Argentina, pero al mismo tiempo estamos lejos. Por otra lado en todas partes del mundo hay crisis y se descuenta el presupuesto de Cultura y en algunos lugares como Brasil cerraron el ministerio. El tema es que en esos países igual hay estructuras que están históricamente trabajando por las artes y la cultura. Sao Paulo no se piensa sin museos y teatro ni tampoco Buenos Aires o Montevideo, en ese sentido nosotros estamos muy por debajo de lo que se ha realizado en todas partes del mundo en cuanto a la infraestructura cultural. 

Los fondos concursables dejan a las artes y la cultura a merced del mercado neoliberal y eso no es posible porque ninguno de nosotros tiene fines de lucro. Hay muchas iniciativas que llevan años desarrollándose y que requerirían estar en una glosa presupuestaria»-

-¿Por qué crees que estos países tienen más inversión en infraestructura cultural siendo que tenemos una historia parecida?

No quiero parecer injusta porque lo que se creó hace algunos años cuando se pensó que cada 50 mil habitantes debería haber un centro cultural, es una política de Estado, el tema es que se dejan esos espacios a gestores culturales para que ellos solos consigan levantarlos y no hay una responsabilidad más allá de la gubernamental para el sostenimiento de esos lugares. Es un modelo pésimo que no funciona. Es una especie de neoliberalismo de las artes y la cultura, te entregan la casa vacía y tú, arréglatelas. Esto no funciona sobre todo en las comunas donde no hay capacidad muchas veces para pagar una entrada y los costos que significa una obra de excelencia. Hay que pensar cómo crecemos para que cada uno de esos centros culturales, cada uno de esos espacios tenga una subvención que les permita funcionar y de ahí buscar recursos para mejorar su gestión.

-Quizás el logro más visible del estallido social ha sido la apertura de un proceso constituyente ¿Cuáles son tus expectativas frente una Nueva Constitución y qué rol debería tener el mundo de la cultura para asegurar derechos culturales para nuestro país?

Vamos a seguir hablando de arte, de pueblos originarios e impulsando estos temas en la Constitución. Es un acto poético ponernos a escribir una Nueva Constitución desde una hoja en blanco, es alucinante e inspirador. Creo que las artes nos ayudan a tener la altura de miras que se requiere para escribirla, pensarla y desde las artes uno no podría pensar que una Constitución no incluya a los pueblos originarios, que no sea paritaria, son las cosas que la mayoría de la gente incluida el mundo del arte está pidiendo. Nuestra visión como fundación es que las artes sean fundamentales en la vida del país, de los y las ciudadanas y ahora es cuando y claro que nos interesa participar en todas las mesas, debates y  hacer todos las alianzas para poner que las artes en la discusión pública.

El jardín de los ángeles, de Bélgica, una de las obras callejeras gratuitas del Festival Santiago a Mil 2020.

Haber sido una de las fundadoras de Santiago a Mil y estar al mando hasta ahora te ha permitido ver la evolución de la cultura en Chile desde los años 90 ¿Cómo has visto estos 30 años  en el mundo del arte y la cultura? 

Cuando la democracia llega, nosotros pensábamos que de alguna manera se recuperaba la calle, la celebración, la fiesta, emergería todo lo que subterráneamente existía, había teatro, música, arte. Pero se nos dijo desde el día uno que primero había que reconstruir el país, ponerse de acuerdo y siempre había algo más urgente, hasta que se decidió crear el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes luego de muchos años y recién ahora tenemos un ministerio, ha sido como lento y aún falta demasiado. Que aún no se construya la sala grande del Centro Cultural Gabriela Mistral que ya lleva siete y ocho paralizada habla del lugar en el que estamos. Santiago no tiene espacio teatrales y culturales para acoger la gran demanda ciudadana. Se han creado teatros regionales buenísimos pero en el resto de Latinoamérica están mucho más avanzados. Creo que hemos esperado pacientemente, hemos colaborado, porque la Cultura siempre tiene que esperar porque hay otras cosas que urgen, la salud, la jubilación, pero esto que pedimos no es para los artistas, es para la gente, la ciudadanía. Claro que han habido avances, en dictadura no existía nada en comparación de lo que hay ahora.

Además de la infraestructura ¿Qué otras medidas crees son indispensable para avanzar hacia el desarrollo de la cultura y el arte en el país?

La descentralización es algo que se requiere, necesitamos aumentar los recursos urgentemente a un 1% y también darle voz a esos talentos, que están creciendo y naciendo, no dejar que los y las niñas pierdan la oportunidad de crecer con las artes al lado.

Este es un extracto de la entrevista realizada el 17 de enero de 2019 en el programa radial Palabra Pública, de Radio Universidad de Chile, 102.5.

“La desaparición de Laura Rodig de la historiografía es sin duda un tema político”

La pintora y escultora que abogó por los derechos de la mujer y creó el área de mediación y educación en los museos chilenos es rescatada ahora en una gran muestra en la pinacoteca nacional. Lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo reúne varias de sus obras pertenecientes a colecciones públicas y es parte de la investigación que realiza la historiadora del arte sobre mujeres artistas chilenas, muchas de ellas invisibilizadas por el canon local.

Por Florencia La Mura

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El Movimiento pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH) nació en 1935 como una organización que buscaba la protección de las trabajadoras. En años donde la mortalidad infantil llegaba al 35%, el MEMCH peleó causas que hasta hoy no nos parecen tan lejanas, como el derecho al aborto y a la lactancia de madres trabajadoras. Dentro de sus integrantes se encontraba Laura Rodig, artista y militante que fue la encargada de crear el logo de la agrupación, el mismo que hoy se plasma en los pañuelos verdes que están llevando miles de mujeres atados a sus cuellos en las marchas de los últimos años, donde se vuelve a alzar la voz por el aborto libre.

A cinco décadas de su muerte, el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) inaugura Lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo, exhibición que reúne pinturas, esculturas y dibujos, además de documentación, archivos de prensa y cartas. Estas últimas ponen el acento en la estrecha relación que tuvo la artista con la poeta Gabriela Mistral.

El cuerpo femenino, con sus distintas luchas y formas, es el principal eje de trabajo de Rodig, de acuerdo a la investigación del museo. Si bien Laura Rodig accedió a estudiar en la Academia de Bellas Artes y a rodearse de cierta élite artística de la época, siempre vio su trabajo como artista desde una vereda política y de clase, abogando por derechos de mujeres e infancias, retratando cuerpos no hegemónicos y utilizando materiales precarios, mismas razones -dice Gloria Cortés- que pueden haber hecho que su legado sólo fuera puesto en valor hoy.

La curadora de la muestra, Gloria Cortés. Crédito: MNBA.

«Gabriela Mistral conoce a Laura como su secretaria y viajan juntas a diversas escuelas en Punta Arenas, Temuco y Concepción. Fueron pareja, pero no se sabe exactamente desde qué fecha. Sí hay cartas, especialmente una que le escribe Laura Rodig a Doris Dana cuando muere Gabriela Mistral donde habla de su amor por ella»

-Una de las luchas que ha tenido el movimiento feminista ha sido la de releer a artistas ya conocidas desde ese lugar político, además de hacer presentes a aquellas que fueron invisibilizadas. ¿Cómo aparece la figura de Laura Rodig dentro de tu búsqueda personal?

La vengo estudiando hace diez años en el marco de mi investigación de magíster, que resultó en mi libro Modernas, historias de mujeres en el arte chileno (2013). Si bien es mencionada en libros de historia del arte, nunca se había trabajado en profundidad la pertinencia y valor de su obra. Hemos sumado investigaciones y mostrado en distintas exposiciones y cobra mucho más relevancia cuando se determina que es la creadora del área de mediación y educación de los museos de Chile. En esa búsqueda se ha ido redondeando su importancia, su lucha política, su quehacer artístico y educativo hasta culminar en esta exposición, que se viene pensando hace tres años, donde la situamos en el museo en su justo lugar.

-Laura Rodig fue reconocida por su trabajo en su época pero desapareció de la historiografía chilena. ¿Por qué?

La desaparición de Laura Rodig es un tema político, sin duda. Se cruza clase, género y disidencias. Su obra no es lo canónico que se podría pensar de las colecciones del museo, porque son muy precarias en materiales y elaboración. Muchas están catalogadas como bocetos siendo que son obras terminadas. Era una artista muy reconocida por sus pares en su momento, y la historiografía no la deja fuera porque la menciona, lo que ya es un reconocimiento, pero no se ahonda en su valor.

A la izquierda, la escultura India mexicana; a la derecha, el óleo Desnudo de mujer.
Ambas obras de la muestra del Museo de Bellas Artes. Crédito: MNBA

-¿Qué puedes contar sobre la relación de Laura Rodig con Gabriela Mistral? Hay diversas esculturas, cartas y retratos de la poeta dentro de la muestra.

Gabriela Mistral conoce a Laura como su secretaria y viajan juntas a diversas escuelas en Punta Arenas, Temuco y Concepción. Fueron pareja, pero no se sabe exactamente desde qué fecha. Sí hay cartas, especialmente una que le escribe Laura Rodig a Doris Dana cuando muere Gabriela Mistral, donde ella se presenta y dice «usted no me conoce, yo soy pintora y maestra rural y amamos a la misma criatura durante siete años», y habla de su amor por ella. Hay mucha más documentación que no ha sido investigada en profundidad, sobre todo la relación en México entre las dos y el cruce amoroso con la escritora Palma Guillén. Ahí hay un enredo entre las tres que termina en una pelea entre ellas y Laura se termina yendo a Madrid. 

-Al igual que Mistral, Laura Rodig trabajó en paralelo como artista y educadora. ¿Esto era algo usual entre las mujeres artistas de la época?

Se repite mucho en las mujeres y tiene que ver con los procesos de instalación y circulación: ellas no pueden exhibir sus obras, hacer carrera artística de lleno y muchas de ellas terminan siendo profesoras de dibujo en los liceos y escuelas. Muchos nombres de artistas aparecen en los catálogos y luego desaparecen de la escena, las encontramos haciendo clases sobre todo en liceos normalistas, que incorporaron el dibujo en la educación primaria.

-Con respecto a la colección del MNBA, ¿cómo se evidencia esa invisibilización que han sufrido las mujeres en el arte chileno? 

Hace dos años establecimos que la presencia de mujeres en la colección del museo es de un 11%, entre 10% y 15% es el estándar mundial. Llegar a una paridad de género es muy difícil, no porque no existan mujeres, sino porque requiere adquirir sólo obras de mujeres y eso es una voluntad económica y política. Aunque hemos establecido una línea de incorporación de mujeres a la colección, se siguen comprando obras de hombres, entonces ese 11% se ha mantenido en los últimos tres años. Además, si bien tenemos investigadas a las artistas, es muy difícil encontrar sus obras porque nadie las guardó. Otras se perdieron, sobre todo las esculturas, al no ocupar materiales nobles. La obra de Laura Rodig se preservó porque estuvo involucrada en la formación de la educación de museos y donó muchas piezas. Si uno revisa este 11%, la mayoría fueron donadas por las propias artistas, porque nadie compraba ni exhibía a mujeres. De hecho, optamos por hacer esta muestra con colecciones públicas porque no tenemos información de colecciones privadas y espero que a partir de la muestra empiecen a salir.

-Dentro de muchas resignificaciones está el qué se entiende por “arte de mujeres”, muy distante de un “arte femenino”. Según tu investigación de artistas mujeres, ¿compartían elementos, visiones, deseos en común?

Las mujeres sin duda aplicamos una subjetividad que nos hace mirar el mundo desde otros lugares y eso está cruzado por la cultura y la sociedad, que nos ha relegado a ciertos espacios y omitido en otros. En el período de Laura lo que más cruza es el tema de las corporalidades femeninas, involucrando la maternidad y la ausencia de ella, el cruce con los cuerpos indígenas y obreros. Hay temáticas que están cruzadas y desde donde se podría hablar de un arte temático llevado a cabo por mujeres y que se diferencia de aquel llevado a cabo por hombres. Hay un reconocimiento y una reivindicación que está incluida en todas sus luchas sociales: querían voto femenino, querían estar en el espacio público y tener derecho al aborto en 1935. Por otro lado, hay una ausencia de iconografías maternas, quieren ser reconocidas como mucho más que madres. En el caso de las mujeres lesbianas aparece mucho la maternidad y cómo se les niega ese derecho. En el caso de Laura se suma la lucha por el derecho de la infancia y las mujeres trabajadoras. Y en el contexto  de la mortalidad infantil se lucha por el aborto como un tema de salud pública, como debiera serlo hoy.

Paisaje invernal, pintura perteneciente al Museo de Arte y Artesanía de Linares.

-La muestra Yo soy mi propia musa, realizada el año pasado en el museo, es otra de las muestras que van en la línea de rescate de mujeres artistas ¿De qué manera abordas la resignificación del espacio de la mujer en el arte?

Lo que hago es poner en escena a mujeres artistas, intelectuales y políticas que están en un escenario en un momento determinado y que fueron sujetas con opinión y significación que en algún minuto quedaron anuladas de la historia. Lo que me importa es poder mostrar que estas mujeres existen y que tienen un discurso político importante. En 2017 hicimos la muestra Desacato, donde reunimos obras de mujeres artistas entre 1835 – 1938 de la colección del museo. Luego ampliamos esa discusión y quisimos ver qué ocurría a nivel latinoamericano: ¿se cruzan las mismas temáticas? ¿están las mujeres preguntándose lo mismo? Luego vino Yo soy mi propia musa dos años después, donde entendimos que sí tocaban los mismos temas. Queríamos saber cómo se legitimaban entre ellas, si estaban trabajando en comunidad o sólo estaban insertas a nivel de estos linajes masculinos y patriarcales. Aparecieron muchas informaciones donde están involucradas en distintas organizaciones feministas, como la Sociedad Artística Femenina en Chile. Nos dimos cuenta de que esta red de mujeres latinoamericanas se encontraba en los mismos talleres en Europa, algo que no habíamos podido ver antes. Luego ahondamos en Laura Rodig como un caso específico y queremos hacer lo mismo con otras artistas de la colección del museo.  Es el caso de Clara Filleul, que ha sido consignada como la discípula, mujer amante de Monvoisin, pero investigando ha surgido una mujer mucho más interesante, que viajó sola de Francia a Chile en 1840, con 20 años, recorrió muchas partes, era pintora, cronista de viajes y publicó libros de infancia. Muchos documentos la sitúan como la financista de Monvoisin, era una mujer más emancipada de lo que se ilustraba.

-¿Se puede hablar entonces de otra historia del arte, una compuesta por mujeres?

No sé si se puede hablar de otra historia del arte, creo que es más bien incorporar y complementar esa historia, con mujeres y artistas que fueron marginados por su condición de clase, por ser hijos de obrero o de origen indígena. Estas otredades pueden generar una historia complementaria a la que conocemos, que da luces de otra genealogía, de otras formas de pensamiento no canónico, mucho más conectados con pensamientos culturales más amplios. Creo que eso permite que museos como este puedan involucrarse más afectivamente con la comunidad, porque no son sólo artistas que vienen de una élite europea, sino que hijos e hijas del pueblo que pudieron ingresar a estos sistemas y que generaron otra cultura visual que hoy día va teniendo cada vez más sentido en las luchas sociales. El reclamo invita y obliga a que la historia del arte empiece a mirar desde otros lugares.

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