Con los libros de tenis pasa lo mismo que con los partidos: uno nunca sabe si la curiosidad tendrá premio o se convertirá en masoquismo. Hay novelas, memorias y ensayos en los que se nota el oficio para jugar y escribir, el amor por el tenis y las palabras, mientras que otros libros carecen de la agilidad y las acrobacias que exige el juego.
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