A los 88 años falleció el periodista y profesor Abraham Santibáñez, quien recibió el Premio Nacional de Periodismo 2015 “por su inclaudicable defensa de la libertad de expresión, de la responsabilidad profesional y de la ética periodística”. Fue fundador, subdirector y luego director de la revista Hoy (1977-1989), uno de los pocos medios opositores a la dictadura; dirigió el diario La Nación (1990-1994), y formó a varias generaciones de periodistas en la U. de Chile, la PUC y la UDP, entre otras. Rescatamos del archivo de la revista Comunicación y Medios, de la Facultad de Comunicación e Imagen de la U. de Chile, este texto visionario que publicó en 2006 y en el que, a raíz de la masificación de los blogs, advertía sobre los retos que enfrentaría el periodismo en tiempos de internet.
Por Abraham Santibáñez | Imagen principal: UDP
No hay manera de anticiparse con certeza absoluta al veredicto de la historia. Hoy nos parece que el 2006 puede figurar en el futuro como el año en que se consolidó el blog, destinado, según parece, a generar una nueva cultura de participación. Pero ¿será realmente así?
Algunas de las historias en que los bloggeros son los protagonistas hablan de un cambio radical en el ejercicio informativo. Se ha terminado, se dice, la dictadura de los periodistas, que tenían el poder de definir lo que es noticia y su importancia. Igualmente, esta nueva era, profundamente más democrática, estaría marcada por la capacidad de acceder a los mismos lugares reservados hasta ahora exclusivamente para los periodistas o, mejor aún, a aquellos a los cuales no llegan habitualmente. De este modo, hemos sido testigos de acontecimientos dramáticos, nunca antes mostrados “en vivo y en directo”, desde el tsunami de Indonesia hasta las explosiones en el tren subterráneo de Londres, donde se captaron testimonios de la evacuación de los pasajeros en teléfonos celulares provistos de cámaras fotográficas. Cámaras caseras han servido también para corroborar denuncias de todo tipo que, de otro modo, difícilmente habrían sido acogidas por la prensa y que probablemente se habrían eternizado en los tribunales.
Es evidente que el avance tecnológico nos beneficia. Pero también nos obliga a pensar en la otra cara de la medalla: denuncias falsas, alteración deliberada de imágenes, intromisiones no justificadas en la intimidad de las personas… en fin: asistimos al surgimiento de un nuevo paradigma: “noticias” que no son tales pero que se difunden por el mundo entero y opiniones que carecen de todo fundamento, como las que abrieron camino a la fama en Chile a los “opinólogos”.
Como recuerda el autor argentino Julio Orione[i], “el periodismo on-line es una nueva manera de hacer periodismo, diferente de las demás por las características peculiares del soporte”. Pero, aclara, ello no significa que se abran indiscriminadamente las puertas y que “el manejo de la información… se convierta en tierra de nadie o, peor aún, en una cuestión exclusivamente de marketing”. Según este autor, “para hacer periodismo on-line, hay que ser periodista, es necesario saber hacer periodismo”.
Lograr una equilibrada visión de los aspectos positivos y los negativos de esta etapa de definiciones y descubrimientos es una tarea pendiente. En rigor, no ayudan los entusiasmos ni los rechazos sin matices.
Gutenberg descartado
Tal vez la historia de Gutenberg, en una versión “actualizada”, puede ayudar a entender las complejidades del desafío. La narró aquí en Chile Juan Antonio Giner, de la Universidad de Navarra, y así fue recogida en mi texto Introducción al periodismo[ii]:
A mediados del siglo XV apareció en Maguncia un artesano que aseguraba haber inventado un extraño artefacto capaz de producir copias múltiples en páginas impresas similares a las de un manuscrito. La noticia llegó a oídos del gobernador del Estado quien, movido por el espíritu renacentista e innovador de la época, reunió a un grupo compuesto por académicos y hombres de negocios para que analizaran la trascendencia y el impacto que pudiera tener aquel prodigioso descubrimiento sobre la cultura y la economía locales.
A tal efecto, pocos días después se anunció la formación de un llamado Comité de Expertos para la Evaluación de los Sistemas de Producción de Manuscritos Múltiples.
El Comité visitó en su taller a un ciudadano que dijo llamarse Juan Gutenberg. Los expertos escudriñaron todos los rincones de su rudimentario taller y escucharon admirados al fantasioso artesano que les explicó y demostró el funcionamiento de la singular herramienta. El grupo de trabajo continuó sus pesquisas, recabó las opiniones de otros expertos, celebró numerosas reuniones y tras muchas discusiones, redactó un informe que fue elevado al inquieto gobernador.
La máquina, decían los expertos, es un artilugio admirable que demuestra el ingenio de su creador. Su aplicación, sin embargo, sería muy limitada, por lo que coincidían en recomendar que el gobierno no invirtiera dinero en su desarrollo y expansión. El concilio de sabios desaconsejaba finalmente la realización de futuras investigaciones sobre las ocurrencias del ciudadano Gutenberg por tres razones fundamentales:
– Primera, porque si tal artefacto entraba en funcionamiento, se produciría una gran masa de cesantes entre los miles de monjes y escribas que se ganaban el cielo copiando manuscritos a mano.
– Segunda, porque no era previsible una gran demanda social para la producción de copias de manuscritos.
– Y tercera, porque a largo plazo, el mercado de libros impresos era dudosamente rentable, dadas las altas tasas de analfabetismo existentes.
Gutenberg terminó por vender aquellos “malditos talleres”.
Lo nuevo y lo permanente
La lección, decía Giner, es clara: “Cinco siglos después, las cosas apenas han cambiado: el advenimiento de los primeros computadores despertó parecidas reacciones. Hubo entonces quien, tras un estudio concienzudo de aquellos gigantescos cerebros electrónicos, pronosticó que la humanidad estaría suficientemente abastecida con tan sólo cuatro ejemplares de tales equipos. ¿Quién podía entonces imaginar una flota mundial de decenas de millones de computadores a la vista de aquel primer artefacto construido en 1946, que medía 27 metros de largo , pesaba 30 toneladas, necesitaba 18 mil tubos y consumía 150 kilovatios para efectuar 500 multiplicaciones por segundo, hazaña que suponía reemplazar el trabajo simultáneo de 200 personas?”.
El desafío planteado por la revolución tecnológica sigue en pie. Encararlo es, por cierto, una tarea que compete a toda la sociedad, a todas las profesiones y oficios. Pero resulta particularmente compleja y trascendente para el periodismo y las comunicaciones ya que, según un grupo de expertos convocado por The Economist, junto con el tercer milenio se inició una nueva era Gutenberg: “En 2001, cinco y medio siglos después de la primera Biblia de Gutenberg, se inventaron nuevamente los ‘tipos móviles’”. Se refiere la revista británica, al matrimonio formado por Ben y Mena Trott, que dio comienzo a la nueva revolución. Dollarshort, un diario de vida on-line, que recogía “tontas pequeñas anécdotas de niñez” de Mena, tuvo un éxito inesperado. Lo siguiente fue “un paso natural y lógico”: construir una herramienta que hiciera más fácil la confección del blog por cualquier persona. El matrimonio Trott denominó “Tipo Móvil” la nueva herramienta, la misma que permite actualmente que florezcan los blogs por millones.
Gutenberg hizo posible la difusión de textos —informativos o no— a públicos múltiples pero anónimos. Esa fue la característica de la primera revolución de las comunicaciones. La segunda, que está comenzando y que aún no define por completo sus características, agrega el elemento personal y participativo.
Esto no es novedad. En junio de 1974, en una reunión de expertos celebrada en Palo Alto, California, Wilbur Schramm sostuvo que “nos encontramos en la primera década de lo que los futuros historiadores podrán describir como la edad de la información”[1]. Hoy día, cualquier persona con un mínimo de habilidades tecnológicas, un computador y una conexión a internet puede llegar a un público más vasto que el que escuchó al mítico Luis Hernández Parker en toda su existencia o leyó a cualquiera de los grandes maestros del periodismo mundial de todos los tiempos.
Según el citado informe de The Economist[iii], en los primeros meses de 2006, “cada segundo, cada día, se crea un nuevo blog”, liberando a sus creadores de la necesidad de recurrir al pesado (y costoso) equipamiento que se requirió hasta ahora para difundir ideas, informaciones y comentarios, la finalidad tradicional de los medios.
Desde su perspectiva como formador de futuros profesionales de la información, el profesor Giner sostuvo hace años[iv], cuando todavía no entraba el blog en escena, que “las nuevas tecnologías tienden a democratizar el acceso a los mensajes informativos. Cuando estas tecnologías estén al alcance de cualquier empresa —y esa tendencia es irreversible— lo distintivo del trabajo periodístico ya no será la ventaja técnica sino la calidad del servicio profesional que se preste. Por eso el mayor capital de las empresas informativas de mañana serán sus hombres: editores y periodistas que con su competencia profesional dan el auténtico ‘valor añadido’ que hace atractivo a un servicio periodístico”.
La novedad de internet —que no exige una gran inversión— es que posibilita que cualquiera pueda tener su propia plataforma para pararse sobre ella y le hable al resto de la humanidad. “La red, señala el periodista chilenoEnrique Mujica, ha solucionado dos problemas esenciales: las barreras para entrar al negocio, es decir, la producción y el soporte (tener un sitio web, o sea un medio para comunicarse, es más barato que comprar un jeans); y la distribución (dicen que el 70% de los lectores del sitio web de The New York Times nunca han tenido un diario impreso en sus manos)”.
Solucionados estos dos problemas que parecían los más difíciles de sortear, estamos descubriendo que hay una nueva gran incógnita, hasta ahora no prevista: el desafío ético.
Por internet se puede mentir, robar, plagiar y falsificar documentos, textos, voces, fotografías y animaciones sin dejar huellas. No hay ley que garantice la autenticidad de lo que encuentran los internautas en su navegación por los espacios virtuales. Solo queda reiterar que la mejor salvaguardia de la buena fe de los usuarios es una firme conciencia ética. Ello, para muchos lectores habituales de periódicos o auditores de radio y tele-espectadores, puede parecer insuficiente.
(…)
La lección, hasta ahora, es que, más que nunca, se requiere de profesionales capacitados para entender los grandes fenómenos humanos, sociales y políticos de nuestro tiempo. Porque la sociedad necesita de información y los profesionales que pueden proporcionarla de manera organizada, comprensible, útil, somos precisamente los periodistas. Esta es la primera enseñanza. La segunda es que, gracias a los nuevos desarrollos tecnológicos, la tarea del usuario debe ser cada vez más fácil y no más complicada, aunque ello requiera más trabajo por parte del periodista. «Pienso que las personas sólo quieren contenido vital y de la forma más apropiada. Y también cuándo ellos quieran y dónde quieran»[v], dijo Jeordan Legon, editor de Yahoo! News en una reciente visita a Chile. La tercera lección es que, en este mundo intercomunicado, tan lleno de información pero igualmente saturado de chatarra noticiosa, colocada con buena o mala intención, hay alguien que debe ser capaz de seleccionar, cuyo oficio es precisamente ése. Y para ello estamos los periodistas. Y esta información debe ser confiable, firmemente asentada en valores éticos, con respeto a la verdad, y la dignidad de las personas. Con preocupación por los derechos humanos y el desarrollo democrático. Esa misión del periodismo, irreemplazable, irrenunciable, no se cumple exclusivamente con buena voluntad. Ni siquiera con una firme vocación de servicio. Requiere de una formación consistente y sólida. Ese es el desafío para las Escuelas y para quienes enseñamos en ellas.
[1] Diario El Mercurio. Chile. 3 de julio de 1974.
[i] ORIONE, Julio. Introducción al Periodismo. Ediciones La Flor. Buenos Aires. 2006.
[ii] SANTIBÁÑEZ, Abraham. Introducción al Periodismo. Editorial Los Andes. Santiago. 1994
[iii] Revista The Economist. Edición del 22 al 28 de abril de 2006: “A special report on new media”.
[iv] Diario La Nación. Argentina. 27 de agosto de 1986
[v] “Editor de Yahoo! News da luces sobre los futuros medios on-line”. Emol.Com. 18 de octubre de 2006
