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La colección como contención de una historia otra

Hasta el 29 de marzo se puede ver en el MAC de Quinta Normal Catálogo moderno, de la artista chilena Marta Hernández, una exposición que —a medio camino entre el catálogo museal y el gabinete de curiosidades— reúne cerca de quinientos objetos recolectados al azar que, en su acumulación, componen un archivo improbable de la historia de la modernización en el continente americano. El uso de categorías en la muestra es “un recurso tanto estético como conceptual para dar a pensar el hecho de que América Latina emerge en la modernidad bajo el patrón de la conquista, es decir, como objeto de conocimiento, pero también de dominio y extractivismo”, escribe el filósofo Sergio Rojas en el catálogo de la exposición, que será presentado el sábado 14 de marzo en el mismo museo.

Por Sergio Rojas

“Del cacao se obtiene la pasta y la manteca,
que mezcladas con azúcar dan origen al chocolate.
Fue descubierto por los españoles en América”
Catálogo de supermercado (Chile, 2018)

El proyecto Catálogo Moderno, de la artista Marta Hernández (Santiago, 1981), se desarrolla a partir de una hipótesis de trabajo: América Latina nace abruptamente a la modernidad, en ausencia del proceso de progresiva secularización y desarrollo del humanismo con el que la modernidad aconteció en Europa. Ahora bien, la violencia de ese “corte” no es solo un acontecimiento que se aleja como un pasado distante cada vez más lejano en el tiempo, sino que se encuentra contenido en el presente, poniendo en cuestión una heredada concepción lineal de la historia.

Una lectura del presente de América Latina exige reflexionar críticamente la compleja y paradójica “superposición” de sus procesos históricos, una temporalidad de estratos cuyo efecto de acumulación se confronta con las ideas de progreso y desarrollo impuestas por el patrón hegemónico de la modernidad occidental. Por cierto, América Latina no se identifica simplemente con “lo occidental”, pero en modo alguno cabe pensarla hoy como una realidad ajena a Occidente, como si permaneciera en ella la “reserva” de un coeficiente de pre-modernidad (una supuesta cultura resistente que desde una modernidad secularizada se valora anacrónicamente como su otro: “ancestral”, “milenaria”, “mágica”). ¿Qué es la historia de América Latina? Ya desde la Conquista por Europa, Latinoamérica fue un territorio disponible para ensayar proyectos sociales, políticos, económicos, trazando desde entonces una historia moderna que en cada uno de sus estadios lleva la expropiación de su inicio inscrito en cada presente.

En Catálogo moderno, series de objetos son dispuestos conforme a diez categorías que en cada caso fichan su procedencia o naturaleza. Este orden categorial es un recurso tanto estético como conceptual para dar a pensar el hecho de que América Latina emerge en la modernidad bajo el patrón de la conquista, es decir, como objeto de conocimiento, pero también de dominio y extractivismo. La instalación reflexiona una realidad que se define remitida al sujeto que la reconoce y ordena. América Latina hace una historia a partir de esa violencia originaria del sujeto que la reinscribe intermitentemente en la “naturaleza” desde la cual no deja de emerger, no siendo nunca suficientemente “moderna”.

En octubre de 2017, la artista expuso en el Museo Qorikancha (Cusco, Perú) la instalación “Archivo Sudamérica”.Libros de historia, política, economía y literatura, antiguos y actuales cuyo asunto es en cada caso Sudamérica, son intervenidos con imágenes de archivo mediante la técnica de transferencia por contacto (piroxilina). En estas imágenes provenientes desde Europa, expuestas ahora en vitrinas horizontales, reconocemos a miembros de pueblos originarios y paisajes de Sudamérica. La instalación ponía en obra la voluntad de mímesis europeizante de las capitales sudamericanas, planteando así la pregunta por aquella identidad que se desarrolla en un proceso de colonización que desde su inicio inscribe al territorio y a sus habitantes originarios en una condición por civilizar.

Crédito: Ferrán Vergara

Se trata en América Latina de una historia no-moderna que en ello da a leer la voluntad de poder de la modernidad. Intentando dar cuenta de este paradójico devenir, se han ensayado distintos nombres: mestizaje, hibridez, sincretismo, neobarroco, entre otros. América Latina “no cabe” en el patrón moderno, excede, desborda los códigos del sujeto occidental. Las categorías que en Catálogo moderno hacen de Latinoamérica una fuente de colecciones, intentan precisamente administrar ese exceso, esa historia otra; la obra reflexiona esta compleja relación de Latinoamérica con la modernidad, atendiendo especialmente a los procesos de representación, donde América Latina ha sido definida y reproducida.

Las relaciones imperiales de conquista y extraccionismo constituyen efectivamente importantes capítulos en la historia de cómo el mundo, por sobre su inimaginable diversidad, llegó a ser comprensible como uno. La mundialización y su coeficiente de universalidad fundado en ideas tales como Humanidad, Historia y Progreso, adelanta la globalización como promesa de modernidad y legitimación narrativa de la violencia de la conquista. La historia moderna del mundo habría comenzado entonces con el desarrollo de lo que hoy equívocamente denominamos “globalización”, como expresión de una voluntad de poder. El sentido que tiene para nosotros la idea de mundo no se reduce, por cierto, a la materialidad esférica del planeta, sino que consiste en un orden u horizonte de sentido, cuyo origen se remonta al siglo XV con los viajes de exploración y las relaciones comerciales que fueron generando un proceso que iba en la dirección irreversible de una progresiva globalización.

El historiador y filósofo mexicano Edmundo O’Gorman se preguntaba, hace más de medio siglo atrás: ¿qué significa la extraña convicción de que América habría sido descubierta? Implica ante todo que se la hizo emerger en un mundo que ya existía. La idea de “descubrimiento” atribuida a la empresa de conquista de América, refiere no solo la matriz moderna sujeto-objeto operando a la base de la violencia que viene desde el imperio de ultramar, sino también el hecho de que el territorio americano emerge en el plano cartográfico general de rutas y relaciones comerciales que traman la superficie del planeta en el territorio de lo internacional. La colonización es precisamente el ingreso de Latinoamérica en el mundo como una totalidad articulada por el principio de lo universal, un territorio global trazado por la dinámica de los mercados; es el mercado lo que globaliza esta realidad en expansión, lo que hace del mundo una totalidad que reúne diferentes realidades: localidades geopolíticas, comunidades, lenguas, creencias, etc., sobre una superficie esférica sin afuera. El mundo ya era UNO antes de proceder a “descubrir” las partes faltantes en los mapas. Europa es sujeto no porque “descubra” a América, sino porque cruza el océano que conduce hacia ella. Es justamente este viaje lo que define al conquistador.

Catálogo moderno, de Marta Hernández, reflexiona la condición moderna de América Latina, su ingreso en el mundo por obra del sujeto que objetiva al “Nuevo Mundo” no solo como objeto de conocimiento, de asombro, de ambición, sino también de curiosidad. Una idea que orienta el proyecto es precisamente el denominado “gabinete de curiosidades”. Por una parte, objetos representados y catalogados en fichas, clasificados en diez categorías de acuerdo a su procedencia. El imponente cuerpo del archivo, “materialista”, paradójicamente silencioso y austero a la vez, se confronta secretamente con la historia a cuya construcción debe servir. Por otra parte, alrededor de 500 objetos recolectados por la artista, elementos de naturaleza heterogénea, se encuentran dispuestos sin orden sobre estanterías metálicas en la sala del museo.

La curiosidad consiste en un tipo de interés peculiar, donde la dimensión estética es esencial, pues lo determinante aquí no es un cálculo utilitario, sino los objetos mismos. Se trata ante todo de una atracción por lo extraño, lo diferente, lo insólito, pero además concentrado en cosas particulares, las que se coleccionan, atesoran y contemplan en un espacio en el que se las exhibe por lo general separadas de su contexto de origen y sentido. Cabezas jibarizadas, una piraña disecada, un arma guerrera, amuletos con propiedades mágicas, etc., eran habitualmente las piezas de “colección” en un gabinete de curiosidades, desde el Renacimiento en adelante, las que daban cuenta tanto de la artificiosa “experiencia de mundo” de su propietario como también de un aristocrático “modo de ser” que se escenifica en la privada contemplación de fragmentos de mundos, donde los objetos son como significantes exóticos que hablan de horizontes de sentido ya extintos.

Catálogo moderno reflexiona aquella forma de expropiación cultural mediante el recurso a la ironía. Los objetos heteróclitos expuestos en las estanterías es la puesta en escena de una cultura estallada, como diseminándose en un proceso entrópico de expansión sin solución de continuidad. La historia allí contenida (conservada, reprimida, olvidada) es la de aquella colonialidad que hizo al mundo UNO. No es la “cultura europea” lo que se impone sobre los cientos de mundos diezmados que existieron antes del “descubrimiento”, sino el mercado mundial. De aquí el epígrafe que abre este texto. En el inicio de la colonización no hubo un descubrimiento “mutuo”, porque quien descubre al otro es el que ha viajado, el que ha cruzado el océano. Es el viaje lo que hace al sujeto; es el viajero el que a su regreso carga como trofeos esos objetos que no son solo fragmentos, sino también restos, porque dan cuenta de un proceso de descomposición que es irreversible.

Crédito: Ferrán Vergara

Tratar de ficcionar la imposible categorialidad de los objetos que exhibe Catálogo moderno trae a la memoria aquella fantástica enciclopedia china de la que habla Borges, con su efecto inquietante y risible a la vez, donde se clasifican los animales conforme a un orden categorial abierto: “pertenecientes al emperador”, “que se agitan como locos”, “que desde lejos parecen moscas”, “que acaban de romper el jarrón”, “dibujados con un finísimo pincel de camello”, etc. Así, en la instalación de la artista asistimos a un insólito atesoramiento de objetos que parecen demandar, en último término, categorías que han de ser válidas para un solo objeto en cada caso. Caminamos entre las estanterías y vemos un pequeño dinosaurio sin cabeza, una tostadora de pan, una espátula, una sirenita, una lámpara de escritorio, un superhéroe, una cabeza humana de yeso, etc. Son como fragmentos de mundos privados, piezas cotidianas de memorias personales, cosas que han extraviado sus relatos.

Catálogo moderno pone en obra una perspectiva crítica sobre la actualidad de la noción de “cultura”, una mirada irónica a partir del desenlace de una prepotente idea hegemónica de civilización; pero da cuenta también —y esto no pasa desapercibido cuando observamos las imágenes de los objetos en las fichas del archivo— de un delicado tratamiento, no exento de piedad, de los frágiles recursos con los que se construye el sentido, elaborando relatos que permanecen inadvertidamente adheridos a los anónimos objetos que traman nuestra cotidianeidad.