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La Ribot. El cuerpo que insiste

En su tercera visita a Chile, la reconocida coreógrafa española María Ribot —conocida como La Ribot—, Premio Nacional de Danza de su país y León de Oro de la Bienal de Venecia, llega con Materia en fuga, una exposición que reúne en el GAM un archivo vivo de más de tres décadas de creaciones, donde examina la fragilidad del cuerpo y la risa como arma política. En esta entrevista, la artista cuenta que en 2027 interpretará durante 9 horas Piezas distinguidas, su proyecto más ambicioso, en el Museo Reina Sofía. Una reafirmación por lo analógico y sensible en tiempos dominados por la virtualidad y la distopía.

Por Denisse Espinoza Aravena | Fotos principal: La Ribot. «Juana Ficcion». Crédito Kenza Wadimoff

De pronto entran a la sala vacía tres mujeres vestidas con uniformes de limpieza. Avanzan entre cientos de cartones apilados boca abajo sobre el suelo y los levantan uno por uno, mostrando sus palabras escritas que golpean como titulares de un mundo en ruinas: “muere aquí”, “anónimo en Guantánamo”, “agujero brutal”, “fiesta en Gaza”, “muerte secreta”, “inmigrante en venta”. Cada letrero se convierte en un fragmento de denuncia que las mujeres pegan en las paredes mientras sus risas —primero fuertes, luego tensas, finalmente casi desesperadas— llenan el espacio hasta volverlo irrespirable. Este es el comienzo de Laughing Hole, la obra que la coreógrafa española María Ribot —más conocida como La Ribot— estrenó en 2006 en Art Basel, Suiza, y que duró seis horas. Un ritual de resistencia incómoda pero fascinante que ha recorrido el mundo y que por primera vez presentará en Chile, este sábado a las 16 horas en el GAM, dentro de su exposición Materia en fuga. “Es una obra que pensé que iba a durar poco —confiesa—, pero por desgracia, el mundo siempre encuentra nuevas razones para que siga siendo pertinente”, afirma.

Nacida en Madrid en 1962 y figura clave de la danza contemporánea europea, La Ribot ha construido una trayectoria pionera, marcada por la experimentación y el cruce de disciplinas: danza, artes visuales, performance e instalación. La exposición Materia en fuga reúne registros en video de algunas obras destacadas de su carrera creadas desde 1991, entre ellas, Socorro! Gloria! (1991), uno de sus primeros trabajos en solitario (donde ejecuta un sutil y humorístico striptease), Another pa amb tomaquet (2001), parte de sus primeros experimentos con el cine (pieza en la que sostiene la cámara con una mano y con la otra se frota trozos de ajo y tomate en su cuerpo), y EEEXEEECUUUUTIOOOOONS!!! (2012), uno de sus trabajos colectivos, donde 19 bailarines interpretan por 45 minutos una coreografía repetitiva y enérgica —algo masoquista—, mientras ríen a carcajadas. Se suman otros materiales, entre fotografías, dibujos y bocetos que dialogan entre sí como un archivo vivo. “Nuestra relación con la materia es paradójica, como si no fuésemos también piedra, vegetal, deterioro. Pero son los cuerpos vivos quienes mejor testimonian lo efímero de la materia”, escribe el curador y académico español José Antonio Sánchez. A La Ribot le gusta esa frase. Le gusta porque su obra ha sido siempre un ejercicio de insistencia del cuerpo: “A mí me sigue interesando lo analógico: lo que no se puede rentabilizar ni convertir en dato”, afirma. “En un mundo cada vez más digital, mi trabajo insiste en lo vivo”. 

 Laughing Hole (2006). Crédito: Pablo Lorente.

Durante estos días, el curador y catedrático de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, España, impartió el seminario “Por una erótica de la práctica artística”, organizado por la Universidad de Chile, a través de la Facultad de Artes, su Dirección de Creación Artística e Investigación (CAI) y la Escuela de Posgrado, junto al Foro de las Artes de la Dirección de Creación Artística (DiCREA) de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID), y que se cruza con la exposición de La Ribot, desarrollada también en colaboración con GAM y la Fundación Suiza para la Cultura.

La muestra recorre esa relación con la materia que se transforma, se desgasta, se fuga. Desde los primeros solos conceptuales hasta sus obras más recientes, el cuerpo aparece como un lugar de memoria, política y deseo. En ese marco, su decisión de presentar en Chile Laughing Hole adquiere un peso particular. La pieza, creada en 2006 como crítica a la prisión ilegal de Guantánamo y a la manipulación mediática de la guerra y del terror, mantiene su vigencia de un modo inquietante. La risa que propone la obra —un mecanismo incesante, físico, casi monstruoso— funciona como espejo y como interrogación. “La risa es brutal. Es ambigua, diabólica, incómoda. Es resistencia pura”, dice la artista.

Otra de las piezas centrales de la retrospectiva es Mariachi 17 (2009), una película-coreografía en que La Ribot vuelve a unir danza y cine a través de un intenso plano secuencia realizado con cámara en mano, una estrategia que ya había explorado en Despliegue (2001) y que aquí se convierte en un vértigo continuo de veinticinco minutos. 

La cámara es operada por los propios cuerpos de las bailarinas, acompañada por la música del compositor alemán Atom TM, residente en Chile desde hace décadas. “La cámara en mano humaniza el dispositivo cinematográfico”, dice la artista. “Es el cuerpo mirando. La cámara como un órgano”. El vértigo del filme revela otra manera de registrar la danza: no como documento, sino como respiración.

La visita de La Ribot a Chile coincide además con un momento de tránsito y cierre de uno de sus proyectos más significativos: las Piezas distinguidas, iniciadas en 1993 y concebidas como fragmentos coreográficos acumulativos. Su idea era llegar a 100, pero más de treinta años después del inicio, la artista ha decidido detenerse en la número 60: en 2024 presentó con el Ballet Basel la pieza LIVEstinguished, una especie de homenaje a la danza como arte vivo, que los bailarines representan en su constante extinción y surgimiento. En 2027, la artista presentará las 60 Piezas distinguidas juntas en una gran exposición performática en el Museo Reina Sofía, que durará nueve horas. “Cerrar el proyecto es cerrar una relación con el mundo”, afirma.

A fines de los 80, La Ribot —quien todavía era solo María Ribot— era parte de la compañía Bocanada Danza, fundada junto a la bailarina y coreógrafa Blanca Calvo y el guionista y cineasta Félix Cábez, donde experimentaron, junto a otros bailarines, coreografías corales que dialogaban con el teatro, las artes plásticas, la música y el diseño y que refrescaron la escena española de la época.

Ya en 1990 el grupo se disuelve y la bailarina comienza su andar en solitario. En 1991 estrena su striptease Socorro! Gloria!, bajo el nombre de La Ribot, y ya en 1993 presenta las primeras 13 Piezas distinguidas en la Universidad de Salamanca, con las que establece los parámetros de lo que sería su proyecto mayor: las acciones eran hechas solo por ella, habría desnudo, todas debían durar entre 30 segundos y 7 minutos, y en ellas debía emplear objetos de uso cotidiano como sábanas, cartones, huinchas de medir, etc.

Still de Mariachi 17. Crédito: La Ribot

Esta primera serie fue clave para que La Ribot posicionara la danza en el campo del arte contemporáneo, al mismo tiempo que la consolidaba a ella en la escena internacional. En 1997, la coreógrafa se trasladó a vivir a Londres donde ya había exhibido sus obras en el Institute of Contemporary Arts (ICA). Allí continuó trabajando en diferentes proyectos entre Madrid, Londres y París, donde destacó la tercera serie de Piezas distinguidas, Still Distinguished (2000), que fue coproducida y presentada en el Théâtre de la Ville de París.

Ya en 2003 uno de los hitos más importantes fue Panoramix, que reunió por primera vez en la Tate Modern de Londres las 34 Piezas distinguidas realizadas hasta ese momento y que posteriormente se presentaron en el Centro Pompidou de París, el Museo Reina Sofía de Madrid, en Le Quartz de Brest y en el Centro de Arte Contemporáneo de Ginebra.

La última vez que estuvo en Chile fue en 2017, cuando presentó en Nave su serie Another distinguée, que reúne las Piezas distinguidas de la 46 a la 54, donde reflexiona sobre la memoria y cómo se van construyendo los relatos de manera caprichosa: repitiendo, desplazando, inventando, añadiendo, reprimiendo cuerpos y recuerdos.

Luego de más de 30 años en este proyecto, ¿cuál dirías que ha sido el hilo conductor de las Piezas distinguidas?

—Creo que se pueden dividir. Los primeros diez años de los solos fueron los más conceptuales de las Piezas distinguidas. Luego vino el trabajo con el grupo, con personas no profesionales, y estas hablaban sobre lo colectivo: el trabajo, el placer, la sociedad. Creo que fue la época más política. Hay por ejemplo una de una máquina de coser [Pieza distinguida número 41, Huan Lan Hong] que nunca para y donde tenemos que ir turnándonos para que esa máquina siga funcionando. Y luego vienen las series que defino como las más melancólicas, que comienzan con Another Distinguée y que hablan del placer, el sacrificio, el dolor, la tristeza, lo que vas perdiendo del otro.

Algo interesante de la primera serie de Piezas distinguidas es que tuvieron una salida comercial, porque fueron compradas como objetos de arte efímero. ¿Cómo lograste eso?

—Sí, los bauticé como “Propietarios distinguidos” y básicamente eran ángeles. Ángeles que me apoyaban a seguir produciendo, porque ellos ayudaban a que la pieza se construyera económicamente, y así podía yo tener la posibilidad de hacer la siguiente. Aseguraban una continuidad del proyecto. Llegué a tener 27 “Propietarios distinguidos”, pero esto solo ocurrió durante los 90, porque un día me di cuenta de que en el fondo no me interesaba para nada mercantilizar lo efímero, no me interesaba para nada la lectura capitalista que podía tener todo eso y dejé de hacerlo. Seguía haciendo mis Piezas distinguidas, pero ya no las vendí más. Ahora, ellos siguen siendo “Propietarios distinguidos”, y les informo e invito cada vez que las obras vuelven a la vida. Ellos saben si la pieza está en Australia, Hong Kong o Bogotá.

Las artes vivas, que es el término que se usa para hablar sobre las artes escénicas, describen muy bien el trabajo que siempre has hecho en torno a estas piezas que siguen moviéndose y mutando.

—Sí, de hecho, la decisión de finalizar las Piezas distinguidas es muy importante justamente porque finalizo la idea de mantenerlas siempre vivas. Decido que ya no se harán más. Este proyecto ha atravesado prácticamente toda mi trayectoria, o buena parte de ella, y necesito cerrar este ciclo para poder empezar otra cosa. Es gracioso, porque después de Panoramix, que reúne 10 años de Piezas distinguidas, pensé que ya había acabado con el proyecto y a los 8 años volví con PARAdistinguidas 2011, y ¡éramos 25 en escena!  El otro día un amigo me decía “no lo vas a acabar, vas a continuar”. Puede que sí, pero siento que tendrá que haber un hueco largo de años para volver a renovarlo, aunque francamente no lo creo. 

Y frente a este cierre de ciclo, ¿has pensado en tu nuevo proyecto?

—Tengo muchos proyectos, pero hay uno que me gustaría muchísimo que ocurriera, que es hacer una película. Tiene que ver con una de las Piezas distinguidas que habla del arte contemporáneo, del mercado del arte, del sacrificio, de la dureza de la vida de los artistas. Vuelvo otra vez a hablar de las mismas cosas. Estoy escribiéndola, pero todavía no sé si la realizo yo o la realiza alguien más, así que estoy hablando con productores, con guionistas. Ya sé quiénes deberían actuar, pero estoy dándole vueltas.

¿Qué importancia y qué papel juega el público en tu trabajo?

—En el arte contemporáneo y en el trabajo que yo hago el público no está solo como espectador, como el que contempla, sino que está para ser interpelado. Al público se le cuestionan cosas y muchas veces está dentro de la obra de manera “horizontal”. Para mí el público siempre es importante, a veces está más presente en la luz, otras más en la oscuridad.

En una entrevista luego de recibir el León de Oro en la Bienal de Arte de Venecia dijiste que te sorprendió el reconocimiento, porque no considerabas que tu obra fuese tan conocida, sino más bien de nicho.

—Nunca ha sido masiva ni comercial, pero si ha tenido sus picos más altos. He presentado en teatros más grandes y ha habido otros momentos mucho más experimentales. Fue una de las razones por las que decidí irme de Madrid a Londres, porque si me hubiese quedado habría tenido que aceptar quedarme también en lo más underground y no quería. En España había muy pocos medios, todo era muy precario, en cambio, en Inglaterra había muchas más salidas, más interés, más normalización de lo que hacía, y en ese sentido también era más desafiante. Hace poco hablaba con un amigo que me decía que en España sigue todo muy difícil, que existen todavía esos dos polos, lo muy comercial y lo muy underground, y que lo del medio sigue sin poder sostenerse. Las instituciones deberían hacerlo. Creo que hace falta que las instituciones entiendan que deben hacer un apoyo más de fondo para que los artistas sean capaces de proyectarse hacia el futuro de forma más continua.

Sin embargo, ahora mismo el mundo está pasando por un periodo complejo, donde hay un ascenso de las derechas y del pensamiento conservador, que suelen afectar al mundo de la cultura y del arte, en el que las minorías encuentran una voz.

—Todo eso lo vivo con estupor. Me preocupa lo que pase con el colectivo, la deriva autoritaria, la manipulación de la información. Siento tristeza, miedo incluso. Todos estos personajes como Trump, Netanyahu, Milei, Bukele son muy oscuros, son dictadores, y lo monstruoso es que han sido elegidos. Vivimos en una distopía continua que siento empezó con la pandemia. Creo que por eso me sigue interesando el cuerpo, lo vivo, lo que no se puede capitalizar ni rentabilizar. Me sigue interesando lo que se toca. Mi trabajo insiste ahí, en ese espacio donde todavía podemos encontrarnos.