La casa de las arañas, la nueva novela de Nicolás Poblete, es un thriller psicológico que aborda el siniestro tráfico de niños durante la dictadura chilena. A través de las historias de sus protagonistas, una madre a quien le roban a su hija y una investigadora criminológica que busca sus orígenes, la novela explora el horror y el legado de despotismo que persiste en la memoria colectiva.
Por Óscar Barrientos Bradasic
Nicolás Poblete Pardo (1971) es una rara avis en las letras nacionales. Su participación camina un poco a contrapelo del canon hegemónico y siempre ha estado marcada por un sello provocador y disruptivo, como lo demuestra en entregas anteriores, entre ellas Dos cuerpos (2001) y Cardumen (2012).
La reciente aparición de su novela La casa de las arañas (Editorial Cuarto Propio, 2025) abre una nueva ventana en su labor creativa y escritural. Estamos ante un libro que despliega espejos deformes, aproximaciones donde la realidad tiende a naufragar de manera especial, una construcción narrativa donde el tiempo es un personaje más. Las locaciones del libro van desde San José de Maipo, Santiago o el Departamento de Criminología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, todo entre 1974 y 1994. Quizás la novela de Poblete confirma que entre los setenta y los noventa hay un trecho signado por un legado afín al pavor y el despotismo.
El vórtice sobre el cual articula su trama narrativa es la siniestra red de tráfico de infantes, robados a madres solteras pobres en el periodo de la dictadura pinochetista. Aquel sórdido episodio de nuestra historia reciente es abordado con la lucidez de una escritura impecable, una prosa de estilo sobrio donde los personajes eslabonan los vestigios del horror autoritario con los retazos que van arrojando sus respectivas biografías. De esta manera, nos encontramos con Severina, la madre a quien se le arrebata una parte cardinal de su identidad y maternidad, o en su antípoda, Felisa, la investigadora criminológica que va escarbando en la selva interminable de sus orígenes. En el decurso narrativo, lo lésbico le otorga al relato un factor poderosamente reflexivo, muy revelador, un cuadro donde los sentidos comienzan a cobrar protagonismo.

Nicolás Poblete
Editorial Cuarto Propio, 2025
280 páginas
La casa de las arañas se podría considerar un thriller, muy ceñido y trabajado en las convenciones propias de este género. La estructura de esta novela está construida con gran precisión, con elementos de introspección psicológica e, incluso, cinematográficos.
De pronto, la historia se vuelve pesadillesca y deudora de estéticas cercanas a cineastas como David Lynch o David Cronenberg: los gatos salvajes que rugen entre las sombras comunicando la raíz de lo bestial, las arañas que circulan en los rincones como guardianes de lo ominoso, los charcos como respuestas que la memoria arroja desde una suciedad casi ancestral.
“Una historia de terror llena de realidad”, como dice Nona Fernández en la contratapa. Quizás hay que agregar que la novela recrea el ambiente espectral de épocas pretéritas, proyectando en los personajes un singular teatro de sombras, una antropología de la penumbra.
El peso específico del libro es también un gesto de generosidad con el lector. La casa de las arañas es una obra literaria incómoda en el mejor sentido de la palabra, un invitado curioso en el árbol de lenguaje que cimenta nuestra literatura. Un artificio que se atreve a abordar los intersticios de la historia de Chile, donde la infamia sigue marcando un derrotero, en este caso con el tráfico de guaguas. Nicolás Poblete ha creado un libro interesante, alborotador, en que la oscuridad de los espacios descritos se parece a las escarcelas de nuestro pasado histórico.
