Figura clave del arte experimental de los años 70 en Nueva York, el artista —hijo de Roberto Matta— revolucionó la arquitectura al intervenir y cortar edificios para repensar el espacio y la vida en comunidad. Su obra, radical y política, ha seguido despertando nuevas lecturas: en los últimos años, a través de libros y, más recientemente, con la ópera Splitting/Absence, que se presenta este fin de semana en GAM. La curadora Jessamyn Fiore, guardiana de su archivo e invitada al estreno, comenta aquí el alcance de su legado.
Por Denisse Espinoza | Imagen principal: Courtesy of The Estate of Gordon Matta-Clark
Comenzaban los años 70 y Gordon Matta-Clark estaba decidido a expandir su trabajo. Se había graduado de arquitecto dos años antes en la prestigiosa Universidad de Cornell, y ya empezaba a sentar las bases de su propio movimiento artístico: la “anarquitectura”, un término que combina “anarquía” y “arquitectura” para describir las obras site specific que desarrolló al sur del barrio Bronx, cortando y agujereando muros, abriendo techos y suelos para deconstruir la arquitectura y abrir la reflexión hacia nuevos horizontes.
En 1971 viajó a Chile con la ilusión de encontrarse con su padre, el pintor surrealista Roberto Matta, quien vino a apoyar al gobierno de Salvador Allende y a inaugurar su propia sala subterránea en el Museo Nacional de Bellas Artes. Gordon llegó tarde y no alcanzaron a verse. Sin embargo, Nemesio Antúnez, el director del MNBA, le ofreció hacer allí una obra. Se tituló Claraboya y consistió en un corte vertical desde la cúpula del museo hasta el zócalo, y que, a través de la instalación de una serie de espejos, permitía el ingreso de la luz natural al interior del edificio, proyectando también las imágenes del cielo sobre las escaleras del subterráneo. Es la única obra de Matta-Clark hecha en un edificio que aún se mantiene en pie —el resto de sus intervenciones fueron en inmuebles en demolición—, y aunque con el tiempo el museo se reformó y tapó el corte, la obra fue brevemente rescatada a través de una recreación y un documental presentados en 2021, durante la 15° Bienal de Artes Mediales.
Hoy, el episodio chileno del artista vuelve a aparecer gracias a la ópera Splitting/Absence, del compositor local Sokio, que se estrenará este viernes en el Centro GAM con funciones hasta el domingo. Se trata de un proyecto de largo aliento que busca contar la vida de Matta-Clark a través de su trabajo en distintas ciudades del mundo. La primera parte, que transcurre en Nueva York, se estrenó en 2025 en el Clement Center del Lower East Side. Ahora es el turno de la sección Santiago, que aborda esa obra inicial de 1971 y la relación con su padre pintor. La ópera reconstruye a través de la performance, la instalación y la música de trece cantantes e intérpretes la vida y obra de Matta-Clark.

“Cuando empecé a investigar esa escena de los años 70 en Nueva York, me di cuenta de que no solo se cruzaron músicos, artistas, arquitectos y bailarines, sino que efectivamente estaban trabajando juntos, colaborando todo el tiempo, y que Matta-Clark no era un personaje marginal, sino que muchas veces era el epicentro de esa escena. Eso me cautivó”, explica Sokio sobre su interés en la obra del artista.
Ese año —1971— sería decisivo. Matta-Clark no solo viajó a Chile, también lideró un boicot a la Bienal de São Paulo —enviando una carta abierta para que los artistas retiraran sus obras en protesta por la dictadura militar brasileña y buscando convertir el evento en un foro político alternativo—; y al volver a Nueva York, impulsó el restaurante FOOD, involucrándose en una escena artística donde las fronteras entre disciplinas se diluían.
Fundado junto a Tina Giroouard y Carol Godden, su pareja de entonces, FOOD fue un restaurante dirigido y atendido por artistas en el barrio SoHo de Manhattan, que rápidamente se convirtió en un lugar donde experimentar y cocinar, y en un punto de encuentro para artistas como Philip Glass y su ensamble, bailarines del Grand Union y artistas como Donald Judd, Laurie Anderson, Robert Rauschenberg y John Cage. Por si fuera poco, Matta-Clark seguía en paralelo con sus acciones de “anarquitectura”, cortando y agujereando edificios. Más adelante, incluso desarrolló un proyecto que tituló Fake States, donde comenzó a comprar, a 25 dólares en subastas públicas, escrituras de microparcelas abandonadas o callejones sin uso donde era imposible construir, pero que Gordon adquirió fascinado por la idea de ser dueño de espacios insostenibles, cuestionando con ello la arbitrariedad con la que el sistema demarca la propiedad.
“Fueron años clave en los que comenzó a hacer muchos de sus proyectos, probando, conectando, intentando responder a lo que veía a su alrededor”, cuenta Jessamyn Fiore, directora del Estate of Gordon Matta Clark, invitada al estreno de la ópera de Sokio, ocasión que aprovechó también para dar una charla sobre el legado del artista en BiblioGam.
Fiore es además la hija de Jane Crawford, artista y viuda de Matta-Clark, quien falleció en agosto de 1978 por un cáncer de páncreas. “Mi madre y Gordon comenzaron su relación en el 76 y se casaron en el 78, después de que Gordon recibiera su diagnóstico. Eran muy jóvenes, él tenía 35 cuando murió, y mi madre tenía 30, recién cumplidos”, cuenta Fiore. “Fue un momento muy duro y dramático. Gordon incluso le dijo a mi madre que podía tirar todas sus cosas, pero ella no tiró nada. Sabía que era un gran artista, incluso en ese momento en que no era famoso”, dice la curadora. Un año después de la muerte de Gordon, Jane Crawford se emparejó con Bob Fiore, un director de fotografía documental que hizo películas para artistas como Robert Smithson y Richard Serra, y que fue amigo de Matta-Clark. Al poco tiempo nació Jessamyn.
“Nací exactamente dos años después de que Gordon muriera y crecí en el loft que él remodeló con mi madre”, cuenta. “Mi padre apoyó mucho a mi madre en todo lo relacionado a Gordon. Entendía completamente su amor por él y lo importante que era su obra, ninguno de ellos era muy cercano a sus familias biológicas, así que yo seguí muy unida al clan Matta, sobre todo a su madre, Anne Clark, y a su hermanastra Federica”, agrega.
En un comienzo, el interés de Jessamyn fue el teatro. Se mudó a Dublín y allí formó una compañía con la que producía sus propias obras, pero de a poco se fue “cansando de la rigidez del teatro”, dice, y se fue acercando a las artes visuales. En 2007, junto a una amiga, abrió un espacio expositivo para artistas llamado This is not a Shop, que le recordó a los proyectos independientes de Matta-Clark. “La curaduría de mi primera exposición fue justamente sobre esos espacios independientes, usando esta historia con la que crecí. También organicé una cena con los artistas como un guiño a FOOD. Por primera vez comencé a mirar a Gordon no como esta figura de padrastro con el que crecí, sino como mi par. Porque de repente estaba haciendo algo muy similar a lo que él hacía. Y me encantó”, cuenta Fiore, quien en los años siguientes cursó un máster en historia del arte contemporáneo, filosofía y curaduría.
En 2009 volvió a Nueva York a vivir cerca de sus padres y a trabajar junto a su madre como codirectora del legado de Matta-Clark, que desde 2012 se donó oficialmente al Canadian Centre for Architecture (CCA) en Montreal, donde ahora están resguardados todos sus archivos, documentos, cartas, fotos familiares y su biblioteca personal.
Como curadora, en 2017, Fiore trabajó junto a Sergio Bessa en el montaje de la exposición Gordon Matta-Clark: Anarchitect, que se realizó en el Bronx Museum y que luego se presentó en el Jeu de Paume en París, en el Kumu en Tallin, Estonia, y también en el Rose Museum, cerca de Boston. Este año, está preparando una gran retrospectiva de Matta-Clark para el MAXXI Museum de Roma, que abrirá en septiembre.
“La naturaleza del trabajo de Gordon —y quien era como artista— tenía que ver con hacer conexiones con personas y tratar de inspirar a otros. Ahora mismo estoy construyendo una plataforma web donde estamos apoyando la generación de nuevas obras que están en diálogo con Gordon Matta-Clark”.
En esa línea entra la ópera de Sokio, quien además comparte esa visión sobre el artista que no solo corta edificios, sino que conecta a personas. “Más allá de su obra individual, él estaba interesado en ver cómo nos resulta hacer cosas con otros. No creo que estuviera destruyendo nada, sino que estaba mostrando lo que hay más allá de la materia”, opina Sokio. En ese sentido, el gesto de cortar se vuelve algo revelador: abrir para ver, intervenir para comprender.
“El trabajo de Matta-Clark es sobre las posibilidades”, dice Sokio. “Y hoy necesitamos pensar en futuros posibles, no en distopías”.
El arte y las relaciones
Gordon Matta-Clark nació el 22 de junio de 1943 junto a su mellizo Sebastián (Batán), hijos de la artista estadounidense Anne Clark y del pintor Roberto Matta, quien abandonó a la familia a los pocos meses de que ellos nacieran. Luego, el chileno tendría otras parejas y más hijos: Pablo, hijo de su relación con la italiana Angela Calello; con la francesa Malitte Pope tuvo a Federica y Ramuntcho, y con su última esposa y albacea, Germana Matta, a Alisée.
Con sus primeros hijos, eso sí, la relación siempre fue más compleja. Ambos, además, murieron jóvenes: Batán, que tenía problemas psiquiátricos, se suicidó en 1976, y Gordon, que murió dos años después producto de un cáncer, nunca dejó de insistir en relacionarse con él. Matta, siempre ocupado, respondía cuando podía. “Gordon creció persiguiendo a un padre que construía objetos bellos y estimulaba la conversación con mucho ingenio, pero que no estaba tan interesado en los precarios ofrecimientos intelectuales de un chiquillo. Aprendió a corta edad que si su conversación no era lo suficientemente entretenida e inteligente, no podría mantener la audiencia: en ese caso su padre se levantaría y se iría”, escribió Jane Crawford en el prólogo del libro Art Card/Fichas de Arte (Sangría, 2013) que recoge el trabajo poético y los juegos de palabras de Matta-Clark

La relación con su padre es justamente una de las aristas del libro Gordon Matta-Clark. Contra viejas superficies, de Ariel Florencia Richards, que fue lanzado en 2024 por la editorial Metales Pesados y que se suma al renovado interés por la figura del artista-arquitecto. En el libro, Richards va hilando sus hallazgos al explorar el archivo de Matta-Clark en Montreal, construyendo un relato que mezcla crónica, ensayo, biografía y ficción, y reflexionando sobre las relaciones humanas que marcaron la práctica artística de Gordon, sobre todo el vínculo con su padre, madre y otras mujeres que marcaron su vida.
“Lo interesante es que el archivo no se remite solo a la obra, sino que es un archivo familiar que me permitió investigar las voces menos relevadas y la faceta más personal de Matta-Clark”, cuenta Ariel Florencia Richards. “Siempre se dice que la relación con Matta [padre] era muy competitiva, y a través del archivo me di cuenta de que había una dimensión afectiva muy importante, de admiración, de entendimiento, de apoyo incluso económico de Matta a su hijo para algunos proyectos”, dice Richards, quien escribió además el prólogo de la nueva edición de Atravesar la resistencia. Escritos, cartas y entrevistas de Gordon Matta-Clark, una recopilación de la historiadora del arte española Gloria Moure publicada originalmente en 2025, y que reeditará este año Ediciones UDP.


“El volumen de Gloria Moure es ineludible para quienes estudiamos a Gordon Matta-Clark. Ella ha sido fundamental en la difusión de su obra en español. Lo mismo pasa con la curadora del CCA, Gwendolyn Owens, quien también es clave como investigadora”, dice la ensayista. “Diría que siempre ha habido mujeres orbitando alrededor de él. Cuando estaba vivo, sus colaboradoras más importantes fueron sus novias de más largo tiempo, Carol Godden y Jane Crawford, pero no fueron las únicas”.
Incluso en el caso de la madre de Gordon, Richards hizo descubrimientos sobre su influencia. Así encontró una serie de fotografías tomadas por Anne Clark de ruinas en Francia tras las Segunda Guerra Mundial, que se conectan directamente con el interés de Gordon por la vida de los edificios y ciudades abandonadas. “Me interesa indagar y profundizar en ese tipo de filiación. Lo mismo con su exnovia Carol Godden, con quien fundó FOOD y que lo acompañó en toda su época formativa del 71 al 74. Con ella viajó a Sudamérica y es coautora de algunas de sus obras, porque Gordon siempre trabajaba en colaboración”, dice Richards.
A Jessamyn Fiore le entusiasman estas investigaciones, aunque no siempre se involucre en ellas. “No conozco aún el libro de Richards, pero tengo curiosidad por leerlo, aunque sé que está solo en español”, dice Fiore. “Siempre nos interesa apoyar las investigaciones”.
¿Te preocupan las posibles malas interpretaciones de la vida y obra de Matta-Clark?
—En general, mi actitud es que prefiero trabajar con un artista y apoyar un proyecto o al menos entrar en diálogo. No me interesa censurar, a menos que haya algo que sea claramente inexacto desde el punto de vista factual o que difame su carácter y se presente como no ficción. Eso sí sería un problema. Pero lo que más me preocupa es que si la gente lee el libro y se inspira para aprender más sobre Gordon, haya recursos disponibles para que puedan encontrar más información. El desafío más grande de su legado es precisamente resistir la tentación de convertirlo en mito. Cuando un artista muere joven, es fácil simplificarlo, pero él era complejo, estaba en proceso, lleno de preguntas, e hizo un montón de cosas.
Es común intentar descubrir la influencia de Roberto Matta en su hijo, pero poco se habla de su madre Anne Clark, que también fue artista y estuvo más cerca.
—Anne Clark era fascinante y yo crecí con ella como si fuera mi abuela. Ella también estuvo vinculada al surrealismo, trabajó en una película con la cineasta Maya Deren, trabajó con Marcel Duchamp, quien fue padrino de Gordon, y tuvo una relación con el escultor y diseñador Isamu Neguchi. Anne diseñaba, hacía arte, tenía una vida muy creativa y rica, fue ahí donde Gordon creció y eso influyó mucho en su obra. Gordon también fue muy cercano a Malitte Poppe [madre de Ramuntcho y Federica Matta]. Ella animaba [a Roberto] a que tuviera más relación con sus hijos. Además, ayudó a Gordon a organizar exhibiciones en París. Malitte tenía conexiones con la fundación del Pompidou y fue una pieza clave para que Gordon pudiera hacer en 1975, durante la Bienal de París, la pieza Conical Intersect, donde atravesó dos casas antiguas del siglo XVII que estaban siendo demolidas con el propósito de levantar el Centro Pompidou.
¿Cómo crees que deberíamos entender hoy la obra de Matta-Clark?
—Creo que lo más importante es no intentar reducirla a una sola idea o imagen, como suele pasar con los “cortes de edificios”. Su trabajo es mucho más amplio: tiene que ver con procesos, con preguntas, con formas de relacionarse con el espacio y con otras personas. Por ejemplo, entre 1971 y 1972, documentó la movida del graffiti en Nueva York, tomando más de dos mil fotografías y siendo el único en documentar esa escena temprana. Hace poco hicimos una exposición con ellas y llegaron los artistas de esa época sorprendidos de encontrarse con sus trabajos y de que alguien los hubiese registrado. Fue conmovedor. Él entendía el arte como algo que ocurre entre personas, no solo como un objeto final. Y eso es algo que hoy valoramos mucho más.
