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Nelly Richard. La mirada indócil

El libro Un devenir oblicuo. Itinerario intelectual, del sociólogo Tomás Peters, reconstruye con rigor y sensibilidad la trayectoria de Nelly Richard, una de las figuras más incisivas de la teoría cultural latinoamericana, quien alentó las voces críticas durante la postdictadura chilena. “Su legado excede los libros; es también político, no es neutro y, por eso, incomoda”, escribe la periodista y docente Cristeva Cabello, quien presentó el volumen el pasado 28 de noviembre de 2025.

Por Cristeva Cabello

Tal como Donna Haraway, Nelly Richard nos ha enseñado que la teoría es encarnada y situada, que puede tocar y movilizar a otros cuerpos. El libro Un devenir oblicuo, del sociólogo, profesor de la Universidad de Chile y Doctor en Estudios Culturales, Tomás Peters, hace un trabajo de justicia con una ensayista reconocida internacionalmente en los campos de las artes, las humanidades, las ciencias sociales, las comunicaciones y la filosofía política, entre otros. 

El libro de Tomás Peters viene a completar una gran ausencia en la teoría crítica local al organizar y trazar una historia sobre una de las intelectuales más relevantes para el pensamiento de la cultura y las izquierdas en Chile. Por sus páginas atravesamos las distintas etapas que componen la transgresora y poco convencional trayectoria intelectual de Nelly Richard. El libro reconstruye los sinuosos caminos de una crítica cultural que comenzó trabajando en museos y galerías de arte del centro de Santiago en la década de 1970, que posteriormente en los 80 lideró proyectos editoriales, escribió prólogos y postfacios, y que en los 90 desde la Universidad ARCIS y la revista de Crítica Cultural articuló escenas culturales e importantes coloquios que fueron fundamentales para el desarrollo de voces críticas durante la postdictadura. Su legado excede los libros; es también político, no es neutro y, por eso, incomoda.

Este libro expande la figura de Nelly Richard más allá de su fundamental rol como catalizadora de la teoría del arte, con su libro Márgenes e instituciones, y destaca su singular figura como teórica cultural. El sociólogo de la cultura va más allá de los museos y hace un notable reconocimiento al relevar las múltiples caras de una intelectual. Algunas mucho menos exploradas y conocidas, esparcidas en discusiones, y que permiten entender su pensamiento. Tomás Peters realizó una exhaustiva labor de búsqueda de escrituras richardianas. Al final del libro, en uno de los pocos momentos en que el autor aparece, reconoce que: “llevar a cabo este libro fue como ordenar una biblioteca ajena que se encontraba esparcida por diversas latitudes”. 

Un devenir oblicuo reconoce esa permanente inquietud por intervenir en distintos planos del saber, desplazándose desde las artes hasta las ciencias sociales, el cine y la literatura, experimentando con su escritura. Nelly Richard ha sido una de las voces más relevantes de los estudios críticos, los estudios culturales y la teoría feminista de América Latina. Como lo expone el libro, los ensayos de Richard condensan discusiones claves para entender los ejes del pensamiento crítico a nivel local, un tipo de pensamiento que, ya sea por experimental, feminista o postmoderno, ha sido objeto de rechazo de los espacios de saber más tradicionales. Un saber considerado peligroso. Su proyecto teórico ha sido un ejercicio de transdisciplinariedad que modifica “las formas satisfechas de saber metódico y objetivo tradicional”, apunta Peters. Y agrega: “En claro diferendo con la interdisciplinariedad —que implica una suma pacífica de saberes—, la transdisciplinariedad implicaba un riesgo claro de la antidisciplina”.

Nelly Richard junto al artista Gonzalo Díaz y el filósofo Patricio Marchant, años 80. Crédito: Luis Weinstein.

Nelly Richard integra impurezas extracadémicas que dislocan el disciplinamiento de los saberes, ejerciendo la transdisciplina —antes de que se convirtiera en un término de moda o en un indicador académico. Además, reivindicó un posmodernismo de la resistencia que se “caracterizaría por ser desafiante y combativo con las normas sociales”, escribe Peters. Un posmodernismo que, en palabras de Nelly Richard, “rompe con ese ideal de pureza desviando su atención hacia los cruces y las mezclas, las interferencias”, se lee en el libro. Las teorías postmodernas y feministas siguen siendo marginadas y miradas con recelo por autoridades, porque son un puente para el cuestionamiento de la identidad.

También, el libro recupera la discusión que la escritora mantuvo con las ciencias sociales y la capacidad teórica que tuvo de intervenir en un campo de pensamiento de lo social desde la teoría crítica, el ensayismo y los estudios culturales. En momentos clave, cuando los intelectuales de la transición defendían el consenso, Richard aparecía cuestionando una lógica que escondía el conflicto. Una crítica cultural que se hizo en el trabajo de los bordes de las universidades, los museos y los bares del Santiago de las últimas décadas del siglo XX e inicios del XXI.

La década de los noventa estuvo marcada por la experiencia de una promesa neoliberal, el consumo definiendo la vida cotidiana, la apertura de las fronteras, el orden del consenso basado en el orden familiar, la aparente despolitización, pero ¿qué había detrás de este país que se proyectaba tan transparente, exitoso e inalterado? Una serie de traumas, memorias acalladas e historias no narradas, pactos de silencios que Nelly Richard evidenció a través de una de sus obras, para mí, más deslumbrantes, Residuos y metáforas. Ensayos de crítica cultural sobre el Chile de Transición. Este libro, editado por Cuarto Propio, se instala como un hito en Un devenir oblicuo, ya que en él Richard atravesó hacia los territorios de lo no dicho de los años de la postdictadura, introduciendo de modo innovador para esa década discusiones sobre memoria, dictadura y feminismo. Cuestiones que sociólogos y filósofos de la época excluían de todo marco de discusión, en un campo intelectual dominado por hombres. 

“La diferenciación entre la práctica de los estudios culturales latinoamericanos y el proyecto intelectual de Nelly Richard se haría evidente con la publicación de su libro Residuos y metáforas”, explica Peters, para quien este libro de 1998 es fundamental porque caracteriza una crítica cultural que se encuentra “a medio camino entre el ensayo, la escritura poética y la crítica teórica (deconstructiva)”.  

Su escritura resuena por su localización, por la transgresión de sus ideas que permitían entender ese orden de normalidad de la postdictadura, su capacidad de poner en cuestión las historias de las pantallas y por su atención a los detalles. Su escritura adornada y exuberante escribe desde heridas endurecidas, que como “costras” marcan a un país que mantuvo en impunidad el pinochetismo y que promovió los valores neoliberales del emprendimiento y la competencia. Su crítica, a diferencia de las ciencias sociales más ortodoxas, ha observado y denunciado el neoliberalismo y las lógicas autoritarias a través de prácticas artísticas, residuos culturales y medios de comunicación. Sus libros entregaron otra posibilidad de pensar políticamente la cultura popular y la izquierda en Chile, más allá del arte que fetichizaba al sujeto popular o las vanguardias, y más allá de esa misoginia y homofobia que caracterizaban a la izquierda tradicional. En los textos de Nelly Richard aparecen otras imágenes de Chile, un Chile no oficial. Una intelectual que hasta el presente remueve límites, cuestiona un tipo de estética y discursividad militante, y se pone en contra de “los saberes rígidos y disciplinares de la Academia”, escribe Peters. 

Un devenir oblicuo. Itinerario intelectual de Nelly Richard.
De Tomás Peters
Ediciones Metales Pesados
2025

Me recuerdo leyendo Residuos y metáforas en un microbús magenta del Transantiago, que me llevaba de regreso de la Universidad hasta la población; íbamos hacia La Victoria, junto a trabajadores y estudiantes. Leía este libro como descubriendo un nuevo lenguaje, por el goce que producía redescubrir la historia del país a través de fragmentos del arte, la política y sus economías precarias. Sus textos habitaron en mi cuerpo, en el de muchas activistas, resonaron y fueron vitales para entender un tipo de feminismo no esencialista, un tipo de escritura ensayística que no existe en otra parte, y una teoría anclada, a su manera, en lo popular/excluido.

Quisiera agregar lo significativo que son los textos de Nelly Richard para el campo de la comunicación y el estudio de la imagen; sus reflexiones permanentes respecto a la visualidad permiten reconocer un trazado de imágenes, objetos mediáticos, que Nelly Richard ha analizado durante su dilatada trayectoria intelectual como el video arte político en Chile, la película No de Pablo Larraín, las fotografías de Paz Errázuriz, la transficción sobre un club travesti en Casa Roshell de Camila José Donoso o más recientemente la performance de Las Tesis Un violador en tu camino. Ya en 1987 afirmaba que el trabajo de la deconstrucción consistía en el “desmontaje de los códigos de representación social y de su entramado mediático”. Muchas de estas escenas son recogidas por Peters para trazar un camino sobre el pensamiento de una intelectual fundamental. 

Sus escritos sobre memoria de la dictadura, artes visuales y, obviamente, su crítica a las políticas del género y la despolitización del feminismo en la década de los 90 con la llegada de los gobiernos democráticos fueron lecturas fundamentales para la emergencia de un feminismo expandido, con más plasticidad y, por sobre todo, un feminismo no transfóbico ni excluyente. Nelly Richard escribió tempranamente sobre la figura travesti y, específicamente, sobre la parodia respecto al género (incluso antes que Judith Butler). Richard no temió aproximarse e incorporar en sus reflexiones cuerpos que estaban omitidos y devaluados, entendiendo la potencia crítica de estas vidas y culturas. 

Hace algunas semanas, terminando de desarmar unas cajas cerradas hace varios años y mientras limpiaba el polvo de los libros, me reencontré entre objetos, libros, fotocopias y diplomas con un stencil sobre tela celeste, de tiempos universitarios, donde plasmamos con una pintura negra el rostro de Nelly Richard. Este objeto se hizo en un taller probablemente a inicios del 2011, organizado por estudiantes disidentes sexuales en la Universidad de Chile. Utilizamos spray negro y con un objeto cortante moldeamos la silueta de su rostro sobre un plástico. Esa intervención artesanal y postfeminista impregnaba de toda resistencia la imagen de una intelectual fundamental para la teoría feminista local. Su rostro, como una imagen seriada y contracultural, que desajustaba la tradición política, modificaba todo intento de aura intelectual. Guardo este objeto con aprecio, ya que muestra los inesperados giros y significados que adquirió la figura de Nelly Richard. 

Y es que su escritura es potente, influyente, poética y seductora. La curatoría de sus objetos, la multiplicidad de escenas y amistades intelectuales, su capacidad de articular, sus publicaciones en diversos formatos siempre en resistencia. Nelly Richard es reconocida por la profundidad de su historia en este recorrido intelectual que trazó con efectividad Tomás Peters. Reconozco este libro como una puerta hacia nuevas y necesarias lecturas que profundicen aún más en los diversos planos de una intelectual pública, de una escritora que no se subordinó a la burocracia académica. Su legado no se puede sostener en un solo libro, pero Un devenir oblicuo abre con gran rigor un camino hacia nuevas investigaciones de una “tránsfuga de la academia”.