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“En el nombre de Cristo”: fe, poder y democracia

A partir del riguroso trabajo investigativo que la periodista María Olivia Mönckeberg plasmó en su último libro, Álvaro Ramis y Andrea Arístegui comentan el avance del poder evangélico en Chile, un fenómeno que trasciende lo religioso y se proyecta con fuerza en la política, la economía y la agenda pública. En estos textos, compartidos durante la presentación de la obra —realizada el 11 de junio en la Casa Central de la Universidad de Chile—, ambos reflexionan sobre las luces y sombras que revela la investigación, mostrando un mundo diverso y complejo cuya expansión interpela a la democracia y desafía los mínimos civilizatorios que sostienen la convivencia social.

Por Álvaro Ramis y Andrea Arístegui. Imagen principal: Luis Quintero/Pexels

Presentación de Álvaro Ramis, rector de la Universidad de Academia de Humanismo Cristiano

En el nombre de Cristo muestra un rigor que solamente María Olivia Mönckeberg nos puede ofertar en estos tiempos de tanta vacuidad. Creo que el libro tiene un sentido profundo en nuestro tiempo, como decía Ortega y Gasset: es mostrar algo que rebasa el universo de lo que se está estudiando.

Es un momento donde, a partir del libro, podemos leer una dimensión fundamental de nuestro país y del mundo, porque lo que aquí se refleja no es solamente aplicable a Chile, sino a un contexto latinoamericano y global, donde redes, que son religiosas, pero también políticas y económicas, tienen enorme influencia. Y lo vemos en Estados Unidos, en Brasil y en el resto de los países de América Latina, pero en Chile con creciente fuerza. 

Una de las primeras constataciones que quisiera hacer es que este no es el primer texto que trabaja sobre las iglesias evangélicas en Chile. Quisiera destacar a algunas personas que han hecho contribuciones significativas, como el profesor Arturo Chacón, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, fallecido hace unos años; Juan Sepúlveda, profesor de la Comunidad Teológica Evangélica, al igual que Manuel Ossa, Dagoberto Ramírez, la profesora Sonia Montecino, entre otros. Creo que en el ámbito de las ciencias sociales, en la investigación aplicada en antropología, en el ámbito de la sociología, hay un campo muy rico que ha investigado y sigue investigando a las iglesias. 

Estamos ahora frente a una investigación periodística que constata también sus efectos comunicacionales, políticos y en la coyuntura nacional a partir de un proyecto que es mayor, porque este no es el primer libro de María Olivia Mönckeberg sobre esta temática. Hemos visto sus libros sobre el Opus Dei, Karadima, entre otros. Todos abordan, en general, el gran y permanente problema del poder. Este es un nuevo tomo en la enciclopedia del poder en Chile que ha construido María Olivia, quien en cada entrega nos permite comprender en profundidad sus dimensiones.

El poder, obviamente, es neutral. No es una dimensión que podamos decir que denigra, ni tampoco es algo que se puede alabar de alguien o de una institución. El punto es que, siendo neutral, debe ser objeto de escrutinio, porque conlleva muchas responsabilidades. Y la foto que nos entrega María Olivia del mundo evangélico es de un creciente empoderamiento en muchas dimensiones. Instituciones religiosas que tienen mucho poder y que lo ejercen en lo político-comunicacional y lo económico.

Esas expresiones del poder, que son visibles, también se dibujan en el texto en toda su diversidad y con exquisito respeto. Y eso quisiera destacarlo, porque en este texto no hay adjetivos, no hay calificaciones, no hay un juicio, sino que está la dura y pura expresión de la realidad, a partir de la cual cada lector puede llegar a ciertas conclusiones.

Y ese juicio al poder del mundo evangélico tiene obviamente que preocuparnos, porque hay dimensiones en las que uno podría tener desacuerdos sobre una cosmovisión o una concepción del mundo. Y como diría John Rawls, es una concepción del bien que es perfectamente válida y legítima en una organización, en una institución democrática, en una república. Pero hay formas de ejercicio de ese poder que sí son peligrosas cuando atañen a la autonomía de las personas. Y ese principio de autonomía, tan valioso a una institución, a una república y a una convivencia democrática, es un punto insalvable.

El problema de la autonomía siempre está al límite cuando la manipulación o el ejercicio de coacción, ya sea explícito o implícito, vulnera —por decirlo así— la posibilidad de una persona de autoconstituirse como sujeto de su propia vida. Ese problema está descrito en distintas manifestaciones y en distintos lados. No es lo mismo que alguien sienta que está muy involucrado con su Iglesia, pues es consciente de esa acción voluntaria. Hay límites que son traspasados, en muchos casos, y obviamente es bueno alertar sobre lo que eso significa.

 El mundo evangélico crece porque hay una necesidad vital de las personas de asociatividad, de generar capital social, de poder vincularse, de tener lugares de acogida. ¿Cómo ha ocurrido eso? Ocurre porque las organizaciones sociales que antes brindaban esa acogida o han disminuido o han retrocedido casi hasta desaparecer. Al mismo tiempo, el Estado ha ido encogiendo su labor. Y donde antes existió asociatividad y sindicalismo, por ejemplo, en la región del Bíobío, en la Cuenca del Carbón o en Chillán, hay un florecimiento evangélico notable que tiene luces y sombras.

 Ese florecimiento también habla de las debilidades del Estado, del hecho de no constituirse como un actor relevante en ciertos territorios y dejar espacio a la economía informal, un ámbito muy grande que es descrito por María Olivia. Es decir, el sustrato fundamental que hace que avance este verdadero mercado de las iglesias evangélicas tiene también que ver con la sobrevivencia, con una economía sumergida y con la informalidad en la cual se van desarrollando todo tipo de prácticas, como el trabajo en las cárceles, la rehabilitación de drogadictos y alcohólicos, el acompañamiento a personas de la tercera edad, la acción solidaria. Y dentro de ese marco de la informalidad económica, una posibilidad es la captura de las iglesias evangélicas por poderes que no son necesariamente religiosos. Acá se habla de su captura por instituciones y organizaciones políticas, por intereses espurios de la entidad económica. Incluso ronda la idea de la narco-iglesia y el lavado de dinero, pero habría que explorarla para tener evidencia más profunda.

Fotografía de la presentación del libro, realizada el 11 de junio en la Casa Central de la Universidad de Chile. Crédito: Felipe PoGa

 Todas esas expresiones constituyen una amalgama de efectos del neoliberalismo avanzado en nuestra sociedad. Y ese proceso está ligado especialmente a las zonas de mayor desindustrialización de nuestro país, donde existe menos formalidad laboral y donde hay más dificultades para constituir una economía que pueda ser regularizada. 

Al mismo tiempo, un fenómeno que la autora describe muy bien es el por qué se observa una creciente politización de las iglesias evangélicas. Ahí es importante recordar el libro El refugio de las masas (1968), del sociólogo Christian Lalive D’ Espinay, un clásico en el estudio de las iglesias pentecostales en toda América Latina, y cuya tesis fundamental era el refugio de buena parte de la población fuera de la política.

 Pero eso muchas veces se interpretó, a mi juicio, como una opción apolítica, cuando a veces se trataba de una opción antipolítica, es decir, una decisión de rechazo a la política realmente establecida a la forma y al fondo de los debates que se estaban dando en nuestro país. Ahí creo que hay todavía una enorme discusión que debe ser profundizada. Un factor desencadenante también que se menciona en el libro es el cambio del sistema electoral binominal y la fragmentación del sistema de partidos, lo que permite que pequeñas expresiones identitarias puedan ser hoy viables electoralmente y autorepresentarse en el escenario político.

Ahí llegamos a la actual expresión del Partido Social Cristiano, que ha tenido antecedentes en distintos intentos de formación de partidos evangélicos que finalmente decantaron en lo que hoy es este partido, que tiene enorme importancia en la región del Bíobío. Hay fuerzas que están ahí latiendo en toda la Cuenca del Carbón y que tienen expresión nacional. Se debería estudiar cuáles son las afinidades electivas, como diría Max Weber, que llevan a eso. Yo descubro, a partir del texto de María Olivia, ciertas afinidades electivas entre la economía informal y el rechazo a la regulación del Estado.

¿Por qué esa afinidad convoca en ambos sentidos? Primero, porque —como decíamos antes— las iglesias evangélicas viven en medio de una gran informalidad económica en vastas zonas de nuestro país donde el empleo precario se transforma en un ecosistema fundamental de la vida. Por otro lado, está la amenaza de la regulación y el intento de preservar una forma de vida. El Estado, la normativa que regula sus comportamientos y, más aún, el marco internacional de los derechos humanos son vistos como amenazas a esa forma de vida.

En el nombre de Cristo. El poder evangélico en Chile
Maria Olivia Mönckeberg 
Debate, 2025
350 páginas 

Creo que la sociedad democrática no ha sabido explicar adecuadamente que, lejos de ser amenazas, esas son las únicas maneras de poder preservar esas formas particulares de existencia. Y, por lo tanto, ese discurso contra lo que llaman el globalismo, la ideología de género, la idea de una amenaza mundial, de un orden que los viene a regular, se combina con la presión del Servicio de Impuestos Internos de regularizar sus prácticas económicas y de generar una mayor presión sobre las personalidades jurídicas. Entonces, el orden legal se transforma, por decirlo así, en la gran amenaza. Y frente a eso, no es extraño que detrás de un discurso muy conservador pueda latir también una idea que podríamos llamar libertaria, “a la argentina”, vinculada a la desregulación de la economía, al flujo del libre mercado religioso; y al mismo tiempo, la absoluta desregulación en materia de los estándares internacionales de derechos humanos que hoy hacen que nuestras sociedades puedan avanzar en dignidad para todos y todas a partir de ciertos estándares mínimos.

 Por lo tanto, veo que hay elementos para preocuparse, porque el riesgo para la democracia siempre está latente cuando algún grupo en particular —cualquiera sea, religioso, político o de otra naturaleza— considera que su forma de vida y su concepción del bien se debe anteponer a esos mínimos civilizatorios que nos hemos dado para convivir. La existencia de una ética mínima, como lo propone la filósofa española Adela Cortina y otros especialistas, es muy relevante. La idea de tener un marco mínimo de convivencia, donde todos y todas podamos decir nuestras concepciones del bien, es fundamental. Esas éticas pueden florecer, pero bajo un compromiso de coexistencia donde nadie quede por encima de la ley que nos rige. La idea de hacer de la Biblia una supraconstitución que está por sobre los mandatos legales siempre está flotando en el ambiente.

Quisiera destacar un elemento metodológico del libro. No podría contabilizar la cantidad de fuentes que se necesitaron para desarrollar esta investigación. Destaco la cantidad numerosísima de testimonios, de entrevistas, de personas que entregaron sus historias de vida —algunas preciosas y también de mucho dolor—; historias de abuso y también de vidas felices en sus propias trayectorias religiosas. María Olivia muestra esa diversidad y amalgama de visiones sin que eso signifique llegar a una única conclusión. El libro es un caleidoscopio que tiene todas estas dimensiones y que son parte del país. Es el corazón de Chile el que debemos hacer florecer, para que las iglesias vuelvan a ser espacios de salvación y no terminen dominadas por los intereses de unos pocos que buscan manipular la fe de la gente más sencilla en beneficio de sus intereses más espurios.

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Presentación de Andrea Arístegui, periodista de Chilevisión

Partiré contando algo que me hizo recordar el libro En el nombre de Cristo. Me tocó hace unos años ir a reportear la elección de Jair Bolsonaro en Brasil, y uno de los elementos importantes de los que se habló durante esa campaña presidencial fue la de la llamada bancada de las 3B. Todos decían “la bancada de las 3B está en la base del soporte político electoral que tiene Jair Bolsonaro para llegar a la presidencia”, cosa que hoy sabemos que ocurrió. Y  esa bancada de las 3B tenía tres grandes sectores detrás:  Balas, que era la industria armamentista; Buey, que era la industria ganadera de Brasil, muy poderosa y muy rica, y Biblia. En esa época ya se veía en las actividades de campaña a un Jair Bolsonaro siempre esquivo con la prensa, pero muy bien escoltado por esta bancada de las 3B. Incluso algunos de ellos se identificaban con poleras, muy orgullosos de lo que estaban defendiendo en ese momento. 

En esa época, Brasil tenía aproximadamente un treinta por ciento de evangélicos. Y tres de cada cinco evangélicos apoyaron a Jair Bolsonaro y le permitieron llegar a la presidencia, con todos los efectos que conocemos al día de hoy. 

Siete años después, en este 2025, Chile está en una situación bastante parecida, con un Partido Social Cristiano bastante activo, con un alcalde en Concepción y una candidata a la presidencia, Francesca Muñoz [que luego bajó su candidatura para apoyar a José Antonio Kast] . Además, hemos visto en el último tiempo, como en las pasadas elecciones municipales, un fenómeno bien interesante, y que es que se presentaron más cristianos que nunca. En ese aspecto, la pregunta que obviamente uno se hace hoy, y por eso agradezco tanto este libro, es qué tan grande es el poder de las iglesias evangélicas en Chile     .

En el nombre de Cristo nos ayuda de manera muy contundente a entender qué hay detrás de estas iglesias. Parto por decir que es un relato muy desprejuiciado y muy explicativo. Suele ocurrir que cuando uno habla de las iglesias evangélicas, muchas veces se hace desde la caricatura, desde lo que uno ha visto, vivido o escuchado, como que cada cierto tiempo algún pastor se robó plata o abusó de alguna persona. En este libro hay un verdadero mapa conceptual de lo que es el mundo evangélico, y esto nos permite entender de qué estamos hablando, cuál es su real representación y participación. Por lo mismo, nos ayuda a responder la pregunta sobre qué tan grande es esa representación y cuál es su poder hoy, pensándolo en términos de su relación con el mundo político y su capacidad de influir en la agenda pública, que es lo que nos interesa a la mayoría.

Hay otra pregunta interesante que surge: ¿cuáles son las herramientas que tienen los evangélicos para poder influir en la agenda? ¿Ellos usan a los políticos para instalar su agenda? ¿los políticos los usan a ellos también para su propio beneficio. o es una relación de ir y venir? En paralelo, hay otras dudas en torno a esto: ¿Qué pasa con la Ley de Culto?, ¿qué pasa con las facilidades de abrir iglesias? Hay bastante poca transparencia en relación a la utilización de los recursos. Y así lo declaran quienes son entrevistados en el libro. 

María Olivia tiene una cantidad de testimonios realmente impresionante. Muchos de ellos parten hace varios años y se van actualizando; cuentan lo que pasa con los recursos y cómo se financian estas iglesias. Y  la pregunta  es qué pasa con el sistema tributario, porque todavía se permite que quienes a veces hacen de la fe un negocio sigan lucrando sin tener siquiera que pagar impuestos. Hay varios temas ahí que son muy interesantes de analizar.

Crédito: Felipe PoGa

 En este libro hay información, insisto, muy contundente. Hay testimonios de personas que logran describir las luces y sombras del mundo evangélico; las luces que quizás conocemos menos, pero también las sombras, relacionadas con problemas de uso de recursos, abusos y delitos. Por ejemplo, el abuso de conciencia, como lo menciona uno de los entrevistados de María Olivia, que no estaba consciente de ello hasta que se encontró con la investigación de la autora sobre la Iglesia Católica [Karadima. El señor de los infiernos, de 2011]. Ahí uno entra en temas muy duros, que abarcan abusos sexuales y otro tipo de situaciones gravísimas.

 Una de las preguntas que más se repite en estos tiempos es por qué avanzan estas Iglesias pese a estos cuestionamientos que se han conocido públicamente. También está el hecho del retroceso de la Iglesia católica, que antes lideraba la discusión religiosa en la agenda pública de los temas valóricos, y que ha permitido que otras Iglesias ocupen esos espacios. Y está también el retroceso del Estado y de los partidos políticos en los territorios, que han ido también desapareciendo en muchos lugares y regiones del país. Las iglesias evangélicas ocupan esos espacios con templos en algunos casos muy grandes, con establecimientos educacionales, con espacios comunitarios que son hoy una necesidad para tantas personas en nuestro país.

Para tener claridad de lo que podríamos enfrentar en los próximos años necesitamos datos e información veraz y certera. Y  este libro En el nombre de Cristo nos permite tener esta información, a través de un texto muy contundente y de una multiplicidad de testimonios.

Cuando hablamos del mundo evangélico, no estamos hablando de una entidad homogénea, sino de muchísimas realidades al interior de este mundo, tal como sucede quizás en el Islam o en otras religiones, donde también hay espacio para el fundamentalismo. Y creo que es ahí donde hay que poner mucha atención: cómo esos fundamentalismos nos pueden llevar a situaciones de confrontación y pueden marcar la agenda de una manera no necesariamente positiva.