En un ejercicio de imaginación, Emilia Rodríguez, estudiante de segundo año de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile, escribe cómo cree que será el mundo en diez años más: un lugar donde los hijos seguirán odiando a sus padres, donde los hombres se quejarán porque no se celebra “su día” y donde, para sorpresa de nadie, aún habrá niños que no tienen qué comer en África. Dicho en breve: todo y nada cambiará. Este texto fue seleccionado en el contexto de la convocatoria para la sección Palabra de Estudiante correspondiente al número 37 de Palabra Pública.
Por Emilia Rodríguez | Foto principal: Pexels
Mi primer pensamiento —no irónico— sobre el futuro es que ya no habrá más rocas en la orilla de la playa para que los turistas se bañen con tranquilidad. Aún no se habrán inventado los autos voladores, o quizás sí, pero no estarán a la venta porque sería compleja su regularización.
En diez años más, varios abuelos morirán y otras personas se convertirán en abuelos que morirán en diez años más. Seguirá habiendo listas de espera en hospitales, habrá nuevos avances médicos y otros doctores. Habrá más enfermedades y más vacunas.
En diez años más, habrá una niña con zapatillas blancas nuevas pero nadie intentará pisarlas. En diez años más, los niños no verán televisión, sino solo pantallas más pequeñas.
En diez años más, habrá conflictos bélicos entre países. Seguirá habiendo gente que muere.
Aún habrá gente avergonzada de su cuerpo y gente enojada por su cuerpo y por todo lo demás.
En diez años más, las madres seguirán diciendo “hay niños en África que no tienen qué comer”, y en África seguirá todo igual. En diez años más, los jóvenes seguirán odiando a sus padres.
Los niños serán más altos.
En diez años más, gente pedirá hora para sacar su licencia de conducir y seguirá habiendo accidentes de tránsito por culpa de conductores bajo los efectos del alcohol.
Seguirá habiendo curas, monjas e iglesias. Habrá gente que no creerá en nada de eso.
En diez años más, saldrán a la luz delitos cometidos veinte años atrás.
Habrá más ciclovías, pero también más bicicletas eléctricas.
En diez años más, la gente se vestirá con modas del año 2020 para ser vintage. Seguirá existiendo el sexo y las disidencias. La gente todavía fumará y la gasolina subirá de precio.
Los hombres seguirán quejándose porque no existe el “día del hombre”.
Seguirá habiendo personas en situación de calle.
Habrá activistas.
Habrá personas acostadas y personas sentadas.
En diez años, odiarán el nuevo diseño de los celulares a la venta y aun así aprovecharán los días de descuento para comprarlos.
“Morirá la música” (de nuevo). “Morirá el cine” (de nuevo).
Seguirán diciendo que la transexualidad es una moda. Seguirá habiendo gente transexual.
En diez años más, morirá el actor más grande de todos los tiempos, tal como pasó diez años atrás. Tendrá admiradores y tendrá denuncias.
En diez años más, habrá trabajadores de oficina que tendrán prohibido el uso de inteligencia artificial, y también habrá inteligencias artificiales que nadie note cuando se usen.
Seguirá habiendo veganos y vegetarianos y familias que cocinan carne para celebrar año nuevo.
También seguirá habiendo incendios y lluvias fuertes que afectarán a la gente de los barrios medios y bajos.
Los padres se molestarán cuando sus hijos quieran estudiar actuación.
Habrá cesantes y recién graduados buscando trabajo. Habrá profesores, estudiantes y estudiantes enojados. Habrá simulacros.
En diez años más, la gente extrañará el pasado porque ahí todos eran más felices.
A la gente le seguirá molestando la arena, el sol y las pelotas. Incluso extrañarán las rocas que, diez años atrás, desaparecieron de las playas. Lo que en verdad no puedo imaginar es por qué seguirán molestos, si el futuro es, supuestamente, tan prometedor.
