La habladuría es humana: puede ser un acto dañino, un elemento de cohesión y hasta una crítica a las verdades oficiales. Sin embargo, hoy, con la desinformación o los deepfakes, el asunto adquiere una magnitud que, como dice la antropóloga Sonia Montecino, amenaza con convertir a la mentira en lenguaje general, o, en palabras del filósofo Sergio Rojas, ya ha desplazado a la verdad hacia “el mercado de la opinión”.
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