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El regreso del MEMCH. Las primeras rebeldes

Una nueva edición de la investigación de 1997 de la historiadora suiza Corinne Pernet y el estreno en televisión de la serie documental Ancestras traen al presente la historia del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH), una organización que desde 1935 convirtió las demandas de miles de mujeres en un proyecto político que buscaba transformar el país. Su legado sigue latiendo en archivos, cartas y luchas que dialogan con el Chile de hoy.

Por Denisse Espinoza | Foto principal: Gentileza Eva Vera

¿Qué tanto sabemos de la historia del feminismo en Chile? ¿Sabemos, por ejemplo, hace cuánto las mujeres pueden votar, hace cuánto pueden estudiar en la universidad o hace cuánto pueden tener una cuenta en el banco? ¿Sabemos que hubo una época en que fue legal acceder a un aborto en Chile? Estas son algunas de las preguntas que plantea el primer capítulo de la serie documental Ancestras, estrenado el 2 de agosto por UChile TV, en el que se explora la trayectoria del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer en Chile (MEMCH), la organización feminista más relevante de la primera mitad del siglo XX chileno, creada en 1935 y que fue clave para que la mujer alcanzara el derecho a voto universal en 1949.

En tiempos de fragmentación política y de retroceso de conquistas sociales, la historia del MEMCH es una reserva de experiencia que no debe caer en el olvido. Así, a la serie documental Ancestras, se suma la reedición del libro MEMCH. Una historia de organización feminista1935-1953, investigación pionera realizada por la historiadora suiza Corinne Pernet, publicada en 1997 y prácticamente inaccesible durante años. Ahora, el volumen volverá a circular bajo el sello Ediciones Universidad de Chile a partir del 19 de agosto, día en que será presentado al público, a las 18:00 en la Sala Eloísa Díaz de Casa Central.

No se trata solo de una coincidencia: ambos proyectos dialogan entre sí. Mientras Pernet reconstruye la historia política del MEMCH en base a documentos, archivos y testimonios, Ancestras devuelve rostros, voces y emociones a quienes hicieron posible esa organización y las vincula con mujeres del presente. Ambas rinden homenaje a figuras fundamentales que lideraron el MEMCH, como Elena Caffarena, Marta Vergara, Olga Poblete, Graciela Mandujano o Amanda Labarca, y también desplazan la mirada hacia la trastienda cotidiana: allí donde miles de obreras, pobladoras, profesoras, abogadas e intelectuales articularon un programa amplio de emancipación que excedió con creces la demanda por el sufragio universal.

Para Eva Vera, directora de Ancestras, la serie nació casi por azar. En 2018, mientras investigaba para otro proyecto, encontró en la Biblioteca Nacional un conjunto de entrevistas audiovisuales a Elena Caffarena y Olga Poblete realizadas años antes por Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld. “Lo más impactante fue darme cuenta de mi propia ignorancia frente a los procesos políticos y sociales, y ver que no conocía nada acerca del MEMCH. En el fondo, era no entender a cabalidad que mi posición como mujer dentro de la sociedad no sería lo que es si no fuera por lo que lucharon todas esas mujeres. Fue entonces que me puse a investigar”, dice la realizadora, quien pasó por distintos procesos de creación durante varios años de trabajo, recorriendo archivos y entrevistando a descendientes de antiguas memchistas.

Primero ganó un fondo de CORFO, con el que desarrolló el cortometraje de ocho minutos La voz escrita, estrenado en 2024, y entremedio formó una dupla con la productora Daniela Olivares y la guionista Camila Rodó, con quienes se adjudicó un fondo del CNTV para crear Ancestras. El resultado es una producción audiovisual estructurada en cuatro capítulos de 50 minutos —que se emitirán cada domingo de agosto por UChile TV—, en los que abordan el proceso político y social de las mujeres desde los albores republicanos hasta la consecución del voto femenino en 1949, utilizando la trayectoria del MEMCH como gran eje articulador.

MEMCH. Una historia de organización feminista 1935-1953
Corinne Pernet
Ediciones Universidad de Chile

“Durante mucho tiempo sentimos que había pocas fuentes, pero a medida que avanzaba la investigación aparecieron historiadoras, archivos y mujeres que habían dedicado años a resguardar esta memoria. Había una red muy generosa trabajando para que esta historia no desapareciera”, cuenta Eva Vera, quien durante la investigación revisó centenares de cartas, diarios y documentos conservados en el Archivo Nacional y en los fondos documentales de Elena Caffarena y Olga Poblete. “Nos propusimos hacer una obra que tradujera la densidad del archivo a un lenguaje visual amable, combinando documental, ficciones de época y animación en rotoscopia”, explica.

Esa recuperación de la memoria también atraviesa la nueva edición del trabajo de Corinne Pernet, que originalmente era una tesis doctoral y que luego fue convertida en un libro fluido y ameno, que incorpora un prólogo de la socióloga Sandra Palestro, un epílogo y una bibliografía que recoge investigaciones publicadas después de 1997. Para Alondra Carrillo, una de las editoras del volumen junto a María Yaksic, volver a publicar este libro significa poner nuevamente en circulación una obra que permitió comprender al MEMCH no solo como un antecedente del sufragismo chileno, sino como una experiencia política radical que articuló demandas sobre trabajo, educación, salud, derechos civiles y autonomía de las mujeres.

 “Corinne reconstruye ese mundo con rigor y con muchas fuentes distintas, y así consigue que el libro tenga una enorme potencia pedagógica. Mientras lo leía, tuve muchas veces la sensación de volver a aprender la historia del siglo XX chileno”, dice Carrillo. Y agrega: “El hecho de que Corinne fuese suiza me hacía pensar que quizá existiría una distancia difícil de salvar respecto del MEMCH o de nuestra historia. Y aunque esa distancia efectivamente existe, no es tan distinta de la que hoy puede tener una estudiante de enseñanza media. Eso convierte al libro en una puerta de entrada excepcional para comprender una época que muchas veces conocemos solo por encima o a pedacitos”.

Un movimiento de masas

Para comprender el impacto del MEMCH es necesario situarse en la efervescencia política y social de la década de 1930. La conformación de los Frentes Populares a nivel global y nacional abrió un escenario fértil para alianzas entre sectores obreros, capas medias e intelectuales, orientadas a frenar el avance del fascismo. En ese clima, el MEMCH nació en 1935 no por la ocurrencia aislada de una élite iluminada, sino —como recordaría más tarde la abogada y dirigenta Elena Caffarena— por una combinación histórica de condiciones económicas y sociales que volvieron inevitable su surgimiento.

Marta Vergara, escritora y activista, fue una de las principales articuladoras e ideólogas de la iniciativa. Fue ella quien buscó a Caffarena para convencerla de dar forma a una organización capaz de agrupar a las mujeres de todo el país. Una cosa tenían clara: las reivindicaciones femeninas no podían seguir subordinadas a las prioridades de los partidos políticos. El MEMCH sería sobre todo un movimiento transversal no partidista, que sin embargo logró construir una organización inédita para la época con un programa bastante contundente.

La serie Ancestras se compone de entrevistas y representaciones de ficción en base a cientos de cartas y documentos históricos sobre el MEMCH.

Las memchistas redactaron proyectos de ley fundamentales para reformar el Código Civil, logrando la incorporación del régimen de separación de bienes en el matrimonio en 1943, lo que otorgó mayor autonomía económica a las casadas. También abogaron por la igualdad jurídica de los hijos (fuera o dentro del matrimonio), denunciaron y combatieron la doble jornada laboral de las mujeres y exigieron la igualdad de sueldos frente a los hombres por igual trabajo. Demandaron la creación del salario mínimo e impulsaron el acceso libre de las mujeres a profesiones, oficios y cargos públicos de los cuales estaban vetadas. Movilizaron demandas por una vivienda digna, comedores populares y la legislación sobre problemas de salud como el alcoholismo. También defendieron la ley de aborto terapéutico —promulgada en 1931 por norma sanitaria y derogada en 1989— denunciando prácticas clandestinas.  En definitiva, las memchistas articularon un movimiento multiclasista que integró a obreras, temporeras, profesionales y dueñas de casa, sindicalizando demandas de género y clase a lo largo de todo el país a través de comités regionales.

Para sostener esta estructura nacional fue clave la creación del periódico La Mujer Nueva, publicado por el movimiento entre 1936 y 1941. En sus páginas, las memchistas disputaron el sentido común de la época, denunciaron las injusticias de clase y género, y abrieron la palabra a voces históricamente silenciadas. “El periódico circulaba entre los comités locales, era leída y discutida colectivamente, muchas veces en voz alta, reuniendo en un mismo espacio a mujeres con trayectorias educacionales muy distintas, muchas de ellas analfabetas. En ese ejercicio compartido de lectura, conversación y reflexión se iba construyendo un lenguaje político común, se fortalecían los vínculos entre organizaciones geográficamente distantes y se consolidaba una identidad colectiva”, cuenta Alondra Carrillo. “Además, gracias a La Mujer Nueva, el MEMCH dejó un registro extraordinariamente rico de sí mismo. Sus páginas conservan las huellas de sus campañas, debates, desacuerdos y de las iniciativas impulsadas”.

Tensiones y fracturas de clase

La historia del MEMCH no estuvo exenta de contradicciones, fricciones de clase e intensas discusiones internas sobre la autonomía organizativa frente a la tutela partidaria. A fines de la década de 1940, en el marco de la Guerra Fría y tras la promulgación de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia (la “Ley Maldita”) por parte del gobierno de Gabriel González Videla, el movimiento enfrentó profundas fracturas. La proscripción del Partido Comunista tensionó a las organizaciones de mujeres.

La Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), espacio unitario donde convivían diversas corrientes, exigió marginar a las militantes comunistas. El MEMCH se negó a traicionar la solidaridad de clase y sus principios democráticos, lo que derivó en su salida de la FECHIF y en una paulatina estigmatización con la que se intentó borrar la figura de Elena Caffarena: la gran líder del movimiento no fue invitada a los festejos oficiales tras la aprobación del sufragio femenino en 1949.

“Muchas de las tensiones que atravesaban al MEMCH siguen siendo constitutivas del feminismo actual. Las discusiones sobre la autonomía frente a los partidos, las desigualdades de clase al interior del movimiento o las dificultades para articular experiencias sociales diversas no son problemas nuevos. Nuestro presente conoce tensiones distintas, pero de una profundidad comparable”, reflexiona Carrillo. Sin embargo, “este libro nos recuerda que la historia nunca cambia por la voluntad de unas pocas, sino por la persistencia de quienes son capaces de construir un nosotras”, agrega.

En el caso de la serie Ancestras, Eva Vera apela también a una historia común que hay que conocer y defender con sus luces y sombras. “Se habla mucho de las oleadas feministas que van y vienen, pero no estoy muy de acuerdo con eso, porque el trabajo político existe siempre, aunque sea invisible. No es que hayamos retrocedido; la historia feminista en Chile viene desde la Colonia y es constante”, concluye.