Formas desde el subsuelo, en Sala de Arte CCU. Av. Vitacura 2680, Las Condes. Hasta el 5 de junio

No es tan frecuente como uno quisiera encontrarse en Santiago con una exposición colectiva dedicada solo a la cerámica y a la infinidad de técnicas, formas, texturas y colores que permite explorar. La muestra Formas desde el subsuelo, curada por el artista Patricio Kind, es un reflejo de las posibilidades plásticas y estéticas de este material, que a pesar de haber sido usado por artistas canónicos como Picasso, Miró o Fontana, ha luchado por hacerse un espacio en el arte contemporáneo (lo confirma un reportaje reciente de ArtNews donde se asegura que la cerámica todavía es menos valorada que la pintura u otras formas de escultura). Las obras de la muestra, realizadas por catorce artistas chilenos, exhiben caminos de experimentación diversos: Magdalena Atria trabaja el equilibrio, las formas sinuosas y lo que ocurre cuando converge una multiplicidad de texturas, formas y colores; Macarena Correa presenta piezas de porcelana pigmentada caracterizadas por su delicadeza y fragilidad; mientras que José Cori usa placas de cerámica como un lienzo para pintar escenas propias de su imaginario visual. Hay pastas rojas, negras, blancas; técnicas de marmoleado, piezas a muro o incluso dispuestas sobre el suelo. Una exposición que reivindica que la cerámica es, antes que decoración o artesanía, un lenguaje.
—Evelyn Erlij
Cuerpo Celeste, de Nayra Ilic. 97 minutos. En cines

La vida puede ponerse bastante dark, sobre todo en el Chile de inicios de los 90, cuando recién comenzaba la resaca de la dictadura y la búsqueda de los detenidos desaparecidos continuaba, a veces encubierta por excavaciones arqueológicas particulares. El término —tomado por la película y usado en la jerga juvenil de esos años—, alude a lo “oscuro” en un sentido literal y se asocia a subculturas como la del post-punk, marcadas por una estética introspectiva y melancólica. Ese es el contexto del segundo largometraje de Nayra Ilic, una historia coming-of-age como dicen los anglosajones, en la que a través de Celeste, una adolescente que pasa las vacaciones con su familia en un balneario cercano al desierto de Atacama, se refleja tanto la transición política del país como su propia transición vital marcada por una tragedia temprana. La película —que tuvo un exitoso paso por festivales como Tribeca, San Sebastián y La Habana— captura ese ritmo pausado del mundo preinternet y transmite muy bien las emociones cambiantes de la protagonista, que van del despertar romántico a la rebeldía, la pérdida y la desilución. La fotografía de Sergio Armstrong, con sus tonos terrosos y cálidos, refuerza esa atmósfera nostálgica y dialoga con el paisaje emocional de los personajes. Cuerpo Celeste destaca por una honestidad sin estridencias, a través de la que se observa a esa generación joven de postdictadura que lidia con los silencios de un entorno cada vez más fracturado.
—Denisse Espinoza
Apuntes para una historia de la vida de los santos, de Juan Cristóbal Romero. Laurel, 2026. 120 páginas

De los santos se han dicho muchas cosas: que eran exagerados, en palabras de Baudelaire; que eran cretinos morales, a juicio de Nietzsche y que no eran gente sana, según Cioran. Pero si por algo pasaron a la historia es por lo que se cuenta de sus vidas: José de Cupertino comenzó a levitar a los doce años; Benito José Labre fue visto en repetidas ocasiones en dos lugares al mismo tiempo; Brígida de Kildare convertía el agua en cerveza; Blas de Sebaste caminaba sobre el agua y Leodegario de Autun siguió predicando después de que le cortaran la lengua. La lista de hechos extraordinarios es interminable, como las 556 veces que se repite el nombre Pedro en la Historia de la vida de los santos de John Evangelist Stadler. Estos y otros datos increíbles son reunidos en Apuntes para una historia de la vida de los santos, de Juan Cristóbal Romero, quien ya había hecho lo propio con la historia de la poesía chilena, de la dictadura militar y del Quijote (emulando la estructura de David Markson en Esto no es una novela y La soledad del lector). A estas escenas se suman las raras penitencias de los eremitas, cada una más excéntrica que la otra, acompañadas por milagros, flagelos y éxtasis (por no decir chifladuras) que de los santos se cuentan, ya sea en hagiografías o en relatos de carácter apócrifo. “¿Cómo es posible que se pongan en un libro las vidas de tales hombres y que se les llame santos?”, se quejó alguna vez Voltaire. La respuesta, al menos aquí, parece simple: porque no podemos dejar de leerlas.
—José Núñez
Metafísica Lambda, de Aristóteles. FCEChile, 2025. 82 páginas

Entre los catorce libros que componen la Metafísica, el tratado conocido como Lambda —o libro XII— suele leerse como una pieza relativamente autónoma: una investigación sobre las sustancias, los primeros principios y las causas supremas que incluye, en el capítulo sexto, la famosa descripción del primer motor inmóvil del que dependen los cielos y la naturaleza: en otras palabras, Dios (de ahí que la tradición antigua lo interpretara como un tratado teológico). Esta nueva edición bilingüe y anotada, preparada por el profesor Óscar Velásquez, ofrece una traducción al español a partir de un texto griego establecido mediante el examen paleográfico de diversos manuscritos —entre ellos, el del monasterio del Escorial, no usado antes en ediciones tradicionales— y de un análisis riguroso de las ediciones críticas de Stefan Alexandru, Werner Jaeger y William David Ross. El resultado no es solo una nueva traducción, sino una reconsideración de pasajes problemáticos y de lecturas del texto que la tradición editorial había dado por asentadas. Con el griego enfrentado, abundantes notas y comentarios que dialogan con intérpretes antiguos y modernos —de Alejandro de Afrodisia a Hermann Bonitz—, este volumen constituye una contribución, poco frecuente en el mundo hispanohablante, tanto para los estudios aristotélicos como para quienes buscan leer por primera vez una de las obras más importantes de la historia de la filosofía occidental: un breve tratado sobre el orden divino del mundo y los principios que estructuran la realidad. No es poco.
—Palabra Pública
