A menudo percibido como un arte elitista, difícil de comprender y principalmente visual, la danza es mucho más de lo que vemos en un escenario. Como un espacio de pensamiento complejo, tanto espiritual, como político y filosófico, es profundamente material: se despliega a través de los cuerpos y del movimiento. Históricamente en Chile, a esta disciplina le han faltado espacios de difusión y reflexión crítica, un problema del que intenta hacerse cargo el proyecto Radio Coreográfica.
Por Natalia Ramírez Püschel | Foto principal: Natalia Ramírez y Katalina Mella, creadoras de Radio Coreográfica. Crédito: Constanza Miranda @cotidad
La disciplina artística de la danza ha carecido de una presencia más popular, y una de las razones es la ausencia del reconocimiento del cuerpo en la etapa más temprana de la educación. La niñez tiende de forma innata a expresarse libremente, saltar, correr, bailar. Sin embargo, poco a poco el sistema educativo con su estructura frontal, la exigencia de permanecer quietos, sentados y obedientes, y la desmedida preponderancia que se le da al intelecto, va aplacando la naturaleza inquieta de nuestros cuerpos. Esta desconexión repercute directamente en nuestra experiencia de aprendizaje y en nuestra capacidad para reconocernos como seres emocionales, porque el cuerpo es nuestra herramienta fundamental para sentir y entender el mundo. Una educación sensible, una educación acuerpada, implica un aprendizaje social dinámico, que aporta al comportamiento tanto individual como colectivo con relación a una cultura que muta, y a cómo nos relacionamos, comprendemos y respetamos a través de la experiencia del cuerpo, y con otros cuerpos humanos y más que humanos.
A pesar de estas condiciones, en la última década la danza se ha ido expandiendo en el ámbito social y conquistando los espacios públicos. Hay un creciente interés en habitar los cuerpos y expresarse en colectivo, desde las fiestas hasta los bailes callejeros. Dentro de la escena, hay una corriente cada vez más fuerte de convertir la danza en un arte más accesible. La danza contemporánea se integra más y más al cotidiano, y surgen contextos para que una diversidad de personas participe en prácticas y experiencias artísticas. Bailar puede cambiar la forma en que sentimos y pensamos, modifica nuestro estado de ánimo y nos permite generar nuevas ideas, funcionando como una herramienta para la salud social y el bienestar.
Sin embargo, la danza sigue siendo un arte a veces difícil de entender, porque si bien su lenguaje implica al cuerpo y al movimiento, también tiene una dimensión inmaterial. Es un tipo de experiencia constituida en lo efímero, lo que la hace inasible. Ese umbral de traducción es desafiante. La danza es un espacio de pensamiento, un espacio espiritual tanto filosófico como político. La puesta en escena es solo una de las manifestaciones que tiene este campo. Por lo mismo, una tarea es hacer que lo abstracto de la danza sea accesible para todas y todos, y más aún, encontrar medios de comunicación que se interesen en abordar y difundir este tema.
Con esto en mente, surgió el proyecto Radio Coreográfica, una iniciativa que busca generar una reflexión sobre la danza poniendo como foco inmaterial el sonido. Junto a la artista y psicóloga Katalina Mella, la concebimos como un espacio para despojarnos de lo visual y centrarnos solo en lo sonoro, como un ejercicio para explorar cómo el pensamiento y el sonido de la danza podían despertar también una nueva forma de atención, relación y conciencia. En esta temporada 2025, más de diez artistas escénicas y multidisciplinares chilenas comparten a través de sus voces, sus mundos oníricos, estéticos y políticos, en un quehacer que transita lo sutil en tiempos de crisis. Tocando asuntos del territorio, de lo colectivo, lo decolonial, del sur, del sur-sur, del tiempo, del dolor y del amor, emergen un sinfín de detalles y radicalidades encontradas en las prácticas actuales de las danzas contemporáneas expandidas.
Siempre nos ha llamado la atención lo común que es en otras disciplinas artísticas acercarse a los modelos de pensamiento de los creadores. Podemos acceder a libros sobre cómo pensaba la arquitectura y el mundo Le Corbusier o cómo concebía su universo visual David Lynch, por dar algunos ejemplos, pero no están tan a la mano los libro dedicados a grandes artistas de la danza. Y también sucede que lo coreográfico no está abiertamente considerado como un modelo de pensamiento posible y relevante para comprender el mundo. Nuestra inquietud fue esa: abrir un espacio a través de lo sonoro para que las coreógrafas reflexionaran sobre cómo se sienten y piensan las danzas.
La experiencia de Radio Coreográfica se sustenta en la escucha como un modo de atención y presencia. Desarrollamos un proceso creativo donde en un primer acercamiento le enviamos a las invitadas un set de tres preguntas que tenían que responder en audios de máximo tres minutos. No leímos ninguna reseña curricular, no vimos ningún video de las artistas; a algunas las conocíamos como colegas del ámbito profesional, también sus obras, pero a otras solo las intuíamos. Esta distancia permitió un acceso muy fresco, muy directo, a lo que escuchamos. La decisión fue solo construir el guion en base a la escucha. Y desde esa escucha, Rodrigo Sobarzo, el diseñador sonoro, elaboró unos ámbitos de sonido que fueron acompañando el relato. Luego, la realizadora visual Rosa Santoni elaboró las piezas gráficas de cada artista, también desde la escucha de esos audios. Trabajó con inteligencia artificial, con ciertas premisas para elaborar las imágenes que son las portadas de cada invitada. El resultado total es una coreografía semiestructurada, con suficiente vacío para que aparezca una conversación espontánea —una suerte de improvisación— que permite a la mente y al imaginario del cuerpo de la artista tomar presencia en un presente radiofónico.



Ya habíamos tenido una experiencia previa en 2013 con un programa de radio creado en el marco de una residencia en Mil M2, que nos permitió acercarnos al formato en el que encontramos un potencial inusitado, como dispositivo alternativo y disidente de la comunicación. Entonces, la noción de lo coreográfico se traducía en la idea de una conversación de cuerpo presente, donde el tiempo, el espacio y la energía se van modulando y van modelando el espacio elástico del aire, donde viaja el aliento, la voz y el cuerpo, que también va poniendo volumen matérico a la abstracción de esa mente, de ese imaginario corporal siempre en movimiento, donde cada artista junto a nosotras, las conductoras, nos vamos sincronizando en una dinámica única e irrepetible.
Vivimos una época singular para la danza contemporánea, una en que estamos ocupándonos y haciéndonos cargo de los cuidados, de las relaciones y los afectos, de procurar contextos adecuados para liberar los cuerpos, para expandir las voces y las corporeidades diversas. Hay una danza muy ligada a las urgencias de lo ecológico, del sentido espiritual como algo político, del territorio, del sur; a entendernos como personas entrelazadas al mundo. También al deseo de habilitar danzas que sean participativas y transformadoras, que lleguen a todas y a todos y a todes, que sean ciudadanas, que convoquen a las niñeces y primeras infancias y, a la vez, ideen estéticas que traigan algo de misterio. La danza enseña algo que pasa por los cuerpos y la memoria; pone afuera asuntos del sentir que cargan historia y que pueden también guiar nuestras utopías.
Si bien la prensa tiene un papel crucial y una responsabilidad social en la difusión y divulgación de esta disciplina artística —es un hecho que hoy existe insuficiente espacio dedicado a ella—, los y las artistas también están asumiendo un rol más activo. Desde la misma práctica están elaborando sus propias narrativas, construyendo archivos y escribiendo las historias de las danzas desde la sociedad civil, una práctica que ha ganado fuerza en las últimas décadas. Existe una necesidad de documentar y compartir el pensamiento coreográfico que, a menudo, no se transcribe en la obra final. Queremos pensar que Radio Coreográfica es un aporte a ese espíritu, que en diez o cuarenta años más estos archivos se van a escuchar y van a reportar algo muy genuino de un tiempo singular. Al pensar la vida coreográficamente, la danza se convierte en una herramienta para cuestionar lo que creamos como humanidad y ofrecer nuevas posibilidades de movernos por el sugerente espacio de lo real.
