Sobre el deseo de cambiar, de Adam Phillips. Roneo, 2025. 118 páginas

En una entrevista de la célebre serie “The Art of Nonfiction” de The Paris Review, el psicoanalista y ensayista británico Adam Phillips (1954) afirmaba estar en contra de la idea de autoconocimiento, pues supone que existe algo fijo detrás de una máscara, un “verdadero yo” capaz de ser descubierto. “No creo que uno llegue a conocerse. Nos describimos, y esas descripciones cambian”, decía en esa ocasión, recordándonos la forma narrativa en que vivimos nuestras vidas. En 2021, Phillips publicó Sobre el deseo de cambiar, recién traducido al español por Editorial Roneo, que ya había publicado hace cuatro años su ensayo Placeres permitidos, una exploración de las dinámicas que interactúan en nuestro deseo de obedecer a la autoridad. El libro examina el vínculo entre las experiencias de conversión religiosa —en especial las dos más conocidas de la tradición occidental, las de Pablo de Tarso y Agustín de Hipona— y los cambios graduales, menos dramáticos, de las terapias psicológicas contemporáneas, en particular del psicoanálisis. Freud utilizaba el término conversión para describir la manera en que el deseo se desplaza, sustituyendo —aunque no eliminando— el síntoma. Sin embargo, en un nivel psicobiológico, el cambio ocurre todo el tiempo, como un destino ineludible. En este ensayo, Phillips aborda estas contradicciones y explora los diferentes modos de transformación personal.
—José Núñez
Alma Tadema, de Niños del Cerro. Sello Sociedad Andina por la Canción de Barrio

La primavera que estos días se va pasará a la historia de la música chilena como la primavera de Alma Tadema, el último disco de Niños del Cerro. Se trata del cuarto álbum de la banda floridana, una de las cumbres artísticas de la generación indie de mediados de la década pasada. Utilizando como portada la pintura Primavera (1984), del artista neerlandés Lawrence Alma-Tadema, el proyecto recurre a guitarras luminosas, a melodías suaves y a la poesía cotidiana de Simón Campusano, su líder, para construir un homenaje intimista a la ya mencionada estación. Esta vez, la banda fue acompañada por el productor Yaima Cat, quien a través de sus arreglos en teclado acerca las canciones al infravalorado piano rock de los 2000. En canciones como “Príapo (o Sísifo otra vez)” o “Tembló”, Niños del Cerro acusa recibo de una nueva generación de grupos de post-rock como Candelabro y Asia Menor, que los han reconocido como una de sus mayores influencias. Todo esto, sin alejarse demasiado de sus clásicas sonoridades sicodélicas y de una cantautoría que no pierde la capacidad de conmover a través de canciones como “Aluvión” o “Un río”. Un disco perfecto para despedir la primavera y amigarse con el calor insoportable que viene.
—Gabriel Godoi
La vorágine, de Santiago Sierra, en el Museo de Arte Contemporáneo. Hasta el 25 de enero

No debiera pasar desapercibida en este cierre de año la muestra del reconocido artista español en la sede de Parque Forestal del MAC, donde vuelve a demostrar por qué su obra es un espejo incómodo del sistema que habitamos. La exposición condensa más de tres décadas de trabajo a través de piezas de video que enfrentan al espectador a la explotación laboral, la violencia estructural y las contradicciones del capitalismo tardío. Sierra mantiene su estética minimalista —un blanco y negro tajante, sin rastros de color— para reforzar un lenguaje visual austero y brutal. La selección revela cómo el artista utiliza cuerpos, espacios y acciones para evidenciar las redes de poder que atraviesan lo cotidiano, desde la alienación del trabajador hasta la mercantilización de la vida. Destaca The Maelström (2023), donde registra a jóvenes futbolistas gambianos adoptando posiciones de arresto policial como si fuese una coreografía, mientras suena en loop la frase: “Europa es un jardín y el resto del mundo es una jungla”. También se exhibe La Trampa (2007), performance realizada en Chile, donde figuras de la cultura avanzan por un pasillo oscuro hasta enfrentarse a 186 trabajadores peruanos que los miran con severidad antes de obligarlos a retroceder. No hay duda de que la radicalidad formal de Sierra no busca agradar, sino abrir grietas: cada obra es un corte quirúrgico que expone los mecanismos del neoliberalismo y recuerda que el arte, para importar, a veces debe incomodar.
—Denisse Espinoza
Serpiente, de Alfredo Andonie. Alfaguara, 2025. 412 páginas

Cuando pareciera que el español de las novelas se ha estandarizado —quizás por el influjo de las traducciones del inglés— y predominara un estilo neutro, ajeno a los solecismos, anacolutos, excesos y otros tipos de transgresiones gramaticales, Alfredo Andonie (1989) debuta con una prosa sinuosa y abigarrada en Serpiente, una novela que despacha descripciones como esta: “druidas versados en el vértigo del placer, bestias de gonadárquia refulgente, antropófagos de pellejo asedado y baba sementina (…) que la vengan a preñar, que la enlamen del musgo muelle de su tufo, que le suelten su riada ronca por el oído, carne impía y cruenta, aullido cárdeno y lingual”. Heredera de la obra de Néstor Perlongher y Pedro Lemebel, la novela explora el deseo, la homosexualidad, la política y la violencia en el Santiago convulso de fines de los sesenta e inicios de los setenta. Su protagonista, Baltazar, es un joven prostituto que deambula por los cines, cabarets y pasajes del centro, donde conoce a Carlos, un estudiante de clase alta seducido por la libertad del ambiente gay que terminará en Patria y Libertad, y a Pedro, un guerrillero socialista castigado por su homosexualidad. Andonie reconstruye la bohemia santiaguina previa a la dictadura y examina la tensión que las disidencias sexuales provocaron en la izquierda de la época.
—Palabra Pública
Otra educación: Aprender en el siglo XXI, de Eugenio Severin. Laurel, 2025. 448 páginas

Aprender en tiempos de hiperestímulos y sobreinformación parece una tarea agobiante. ¿Cuántos datos retenemos cuando el cerebro se ve forzado a procesar sin descanso el exceso y el estrés cotidianos? La evidencia es tajante: “la memoria se satura y deja de operar del modo en que necesitamos”, escribe Eugenio Severin en Otra educación. Aprender en el siglo XXI, un libro ideal para repensar la enseñanza en un mundo que cambia a toda velocidad. Severin, especialista en educación con una vasta trayectoria en instituciones públicas y privadas y docente del Magíster en Políticas Públicas en Educación de la Universidad de Chile, describe con un lenguaje cercano qué está ocurriendo en nuestros cerebros en medio del ruido constante, y cómo los últimos hallazgos de la psicología cognitiva, la neurociencia, la pedagogía y las ciencias del aprendizaje obligan a imaginar nuevas formas de concebir la educación y de difundir el conocimiento. “El aprendizaje ocurre cuando el estudiante puede conectar lo nuevo con lo que ya sabe, con lo que ha vivido, y cuando esa conexión le permite actuar de manera más sabia, creativa y comprometida en el mundo. Aprender es cambiar”, recuerda Santiago Rincón-Gallardo en el epílogo. Este libro, precisamente, apunta a abrir ese horizonte de transformación.
—Evelyn Erlij.
