A partir de la lectura de Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz —editado en 2025 por la Universidad de Chile— la autora de este texto revisita las luchas del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH) en plena dictadura y destaca la deuda histórica del país con figuras claves del feminismo como la propia Olga Poblete o Elena Caffarena, abriendo preguntas urgentes sobre memoria, educación y democracia en el Chile de hoy.
Por Eliana Largo Vera | Imagen principal: Archivo de la familia Espinosa Poblete.
Se accede a la libertad [….] si se tiene, y solo si se tiene, garantizado el dominio de las necesidades vitales.
— Julieta Kirkwood
Supe de la existencia e importancia de Elena Caffarena y Olga Poblete en 1979, en plena dictadura civil militar, cuando muchas habíamos comenzado a participar en lo que sería el movimiento de mujeres antidictatorial, específicamente en el movimiento feminista. El 22 de mayo de 1979 fui a la jornada que dio origen al Círculo de Estudios de la Mujer, el cual devino en el Centro de Estudios de la Mujer en 1984. En esa jornada estaban invitadas Elena y Olguita —así se las mencionaba—, y fui sabiendo de esta forma del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile. Parte central del amplio programa de este movimiento de carácter nacional era la emancipación biológica, jurídica, económica y social de las mujeres, que exigían, entre otros objetivos, el derecho al sufragio universal, la igualdad jurídica, el divorcio y la salud reproductiva —incluido el aborto—, junto con resolver la situación de pobreza y miseria que afectaba a parte importante de la población constituida por mujeres y niñeces. Programa que en la mayoría de sus puntos continúa sin lograrse aún, lo que habla del tipo de país que tenemos.
Ni en la enseñanza básica ni secundaria ni universitaria —estudié Antropología en la Universidad de Chile, es decir, fui “formada en la educación pública”— tuve noción de todo eso: ignorancia compartida. Actualmente existe un creciente y notable desarrollo de la inteligencia artificial, de las ciencias y la tecnología, aunque sabemos lo que, en muchas otras materias, produce la ignorantización forzada: los fascismos con piel de oveja o neofascismos levantan su cabeza una y otra vez. Es lo que hicieron y hacen los poderes fácticos en las democracias de ayer y hoy en este presente de nuevo desembozados.

En esos dictatoriales años de la década de 1970 y comienzos de los años 80, la reconocida socióloga feminista Julieta Kirkwood investigaba y estudiaba las organizaciones de mujeres que existieron en Chile, motivo por el cual visitaba la casa de Elena Caffarena, donde se reunían no solo “memchistas”, entrevistando a quienes iba contactando y conociendo (la acompañé una vez a la casa de calle Seminario, en Santiago, hogar de Elena).
Solo ahora, año 2025, en pleno siglo XXI, la Universidad de Chile publica el indispensable libro Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz, no por motu proprio, sino principalmente porque así lo hicieron notar parientes directos de Olga Poblete —su hijo y nuera— desde la Fundación que lleva su nombre, y desde redes feministas que insistieron en su memoria, tal como se menciona en el libro.
Leer con calma este volumen de más de quinientas páginas que documenta parte significativa de la fructífera vida y obra de Olga Poblete a través de los diversos artículos, documentos y fotografías que lo componen ha sido una experiencia muy enriquecedora y remecedora. Es una verdadera joya, lo que hace difícil dar cuenta de todo ello en una reseña breve como esta.
Agradezco a Alondra Carrillo Vidal por su fino y encomiable trabajo como editora, para lo cual contó con un valioso equipo de personas y el respaldo institucional de la Universidad de Chile. Le agradezco haberme regalado este libro, mediante el cual podemos descubrir la figura multifacética de Olga, que destacó en todos los ámbitos de su trayectoria personal, profesional, social y política hasta el final de una vida plena, de casi un siglo (1908-1999).
Precedidas por el prólogo y un esbozo biográfico de la editora, se nos introduce a las cuatro secciones que compilan textos escritos por Olga, además de los aportadores documentos y artículos de diversas autorías que abordan su vida prolífica, partiendo por el de su hijo Humberto Espinosa Poblete, quien se refiere a la vida de esta mujer pequeña físicamente —su madre—, aunque enorme en sensibilidad, sencillez e inteligencia. Junto con develar la existencia y el devenir de Olga en el país y el mundo del siglo XX, que incluye dos guerras mundiales y dos dictaduras civil-militares en Chile, se van iluminando los claroscuros de su tiempo y también los de este presente incierto.

Editorial Universitaria, 2025
532 páginas
Me asombra conocer, por medio de este libro, la enormidad del trabajo que realizó: como educadora destacada, ejerció la docencia en el Liceo Experimental Manuel de Salas, donde innovó en el currículo de este establecimiento coeducacional pionero, dejando una impronta que se expresa de distintas maneras hasta hoy, según se documenta ampliamente. Hizo clases también en otros liceos. De modo similar, fue relevante su extenso rol como académica y directora del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde amplió los estudios en Historia y Geografía de las poco abordadas Asia y África, siendo profuso su quehacer en publicaciones de libros, ensayos, artículos y conferencias.
En este libro accedo a la escritura clara y sensible de Olga sobre su estadía de varios meses en China, entre fines de 1952 e inicios de 1953, en la que aporta luces y conocimientos sobre el proceso de transformación social que vivía ese país-mundo invisibilizado en Occidente, con la participación clave de las mujeres chinas. La Ley de Matrimonio, que en 1950 terminó con siglos de tradición —es decir, la transacción acordada por el padre y la madre—, fue tan revolucionaria como lo fueron la reforma agraria y la educacional, con su programa nacional de alfabetización, procesos que fueron reconvirtiendo a China en la potencia mundial que es hoy.
De la mayor importancia fue la participación política de Olga Poblete en tanto feminista comprometida, como secretaria general del MEMCH entre 1935 y 1953 y como pacifista reconocida internacionalmente y galardonada varias veces. Junto a todo ello, fue una destacada deportista, cofundadora del Club Andino de Chile en 1933.
Participó en numerosos congresos y conferencias en Chile y en el extranjero, y organizó otros. En 1971 el presidente Salvador Allende la invitó a integrar la Comisión Nacional Organizadora de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III), a realizarse en 1972. Este mismo año asumió la responsabilidad de planificar la sesión anual de la Presidencia del Consejo Mundial de la Paz, con asistentes de todo el mundo.
Por el relato de su hijo Humberto me entero también de que Olguita pudo contar con el apoyo indispensable de su marido, Humberto Espinosa Correa, de su propia madre, Luisa Poblete, y de la hermana de su madre, Teresita, en su intensa vida profesional y política, así como en los muchos viajes que hizo, incluidos sus estudios en Estados Unidos, que realizó teniendo una hija y un hijo pequeños. Un hecho digno de destacar considerando que hasta hoy en Chile no se resuelve debidamente “el tema de los cuidados”, que recaen principalmente en las mujeres, un problema que aún no se resuelve (un problema, más que “tema”). Esto se ve exacerbado por el crecimiento del número de hogares a cargo de una mujer sola, una realidad que termina por configurar otra forma de violencia en una época que ha promovido fuertemente la “incorporación de la mujer al desarrollo”, es decir, su participación laboral o, más bien, a la fuerza de trabajo y consumo que requiere la maquinaria capitalista, pero que, al no hacerse cargo de los cuidados, tiene como una de sus principales consecuencias en Chile y el mundo la dramática caída en la tasa de natalidad. Al respecto, como bien señaló la antropóloga cultural estadounidense Gayle Rubin en 1975, “un sistema sexo-género es simplemente el modo reproductivo de un ‘modo de producción’”.
La propia Olguita nació y creció sin padre en un país de huachos —desde Bernardo O’Higgins hasta hoy—, aunque con una madre, una abuela y un tío materno que formaron el hogar cálido y protector en que comenzó a desarrollar sus talentos (estudios formales, clases de piano, deportes). Realidad similar vivió el destacado biólogo Humberto Maturana, que creció sin un padre presente, en un entorno de mujeres y al cuidado de su madre Olga Romecín, también integrante del MEMCH, cuyo apellido lo identificó durante años, desde niño: Humberto Romecín, según nos contó en una entrevista realizada para el documental Calles caminadas (2006), disponible en YouTube, la cual fue publicada completa junto a numerosas entrevistas a mujeres en la investigación Calles caminadas, anverso y reverso (2014), disponible en Memoria Chilena.

Vivimos en un país fragmentado. Me gustaría saber cómo y dónde se estudia y difunde hoy a estas mujeres señeras y la importancia del MEMCH en la historia del país —con su programa en gran parte incompleto—, más allá de la reciente conmemoración de sus 90 años en el Archivo Mujeres y Géneros, del Archivo Nacional. También del MEMCH 83, resurgido en dictadura gracias a mujeres militantes de partidos políticos que se agruparon en organizaciones con nombres de fantasía para poder existir y seguir funcionando en tiempos más que adversos, en que se luchaba de distintos modos por una “democracia en el país y en la casa”. Dónde se estudia y difunde hoy a los movimientos feministas, más allá de los actuales “estudios de género” en las universidades —concepto politizado e instalado desde el feminismo en la década de 1970—, lo que relevaría la necesaria reflexión sobre el rol ineludible de los movimientos sociales en los procesos de democratización.
Tras el golpe civil militar de 1973, Olga Poblete tuvo un papel importante en la formación inmediata de la Agrupación de Mujeres Democráticas para las necesarias acciones de solidaridad y apoyo mutuo, agrupación que existe hasta hoy con antiguas y nuevas seguidoras. En 1979, junto a Elena Caffarena y otras destacadas mujeres, estuvo en la creación del PIDEE, Fundación de Protección a la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (niñeces cuyos progenitores —padres y/o madres— fueron violentados, detenidos, asesinados). Asimismo, participó en la realización de la conmemoración de cada 8 de marzo en el país el Día Internacional de la Mujer (8M). Notable es su recuento acucioso de tales conmemoraciones, el cual tendría que ser publicado como herramienta para el movimiento de mujeres, en particular el feminista, cuya acción-reflexión ha sido central en la democratización del país, un proceso en curso. Es destacable también su texto biográfico sobre Elena Caffarena, ambos incluidos en este volumen.
Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz es un libro para leer y releer con calma, que nos habla de una mujer memorable, de su lúcida y valerosa trayectoria, de su compromiso social y pensamiento crítico, así como de sus congéneres en un país y un mundo pasado/presente que ameritan un mejor futuro. Es nuestra responsabilidad compartida.
***Por orden alfabético se consignan a continuación las autorías de los trabajos o textos contenidos en esta obra, además de los de Olga Poblete: Alondra Carrillo Vidal, Camila Silva Salinas, Enrique Riobó, Florian Marín, Gorka Villar Vásquez, Humberto Espinosa Poblete, Javiera Manzi, Javiera Soto Hidalgo, Luis Alberto Mansilla, María del Pilar Barba, María Fernanda Lanfranco González, María Montt Strabucchi y Valeria Alejandra Olivares Olivares.
