“Pepe fue un intelectual en su pleno sentido. Su rigor al investigar, escribir, formar, asesorar, leer, cantar, oír, comer y beber permitía que cada conversación con él fluyera por tantos lugares, caminos, huellas y toda esa geografía humana que dibujó con su transitar de pies con barro y polvo de tantos y tantos lugares de esta y de muchas tierras”, escribe en este texto de despedida su amigo Enrique Aliste, Premio Nacional de Geografía 2018 y profesor titular en la Université de Paris 1 Panthéon-Sorbonne y en la Universidad de Chile.
Por Enrique Aliste
Partió el Pepe. Lo ha hecho después de haber obtenido, al menos, el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades 2025.
Digo “al menos” porque lo esperó desde hace un buen rato y, por supuesto, tendría que haber llegado mucho antes. Y porque la retribución a su obra merece más que ese reconocimiento.
José Bengoa fue un intelectual en su pleno sentido. Su rigor al investigar, escribir, formar, asesorar, leer, cantar, oír, comer y beber permitía que cada conversación con él fluyera por tantos lugares, caminos, huellas y toda esa geografía humana que dibujó con su transitar de pies con barro y polvo de tantos y tantos lugares de esta y de muchas tierras.
Nos cruzamos por primera por vez en el año 1992, en la entonces Comisión Especial de Pueblos Indígenas que formó el gobierno del presidente Patricio Aylwin. En la calle Villavicencio de un barrio Lastarria previo a la época del glamur, nos presentó, en más de una ocasión, el geógrafo Raúl Molina, nuestro querido amigo en común. Entonces, como estudiantes de geografía, varios colaboramos en el trabajo que se llevaba a cabo en apoyo a la formulación de lo que después sería la Ley 19.253, con la que Chile se comprometió a proteger y promover el desarrollo de sus pueblos originarios. Imposible olvidar las veladas en la Casa de Ejercicios de Temuco, con tantas y tantos amigos que perdurarán en el tiempo; luego vendrían Alto Bíobío y encuentros esporádicos, uno de ellos, en 2017, en el Palais d’Orsay, con ocasión de la visita oficial de la presidenta Michelle Bachelet a Francia y del desarrollo de un importante evento académico en París.
Nuestros encuentros más reposados los pudimos disfrutar en 2024 y 2025 comiendo cuscús, un buen vino y un mejor aún calvados, que compartimos junto con Ximena, su esposa, y una siempre agradable conversación. Aquella vez hablamos, en otras cosas, sobre su fascinante viaje a Caral, en Perú, la ciudad más antigua de América Latina, que inspiró uno de sus últimos libros, Viaje a Caral. Crónicas acerca de la larga historia de América y la resistencia de los pueblos indígenas.
Con el Pepe se va también un artista de la conversación; podía ser de historia, música, literatura, política, contingencia, filosofía. No había restricciones, y siempre había un punto interesante, alguna anécdota, un amigo en común. Por cierto, algún viaje que contar. Quizá este sea el único viaje del cual no nos vamos a enterar.
Pepe querido, te vamos a extrañar, pero jamás a olvidar.
