El recorrido por los documentos que el escritor —uno de los autores clave de la novela social y proletaria chilena— dejó en la casa familiar, y que hasta ahora no habían sido revisados, ha revelado el manuscrito original de La sangre y la esperanza, uno de sus libros más importantes. A más de ochenta años de su publicación, este hallazgo amplía el conocimiento sobre su obra y abre un diálogo íntimo con su legado literario, dicen los autores de esta columna, miembros de la Fundación Nicomedes Guzmán.
Por Roberto González Loyola y Luciano Leal Hernáez | Fotos: Gentileza Fundación Nicomedes Guzmán
Una de las cosas más conmovedoras de investigar la vida y obra del escritor chileno Nicomedes Guzmán (1914-1964) —sus libros, su legado, sus ediciones—, es que hemos sido testigos del vínculo emocional que sus hijos, nietos y bisnietos han seguido cultivando con su memoria luego de más de 60 años desde su muerte. Las emociones se despiertan cada vez que hemos encontrado en la cotidianeidad de su familia, entre muebles y rincones íntimos, los manuscritos que, inéditos o no, han estado resguardados en la que fuera la casa de Nicomedes, en la población El Polígono de Quinta Normal.
Poco a poco, sus familiares han ido reencontrándose con la historia de este escritor —uno de los autores clave de la novela social y proletaria chilena junto a Manuel Rojas— al volver a abrir cajones, revisitando parte de su historia privada y de su casa. El año 2014 la familia volvió a mirar un antiguo recuerdo que Lucía Salazar —esposa de Nicomedes— recibió en 1934 como regalo de pololeo y que atesoró consigo para siempre: el poemario Croquis del corazón. Este libro estuvo años en su biblioteca, sin que se considerara como un objeto valioso para entender la literatura chilena. Estaba allí guardado a un lado de las grandes novelas publicadas por Nicomedes Guzmán: Los hombres obscuros (1939), La sangre y la esperanza (1943) o La luz viene del mar (1951). El desgaste del canto del libro producto del sol nos permitió entender que ni Nicomedes ni Lucía lo veían como un manuscrito o maqueta de una publicación posterior y definitiva, sino como una manifestación en sí misma de amor marital.

Con la emoción de ver cómo la familia decidía sacarlo del estante para que Croquis del corazón pasara a formar parte del patrimonio cultural chileno, comenzamos el viaje por manuscritos inéditos y reediciones para reposicionar a Nicomedes Guzmán en el campo cultural chileno, al tiempo que decidimos donar este inédito a la Biblioteca Nacional el año 2015, creándose un archivo propio dentro del Archivo del Escritor.
A medida que avanzábamos y que se iban ordenando cajas y documentos que permanecieron inmóviles durante varios años, fuimos encontrando nuevos elementos para complementar la historia literaria de Nicomedes Guzmán y la Generación del 38, a la que perteneció junto a figuras como Carlos Droguett, Pepita Turina y Armando Méndez Carrasco. Fue entonces que se volvieron frecuentes los encuentros emocionales con el autor. Durante la pandemia del covid-19 apareció la novela inédita Un hombre, unos ojos negros y una perra lanuda, que se creía quemada, según lo que él mismo contó en reiteradas ocasiones hacia 1937. Por el contrario, al igual que con el Croquis, el escritor había corregido, compaginado y conservado un único ejemplar para que, si no veía la luz pública, al menos fuese archivado en la intimidad de la biblioteca familiar. Croquis del corazón lo editamos junto a la Editorial Victorino Lainez en formato facsimilar, dando a conocer así las técnicas artesanales que un joven Nicomedes manejaba en esa época, y que le permitirían crear este libro que aún hoy sigue encuadernado y compaginado perfectamente. Nicomedes, gran lector, revisó la colección Cuadernos de Poesía —publicada por editorial Letras entre 1932 y 1933 y en donde Pablo Neruda publicó “El hondero entusiasta”—, para inspirarse en el diseño de este libro.
Por su parte y respetando el criterio original que nos permitiera transmitir la emoción del encuentro, la novela inédita Un hombre, unos ojos negros y una perra lanuda fue publicada junto a Ediciones Biblioteca Nacional bajo un riguroso proceso editorial, que permitió darle el valor que merece esta obra, terminada un año antes del que se creía su primer libro. Además, como una forma de jugar con el tiempo, decidimos incorporar ilustraciones contemporáneas basadas en la tradicional técnica del grabado, que fueron utilizadas por varios de los grandes artistas que trabajaron junto a Nicomedes en sus históricos libros. El manuscrito también fue sumado al Archivo del Escritor.
En paralelo, junto a estos dos grandes tesoros, se encontró dentro de un pequeño cofre —donde también había algunas esquelas, recortes de periódicos y uno que otro folleto— un poemario titulado Acordeón de ausencias. Este libro, similar a los dos inéditos publicados, tiene algunas particularidades. A primera vista no se ve la intención de conformarse como una obra acabada, pues posee una ilustración pegada en la portada que parece querer orientar la portada futura. El hecho de que esta ilustración haya aparecido efectivamente impresa en el libro La ceniza y el sueño (1938) denota el carácter de maqueta de Acordeón de ausencias. Además, los poemas “Acordeón de ausencias”, “Palabras en el paquebot del recuerdo” y “Romance marino de Lucy” que aparecen en dicha publicación, también están publicados en La ceniza y el sueño, confirmando la hipótesis de que más bien se trata de una edición preliminar, anteproyecto, maqueta o ensayo.

El viaje por los documentos dejados por Nicomedes en la casa familiar, que hasta ahora no habían sido revisados y permanecían congelados en el tiempo, ha continuado. Hace solo unas semanas, uno de los hijos del escritor —Darío Vásquez—, nos alertó sobre la posible aparición de nuevos documentos tanto o más valiosos que lo que ya conocíamos.
La noticia llegó justo cuando nos encontrábamos trabajando junto a la Editorial Atmosféricas en un nuevo libro sobre el autor, que recopila sus artículos de prensa, ensayos y escritos políticos, trabajo que nos llevó a revisitar uno de los libros más ambiciosos de Nicomedes Guzmán: “Autorretrato de Chile” (1957), este antología de escritos sobre Chile y su cultura realizados por 50 de los más grandes escritores y escritoras de nuestro país, contó con un prólogo de Nicomedes denominado Encuentro emocional con Chile, con el que buscaba “establecer un poco de comunicación emocional con algunos asuntos naturales de nuestra tierra”.
¡Y qué otra cosa es, sino una profunda comunicación emocional con Nicomedes Guzmán, confirmar la aparición del manuscrito completo de La sangre y la esperanza (1943), una de sus novelas más importantes, además de seguir encontrándonos con otros manuscritos, documentos e inéditos!
Con este nuevo hallazgo, ahora sabemos que La sangre y la esperanza terminó de escribirse en 1941 y que, a diferencia de lo que creíamos, Guzmán no fue quien escribió la bajada de título Barrio Mapocho, sino que fue una decisión que podría haber sido recomendada por Editorial Orbe. Sabemos también que no quiso incorporar una dedicatoria y que borró dos epígrafes considerados en un principio: uno de Pablo Neruda y otro de Victorino Vicario. Sabemos también que su afinidad por los seudónimos era algo común en él, pero va más allá de lo que pensábamos. Utilizó Ovaguz en la revista El Peneca; Darío Octay en Croquis del corazón; Nicomedes Guzmán en el resto de su obra y, al parecer, pensaba firmar La sangre y la esperanza con otro seudónimo.
Un montón de preguntas se abren con este hallazgo, que de apoco iremos respondiendo durante la investigación conjunta que emprenderemos entre la Fundación Nicomedes Guzmán, su familia y los profesionales de la Biblioteca Nacional, depositaria de este legado. ¿Cuándo y cómo surgió el vínculo del escritor con el artista Carlos Hermosilla Álvarez para la realización de los capitulares? ¿Existirá algún elemento que nos lleve a conocer más de la novela Los 13 meses del año, continuación de La sangre y la esperanza, pero que aún no podemos encontrar?
Como si esto fuera poco, también aparecieron los manuscritos del libro Autorretrato de Chile y con ello, unos textos de puño y letra de Pablo de Rokha, donde el poeta envía a Nicomedes las palabras que irían en el glosario, además de las ilustraciones originales que Enrique Lihn realizó para la novela La luz viene del mar.
Redescubrir los manuscritos de Nicomedes Guzmán amplía nuestro conocimiento sobre su obra, pero también invita a repensar la fuerza de la memoria y el valor de los gestos cotidianos que resguardan la historia. Cada hoja, cada corrección, cada palabra tachada es también una forma de diálogo con el pasado: un testimonio de que la literatura no muere cuando se publica, sino que sigue respirando en los rincones íntimos donde habitan los recuerdos. En esos espacios, Nicomedes vuelve a escribirnos, con la misma ternura y dignidad con que alguna vez escribió sobre el pueblo chileno.
