Astucias. Dioses, animales y hombres en la Grecia antigua, de Trinidad Silva. Roneo, 2025. 226 páginas

La inteligencia es multiforme, nos recuerda la filósofa y especialista en estudios clásicos Trinidad Silva (Santiago, 1982) al inicio de este libro. En el siglo XVII, según Hans-Georg Gadamer, deja de ser la facultad de reconocer los principios superiores y pasa a definirse en un sentido instrumental, es decir, como la capacidad de resolver problemas. En Astucias, la profesora e investigadora del Instituto de Filosofía de la Universidad Católica analiza una forma particular de inteligencia, aquella que da nombre al libro: la astucia, de naturaleza plástica y adaptativa, que en su ambivalencia “no puede ser un ideal filosófico, cuyo objeto son la verdad y el bien”. La astucia es la inteligencia del cuerpo animado, nos dice la autora, y en esa definición incluye a dioses, animales y humanos que han hecho del engaño, la estratagema, el oportunismo y la capacidad de adaptación su forma de desenvolverse en el mundo. En un recorrido que va desde la mitología griega hasta el reino animal, Silva rastrea las figuraciones literarias, políticas y religiosas de dioses como Zeus, Prometeo y Proteo, de animales como el pulpo, el cuervo y el zorro y de hombres como Ulises, Sócrates y los sofistas. Con un estilo directo y ameno, que entrelaza fuentes antiguas —de Homero y Esquilo a Platón y Aristóteles— con lecturas contemporáneas —como Anne Carson, Tamara Kamenszain y Alessandro Baricco—, Astucias es una demostración de la vigencia del mito como metáfora de nuestra existencia.
—José Núñez
Los años nuevos, de Rodrigo Sorogoyen. En MUBI

Se es joven hasta que, un día, se deja de serlo. Algo así se aprende al cruzar la treintena, esa década en la que suele pasar lo más relevante de una vida común y corriente: relaciones decisivas, trabajos importantes, casamientos, divorcios, quizás hijos, la compra de una casa y cosas parecidas. La adultez, a fin de cuentas. De eso se trata, a grandes rasgos, la miniserie española Los años nuevos, que sigue a una pareja a lo largo de diez años y diez episodios. Cada uno transcurre durante Nochevieja y Año Nuevo, una época sobrecargada de emociones, expectativas y preguntas existenciales, y en la que, para colmo, los dos protagonistas están de cumpleaños. Ana trabaja en un bar y no tiene una vocación muy clara, mientras que Óscar, en la otra vereda, es médico internista en un hospital de Madrid. El amor —y las relaciones humanas— son complejas e impredecibles, y los caminos que recorrerán los dos no serán fáciles. Los años nuevos retrata muy bien el tránsito hacia la adultez pura y dura, el choque con el mundo “real” que supone la madurez. En otras palabras, eso que los gringos llaman coming of age.
—Evelyn Erlij
Aquí está mi cara. Retratos de Pedro Lemebel. Desde el 23 de enero en Arrayán Espacio (Compañía de Jesús 2077, Santiago)

Conocer a una persona en su totalidad es imposible: apenas accedemos a fragmentos, gestos, relatos parciales que intentan —sin lograrlo del todo— explicar quién fue alguien. Frente a una figura del porte y complejidad de Pedro Lemebel, esa imposibilidad se vuelve más evidente y, al mismo tiempo, un terreno fértil. De ahí la relevancia de ejercicios como esta exposición de retratos, que no buscan fijar una imagen definitiva del autor de Tengo miedo torero, sino abrir nuevas capas de lectura sobre su obra y su vida. A través de las miradas de 11 fotógrafos—como Patricio Alarcón, Álvaro Hoppe, Helen Hughes, Germán Bobe, Mabel Maldonado y Gabriela Jara, entre otros, y la curaduría del periodista Pedro Bahamondes—, la muestra construye un archivo coral sensible y político que recorre sus diferentes facetas —posadas y cotidianas—, compromisos, silencios y rebeldías, recordándonos que Lemebel fue siempre una identidad en tensión permanente. La exposición, además, abre un nuevo espacio de exhibición dedicado a la fotografía y a las artes visuales, impulsado por la psicóloga Lucía Ruiz y el fotógrafo Pablo Sanhueza, que se suma a la vida cultural del barrio Brasil con una propuesta que cruza memoria, arte y reflexión crítica. Más que responder quién fue Lemebel, la muestra invita a permanecer en la pregunta, a aceptar que su figura —como toda identidad disidente y radical— sigue desbordando cualquier intento de captura.
—Denisse Espinoza
Tarascón, de Emiliana Pereira Zalazar. Overol, 2025. 64 páginas

En el primer poema del libro, un hombre tiene el cuerpo repleto de niños muertos o agonizantes y cadáveres con hongos capaces de hablar. Nada de eso tiene sentido, por supuesto, y justamente allí se instala cierta excentricidad narrativa que define el conjunto: en un nivel estilístico donde operan también la ironía, la elipsis —esa abreviación violenta—, oraciones que hacen de la incompletitud un acierto prosódico (“Una esponja huele a humedad en algún lugar de la casa y la buscamos como si tuviésemos tiempo para. La alarma suena y ya es hora de”) y frases donde la ausencia de verbos desplazan el foco desde la acción hacia la aparición de estados o imágenes: “En ese momento semilla, y después todo lo demás brote, floración e incluso bosque en medio de mi cabeza”. Compuesto por 25 prosas, Tarascón transfigura elementos cotidianos y escenarios domésticos en una poesía cargada de datos sensoriales, que llevan a la hablante a subrayar la brutalidad del mundo. El registro coloquial y la falta de grandiosidad de las imágenes producen un humor atípico, donde cierta tosquedad se mezcla con una mirada sensible hacia las cosas. Autora de Nada es hombre, nada es tierra (2017) y Cabeza y corazón es una ostra (2024), y editora del sello Bisturí 10, Pereira Salazar construye un libro lleno de “materialidades fascinantes, ferocidad (…) y recovecos donde cada palabra era un mundo”, como se lee en un poema.
—Palabra Pública
