El apocalipsis árabe, de la poeta árabe-estadounidense Etel Adnan, publicado por Póstuma Ediciones, es un poema extenso escrito en respuesta a la guerra civil libanesa. La obra mezcla poesía visual, referencias mitológicas, textos de la tradición mística y un uso libre de la puntuación para abordar “la violencia y la locura de la propia civilización razonada”, dice la escritora, traductora e investigadora Jessica Sequeira, quien presentó el volumen hace algunas semanas.
Por Jessica Sequeira
El apocalipsis árabe de Entel Adnan (Beirut, 1925 – París, 2021) es un libro complejo en su imaginario, con un estilo exuberante, surrealista, que rompe fronteras entre la literatura y el dibujo con el recurso de pequeños símbolos hechos en tinta. La escritura es densa en sus capas, pero las frases son cortas y claras. Con sus imágenes, sus mayúsculas y puntuación, tiene algo de gozoso, y así por momentos parece incluso una especie de escritura libre, o flujo de conciencia, un surgimiento de cognición atento a los sonidos o un pensamiento en colores.
Las famosas pinturas de Adnan del Monte Tamalpais, realizadas en los años 80, muestran campos geométricos de color que retratan la misma montaña de cientos de maneras diferentes, transmitiendo no solo los cambios en la montaña misma y el paso de una nube o un cambio en el follaje, sino también los cambios internos dentro de la propia Adnan, su percepción. Hay un cuidado en la combinación de campos de color que se convierten en una forma de lenguaje, que sugiere un equilibrio entre el interior y el exterior. En este libro, aunque fue escrito en 1980 justo antes de la producción de esos serenos cuadros, tal equilibrio no existe. La obra transmite una percepción refractada de algo mucho más terrible, la Guerra civil libanesa. Es una agonía a través del lenguaje. La agonía es específica de este evento, pero también un clamor general por la condición del mundo mismo, haciendo mención a los indios Hopi, la cosmología hindú y varias otras referencias culturales. Estamos en Beirut, con su contexto musulmán y cristiano; estamos en todas partes, con todas las creencias. El uso de colores es constante, y en el libro la historia genera una especie de sinestesia.
En el centro de esta obra de Etel Adnan se encuentra el sol. El sol es la base de tantas mitologías, la semilla de todo lo existente. Es dios o lo divino, lo que da luz y vida. Pero también es lo que amenaza con quemarnos, matarnos, extinguirnos a todos. Así, en su doble capacidad de creación y destrucción, el sol es la base de infinitas metáforas y símiles que recorren desenfrenadamente la mente de Adnan. Es “un sol cansado de rodar, un sol descartado, un sol enfermo brillando en su agonía”. Es un “sol caníbal antropófago” que consume todas las referencias posibles. Al principio del libro, el sol es casi simple, como en un cuento infantil, aunque ya surrealista: es rojo, azul o verde. Pero pronto va adoptando otras formas de ser: “el sol es una serpiente india, un sioux cubierto de luz”, escribe Adnan. El sol es universal, “un sol turco, un sol árabe, un sol kurdo, un sabio sol hindú”. Es “un sol indio, un sol hindú, un sol zoroastriano, un sol para catacumbas”. La escritura a veces adquiere la cualidad extática o demencial del delirio en droga o alucinación, pero esto refleja la violencia y la locura de la propia civilización razonada. El sol es demasiado humano; folla en un burdel. El sol es “mi padre asesino”, fálico, crudo, un hombre con pene. El sol es violento como el Dios judeocristiano, “el sol es LUCIFER”. El sol es el azote del desierto. El sol es abrumador. Cómplice, “el sol está contaminado por la ciudad”, un ojo que observa todo desde arriba sin hacer nada ni siquiera actuar para agravar la violencia, no un observador pasivo sino un ser afectado por el genocidio urbano o responsable en parte por el mismo genocidio. Es “un sol asoleando el lecho, el lecho de un río nocturno”, y hay algo terrible aquí en tanta visión, tanta luz, en lugar de la fría oscuridad lunar.

La línea entre el poeta humano y el sol se difumina, y no está claro quién habla realmente. El sol forma parte ocasionalmente del cuerpo femenino de Adnan: “Mi vientre es un sol”, dice, y también lo refiere como “menopausia”. Menciona “mi demencia amarilla”. Pero este “yo” no es tan frecuente; Adnan no asume un “yo” lírico claro. Estamos a la vez dentro y fuera de esta historia. El sol también forma parte de la infinita paciencia del cosmos más allá del lenguaje, que ve todo lo que sucede como una pequeña chispa en una historia mucho mayor. “Oh pueblo sin calendario”, escribe Adnan. Para el sol, siglos de guerra regional son quizá un punto sin importancia, un abrir y cerrar de ojos. Por supuesto, el sol también explotará algún día; Adnan menciona que esto ocurrirá dentro de unos 10 mil millones de años. El sol como astro también va a morir. Si el sol es Dios, entonces la obra de Adnan forma parte de la tradición existencialista que cuestiona el significado en el caso de un Dios que también es mortal y morirá, si no ha muerto ya. “El sol extinguirá a los dioses los ángeles y los hombres / y se extinguirá a sí mismo entre sus hijas”, escribe Adnan.
El título menciona la palabra “apocalipsis”, evocando el genocidio árabe que da contexto político a esta obra, especialmente relevante dados los recientes acontecimientos en Gaza, más de cuarenta y cinco años después de su escritura. La introducción del pensador, escritor y artista libanés Jalal Toufic también menciona esta palabra en un tono más filosófico: a menudo usamos la palabra apocalipsis para referirnos al fin del mundo o a una catástrofe, pero los orígenes del griego antiguo apokálypsis también nos indican el significado de revelación o desvelamiento. Pienso de nuevo en la metáfora del sol y en cómo ilumina sin piedad todo lo que toca, sin la elegante protección de la noche; pienso también en el Libro del Apocalipsis de la Biblia, una serie de visiones proféticas y simbólicas que culminan con la llegada de Jesucristo, y creo que aquí, como poeta, quizás Adnan aportó sus propias visiones, de pesadilla, incomprensibles y, sin embargo, arraigadas en la realidad material como todo lo onírico. Pienso en el Qiyamah del Corán, que se refiere a la destrucción del cosmos cuando Dios juzgue a todos, y que involucra al sol junto con todas las cosas en el cielo y la tierra, y creo que Adnan, en su enfoque en la figura no humana del sol, también está abriendo el apocalipsis a esta comprensión de la historia mucho mayor que un solo momento humano. Quizá el apocalipsis es cuando uno ya no puede confiar en los dioses, cuando desaparecen las referencias estables, algo que Adnan refleja en su obra con la semántica cambiante del sol. Lo absurdo se vuelve ordinario.
La tradición mística con la que esta obra también dialoga tiene una relación compleja con el fin del mundo; para el poeta Ibn al-Farid, por ejemplo, a quien Adnan menciona, la fusión mística del yo con el mundo se produce a través de la intoxicación y el vino, una devoción total que es a la vez deseada y temida, ya que es una muerte del yo, un martirio. También hay relatos místicos del éxtasis que se encuentran en la violencia, en las tradiciones árabes, pero también en las tradiciones europeas, como los escritos de Antonin Artaud, Georges Bataille y otros que Adnan también menciona. Tortura-Artaud, dice, haciendo rimas infantiles internas que evocan profundas asociaciones. Y menciona a “Baudelaire mercenario”, aquí quizás presente en su relación con el mundo árabe, y con las flores del mal, la belleza que florece incluso en este momento de decadencia ética.
Adnan es crítica con la religión, menciona a Jerusalén como “la casa de la vergüenza del Señor” y “Ángeles cegados vienen por millas llevando pancartas empapadas de petróleo”, y pinta al sol como un dios enfermo y agonizante. Esta guerra religiosa y económica involucra incluso al sol y los ángeles. Por supuesto, también es devastadora en su lamento por la violencia de la guerra misma.
Una lectura de esta obra más conocedora que yo de la política de la época de Adnan hablaría más en detalle sobre los dos campos de refugiados, Tel al-Zatar y Quarantina, que forman la raíz de este poemario, y sobre las razones históricas de la Guerra civil libanesa. Destacaría las referencias latinoamericanas en la obra de Adnan, al Che Guevara, el Gran Inca, etc., y los movimientos revolucionarios que ocurrieron en paralelo en otras partes del mundo cuando ella escribió su obra en 1980. Analizaría su mención de “un pozo de petróleo” y frases como “un cohete destruye la casa. Las balas vuelan. Pisotean a una tienda. Estampida para un gato”. Le preguntaría por los motivos del uso de la “dinamita y bomba” y profundizaría en la importancia de la Revolución Comunista China y de Mao, que aparece en mayúsculas varias veces, sin duda evocando entre otras cosas las creencias maoistas de unos participantes del conflicto. Una lectura política también conectaría la idea de la “resurrección de los pueblos” que se encuentra en el Corán con las ideas marxistas de revolución de la época de Ednan, presentes en este poemario. Esta tarea me resulta demasiado grande ahora, así que me limitaré a algunas últimas observaciones sobre esta obra infinita y rica.
Estilísticamente, el libro hace un uso creativo de la puntuación, y la gramática alcanza su límite junto con el significado. Adnan tiende a evitar los puntos y, en cambio, en ciertos lugares escribe PUNTO; en inglés, esto es STOP, que adquiere un carácter telegráfico, y en español también se refiere a la puntuación, la estructura del poema, además de evocar el “punto” final, la muerte. La caligrafía negra aparece por todo el libro: pequeños símbolos que a veces se refieren directamente a la palabra o frase que precede o sigue —el ala de un pájaro o un bote, por ejemplo—, pero la mayoría de las veces tienen una relación menos explícita (por ejemplo, “un sol tímido” va seguido de un ojo). Los símbolos no están espaciados uniformemente y se agrupan más en ciertas partes del libro que en otras. Vemos puntos, líneas, flechas; en un punto, se dibuja un símbolo de infinito. Hay puntos de tinta negra y espirales, girasoles girando. Los símbolos hablan de la “música silenciada” y son como jeroglíficos incomprensibles en nuestro mundo fracturado y violento. La última página de esta edición muestra todos los símbolos juntos, una aparente clave del código o un cielo universal de conocimiento, amor y poder, como se promete en la última página, aunque sin la traducción de estos símbolos, que quizás únicamente el sol pueda conocer.
Este texto corresponde a la presentación del libro, realizada el 19 de diciembre de 2025.
