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Sacudir la herencia

“A través de las páginas de este poemario navegamos un mar árido, lleno de surcos que se transforman en quebradas por las que podríamos caernos. En esta ambigüedad la escritura de la autora logra captar momentos únicos e intensos”, escribe Victoria Ramírez en la presentación del libro Racimo de huesos (Provincianos Editores), de Fernanda Cárdenas.

Por Victoria Ramirez 

“¿Cómo guardar los detalles, las minucias, las pelusas de un cajón, los adornos y los dientes de leche?”, nos dice Fernanda Cárdenas (Santiago, 1996) al inicio de Racimo de huesos sobre lo que cabría en un lugar indeterminado, pero no está, salvo en la memoria. Así, desde el suelo del desierto de Atacama y sus cementerios, la hablante deja que los fantasmas emerjan. Con ellos también se suceden las distintas partes del cuerpo: hombros, clavículas, gargantas, esqueletos, osamentas, pelvis y cráneos. Todo huesos y órganos, este poemario nos promete que el cuerpo humano es también un hogar. A su vez, el caparazón de esta arquitectura es frágil y está siempre a punto de desmoronarse, a pesar de que la poeta hable, como indica, el idioma de los cimientos. 

Será este lenguaje de ruina el que la guíe a través de un viaje alucinado por el norte de Chile, donde las vigas, los cerrojos y las puertas tienen un protagonismo central para aquella que sale y entra de la guarida. Es también la misma que busca “sacudir la herencia”, enfrentar a la madre y su parentesco. Desde allí, el lenguaje se articula para intentar poner en palabras lo indecible, apostando por quiebres, trizaduras y sílabas enrarecidas. Pero Fernanda hace varios quiebres al mismo tiempo. Renuncia por una parte al sujeto y predicado tradicional, se rebela ante la sintaxis y la continuidad de la oración, y nos ofrece a cambio una lengua hecha de fragmentos e imágenes evocadoras, conectadas de un modo misterioso con el exterior de la casa-cuerpo. El resultado es un libro vitalista, que al mismo tiempo rodea constantemente la muerte de una manera delicada, porosa, como si las texturas estuvieran siempre a flor de piel. 

Racimo de huesos, de Fernada Cárdenas
Provincianos Editores, 2025. 
50 páginas

A través de las páginas de este poemario navegamos un mar árido, lleno de surcos que se transforman en quebradas por las que podríamos caernos. En esta ambigüedad la escritura de la autora logra captar momentos únicos e intensos. Quizá es esta la razón por la que la memoria acecha siempre. En uno de los poemas la hablante apunta “este es el minuto exacto”, y en otro del conjunto nos dice “alguien poda una rama de árbol”. Así, nos señala de manera recurrente que estamos a punto de perdernos algo. ¿Pero qué es lo que falta mientras leemos? Pareciera que estamos ante una advertencia: aquí tenemos que quedarnos, en estas playas con hilillos de agua, aquí, en estos cielos azules donde los Andes se comparan con la espina dorsal de un pelícano.

Sin duda es un poemario que invita a un ejercicio arqueológico. “Practicar la excavación requiere/ abnegación de uñas contra el barro/ que la mano persevere entre piedras”. De algún modo nos recuerda el concepto de inversión estratigráfica en geología, donde los elementos de la tierra se invierten, dejando abajo los sedimentos más nuevos y arriba los sedimentos más antiguos. Se produce, de esta forma, una mezcla entre el pasado y el presente, muy parecido a cómo opera la memoria. En Racimo de huesos el pasado sube a la superficie, como si abriera una grieta hacia lo más remoto del territorio. Esto nos obliga a observar, como lectores pero también como arqueólogos, en busca de aquello que no está, pero que podría visitarnos. La autora nos invita, de esta forma, a aceptar la inversión de capas de tierra y a navegar el tiempo. “No hay esqueleto que aguante un país a la espalda”, leemos en sus últimas páginas. En efecto: no sabemos si los cuerpos ocultos en la sequedad del desierto son aquellos también arrojados por helicópteros, como el famoso verso de Elvira Hernández: “Los arrojaron al mar/ y no cayeron al mar/ cayeron sobre nosotros”. 


Este texto corresponde a la presentación del libro Racimo de huesos, que tuvo lugar el 7 de agosto de 2025 en el Museo Violeta Parra.