Con libros de Marta Brunet, Manuel Rojas, Elvira Hernández y Daniela Catrileo, la nueva colección de la Universidad de Chile apuesta por democratizar el acceso a obras fundamentales de la literatura chilena. A través de ediciones cuidadas, de bajo costo y con licencias abiertas, Biblioteca Esencial promueve una conversación entre distintas tradiciones, generaciones y experiencias históricas.
Por José Núñez
En agosto de 2025, la Universidad de Chile fue invitada de honor de la séptima edición de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni), organizada por la Universidad Nacional Autónoma de México. La cita fue una oportunidad para compartir con nuevos públicos el trabajo editorial de Publicaciones y Fomento del Libro y la Lectura de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones. Fue ahí, además, donde se presentó por primera vez Biblioteca Esencial, una colección que pone en circulación “grandes obras chilenas a través de ediciones cuidadas y accesibles”, como se lee en su nota editorial.
El proyecto surge en un momento especialmente favorable para la edición universitaria en Chile. En los últimos años, políticas públicas como el Fondo del Libro han contribuido a consolidar el lugar de los sellos universitarios dentro del ecosistema editorial del país. Según el Informe Estadístico del ISBN 2025 de la Cámara Chilena del Libro, estas editoriales representan el 10,03 % de la producción nacional, una cifra que refleja su contribución a la bibliodiversidad mediante obras que no responden estrictamente a las demandas del mercado, sino a un compromiso con la democratización del conocimiento.
Biblioteca Esencial se inscribe en esa lógica. Más que recuperar textos que ya no se editan, la colección busca reducir una brecha de acceso. “Obras relevantes del patrimonio literario chileno no siempre circulan en formatos económicos, disponibles para públicos amplios, acompañadas por una mediación crítica y liberadas de una lógica exclusivamente comercial. Biblioteca Esencial intenta reducir esa distancia mediante libros de bajo costo, versiones digitales y una selección legible para nuevas generaciones. Cada título se publica bajo una licencia Creative Commons de reconocimiento, uso no comercial y distribución bajo condiciones equivalentes”, explica Vicente Neira, coordinador de Publicaciones y Fomento del Libro y la Lectura. Desde abril de 2026, además, la colección se encuentra disponible de forma gratuita en el Portal de Libros Electrónicos de la Universidad de Chile.
Aguas abajo, de Marta Brunet; Hombres del pueblo, de Manuel Rojas; Reordenamiento de los días, de Elvira Hernández; y Un puñado de almendras, de Daniela Catrileo, son los primeros títulos de un catálogo donde obras fundamentales de la literatura chilena conviven con escrituras contemporáneas. “La colección no se limita a preservar un patrimonio, sino que busca activarlo, ponerlo en circulación. Marta Brunet y Manuel Rojas no aparecen únicamente como figuras históricas que deben ser homenajeadas, sino como autores capaces de interpelar problemas actuales: las relaciones de género, la violencia social, las masculinidades, la precariedad y la vida en los márgenes. Al mismo tiempo, la presencia de Elvira Hernández y Daniela Catrileo impide que la colección se reduzca a una operación retrospectiva”, sostiene Alondra Carrillo, editora de la colección y las Ediciones Universidad de Chile.
Un aspecto central del proyecto es la inclusión de estudios introductorios elaborados por especialistas. “El prólogo o ensayo de apertura ofrece una puerta de entrada, sitúa el libro en su contexto, propone nuevas preguntas y muestra por qué una obra sigue siendo relevante para lectores actuales”, detalla Gabriel Lane, también editor de las Ediciones Universidad de Chile. En el caso de Rojas y Brunet, estos textos —escritos por los académicos Ignacio Álvarez, Lorena Ubilla y Natalia Cisterna— buscan propiciar nuevas lecturas de autores canonizados. En cuanto a obras contemporáneas, el objetivo es “asentarlas dentro de una producción literaria e intelectual ineludible en cualquier biblioteca y hogar en Chile”, añade Lane.
La colección también dialoga con experiencias editoriales que marcaron la historia del libro en Chile. Entre sus principales referentes, el equipo menciona a Quimantú y a las Prensas de la Universidad de Chile, que dirigió Manuel Rojas entre 1932 y 1947. Pero en vez de reproducir esos modelos, lo que intentan es recuperar su vocación democratizadora. Esa inspiración también se expresa en el diseño, realizado por Roberto Osses, que toma elementos de la tradición de la Lira Popular chilena, que consideran como un tercer antecedente editorial de la colección. “Los catálogos editoriales ponen énfasis en qué se publica. En nuestro caso, ponemos al mismo nivel qué nos interesa, cómo y dónde se publica, y los canales por los que el libro circula”, plantea Lane.
El lanzamiento chileno de Biblioteca Esencial se realizó hace dos meses en Puente Alto, fuera de los circuitos culturales más centralizados, una decisión que reforzó la idea de que la lectura y el patrimonio literario deben llegar a comunidades y territorios diversos. En esa ocasión, la escritora Daniela Catrileo presentó Un puñado de almendras, la primera antología de su obra poética publicada en Chile. “Es importante formar parte de este catálogo, especialmente por su voluntad pública y democrática de promover los libros”, señaló la autora en esa ocasión. La segunda presentación tuvo lugar el 11 de junio en la Casa Central de la Universidad de Chile y estuvo enfocada en Hombres del pueblo, instancia en la que se instaló en el Patio Domeyko una placa en homenaje a Manuel Rojas, quien trabajó en la institución durante casi 25 años.

Los clásicos revisitados
“Sin ser historiador, Manuel Rojas tuvo un particular interés por la historia y por los hombres populares que recogen los cuentos aquí publicados. Escritos en el convulso periodo de crisis políticas, económicas y sociales que vivió el país entre 1926 y 1934, estos relatos ilustran diversas formas de ser masculinas”, anotan los académicos Ignacio Álvarez y Lorena Ubilla en la introducción de Hombres del pueblo, volumen que reúne parte de la producción temprana del autor, antes de su incursión en la novela con libros emblemáticos como Hijo de ladrón (1951).
Para Álvarez, profesor del Departamento de Literatura de la Universidad de Chile, Rojas ocupa un lugar central en la tradición literaria chilena porque logró articular una mirada singular sobre los sectores populares, construyendo personajes cuyas identidades permanecen abiertas. “Los protagonistas de los cuentos de Rojas son muchas cosas al mismo tiempo, como el protagonista de ‘El delincuente’, que es un ladrón pero también un tipo simpático, quizás más solidario que la víctima del robo. También hay sujetos que están un poco degradados, pero que en algún momento muestran una creatividad insospechada, que es lo que ocurre en el último cuento de la selección, ‘Una carabina y una cotorra’”, observa.
A juicio del académico, esta riqueza resulta particularmente innovadora si se considera que los modelos de masculinidad predominantes en la época tendían a ser más bien rígidos. Al mismo tiempo, dialoga con las transformaciones estéticas de la narrativa del siglo XX. “A Rojas se lo suele leer como una especie de costumbrista, pero es muy moderno”, afirma.
El profesor destaca que la vigencia de Rojas radica en una combinación poco frecuente: un conocimiento profundo de los mundos populares y una conciencia artística excepcionalmente desarrollada. “No solo es capaz de mostrarle al mundo popular la cultura, sino que al revés también: revela que hay realidades que merecen el desarrollo de una forma de expresión específica. Eso es el siglo XX chileno: los intentos siempre fallidos, siempre complicados, de tratar de comunicar la estructura de clases de este país. No hay nadie mejor que Rojas para graficar ese intento”, concluye.


Una preocupación similar, aunque centrada en la experiencia de las mujeres y en las relaciones de poder que atraviesan la vida cotidiana, recorre la obra de Marta Brunet. Publicado en 1943, Aguas abajo reúne tres relatos escritos durante la estadía de la autora en Argentina y constituye, según la académica Natalia Cisternas, quien firma el prólogo, uno de los momentos decisivos de su trayectoria. En este volumen, Brunet profundiza su distanciamiento del criollismo tradicional para centrarse en la complejidad psicológica de sus personajes y en las múltiples formas que adopta la desigualdad social.
“La representación de las mujeres del mundo popular suele ser muy monolítica, muy homogénea, sin matices, muy en simbiosis con la naturaleza. Un sujeto instintivo, tosco, sin grandes contradicciones, sin vuelo intelectual. Lo que hace Brunet es construir personajes muy disímiles entre sí”, plantea la profesora del Departamento de Literatura de la Universidad de Chile. Y añade: “Ella se resiste a modelos unívocos, esquemáticos, estereotipados, y con esa resistencia termina entregándonos una diversidad de sujetos femeninos, sobre todo del mundo popular, tremendamente fascinante”.
Esa misma sofisticación atraviesa su representación de las relaciones de poder. Su obra no busca caricaturizar el poder a través de figuras fácilmente reconocibles, sino mostrar cómo las jerarquías sociales operan como un sistema que se reproduce incluso entre quienes lo padecen. En ese marco, “pareciera que Brunet estuviera siempre explorando a través de sus protagonistas distintas formas de rebelión frente a los mandatos sociales”, explica la investigadora, lo que a su juicio también constituye uno de los factores de su vigencia. “Es una autora que expresa y formula construcciones identitarias femeninas indóciles”, señala.
Una mirada sobre el presente
“En la época en que escribí este libro, había una escisión muy fuerte entre lo social y lo personal. Parecía que el intimismo iba por un lado y las luchas por la comunidad por otro, sin posibilidad de encontrarse. Quizás la escritura era tratar de suturar aquello”, recordó Elvira Hernández, Premio Nacional de Literatura 2024, durante la presentación en Filuni de Reordenamiento de los días, un libro inédito que reúne poemas escritos durante la década de 1990 y que vuelve sobre la memoria, el cuerpo, la ciudad y las persistencias de la dictadura en los años de la transición a la democracia.
Gabriel Lane, editor del volumen, cuenta que el punto de partida fue un archivo heterogéneo compuesto por papeles escritos a mano, textos mecanografiados y páginas que conservaban tachaduras, modificaciones y decisiones de reescritura. En ese sentido, el trabajo editorial consistió en transcribir parte de estos materiales, recomponer textos que denotaban distintos momentos de revisión y finalmente organizarlos. “La noción de ‘reordenamiento’, en ese sentido, es sobre todo irónica. Como señalo en el texto introductorio, no se trata de restaurar una temporalidad estable, sino de mostrar una experiencia histórica averiada: una transición democrática en la que persisten heridas, aplazamientos y restos de la dictadura, aún a flor de piel”, plantea.
Según Lane, el volumen ocupa un lugar singular en la trayectoria de Hernández porque se trata de un nuevo libro y, al mismo tiempo, de una zona de retorno a textos como El orden de los días y La bandera de Chile, que la autora publicó en 1991 pero escribió una década antes. “No debe leerse como un apéndice de obras anteriores ni como un archivo de descartes”, sostiene el editor. “Es una pieza que reorganiza retrospectivamente la trayectoria de la autora y permite observar cómo ciertos motivos —el tiempo histórico, el cuerpo, la calle, la memoria, la vigilancia y la fragilidad de la palabra— reaparecen y se transforman”, agrega.


Si Reordenamiento de los días vuelve sobre las fracturas de la historia reciente, Un puñado de almendras, de Daniela Catrileo, abre la colección a una de las voces más relevantes de la literatura chilena contemporánea. La antología reúne una selección de sus libros más celebrados —Río herido (2016), Guerra florida (2018) y El territorio del viaje (2021)— junto con textos menos conocidos e inéditos, ofreciendo una puerta de entrada a una escritura que explora el territorio, la memoria y la descolonización.
La selección de poemas surgió de un ejercicio de relectura de su propia obra. Parte del material proviene de una antología publicada anteriormente en Argentina, a la que se sumaron textos inéditos y versiones revisadas de poemas escritos en distintos momentos. “Mis elecciones siempre son intuitivas y afectivas”, señala la autora. El resultado permite recorrer una escritura que, aunque mantiene ciertas insistencias —el viaje, los ríos, la memoria—, se desplaza entre registros diversos, como la ficción poética, la poesía narrativa, algunas bitácoras y escenas de la cotidianidad. “Hay una apuesta por imaginar un universo en cada uno de mis libros”, advierte Catrileo, una búsqueda que se expresa también en el plano formal, con textos que oscilan entre la preponderancia de la imagen o del ritmo y la cadencia, y entre distintos grados de transparencia y opacidad.
En el epílogo que acompaña el volumen, Catrileo reflexiona sobre la idea de una “poética impura”. Para la autora, la escritura no es un acto individual, sino una práctica que nace de la contaminación colectiva. “Todo el tiempo estamos recolectando, excavando, abusando los sentidos. Nuestros cuerpos escriben a partir de la colisión, de lo sensible, de la afectación, de las lecturas que tenemos de otros y otras que admiramos, que queremos, con las que nos obsesionamos”, dice.
A la colección pronto se sumará Azul del amanecer, de Elicura Chihuailaf, Premio Nacional de Literatura 2020. Su incorporación amplía la conversación entre tradiciones, generaciones y experiencias históricas diversas. Para el equipo de Publicaciones y Fomento del Libro y la Lectura, esa voluntad está en el centro de una iniciativa que aspira a construir un catálogo capaz de vincular el patrimonio literario con escrituras contemporáneas. En palabras de Ignacio Álvarez, “es muy importante que este proyecto vuelva a poner a la Universidad de Chile en un lugar relevante dentro del ámbito editorial”.

