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Sergio Parra y la Colección Il Posto: acercar el arte privado

Desde 2019, el poeta y reconocido librero de Metales Pesados es el director artístico a cargo del acervo de los coleccionistas Carlo Solari y Paula del Sol. Ese mismo año abrieron Il Posto, una galería en Vitacura, y en 2022 sumaron un centro de investigaciones que tiene archivos históricos y algunos inéditos de artistas como Gonzalo Díaz, Juan Pablo Langlois, Pedro Lemebel y Paz Errázuriz. En marzo inauguran su primera muestra con adquisiciones de arte latinoamericano.

Por Denisse Espinoza | Foto principal: Alejandra Fuenzalida

Junior, vendedor, zapatero y finalmente librero. Sergio Parra (1963) pasó por varios oficios antes de que, en 2003, su afición voraz por los libros lo hiciera convertirse en uno de los fundadores —junto a Paula Barría— de la librería Metales Pesados, uno de los epicentros de la escena cultural santiaguina. Mucho antes —podríamos decir que en una vida pasada—, Parra fue también un poeta incendiario que se movió en el underground de los 80 y que trabó amistad con artistas que eran parte de la resistencia cultural: Gonzalo Díaz, Enrique Lihn, Paz Errázuriz, por nombrar algunos, y, por supuesto, Pedro Lemebel, uno de sus amigos más cercanos y queridos. “La poesía siempre me ha acompañado y en Chile está muy ligada al arte visual, todos mis amigos artistas han sido siempre grandes lectores”, dice Parra, sentado en una cafetería a pasos de su librería, donde todas las tardes, después de la jornada, se sienta y pide un americano.

Fue en esa época, a fines de los 80, que inició también su propia colección de arte —“las obras más queridas siempre fueron regalos”, comenta—. La primera se la dio en 1987 el pintor Pablo Domínguez. “Estábamos en su taller tomándonos una botella de whisky y hablando de poesía y de repente me dice: ‘ya, llévate una obra, la que quieras’. Agarré la de un pájaro, la doblé y me la llevé bajo el brazo, caminando de noche, borracho, hasta mi casa”, recuerda. “Mi colección está ligada más a mi biografía y a la poesía. O sea, cada vez que quiero una obra me pregunto: ‘si yo escribiera ahora un poema, ¿se reflejaría en eso que estoy mirando? Así están de ligadas”, dice Parra.

El librero siempre estuvo rondado el mundo del arte, por eso no fue raro que en 2014 se lanzara con Metales Pesados Visual, un proyecto que partió como un stand en la Feria Ch.ACO y luego como un espacio físico en barrio Lastarria, muy cerca de la librería. Aunque suscitó interés y sus inauguraciones siempre tuvieron buen público, decidió cerrarla después de tres años. “No hay mercado para nuestra propuesta”, decía en 2018, en una entrevista dada a La Tercera. “Hay gente que compra arte porque necesita tener algo en su departamento… Pero coleccionismo en sí, lo que se considera coleccionismo, hay poco en términos de gente que estudia, investiga, se relaciona local e internacionalmente. Teníamos tres o cuatro coleccionistas con los que nos relacionábamos mucho, pero un espacio no se puede sostener solo por eso”, contaba.

Cuadernos de artistas de Juan Pablo Langlois donados al archivo Il Posto.

Sin embargo, ese periodo rindió frutos, y mientras él cerraba el proyecto, surgía otra oportunidad. “No soy asesor”, aclara casi de inmediato. “Somos amigos”, agrega en referencia a la relación que mantiene con Carlo Solari y Paula del Sol, la pareja de coleccionistas chilenos radicados en Londres, que en 2019 le pidieron sumarse al equipo de la Colección Il Posto, donde ahora Parra tiene el cargo de director artístico. 

“Siempre que nos juntábamos era para conversar hacia dónde podía ir la colección”, recuerda. “Mi idea siempre fue ir profundizando, que no tuvieran solo una obra por artista, sino al menos seis, para poder ir estudiándolas y formando un cuerpo de obra. Ellos ya tenían una colección de arte chileno importante de los años 80 y ahora lo que hemos hecho es ir ampliando ese acervo”, cuenta.

Uno de los ejes conceptuales que hoy ordena la colección es Lonquén, del artista Gonzalo Díaz, fallecido recientemente, única obra que está en exhibición permanente en el espacio de Il Posto en Vitacura. La instalación original fue exhibida en 1989 en la galería Ojo de Buey y fue inspirada por el hallazgo —una década antes— de los restos de 15 campesinos detenidos y ejecutados por la dictadura, que habían sido escondidos en unos hornos en Lonquén. “Para mí, esa obra es el pilar de la colección, representa los borramientos que ha hecho la historia oficial, tanto la historia del arte como la historia política. Las instituciones hacen borramientos, dejan fuera a las mujeres, a los homosexuales, a ciertas miradas y Lonquén habla de eso, de un grupo de personas que fueron desaparecidas y borradas con cal”, explica Parra. “Todas las obras que entran a la colección se piensan en torno a Lonquén, a ese borramiento que se trata de resistir”, agrega.

En 2019, la Colección Il Posto abrió por primera vez sus puertas al público en Vitacura con una exposición del videoartista Juan Downey, pero faltaba algo más. De pronto, apareció la pregunta sobre cuál podía ser el aporte real de la colección al medio artístico chileno y latinoamericano. Para Sergio Parra, la respuesta estuvo desde el inicio en la vocación pública: pensar Il Posto no solo como un lugar de resguardo y exhibición, sino como un espacio activo de circulación, estudio y encuentro.

Así nació en 2022 el centro de investigaciones que opera en un departamento arriba de Metales Pesados, dirigido por el teórico del arte Antonio Echeverría. El equipo se completa con Josefina Lewin en archivo y coordinación académica, Carolina Urzúa a cargo de las comunicaciones y Lucía Canala, encargada de sala. Hoy Il Posto es oficialmente una fundación, cuyo acervo se acerca a las 500 obras, incluyendo pintura, fotografía, video, escultura y múltiples materialidades de más de 70 artistas chilenos y latinoamericanos, además de los miles de documentos, papeles y libros que están disponibles en el archivo. 

El equipo de Il Posto de izq a der: Antonio Echeverría, director ejecutivo; Josefina Lewin, archivo y coordinación académica; Carolina Urzúa, comunicaciones y Lucía Canala, encargada de sala.

Para Antonio Echeverría, la gracia es que el centro de investigación se distancia deliberadamente de un modelo vertical o academicista. “No se trata de transferir conocimiento desde un lugar de autoridad, sino de generar condiciones para que las personas se conecten entre ellas”. En ese sentido, Il Posto se concibe como una plataforma horizontal, donde investigadores, artistas y estudiantes se cruzan más que recibir instrucciones. 

Bajo ese criterio surge el programa “Diagonal”, una instancia que reúne a estudiantes de posgrado de distintas universidades y disciplinas, propiciando algo poco habitual en Santiago: que jóvenes investigadores compartan procesos, bibliografías y preguntas en común. “Nos dimos cuenta de que muchos venían al archivo, pero no se conocían entre sí. El programa no busca evaluar ni corregir, sino habilitar un espacio de conversación honesta, libre del juicio académico tradicional”, dice Echeverría.

También existen becas que funcionan bajo el principio de financiar procesos de investigación: cuatro meses de trabajo intensivo vinculados directamente a las exposiciones en curso y a los artistas exhibidos.  Ahora está abierta la convocatoria en torno a la nueva exposición que se inaugura en marzo, titulada Museo temporal y que trabaja la idea de la anomalía, entendida como “el gesto, instancia o experiencia que interrumpe el paisaje de lo conocido, que desconcierta o que produce en nosotros un efecto de extrañamiento”, explican en las bases del llamado. Junto con completar vacíos de artistas históricos, la colección se ha volcado en los últimos años a descubrir autores contemporáneos de América Latina: Edgar Calel y Naufus Ramírez-Figueroa desde Guatemala, Ana Segovia desde México, Fernanda Laguna desde Argentina, la venezolana Wiki Pirela, entre otros, que en esta exposición se unirán por primera vez a las obras de los artistas chilenos Paula Anguita, Natalia Babarovic y Pedro Lemebel. El resultado de la investigación no es solo una publicación, sino también conferencias, instancias de discusión y acompañamiento constante. “Nuestra tarea es empujar a que los becarios produzcan conocimientos en torno a cosas que no existían, no nos interesan las investigaciones correctas, sino las que desafían lo que se conoce para construir nuevas narrativas”, dice Echeverría.

Lemebel, Langlois y el archivo

En esa lógica de archivo vivo y memoria crítica, Il Posto ha asumido también la custodia de fondos fundamentales, como el archivo de Juan Pablo Langlois o la incorporación de obras y documentos ligados a Pedro Lemebel. Uno de los primeros trabajos que se puede ver al entrar al centro de investigaciones de Il Posto es un tríptico de la performance Desnudo bajando la escalera, que Lemebel realizó en solitario en las escalinatas del Museo de Arte Contemporáneo, en 2014, registrada por el fotógrafo Pedro Marinello. Allí, el cuerpo del escritor se abalanzó por los peldaños incendiados con neoprén. Fue una de las últimas acciones que hizo antes de morir en 2015 producto de un cáncer. “Lemebel existe porque guardó todo”, afirma Sergio Parra. “La mayoría de los registros, fotografías y documentos sobrevivieron gracias a su obsesión por el archivo”, agrega. El librero es tajante frente al mito: no eran acciones improvisadas. “Pedro era extremadamente disciplinado. Si no había registro, no había performance”. Sin embargo, reconoce que ese carácter mítico también forma parte de su potencia política.

Foto del video registro de la performance Desnudo bajando la escalera de Pedro Lemebel en el MAC de Parque Forestal, 2014

Unos días después de esta entrevista se inauguró en el Museo Nacional de Bellas Artes Desbocadas, la primera retrospectiva de las Yeguas del Apocalipsis, la icónica dupla formada por Pedro Lemebel y Francisco Casas. Pero Sergio Parra no asistió: “La verdad es que poco me interesa lo que pase con Pedro Lemebel en Chile, lo que sí tiene importancia es lo que está pasando internacionalmente con él ahora. En Estados Unidos se acaba de lanzar una antología traducida que ganó muchos premios, en Italia se están montando obras de teatro, sus libros se están traduciendo al alemán y están comenzando a circular mucho en España y México. La obra de Pedro se está conociendo a nivel mundial y eso es lo que me tiene más contento”, confiesa.

En cuanto al trabajo de Juan Pablo Langlois, otro de los amigos entrañables de Parra fallecido en 2019, Il Posto acaba de recibir un archivo de más de 2.000 documentos, entre fotografías, bocetos, anotaciones, además de 52 libros de artista totalmente inéditos. “Juan Pablo tenía una especie de consciencia personal de ‘autohistorizarse’, por así decirlo, entonces cuando uno ve sus libros, son como ejercicios propios para inscribirse en el tiempo; iba documentando y fechando todos sus procesos y proyectos”, cuenta Echeverría.

Formado como arquitecto en la Universidad Católica de Santiago y de Valparaíso, Langlois —cuyo alter ego era Vicuña— trabajó la mayor parte de su vida como funcionario público para diferentes ministerios como el de Aviación y el de Obras Públicas. El artista escultor, que trabajaba con materiales precarios como cartón y papel de diario, se convirtió en 1969 en un “pionero de la instalación en Chile” al desplegar dentro del Museo de Bellas Artes una manga de polietileno de 300 metros rellena de papel que se paseaba por el edificio como si fuese una gran boa y que él tituló como Cuerpos blandos. “Es un lujo venir a estudiar la obra de Langlois, porque lo tenemos todo”, dice Echeverría. “Lo mismo pasa con Gonzalo Díaz, quien donó todo su archivo de cuadernos, polaroids, videos, planos de montaje y libros a Il Posto, porque estaba convencido de que acá iban a estar no solo resguardados, sino que se iban a estudiar”, agrega.

“El problema de la cultura en Chile es que está igual de fragmentada que la política”, dice Parra. “Cada uno está en su cubículo pensando en lo que va a hacer, pero no se comunica con el de al lado. No hay colectivos, no hay revistas de poesía ni de literatura, no hay discusión porque no hay comunidad. Esa fue una de las cosas que pensamos en Il Posto: más allá de generar una colección, es importante generar teóricos y críticos jóvenes que se atrevan a generar nuevas lecturas y escrituras que interpelen al espectador más allá del gusto o la moda, y que logren trascender en el tiempo”.