Gonzalo Díaz: Números para la imaginación y la enseñanza. En Centro de Investigación Il Posto, José Miguel de la Barra 480, of. 201

Se cuenta que los archivos personales de Gonzalo Díaz son infinitos. Que entre las cajas repletas de libros y anotaciones que conserva su esposa y albacea, la artista Nury González, existen esquemas y diagramas capaces de revelar el complejo misterio que siempre atravesó sus obras. En Números para la imaginación y la enseñanza, exhibida en Il Posto, el pintor Pablo Ferrer —esta vez bajo el rol de curador— abre una línea de exploración a partir de la obsesión de Díaz por los números. Cuenta Ferrer que, para Díaz, los números eran una forma de comprender las relaciones que organizan la experiencia visual, un tema que aparecía constantemente en sus clases. A partir de ellos, desplegaba un universo de matemáticas, geometrías y modelos abstractos que permitían articular las potencias del arte. El número dos representaba los colores opuestos fundamentales, amarillo y azul, de los que derivaban el rojo, el verde y todos los demás hasta formar la gran rosa cromática de Goethe. El número tres era la forma del tríptico, un modelo de pintura que permitía abrir dimensiones narrativas, temporales y jerárquicas dentro de la unidad pictórica. Esta exhibición de libretas de apuntes, desplegables, fotografías, láminas y libros constituye, así, una puerta de entrada privilegiada a la manera en que el Premio Nacional de Arte 2003 —fallecido en diciembre de 2025— pensaba el arte. La muestra funciona como una especie de clase póstuma, pero también un homenaje a un legado que sigue modelando la historia del arte chileno. Hasta octubre de 2026.
—Gabriel Godoi
Propétides, de Micaela Paredes-Barraza. La Esporádica, 2026. 88 páginas

Ganador del Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández–Comunidad Valenciana 2024, este libro confirma la madurez de Micaela Paredes-Barraza (Santiago de Chile, 1993), una de las voces más singulares de su generación. El volumen retoma el mito de las Propétides narrado por Ovidio en Las metamorfosis: aquellas mujeres de la isla de Chipre que, por negar la divinidad de Venus, la diosa del amor, fueron condenadas a la prostitución y luego transformadas en piedra. A través de una serie de monólogos dramáticos, Paredes-Barraza hace hablar a ninfas, diosas y figuras femeninas arquetípicas para explorar asuntos como la muerte, el paso del tiempo, la memoria, el erotismo y el deseo. Uno de los mayores logros del libro reside en su precisión formal. Lejos de las tendencias actuales que prescinden de la métrica, la autora trabaja con notable manejo prosódico, como ya lo había demostrado en sus trabajos anteriores: Nocturnal (2017) y Ceremonias de Interior (2019). Como señalaba el poeta estadounidense A. R. Ammons, la forma alcanza aquí ese punto en que se convierte en metáfora del contenido. En Propétides, los mitos grecolatinos funcionan como lo que siempre han sido: una fuente inagotable de tópicos literarios. El resultado es un libro que aúna la tradición clásica con las inquietudes del presente, confirmando la importancia de su autora dentro del panorama de la poesía chilena contemporánea.
—José Núñez
Ciclo íntimos en Teatro ICTUS. Merced 349

En 2024, la Sala La Comedia del Teatro Ictus abrió sus puertas a la música con una programación que aprovecha la privilegiada acústica y el carácter subterráneo del espacio para ofrecer conciertos cercanos y acogedores. Hace unos días fue el turno de Rosal, el quinto disco de Prehistöricos, banda liderada por Tomás Preuss desde 2010. Tras un período de retiro, el músico regresa para profundizar los sonidos melancólicos, suaves y envolventes que han marcado su trayectoria, ahora con influencias latinoamericanas más visibles. Entre las nuevas canciones destacan “Flores negras”, “Primaverita” y “Ya no será”, que dialogan con la pérdida, el dolor y el desamor, trazando una cartografía afectiva que Preuss asocia a una forma de sentir profundamente chilena. La presentación tuvo un carácter especial: el disco aún no llega a plataformas digitales, por lo que las 163 personas que repletaron la sala asistieron a una escucha inédita antes de la gira que llevará a la banda por Perú, Colombia y México, donde ha cultivado una sólida fanaticada. La cartelera musical de Ictus continuará el 24 de junio con Astronautiko, músico de 25 años oriundo de Tierra Amarilla, quien tras debutar este año en Lollapalooza presentará por primera vez en vivo su EP Color amor, una propuesta que cruza ritmos latinos, folk urbano, rap melódico y música urbana en formato acústico. En tiempos dominados por la masividad, espacios como este invitan a una escucha más atenta, donde cada detalle sonoro encuentra su lugar y la cercanía permite redescubrir la dimensión más humana de la música.
—Denisse Espinoza
El mundo brillaba, de Paula Boente. Gog & Magog, 2026. 136 páginas

“Cada uno tiene su propia idea de paraíso; el mío es de hielo”, dice Lucía, una secretaria que es despedida de su trabajo y termina embarcándose en un tour de jubilados con destino a Ushuaia. Esa frase resuena a lo largo de los cuentos de El mundo brillaba, primer libro de la periodista y escritora argentina Paula Boente (Buenos Aires, 1975), conocida en Chile por haber sido coguionista de la película Los años salvajes (2024), de Andrés Nazarala. El viaje —propio o ajeno, mental o físico— aparece en estos relatos como una forma de fuga frente a un presente a ratos insípido; como un quiebre que promete cambios que quizás nunca lleguen. En el libro hay algo de Los años salvajes: está la melancolía, el humor teñido de tristeza y un interés especial por la vejez. Es el caso del cuento “Flores artificiales”, sobre una señora mayor que, una vez por semana, enciende el motor del auto porque ya casi ni lo usa; o “Dorado Candy”, sobre un sesentón que se dedica a esmaltar carrocerías y piensa en quienes lo rodean usando nombres de colores: Naranja Valencia, Violeta Camaleón, Verde Mamba. Los personajes de Boente viven con la mirada en otra parte —en un recuerdo, una posibilidad o un destino imaginado—, como si el movimiento fuera una manera de sostener el deseo. Ahí radica el encanto de El mundo brillaba: en retratar esa tendencia humana a buscar en otro lugar lo que creemos que nos falta.
—Evelyn Erlij
